Literatura en Estados Unidos: siglos XX y XXI

La literatura del siglo XX en Estados Unidos se vio marcada, como en el resto del mundo, por los grandes conflictos y fenómenos sociales y tecnológicos que tuvieron lugar: las dos guerras mundiales, la Gran Depresión de 1929, las distintas revoluciones en el mundo (México, Rusia, China), el comunismo, el programa espacial, la industria cultural, entre otros. Los periodos de prosperidad y de gran movimiento social como los llamados «Felices Años 20», la defensa los Derechos Civiles y la prosperidad económica de los años 50 y 60 también influyeron sobre el arte y la literatura. La literatura estadounidense del siglo XX tiene dos periodos bien marcados: el modernismo y el posmodernismo. En primer lugar, en el modernismo, desde inicios de siglo (más o menos 1910) hasta 1945, el tono literario general que encontramos es de desilusión, desesperanza y profundo nihilismo, aunque hay determinadas obras en las que se pueden encontrar resquicios de esperanza. En segundo lugar, en el posmodernismo, periodo que abarca desde 1945 hasta el nuevo milenio, se puede encontrar una literatura profundamente política, por la influencia del movimiento de los derechos y libertades civiles y la primera y la segunda ola del feminismo.

El Modernismo literario en Estados Unidos

Es importante recordar que el modernismo no es un movimiento estático sino que evoluciona, los artistas estaban siempre en contacto intercambiando ideas y constantemente influenciándose. De hecho existe una gran variedad de “modernismos”, que van desde el modernismo canónico de unos pocos autores de vanguardia como TS Eliot (La Tierra Baldía –1922)y James Joyce (Ulysses – 1920) hasta el modernismo afroamericano representado por los escritores del Renacimiento de Harlem. El modernismo fue un fenómeno global, pero tuvo diferentes impactos en Europa, Gran Bretaña y Estados Unidos. Además, no existe un consenso sobre las fechas de inicio y final del Modernismo. A veces se dice que comenzó a principios del siglo XX con Joseph Conrad y WB Yeats; otras veces se dice que comenzó con la Primera Guerra Mundial. La literatura de esta época se caracterizó por una ruptura con los estilos tradicionales de poesía y otros tipos de escritura. Por ejemplo, Ezra Pound inició el movimiento imaginista con poemas como In a Station of the Metro (1913). Esta poesía abandonó toda forma tradicional y buscó retratar una sola imagen en el tiempo. Y así, a pesar de que las obras diferían las unas de las otras, los autores modernos compartían un propósito común, que era captar la esencia de la vida moderna. Este propósito es el motivo por el cual la mayor parte de la literatura modernista se escribió de manera pesimista.

Estados Unidos entró en el siglo XX siendo una de las potencias más poderosas a nivel internacional y por ello, había una atmósfera de confianza y positividad sin precedente. Sin embargo, el avance tecnológico y las nuevas ideologías que se estaban fraguando en Europa harían que este ambiente cómodo cambiara radicalmente e influyera en la manera en la que los escritores modernistas retrataran la vida moderna. El primer conflicto que afectó a los artistas modernistas fue la Primera Guerra Mundial (1914 – 1918). Un conflicto sin precedentes, como nunca antes se había visto. La Gran Guerra, que originalmente se había previsto que estuviera zanjada “para Navidades”, se prolongó durante cuatro años marcados por los combates en las trincheras y armas muy avanzadas como las de desarrollo químico. En este sentido, las primeras producciones literarias fueron paradójicamente en aras de la glorificación de la guerra, se extendió un patriotismo ciego entre los soldados que morían por América y por la grandeza del país. Por ejemplo en 1915, el teniente coronel canadiense John McCrae escribió “En los campos de Flandes” para conmemorar la muerte de su amigo. Este poema sería más tarde utilizado para los reclutamientos durante la Segunda Guerra Mundial. Otros autores que se vieron marcados por este conflicto en primera persona fueron Ernest Hemingway, T. S. Eliot, Williams Carlos Williams.

