La Otra Raya del Tigre, la vida de Lengerke en Santander

Fue caminando de Barichara a Guane (en Santander, Colombia) que el nombre de Geo Von Lengerke quedó definitivamente en mi lista de tareas pendientes. Un amigo antropólogo me había presentado años atrás La Otra Raya del Tigre, la magnífica novela de Pedro Gómez Valderrama, pero aún no la había leído. La vida y negocios de Lengerke, el alemán, en el Estado de Santander de segunda mitad del  siglo XIX es una buena radiografía de la historia y creación (o ¿invención?) del territorio colombiano. Cuando leí el libro, me quedé maravillado, al tiempo que un poco molesto. {Gómez Valderrama Pedro (1977) La Otra Raya del Tigre. Alianza Editorial, Madrid, 1986}

La Otra Raya del Tigre

Me quedé maravillado y sorprendido por la obra literaria, por la novela con intenciones históricas, por el viaje a una Colombia del siglo XIX en la cual el poder de la naturaleza todavía era exagerado y que Gómez Valderrama logra retratar con la finura del más atento viajero (recuerda a Charles Saffray). Pero también me dejó cierto malestar al leer una vez más una historia de Colombia en la cual se repetía la exclusión y la extinción de los pueblos indígenas, la violenta contienda histórica bipartidista entre conservadores y liberales, y el infortunio de un país atravesado de cabo a rabo por el colonialismo y la disputa entre ricos.

Tal vez exagero un poco, pero estos son factores que conforman la novela La Otra Raya del Tigre de Pedro Gómez Valderrama. El protagonista es Geo Von Lengerke, quien, al decir de la voz que narra la novela, … “fue excepcional. Lo habría sido seguramente en cualquier parte, pero es más difícil serlo aquí, donde todo está siempre al borde de la frustración. Lengerke adelantó sus empresas en medio de guerras civiles, de las dificultades de la naturaleza, de su propia condición de extranjero” (p.279).

No tiene poco mérito “El Príncipe”, como llegaron a llamarlo, al construir un pequeño reino durante sus 30 años en la Colombia del revuelto periodo “entre constituciones”, la federalista de Rionegro y la de 1886.

Geo Von Lengerke es un personaje de la vida real, un alemán que llegó a Colombia en 1852 huyendo de la justicia. Se alejaba de las consecuencias de haber ganado un duelo a muerte en su país natal. El personaje histórico tiene el mérito de haber desarrollado una casa comercio y haber hecho importantes caminos en Santander. Su nombre está grabado en placas conmemorativas y sus genes arios están dispersos en no pocas familias santandereanas. Se dice que era un hombre urgido de las beldades sexuales y que acometía con respeto y tino a las mozas campesinas, y a mujeres de todos los círculos sociales. Otros alemanes también llegaron, creyendo en la prosperidad económica que Lengerke les había prometido gracias a las bondades de las tierras santandereanas.

La novela de Gómez Valderrama no es estrictamente histórica pero sin duda tiene la intención de retratar esa época en la que los liberales santandereanos querían fundar su propio estado, esa época de la breve constitución federalista de Ríonegro, esa época del cultivo de la Quina, esa época en la que los Yariguíes seguían luchando para defender sus tierras ancestrales.

Esta novela está fuera de circulación. No hay nuevas ediciones. Es por eso que hay un mérito en haber conseguido el ejemplar que he leído. Lo busqué en las principales librerías de Bogotá sin suerte alguna. Pregunté en la librería Arte Letra con la esperanza de encontrarlo en ese pequeño local que es como un templo del libro. Al final tuve la gran suerte de encontrarlo en una librería de segunda mano, también de culto, San Librario.

