Comentario sobre Ensayo sobre la ceguera de José Saramago

Cuando leí Ensayo sobre la Ceguera de José Saramago tomé nota de algunas frases en mi cuaderno. Comparto aquí algunos comentarios que tal vez sirvan de escueta reseña del libro… La idea más general que me ha quedado de la lectura es que Saramago trabaja esta idea: “la ceguera de claridad”, cuando hay un exceso de luz ya nadie ve.

Ensayo sobre la ceguera - libro de José Saramago
Foto por: Rafael Bueno

Comentario a Ensayo sobre la ceguera

De improvisto, en la situación más cotidiana, un hombre adquiere una blanca, “mar de leche”, insondable ceguera: “nada, sigo viendo todo igual, blanco todo, para mi es como si no existiera la noche” (p.20). Ausente de noche, la ceguera blanca que poco a poco se extendió a más ojos, como a los del personaje médico oftalmólogo, llegó a ser figurativamente una ceguera de claridad.: “…pensaba en los ciegos, para quienes el día duraba para siempre” (21).

Internados en el antiguo manicomio (“porque el contagio de la ceguera era una locura” p. 61), para los ciegos nada, ninguno de sus episodios, había sido más claro: sobrevivir a como diera lugar, sobrepasar los límites ordinarios, tolerar con esperanza la exclusión. Pero en medio de todos, una mujer, la esposa del médico, es la única que puede ver y carga sola el peso de tan apabullante responsabilidad.

La ceguera de claridad en la novela de Saramago es una buena metáfora de la manera en que las grandes verdades de la sociedad no nos dejan ver otros mundos posibles

Los ojos de la ceguera blanca nada tenían de enfermos, según logró verlo el médico antes de que él mismo padeciera la ceguera blanca. Tenía que venir de otra parte, era más somática y sobre-racional, una divina ceguera de claridad, casi onírica. No era agnosis, ceguera psíquica, “cómo, si esta ceguera es concreta y real, dijo el médico, No tengo la certeza, dijo la mujer, Ni yo, dijo la chica” (p. 396).

La ceguera de claridad en la novela Ensayo sobre la ceguera de José Saramago es una buena metáfora de la manera en que las grandes verdades de la sociedad no nos dejan ver otros mundos posibles, diferentes al del capitalismo y la hegemonía de la estética. “Tan lejos estamos del mundo que pronto empezaremos a no saber quiénes somos” (p. 84, p.87).

El aislamiento de los ciegos muestra lo más sublime y lo más miserable de la condición humana. Los ritos cambiaron, los muertes apenas fueron enterrados, el sexo no tuvo un mirar, la comida no fue cocida, el mundo fue otro. Era un mundo exento de lo estético, revolucionado en la higiene “dígame, doctor, qué higiéne hay aquí, Probablemente, sólo en un mundo de ciegos, serán las cosas lo que realmente son” (p. 176). Lo cual es muy llamativo, porque sobrellevando el “cataclismo ciego” las cosas, las acciones, las alianzas, las batallas, las decisiones, fueron bien planteadas bajo el peso de la necesidad de sobrevivir.

Lo miserable: “…en este infierno al que nos arrojaron y que nosotros convertimos en infierno del infierno, es gracias a esa persona, que tuvo el valor de matar a la hiena en el cubil de la hiena” (p. 262).

Si bien es cierto que el mundo de los ciegos ha revelado la condición humana, un acomodarse, un acostumbrarse, un ir en bandas, como si ceguera fuera sinónimo de primitivismo, también se siente la revelación del sin sentido: “No llores, qué otras palabras se pueden decir, las lágrimas qué sentido tienen cuando el mundo ha perdido todo su sentido” (p. 331). Sin embargo, la ceguera ya estaba echando raíces fértiles: “lo que está naciendo es el auténtico sentir de los ciegos, y solo estamos en el inicio , por ahora aún vivíamos de la memoria de lo que sentíamos” (p. 337).

Al final del relato, así de improvisto como le invadió la ceguera al primer ciego, así le abandonó, como si en verdad se hubiera tratado de una ilusión, de un sueño, de una ceguera de claridad. Uno por uno volvió a ver. La mujer que siempre había visto, ahora pensaba que le había llegado su hora de ser una ciega en un mundo de seres que ven.

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