Literatura Barroca

Se llama Literatura Barroca a toda aquella literatura que perteneció a la época del Barroco (siglos XVII y XVIII) y que de forma muy directa está influenciada por el estilo, ideas y características que hacen de esta época un capítulo único en la historia. Los rasgos distintivos del estilo barroco también están plasmados en obras literarias mucho más recientes, dando como resultado un estilo neobarroco.

¿Qué es el barroco?

El Barroco es una época de la historia occidental que cubre gran parte del siglo XVII y comienzos del siglo XVIII. El Barroco ha sido descrito como un periodo de complicación y de contradicción. En su libro La cultura del Barroco José Antonio Maravall habla del Barroco como de un periodo de crisis.

Las pestes, las hambrunas y las múltiples guerras que se produjeron en esos años le permiten a Maravall señalar que la estética característica del Barroco parte de una conciencia del mal y del dolor de tal manera que, en términos generales, se expresa difundiendo un ánimo de desencanto y desilusión. Sin embargo, si bien el Barroco fue un periodo trágico hay que advertir que a la vez es un periodo de fiesta y de brillo. El Barroco vive esta contradicción relacionada con su no menos contradictoria experiencia del mundo que produce la forma de una profunda contradicción y polarización entre risa y llanto.

Esta característica se ve reflejada en lo que se conoce como el estilo barroco. Se trata de un estilo identificado por el artificio del lenguaje, lleno de retruécanos, antítesis, hiperbatones, hipérboles, oximorones y otras figuras retóricas complejas que sobrecargan de múltiples elementos el discurso y le dan una forma oscura y afectada; un estilo de la superficie y del ornamento que es útil pero que resulta muchas veces incomprensible.

Otra característica del periodo Barroco que presenta Maravall es la de un incremento desmedido de las aspiraciones sociales, algo que genera una significativa disminución del sentimiento de felicidad. Todos los tópicos barrocos que le dan forma a su estilo tienen en el fondo la necesidad expresiva de esta infelicidad.

Grandes tópicos barrocos

Algunos de esos grandes tópicos barrocos son: el tópico de la locura del mundo, el tópico del mundo al revés, el tópico del mundo como un confuso laberinto y el tópico del mundo como teatro. Este último es central en una de las obras más representativas del barroco español que es la pieza teatral La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca escrita en 1635. Otras obras representativas del barroco español, periodo que incluye al conocido Siglo de oro, son: Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra (1605-1615); Las soledades, de Luis de Góngora (1613) y Fuenteovejuna, de Lope de Vega (1619).

El barroco latinoamericano

El universo Barroco de España impacta en la sociedad colonial de América Latina, particularmente en las emergentes ciudades virreinales que tenían nexos directos con la metrópoli peninsular, como la ciudad de México en la Nueva España, el Cuzco del virreinato del Perú o, más tardíamente, Bogotá y Tunja en el virreinato de la Nueva Granada. El Barroco Ibérico impacta en la sociedad colonial quien a su vez se apropia y trastorna ese universo Barroco. A ese trastorno del Barroco europeo, a esa apropiación y transformación que sufre el Barroco en América, Mariano Picón Salas lo va a denominar Barroco de Indias. Picón Salas ya no va a hablar de Barroco en América, sino de Barroco de Indias. Con esto está indicando que la cultura colonial barroca no fue simplemente un trasplante de la metrópoli a la colonia, un trasplante de tópicos, de formas, de usos, que es una forma ingenua de pensar el periodo colonial americano y que hasta muy entrado el siglo XX fue la forma instalada de pensarlo, como si todo hubiera sido nada más que una mera copia o una mera adaptación.

Retrato de Sor Juana Inés de la Cruz, pintado por Miguel Cabrera (1750) México. La religiosa es una de las intelectuales más importantes la América colonial. La pintura se exhibe en el Museo Nacional de Historia, en el Castillo de Chapultepec, Ciudad de México.