Las heridas, no solo físicas sino también psicológicas, que provocó este conflicto internacional, dejaron un vacío existencial en la sociedad occidental. La guerra mostró a los estadounidenses que los beneficios de un estilo de vida basado en la moderación de los valores tradicionales propios de la Edad Dorada (1876-1900) y de la Era Progresista (1890-1920), no correspondía a la sociedad y menos a la juventud de la posguerra, por lo que el comportamiento caótico que adoptaron las personas durante los Felices Años 20 puede considerarse un efecto directo de esta experiencia traumática. Además, no se puede representar el panorama cultural de los Felices Años 20 sin tener en cuenta la Era del Jazz. En esta época se dio un gran desarrollo cultural, estuvo especialmente definida por las generaciones más jóvenes que estaban cansadas de los valores tradicionales, por lo que utilizaron la influencia del Jazz para rebelarse contra ellos. Durante estos años figuras como Louis Armstrong y Duke Ellington realizaron sus primeras grabaciones. El jazz produjo ritmos frenéticos que nunca antes se habían escuchado y surgieron nuevos bailes, como el Charleston. Scott Fitzgerald (autor cumbre de esta época con obras como El Gran Gatsby) dijo que fue un momento en que “the parties were bigger, the pace was faster, the buildings were higher, the morals looser” (las fiestas fueron más grandes, el ritmo más rápido, los edificios más altos, la moral más relajada). El Jazz se revelaba contra todas las convenciones musicales que se producían antes de la Guerra, además fue introducido en la cultura por bandas afroamericanas; el jazz se asoció a la cultura moderna y a la decadencia. Como dijo una vez el periodista Heywood Broun: “The Jazz Age was wicked and monstrous and silly. Unfortunately, I had a good time” (la época del jazz fue malvada, monstruosa y tonta. Desafortunadamente, me la pasé muy bien).

La secularización de la sociedad también influyó el cambio de tópicos en la literatura: una nueva moral en la sociedad se reflejaba en las obras literarias. Con el aumento de la secularización en la sociedad, el distanciamiento de la religión, y el desasosiego generado por la guerra, la sociedad se debatía en dos tendencias: la necesidad de reforzar el bien humano, la esperanza y la salvación tras la Gran Guerra, y la necesidad de adaptarse a la nueva modernidad, al cambio generacional y al desarrollo tecnológico. Frente a los horrores de la guerra, el jazz, el alcohol y las fiestas proporcionaron una manera fácil de paliar el desencanto.  

Es interesante considerar que el grupo de escritores que pertenecen tanto a la Era del Jazz y a los Felices Años 20, forman parte de lo que se conoce como la Generación Perdida. Básicamente, un grupo de escritores estadounidenses que alcanzaron la mayoría de edad durante la Primera Guerra Mundial y establecieron su reputación literaria en la década de 1920. El término abarca a Ernest Hemingway (En Nuestro Tiempo – 1924), F.Scott Fitzgerald (El Gran Gatsby – 1925, El Curioso Caso de Benjamin Button – 1922), Juan Dos Passos (Manhattan Transfer – 1922, El Paralelo 42 – 1930), Archibald Mac Leish (Collected Poems 1917–1952), Hart Crane (White Buildings – 1926) y Zelda Fitzgerald (Save me the Waltz – 1932) y muchos otros escritores que hicieron de París el centro de sus actividades literarias en la década de 1920 y 1930, por ejemplo Henry Miller (Trópico de Cáncer – 1934). El término de Generación Perdida se le atribuye a Gertrude Stein (The making of Americans – 1925), aunque Hemingway lo popularizó. Escribe Henry Miller en Trópico de Cáncer: «El mundo que me rodea está desintegrándose, y deja aquí y allá lunares de tiempo. El mundo es un cáncer que se devora a sí mismo».

Otro movimiento importante dentro de esta primera mitad del siglo XX es el Renacimiento de Harlem. Esta fue una “fase” de un movimiento más grande de “Nuevos Negros” que había surgido a principios del siglo XX y, de alguna manera, marcó el comienzo del movimiento por los derechos civiles de finales de la década de 1940 y principios de la de 1950. Los fundamentos sociales de este movimiento incluyeron la Gran Migración de afroamericanos de los espacios rurales a los urbanos y del Sur al Norte; se vio un aumento de la alfabetización; la creación de organizaciones nacionales dedicadas a luchar por los derechos civiles de los afroamericanos y celebrar y preservar la cultura y su folclore. W.E.B. Du Bois había defendido esta posición en The Souls of Black Folk (1903), un texto definitorio del movimiento “New Negro” debido a su profundo efecto en toda una generación que formó el núcleo del Renacimiento de Harlem. Algunos de los autores principales del Renacimiento de Harlem fueron Claude McKay (Home to Harlem – 1928), Jessie Redmon Fauset (There is Confusion – 1924) y Zora Neale Hurston (Their Eyes Were Watching God – 1937). Estos autores tendrán una tremenda influencia en escritores posteriores como James Baldwin.

