Literatura latinoamericana de la Colonia y el siglo XIX

Al comprender tantos países, la literatura de Latinoamerica es abundante y muy diversa. En esta página solo tratamos lo concerniente a los periodos de Colonia y siglo XIX. Si buscas información sobre los siglos posteriores sigue este enlace: literatura latinoamericana siglos XX y XXI.

¿Qué es la literatura latinoamericana?

Consideramos literatura latinoamericana aquella literatura que ha sido producida tanto de manera oral como escrita en territorio latinoamericano o por autores y autoras latinoamericanos que por algún motivo han escrito sus obras por fuera de América Latina. Más que una entidad homogénea la literatura latinoamericana es la expresión de una multiplicidad de literaturas. Se trata de una heterogeneidad que se manifiesta de manera diferenciada en términos históricos, lingüísticos o genéricos. Esto quiere decir que lo que llamamos literatura latinoamericana es un conglomerado de obras y autores que han producido literatura escrita y oral en diferentes periodos históricos, en diferentes lenguas y con diferentes géneros literarios.

Para ejemplificar esta diversidad de la literatura latinoamericana podemos mencionar las literaturas precolombinas como las aztecas, las mayas o las incas, todas ellas de carácter oral. También la literatura de la conquista hace parte de lo que se considera literatura latinoamericana. Esta incluye textos y documentos de la conquista como los Diarios de viaje (1492) de Cristóbal Colón, las Cartas de Relación (1519-1526) de Hernán Cortés y la Brevísima Relación de la destrucción de las Indias (1552) de fray Bartolomé de las Casas, así como textos mestizos como Historia general de las cosas de la Nueva España (1540-1585) de fray Bernardino de Sahagún. En este grupo de obras es central el papel que tiene el género de la Crónica de Indias dentro de lo que se conoce como el archivo americano.

Por su parte, entre los muchos ejemplos representativos de la literatura colonial en América Latina, caracterizada por el uso, la apropiación y la transformación del estilo barroco europeo, vale mencionar los poemas de la mexicana Sor Juana Inés de la Cruz (una autora central en el estilo Barroco), el recuento histórico del Imperio Inca que hace el escritor mestizo Inca Garcilaso de la Vega en sus Comentarios reales o los Afectos Espirituales de la monja neogranadina Francisca Josefa del Castillo y Guevara escritos entre 1690 y 1695.

Durante las independencias del siglo XIX aparecen en América Latina obras características del iluminismo y el romanticismo americano como El periquillo Sarniento (1816) de José Joaquín Fernández de Lizardi o el poema La agricultura de la zona tórrida (1826) de Andrés Bello. Aparecen también hacia la segunda parte de este siglo obras significativas en la configuración de una literatura latinoamericana como Facundo. Civilización y barbarie. Vida de Juan Facundo Quiroga (1845), del argentino Domingo Faustino Sarmiento; María. Novela americana (1867) del colombiano Jorge Isaacs y Tradiciones peruanas (1872), del escritor peruano Ricardo Palma.

Segunda mitad del XIX y Modernismo

En la segunda mitad del siglo XIX, tras las Independencias americanas, salvo en las islas de Cuba y Puerto Rico que recién suceden en la última década del siglo, surge un fenómeno determinante en la configuración de la literatura latinoamericana conocido como Modernismo. Con el Modernismo, en el periodo de entresiglos, se empieza a hablar ya no de literaturas nacionales sino propiamente de una literatura latinoamericana que funciona, como dice la crítica argentina Susana Zanetti en su ensayo “Modernidad y religación, una perspectiva continental (1880-1916)», como un agente de religación de la heterogeneidad propia del continente.

Por su parte, el crítico colombiano Rafael Gutiérrez Girardot considera el Modernismo como un fenómeno, es decir, como algo que es más que definible, descriptible. En su ensayo Modernismo: supuestos históricos y culturales Gutiérrez Girardot considera que se trata de un fenómeno que acompaña el proceso de modernización en los centros urbanos de América Latina.

El Modernismo produce un sistema literario autónomo en América Latina y esa autonomía se da en dos sentidos. Por un lado, autónomo en el sentido de que en Modernismo se componen obras que interactúan de igual a igual con obras producidas por otros sistemas literarios y que incluso influyen sobre ellos, como el europeo por ejemplo, el Ibérico, para ser más precisos. El Modernismo latinoamericano, de la mano de autores como Rubén Darío o José Martí, influyeron fuertemente en escritores ibéricos del periodo de entresiglos como Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado.

Pero también, influido por el Simbolismo y el Parnasianismo franceses y por el esteticismo propio de fines del siglo XIX que de la mano de una poesía centrada en el ritmo y en el carácter musical de la palabra buscaba consagrar la idea de el arte por el arte, el Modernismo latinoamericano implica una autonomización de la esfera estética que conlleva a la profesionalización de la escritura así como al hallazgo y afianzamiento de las actividades periodísticas de las que Ángel Rama habla en su ensayo “La modernización literaria de América Latina”.

Con la profesionalización de la escritura en el Modernismo los escritores se convirtieron en periodistas, como el cubano José Martí, el nicaragüense Rubén Darío o el guatemalteco Enrique Gómez Carrillo, entre muchos otros. Esta incorporación de la escritura en el periodismo hizo que el arte literario se vinculara en grandes proporciones a lo popular.

Algunos autores importantes del Modernismo son: el cubano José Martí, con obras como Versos sencillos (1891); el nicaragüense Rubén Darío, la figura más emblemática del Modernismo latinoamericano quien, entre sus muchas obras publicó Prosas profanas y otros poemas (1896) y Cantos de vida y esperanza (1905); el guatemalteco Enrique Gómez Carrillo quien publicó múltiples crónicas en diversos periódicos del continente así como el volumen Bohemia sentimental (1900); el poeta bogotano José Asunción Silva, autor de poemas como Nocturno (1891) y de la novela De sobremesa (1896?); y la poeta uruguaya Delmira Agustini quien en 1913 publicó Los cálices vacíos, obra central de la poética modernista.

Estos autores, entre otros modernistas y posmodernistas como el argentino Leopoldo Lugones, el colombiano Porfirio Barba-Jacob o la también argentina Alfonsina Storni, son los que abren las puertas en América Latina para la entrada del siglo XX con sus múltiples tendencias, tradiciones, experimentaciones y derivas como las vanguardias y sus irrupciones, los costumbrismos y sus paisajes, los realismos y sus variantes indigenistas, el boom y sus éxitos comerciales, las posvanguardias y sus polémicas literarias y políticas, el neobarroco y sus reelaboraciones de las tradiciones, el posboom y su desencanto literario y la literatura contemporánea del continente.

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