Lo que dice Picón Salas es que se trató más bien de una fusión de cosas europeas con cosas propiamente americanas. Por su parte Octavio Paz en su libro Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe señala como una de las mayores diferencias entre la metrópoli europea y el virreinato de la Nueva España el hecho de que en el virreinato la religión católica era algo nuevo, creador, mientras que en España era algo viejo y a la defensiva.

Otra diferencia importante que anota Octavio Paz es que durante la segunda mitad del siglo XVII y el fin del XVIII México crece y se desarrolla, mientras que España, en ese mismo periodo, se encuentra en crisis. Al proponer que se trata de una fusión y no de una mera copia del modelo europeo Picón Salas piensa en una independencia conceptual del Barroco en América: autonomía en relación al dictamen cultural de la metrópoli y por lo tanto una expresión propiamente americana. Pensado así, el Barroco es un término que distingue lo americano separándolo de lo europeo. El Barroco de Indias se autonomiza y se individualiza.

Las características de este Barroco de Indias, es decir, de esta literatura barroca propiamente americana, cuyo punto más elevado es la obra de la mexicana Sor Juana Inés de la Cruz, configuran, en este sentido, una estética de la extrañeza, una forma de desmarcarse del peso colonial europeo a través del estilo barroco, de la reutilización y resignificación de los tópicos barrocos que abrió las posibilidades de la emergencia de la conciencia criolla. ¿Qué supone la emergencia de esa conciencia criolla? Supone tanto la emergencia de un sujeto propiamente americano como el modo de conciencia que determinó las búsquedas independentistas americanas del siglo XIX.

Autores del barroco americano

Los principales autores del barroco en América Latina los podemos encontrar en diferentes ciudades virreinales. En primer lugar en el México de la Nueva España aparecieron durante el siglo XVII dos autores determinantes en la configuración del barroco americano: Juana Inés de Asbaje Ramírez de Santillana, más conocida como Sor Juana Inés de la Cruz y cuyas obras más célebres son su extenso poema Primero sueño (1692) y su carta autobiográfica llamada Respuesta a sor Filotea (1691). Otro autor mexicano destacado es Carlos de Sigüenza y Góngora quien entre muchas otras obras escribió Infortunios de Alonso Ramírez (1690) y Alboroto y motín de los indios de México (1692).

En el virreinato del Perú encontramos autores como el Inca Garcilaso de la Vega y su monumental obra Comentarios reales (1609) y Juan de Espinosa Medrano, el Lunarejo, quien en 1662 escribió su Apologético en favor de don Luis de Góngora.

En el Nuevo Reino de Granada, autores como Hernando Domínguez Camargo y su Poema Heróico de 1666 y la monja Francisca Josefa del Castillo y Guevara quien entre 1690 y 1695 escribió Afectos Espirituales fueron algunos de los autores inscritos en el Barroco Americano.

Neobarroco

Existieron dos momentos durante el siglo XX en que distintos aspectos del Barroco fueron retomados tanto en Europa como en América. Un primer momento con lo que se conoce como la Generación del 27, donde poetas como Federico García Lorca, Pedro Salinas y Luis Cernuda recuperaron a autores del siglo XVII como Luis de Góngora o Lope de Vega que habían sido relegados de la escena literaria.

Un segundo momento se presentó a mediados del siglo XX cuando escritores cubanos como José Lezama Lima, Alejo Carpentier y Severo Sarduy, por mencionar algunos, recuperaron el estilo barroco, así como muchos de sus tópicos, y los llevaron a un punto de inflexión que les permitió repensar y reescribir, en un nuevo contexto, cuestiones identitarias acerca del sujeto, el territorio y el lenguaje propiamente americano. Esta recuperación del Barroco a partir de los años 50 es lo que se conoce como Neobarroco. Las principales obras que pueden clasificarse como tales son: Muerte de Narciso (1937) y Paradiso (1966) de José Lezama Lima, Los pasos perdidos (1953) y El reino de este mundo (1949) de Alejo Carpentier y Cobra (1972) y Colibrí (1984) de Severo Sarduy.

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