Características formales de la literatura modernista en Estados Unidos

  1. En un intento de purificar el lenguaje, los autores modernistas le daban más importancia al rol que jugaba el lenguaje en la composición, y la forma, en vez de al significado del texto. Un ejemplo muy ilustrativo es la poesía de Gertrude Stein “a rose is a rose is a rose”. En este sentido hay una especie de concienciación de la problemática que tiene el lenguaje, y es que en muchas ocasiones es limitado el significado que se quiere dar a un sentimiento. Así, en muchas ocasiones se crea una prosa densa y difícil de comprender, como es el caso de William Faulkner (¡Absalón, Absalón! 1936)
  2. Los personajes literarios tienden a ser autorreflexivos y a tener mucha conciencia de sí mismos. En este sentido, la construcción del Yo con respecto al mundo que le rodea tiende a ser complejo ya que hay una percepción de la realidad en la que al personaje no le gusta estar. En esto se reconoce la influencia de Freud en la literatura y en general en todas las artes. Muchos de los narradores que hay en las novelas son dignos de la desconfianza del lector (unreliable narrator). Estos narradores tienden a tener una visión muy sesgada de la realidad, dan su opinión con mucha ligereza, en ocasiones están bajo el efecto de las drogas o se pierden en monólogos interiores (stream of consciousness) o utilizan el estilo indirecto libre.
  3. El tiempo no es concebido como algo estático que separa el pasado, del presente y del futuro, sino que el modelo considerado es dinámico, por lo que hay flashbacks, flashforwards, la narración, por así decirlo, evita la linealidad. Esta forma de narrar rompe con las formas aristotélicas y con los preceptos de tiempo, acción y espacio. En este sentido, la poesía modernista, o incluso la prosa, tiende a la fragmentación, ya que se crea una lógica interna en la obra mediante símbolos, la fragmentación del tiempo, los narradores…

Posmodernismo literario en Estados Unidos

El posmodernismo se refiere en términos generales a una teoría sociocultural y literaria, que corresponde a un cambio de perspectiva que se ha manifestado en una variedad de disciplinas del conocimiento, incluidas las ciencias sociales, el arte, la arquitectura, la literatura, la moda, las comunicaciones y la tecnología. En general, se acepta que el cambio posmoderno comenzó a fines de la década de 1950 y probablemente aún continúa. El posmodernismo puede asociarse con los cambios de poder y la deshumanización de la era posterior a la Segunda Guerra Mundial  y la embestida del capitalismo de consumo. Filósofos como Marc Augé han preferido el término «sobremodernidad» al de «posmodernidad», subrrayando que la modernidad no se ha «acabado», sino que vivimos en un exceso de modernidad, en una modernidad con «sobrepeso».

“Postmodernismo” fue un término acuñado por Arnold Toynbee (1889-1975) a principios de siglo para referirse al último cuarto del siglo XIX, una época en la que el capitalismo, el imperialismo y la civilización occidental en general comenzaban a decaer. Para Toynbee, este nuevo período, que comenzó en 1875, en realidad coincidió con la vanguardia modernista de París. Sin embargo, Toynbee examinó una franja más grande de la historia y notó el surgimiento de la «masa»: cultura de masas, educación de masas y cultura de masas. Cuando murió en 1975, lo “posmoderno” ya tenía noventa años pero el mundo intelectual recién comenzaba a incorporar el concepto.