El reino del caimán

Pedro Gómez Valderrama habla del “reino del caimán”, una tierra que hace soñar y que se refiere al Río Grande de la Magdalena. Una gran arteria fluvial que otrora fue abundante en reptiles: “Estamos en el reino del caimán, navegamos en él, el dios caimán nos detiene o nos deja pasar, aquel caimán dormido sobre el cual se ha posado una garza inverosímil podría matarnos a todos si el barco se hunde, si se rompe el casco sobre un banco de arena; el río aquí es ancho, desmesurado, es diez veces el Sena, quince veces el Weser, los castillos que se reflejan en el Rhin son aquí los caimanes taciturnos como fortalezas vigilantes, como hace tres mil años. Cocodrilos, caimanes, castillos, yacarés verdes como la naturaleza, son más imponentes y duros que la cáscara del buque, ésta es la sinfonía del río, es el río-dios que encontraron los conquistadores españoles, cuando entre ellos se mezclaron los primeros aventureros alemanes“. (p. 15)

Bremen en Santander

Los alemanes santandereanos venían principalmente de Bremen, y el pelirrojo Lengerke de esta novela tal vez compartía con el personaje histórico el anhelo de hacer su pequeño feudo junto a la imponente serranía de los yariguíes en el municipio de Zapatoca. Llegaron los alemanes siguiendo a Lengerke “en su cabalgata de conquistadores pacíficos” (p.58), uno tras otro, y desde San Gil, Zapacota y Bucaramanga pronto lideraron el desarrollo económico de la región.

El olfato de comerciante impulsó a Lengerke a solucionar el transporte del interior hacia los puertos, debido a lo cual dirigió la construcción del camino de Zapatoca a Barrancabermeja, una ruta comercial a favor del desarrollo de Santander que no alcanzó a ver terminada. Precisamente los Yariguíes entorpecieron por ese entonces la construcción por violar sus territorios ancestrales.

Los Yariguíes

La serranía de la Paz, o de los Yariguíes, o de los Cobardes, es una montaña hermosa y densa. En ella vivieron los indomables, los irreductibles, los nunca conquistados Yariguíes, un pueblo precolombino que no sucumbió a la colonia española y que bien avanzado el siglo XIX todavía reclamaban la potestad sobre su territorio ancestral. Fueron ellos quienes frenaron el camino de Lengerke hacia Barrancabermeja, sus flechas venenosas en los cuellos de los trabajadores impidieron que Lengerke tuviera éxito en esta empresa.

Según el autor ¿quiénes eran los Yariguíes? “En medio de la penumbra de la selva negra, en el hirviente calor de las soledades, se mueven sus cuerpos, flexibles y cobrizos, tensos como los arcos, prontos como las cerbatanas. Siglos de muerte, de escalvitud, de persecución, los diezman, pero ellos siguen fuertes, seguros de que el blanco no podrá violar su dominio, la selva, los rápidos de los ríos, los íntimos venenos de las plantas, el alimento hurtado al cogollo de palma o al pez ensartado en la punta de la lanza. Hermanos suyos más al sur, los Opones van muriendo también, las hembras secuestradas, sometidas al rezo, a la magia de la misa, a los embrujos de la campana” (p.137).

De los caminos a la quina: El Lengerke de la novela es un hombre que forja caminos, un hombre que hace puentes, cuando hacer un puente sobre un río era una clara expresión de progreso. Su casa de comercio los requería, y más tarde, la explotación de la Quina los necesitaba. En el último cuarto del siglo XIX el Gobierno de Colombia concedió la explotación de cultivos de quina a grandes comerciantes, entre los que estaba Lengerke. Lamentablemente, la crisis del mercado de la quina en el exterior y la adicción al brandy del alemán, no solo derrumbaron sus inversiones, sino su salud. Y de esta forma murió, en el relato de Gómez Valderrama.

Colorario: Hay mucho que reflexionar con esta novela. Muchas de las cosas que allí son narradas son historias que se repiten a diario. La Colombia de la explotación laboral y el colonialismo tienen un precedente en la segunta mitad del siglo XIX, y la guerra política entre rojos y azules de aquellos años se deja escuhar hasta el día de hoy.

La siguiente fotografía la tomé en Barichara. Es una placa en conmemoración a los caminos de Lengerke, en particular al que va de dicha población a Guane.

camino real barichara a Guane

 

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