Estados Unidos terminó la Segunda Guerra Mundial (1939 – 1945) siendo una potencia económica y siendo percibida por Europa como la salvadora del mundo frente al fascismo. Durante esta época se activa el Plan Marshall (iniciativa norteamericana de 1948 para proveer medios económicos y materiales a una Europa aliada en ruinas). Sin embargo, acto seguido, Estados Unidos entró en la Guerra. Las guerras de poder, la intimidación, la amenaza de aniquilación nuclear, la ansiedad y paranoia generalizada por el choque entre capitalismo y comunismo y la competencia por la conquista del espacio exterior influyeron a la literatura estadounidense durante la segunda mitad del siglo XX. Seguidamente, las décadas de 1950 y 1960 trajeron cambios culturales significativos dentro de los Estados Unidos impulsados ​​por el movimiento de derechos civiles (Malcom X y Martin Luther King fueron los representantes) y el movimiento de mujeres (Simone de Beauvoir, Betty Friedan, Shirley Chisholm). Además, antes del siglo XX, la literatura se había centrado principalmente, salvo excepciones, en autores hombres y blancos, que habían compuesto un canon literario y que desde luego se habían quedado obsoletos. Durante la segunda mitad del siglo XX, la literatura de minorías étnicas comienza a tomar fuerza. Escritores afroamericanos como Richard Wright (no confundir con el teclista de Pink Floyd), cuya autobiografía Black Boy se publicó en 1945, o Audre Lorde (Sister outsider – 1984), James Baldwin (Ve y dilo en la montaña – 1952), moldearon la literatura afroamericana de los Estados Unidos. También es importante mencionar a Ralph Waldo Ellison quien escribió una de las obras más importantes del posmodernismo Invisible Man en 1952.

También otras etnias como los nativos americanos comenzaron a reescribir y a redefinir su propia historia, ya que hasta la fecha, la narrativa principal había pertenecido, evidentemente, a los blancos; surgieron entonces voces como la de Sherman Alexie (Reservation Blues – 1995), N. Scott Momaday (House Made of Dawn – 1968) y Leslie Marmon Silko (Storyteller – 1981). También tuvo un auge la literatura chicana con escritores como Manuel M. Salazar (La historia de un caminante – 1981) Josefina Neggli (Step Down, Elder Brother – 1947), la japonesa con autores como John Okada (No no Boy – 1957)  y la china, por ejemplo la escritora Sui Sin Far (Hojas de la carpeta mental de un euroasiático – 1909). Éstas dos últimas sobre todo en los años 50 después de la Segunda Guerra Mundial, por los campos de trabajo en los que encerraban a muchas personas de origen asiático.

El contexto cultural y social de los años 50 con respecto a los 60 es muy interesante porque aparece la juventud como una diana perfecta para el mercado: aparecen en esta época, por primera vez, los jóvenes que tienen dinero porque los padres viven en una época de abundancia económica, las compañías de productos de entretenimiento se dan cuenta de que hay una posibilidad de crear productos para los jóvenes. Se desarrolla la publicidad de manera exorbitante, propagando el mensaje de consumo e identidad propio de la posguerra. Esta modernidad se ve desaprobada por los padres adultos que se habían adaptado a la vida conformista de los 50, y sin embargo están viendo que sus hijos se ven atraídos por las tendencias revolucionarias de los 60. Un ejemplo de esta revolución cultural fueron las películas de “delincuentes juveniles” donde aparece el chico malo con chupa de cuero que se revela y rompe con la tradición. Los cómics también crecieron en esta época. El cine de Hollywood se presenta como producto para los jóvenes, pero mandando siempre un mensaje moralista: ser rebelde está bien durante una época de juventud pero que hay que acomodarse a la sociedad, de lo contrario se percibe como una amenaza hacia la comunidad.

En este sentido, uno de los movimientos posmodernos más importantes se dio en la década de los 50, y fue la Generación Beat. Este movimiento se caracterizaba por la ruptura con los tabús sociales, se dio sobre todo en la poesía, y los temas principales son: la exploración y la liberación sexual, el retrato de la condición humana en los años 50, la experimentación con drogas psicodélicas, rechazo al materialismo y al capitalismo, hay una exploración de temas religiosos tanto de Oriente como Occidente, se rechaza la narrativa convencional, hay una clara disconformidad con las normas sociales establecidas, y se da la creación espontánea, sobre todo producida por las drogas. Los autores cumbre de esta década son Jack Kerouac (On the Road – 1957), Allen Ginsberg (Howl – 1956), William S. Burroughs (Naked Lunch – 1959). También hay una producción literaria de mujeres de la Generación Beat muy importante y que han quedado relegadas a un segundo plano de forma descarada, Joyce Johnson (Minor Characters – 1983) , Diane Di Prima (Memorias de una beatnik – 1978), Carolyn Cassidy (Heartbeat: My Life with Jack and Neal – 1982) y Joan Vollmer.

En el artículo que escribió John Clellon Holmes, “This is the Beat Generation” (publicado en el New York Times Magazine en Noviembre de 1952), se habla de cómo los jóvenes de los años 50 del siglo XX necesitaban escapar de una vida superficial y premeditada en la que aparentemente tienen libertad para elegir. Para elegir pareja, modelo de coche, casa… pero en la que se sienten asfixiados por el conformismo, el materialismo y la paz que este tipo de vida transmite. En el texto él dice: “The peace they inherited was only as secure as the next headline. […] Their own lust for freedom, and the ability to live at a pace that kills, led to black markets, bebop, narcotics, sexual promiscuity […]” (La paz que heredaron era tan segura como el siguiente titular de prensa… su propia codicia por la libertad, y la habilidad de vivir a un ritmo que mata, llevó a mercados negros, narcóticos y promiscuidad sexual…). Este fragmento puede retrotraer al lector directamente al monólogo inicial de la película Trainspotting (1996) en la que Renton reflexiona, entre otros temas, sobre el conformismo y el materialismo propio de los años 50: “Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos […]”. Ante esta devastadora perspectiva de futuro, regida por un capitalismo voraz y una vida sin ningún tipo de estímulo que le permitan disfrutar de su presente y de su juventud, tanto la Beat Generation, como el grupo de amigos de Renton, deciden rebelarse contra los valores tradicionales que la vida adulta amenazaba con imponer sobre sus vidas. 

Sin embargo, también es interesante ver cómo al final de la película, Renton acaba dándose cuenta de que el discurso “Elijo no elegir la vida […]” no es original, no es realista y ni mucho menos puede seguir por el camino de la autodestrucción. Renton se adapta al conformismo y al materialismo que él criticaba al inicio del largometraje, incluso ese impulso de rebelión no se dispara por su propia convicción política, sino porque, a lo mejor, necesitaba llamar la atención de alguna forma. Como Holmes dice sobre los Beats: “Their excursions into drugs or promiscuity come out of curiosity, not desillusionment” (Sus excursiones en las drogas y en la promiscuidad venían de la curiosidad, no de la desilusión). De la misma manera en la que Renton acaba asimilándose a esta tradición, la mayoría de Beats finalmente se conformaron con tener un techo donde dormir cómodamente, un coche con el que poder viajar y dinero suficiente como para poder permitirse una vida acomodada.

Fuera de la Generación Beat, otros autores canónicos de la década de los 1950 fueron J. D. Salinger (The catcher in the rye – 1951), Steinbeck (Al este del Edén – 1952), Harper Lee (Matar a un Ruiseñor y 1960) y Truman Capote (Breakfast at Tiffany’s – 1958). 

Durante los años 60 el Miedo Rojo (extensión de un miedo generalizado al comunismo y a los grupos “radicales” de izquierdas en Estados Unidos) se disipaba ligeramente, trayendo cierta confianza, cierta comodidad económica, no obstante la supervivencia de un espíritu que empezaba a tomar la forma de un futuro anticapitalismo; los años 60 fue la época dorada de los hippies, las comunas y a fin de cuentas, las sectas y sociedades secretas. Se da una especie de sueño utópico donde se crea el lema de “paz y amor hermanos”, la creencia de que puede existir una vida mejor y una humanidad armoniosa. Sin embargo, por otro lado, la Guerra de Vietnam (1955 – 1975), el asesinato de Kennedy (1963), el juicio de los 7 de Chicago (1968), fundamentado en un racismo terrible, generan un nuevo inconformismo y contrariedad. Se observan junto a los pacíficos hippies diversas protestas por los derechos civiles, la segunda ola del feminismo que comprende los 60 y los 70, la carrera espacial y continúa la Guerra Fría. El final de los años 1960 está marcado por una ilusión utópica que realmente no se puede sostener debido a los conflictos violentos que estaban teniendo lugar. Esto se refleja en la literatura y autores como Truman Capote (A sangre fría – 1965), que describe un terrible asesinato en una ciudad pequeña donde nunca pasa nada. Este tipo de literatura reflejaba algo de paranoia en el ciudadano y desconfianza en el extraño, en el extranjero. También destacaron Sylvia Plath (The Bell Jar – 1963), Betty Friedan (The Feminine Mystique – 1963) y Norman Mailer (Los Ejércitos de la Noche – 1967), donde se narran los eventos de la Guerra de Vietnam. 

Durante el final de los 60 y los 70 hubo un auge del “New Journalism”, un estilo literario que marca una línea entre la clara separación de la novela de ficción y la de no ficción. Está basado en una especie de nuevo realismo y de un estilo de no ficción en el cual los escritores utilizan personajes y datos reales, para crear historias que apenas rozan la ficción, ya que se rellenan datos que los autores no podrían haber sabido. El objetivo principal era hacer un reportaje de la realidad en un estilo tipo documental. El punto de vista de esta ficción se centra en un personaje o protagonista en particular. Por tanto, la neutralidad del narrador es un aspecto fundamental en este tipo de novelas. Uno de los autores principales que teorizó sobre este estilo es Tom Wolfe (The New Journalism – 1973, The Bonfire of the Vanities – 1988). Otros autores importantes de este estilo son Norman Mailer, Truman Capote, Joan Didion (Slouching Towards Bethlehem -1968), Larry King y Thomas Pynchon (La subasta del lote 49 – 1965).

Se puede decir que la década de 1970 fue un período de consolidación y cierta estabilidad política y económica, que resultó en un nuevo conformismo durante la década de los 80, nuevamente marcada por una estricta política conservadora, el programa de armamento y exploración espacial de Ronald Reagan y el colapso final de los regímenes totalitarios en los países de Europa del Este a fines de la década de 1980. A finales de los 70 y durante la época de los 80 y los 90 se vio sobretodo un resurgimiento de la literatura de ciencia ficción, horror y fantasía ya que se utilizaron para teorizar sobre temas sociales, políticos y culturales. De este tipo de literatura, una de las mayores representantes es Ursula K. Le Guin (La mano izquierda de la oscuridad – 1969, Los desposeídos – 1974, Cuatro caminos hacia el perdón – 1995). A finales de siglo XX se han utilizado, mucho más, técnicas narrativas posmodernas para expresar la sensibilidad y la rápida expansión tecnológica de los ordenadores, la realidad virtual, teléfonos móviles, las simulaciones… Otros autores importantes de finales de siglo son William Gibson (Neuromante – 1982), Michael Joyce (Of two minds – 1994). Además, hay que mencionar a dos de las figuras más reconocidas a nivel internacional y que tuvieron un desarrollo muy importante tanto en la literatura de terror como en la ciencia ficción: Stephen King (Carrie – 1974, El Resplandor – 1977) e Isaac Asimov (Yo, Robot – 1950, Fundación – 1942). Es interesante el caso de Asimov, ya que el nació en Rusia, era de padres judíos que en 1923 se trasladaron a Estados Unidos; cuariosamente trabajó durante unos años en la marina, en la época del Red Scare. Otro autor que destacó durante los años 70 a los 90 fue Charles Bukowski, un poeta, novelista y cuentista germano-estadounidense cuya escritura estuvo influenciada por el ambiente social, cultural y económico de su ciudad adoptiva de Los Ángeles. Las obras de Bukowski abordan la vida cotidiana de los estadounidenses de clase baja, el acto de escribir, el alcohol, las relaciones con las mujeres y la monotonía del trabajo. Sus obras principales fueron Post Office en 1971, Factotum en 1975 y Hollywood en el 1989, además de cantidad de colecciones de poesía como Mockingbird Wish Me Luck (1972) o Play the Piano Drunk Like a Percussion Instrument Until the Fingers Begin to Bleed a Bit (1979).

Por un lado, muchos de estos autores que publicaron en los 80 y los 90 utilizaban técnicas narrativas más tradicionales, o construían el significado de las obras literarias sobre las alusiones intertextuales para crear un efecto de metaficción. Estos autores fueron John Irving (Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra 1985), Paul Auster (Trilogía de Nueva York 1985-1987, Mr Vertigo – 1994, El libro de las ilusiones – 2002 ) y Don De Lillo (Submundo – 1997), Brett Ellis (American Psycho – 1991). Por otro lado, hubo una corriente más experimentalista que utilizaban un marco de ficción mucho más complejo, unas referencias intertextuales más intrincadas, teorías científicas y un estilo irónico y bastante mordaz. Entre estos escritores se pueden encontrar a  John Barth (The Tidewater Tales 1987, The Friday Book 1984), Donald Barthelme (Sixty Stories 1981), Alice Walker (The Color Purple 1982), Sandra Cisneros (The House on Mango Street 1984), William Gaddis (Carpenter’s Gothic 1985). Finalmete, Tom Wolfe en su artículo de 1989 Stalking the Billion-Footed Beast pidió un nuevo énfasis en el realismo en la ficción para reemplazar al posmodernismo. Con este nuevo énfasis en el realismo, algunos declararon que White Noise (1985) de Don De Lillo o The Satanic Verses (1988) de un escritor indio llamado Salman Rushdie, fueron las últimas grandes novelas de la era posmoderna.

Finalmente, en el siglo XXI se sigue encontrando literatura altamente crítica con la sociedad en la que se vive. Muchos de los escritores americanos escribieron sobre sus experiencias vitales, como Laila Halaby, una autora de origen árabe, que escribe sobre el cambio de visión hacia los árabes en Estados Unidos después de los atentados del 11-S (Once in a promised Land – 2007). Por otro lado, autoras chicanas y además del colectivo LGTB comienzan a escribir novelas que tratan el tema de la familia tradicional y cómo afecta a las identidades queer, Carla Trujillo es una de estas voces, su novela más famosa es What Night Brings (2003). Por otro lado, una de las voces afroamericanas más ruidosas de este siglo es Colson Whithead, quien recibió en 2017 el premio Pulitzer por su novela The underground Railroad, una exploración de la historia y la narración de los esclavos, utilizando la ciencia ficción histórica para hablar del racismo como un pilar fundamental en la construcción nacional de Estados Unidos. También destacan autores como Philip Roth (La conjura contra América – 2004), Joyce Carol Oates (Una hermosa doncella – 2010), Junot Díaz (La maravillosa vida breve de Óscar Wao – 2010). También son dignos de mención Jonathan Franzen, quien se dio a conocer por su ensayo Perchance to dream: in the age of images, a reason to write novels (1996) en el que teoriza sobre el hábito de lectura en la era digital y todas las distracciones que esta acarrea. A pesar de ello, su novela más famosa es Las Correcciones (2001). Michael Chambon (Los misterios de Pitsburg – 1988, Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay – 2000) pertenece a otra de las etnias minoritarias de los Estados Unidos, siendo de ascendencia judía, uno de los temas más recurrentes en su novelas es el antisemitismo. Anthony Doerr también ha sido un autor que ha destacado en el siglo XXI con su novela sobre la Segunda Guerra Mundial All the Light We Cannot See, por la que ganó el Premio Pulitzer en 2015.

Un hecho interesante que se dio en el 2016 fue la entrega del premio Nobel de literatura a Bob Dylan “por haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense”, según declaraciones de la BBC Noticias (el anterior Nobel de Literatura a un escritor estadounidense lo recibió Toni Morrison en 1993). Dylan ha compuesto canciones en las cuales el componente literario ha sido muy influye; se trata de poemas que hacen parte de la literatura contemporánea. Esto no es baladí, porque reafirma un puente entre la música y la literatura, y el reconocimiento de que todas las letras de todas las canciones hacen parte de la literatura. Este caso nos dice que la literatura que «vive» en medios y canales diferentes del libro, es un fenómeno que puede generar más atención durante el siglo XXI.

Bibliografía Recomendada

GEYH, Paula. The Cambridge Companion to Postmodern American Fiction (Cambridge Companions to Literature). Cambridge University Press, 2017.

GUILLÉN, Claudio. Literature as System. Essays toward the Theory of Literary History. USA: Princeton University Press, 1971.

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