Literatura inglesa del siglo XX

A principios del siglo XX el llamado grupo de “poetas georgianos” y los movimientos decadentes o estéticos en Inglaterra eran corrientes de poesía que, si bien venían de la poesía victoriana, eran muy críticos con su propia sociedad y con los valores tradicionales. Eran extremadamente hipócritas con la alta sociedad victoriana. Por el lado de la narrativa, aunque la novela realista dominó la escena de finales del siglo XIX, hubo un rápido agotamiento del realismo y antes de la gran expansión cultural que ocurrió durante la década de 1920, algunos escritores ya habían comenzado a experimentar con otras formas de narración, otros géneros y temáticas: uno de los más importantes sería la novela de aventuras.

Podemos clasificar a la literatura inglesa del siglo XX, a grandes rasgos, en Modernismo y Posmodernismo. Durante todo el siglo resonó el efecto de las dos guerras mundiales, la Gran Depresión, la disolución del Imperio Británico, el desarrollo de las tecnologías (incluyendo las tecnologías de impresión editorial) y la democratización de la sociedad. La literatura sobre las antiguas colonias, la literatura fantástica, el género de detectives, las novelas distópicas, y las novelas de ciencia ficción están presentes en el transcurso del siglo XX, dando forma y fuerza a la literatura inglesa de esta época.

Modernismo en la literatura de Inglaterra (1900-1939)

El modernismo en la literatura inglesa es considerado como una época en la cual las rápidas transformaciones en la sociedad occidental, incluida la urbanización, el crecimiento demográfico e industrial, la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) influyeron de manera dispar en la creación artística. Se desarrollaron vanguardias en la literatura y el arte que buscaron romper con los valores sociales tradicionales y la tradición literaria precedente. Pensadores de Europa continental como Friedrich Nietzsche, Ernst Mach y Sigmund Freud influyeron enormemente en esta época. El núcleo del arte modernista era la creencia de que los elementos previamente sustentadores de la vida humana, como las creencias religiosas, las costumbres sociales y las convicciones artísticas, habían sido destruidos o probados como falsos y expuestos a argumentación. Esta sensación de fragmentación condujo a una literatura construida a partir de fragmentos de mito, historia, experiencia personal o arte anterior. 

Puede considerarse que el Modernismo en la literatura inglesa comienza en la última década del siglo decimonónico, cuando algunos autores ya incluían en sus escritos temas y elementos formales puramente modernistas. En el ámbito anglosajón, la primera década se denomina Periodo Eduardiano (por el rey Eduardo VII del Reino Unido), caracterizado por la división entre alta literatura y literatura popular que influiría la crítica del siglo entero, especialmente en las novelas. Es importante remarcar que los periódicos continuaron siendo la principal fuente de publicación de cuentos y novelas, entregando al público los capítulos en formato “por fascículos”

En esta época se reivindicó la fantasía, el mundo interior y psicológico, a veces lleno de color, como los cuentos de Beatrix Potter (The Tale of Peter Rabbit – 1901) y J. M. Barrie (Peter Pan – 1911). Por otra parte, también hubo un auge de la literatura que trataba el tema de la colonización como es el caso de El corazón de las tinieblas (1899) de Joseph Conrad. También Rudyard Kipling (El libro de la selva 1894, Kim 1901) toca este tema, pero en su caso, este autor estaba a favor del imperialismo británico. Fue nombrado “Poet of Empire” por lo que su obra no profundiza en la problemática referente a la exotización del sujeto colonizado. Kipling veía al Imperio como un sistema de ayuda para mantener la estabilidad social y económica en países menos desarrollados. Así que Gran Bretaña en sus obras está representada como la nación responsable de “civilizar” a los países o culturas todavía “incivilizadas”. También es importante el uso del humor para intentar alejarse de la realidad presentada por el fin del decadentismo y del pesimismo. 

En la época de antes de la Primera Guerra Mundial, ya había poetas que escribían sobre el terror y las consecuencias de las guerras. Cuando llegó la Primera Guerra Mundial, cambiaron ligeramente el estilo, sin embargo, los temas continuaron siendo los mismos. Entre estos poetas destacan Thomas Hardy (The Man He Killed – 1902) y A.E. Housman (A Shropshire Lad – 1896).                 

La Primera Guerra Mundial rompió muchas suposiciones sobre la sociedad y la humanidad, la poesía que se produjo durante el conflicto se divide en dos tendencias: Por un lado, la patriótica, a favor del conflicto, y de corte panfletario. Los poetas más reconocidos en esta línea son John McCrae (In Fanders Fields 1915) y Rupert Brooke (The soldier 1915). Por otro lado, la anti-belicista, con autores que reconocían los horrores de la guerra y relataban la vida de forma realista para concienciar a la gente. Los poetas más importantes son Wilfred Owen (Dulce et decorum est 1920, Anthem for Doomed Youth 1920) y Siegfried Sassoon (Suicide in the trenches 1918). También hubo escritoras que hicieron importantes aportaciones literarias sobre este conflicto, como Vera Brittain (Verses of a VAD – 1918, The Dark Tide – 1923) y la también editora y enfermera Eva Dobell (Advent – 1916, In A Soldiers’ Hospital 1: Pluck)

La literatura que vino después a menudo fue inquietante, disruptiva y enfatizó nuevos intereses y enfoques. La época más conocida del Modernismo, conocida como “alto modernismo” tuvo lugar durante los años de la entreguerra (1918 – 1939). Este periodo fue el momento en el que los escritores canónicos del movimiento desarrollaron sus obras más conocidas: Virginia Woolf, James Joyce, T.S. Eliot y D.H. Lawrence. En contraste con la tradición victoriana que se centraba en representar la realidad tal y como la entendían, los modernistas reconocieron que la realidad era un constructo subjetivo, por lo que prestaron especial atención en representar la psicología humana en su obra. Esto se evidencia con las técnicas de narración adoptadas como el monólogo interior, el estilo libre indirecto, la elección de narrador en primera persona, el verso libre, narración fragmentada o discontinua, intertextualidad, narrador múltiple, metanarración, uso metafórico exagerado, uso de referencias de otras culturas y otros lenguajes.  Las obras que mejor pueden representar estos cambios narrativos son A Portrait of the Artist as a Young Man y Ulysses de James Joyce, Mrs. Dalloway y To the Lighthouse de Virginia Woolf, The Love Song of J. Alfred Prufrock de T. S. Eliot,  El agente secreto (1907) Joseph Conrad, Pasaje a la India (1924) de E.M. Forster y Tejados puntiagudos (1915) de Dorothy Richardson.

Por otro lado, en este periodo también tuvo su mayor apogeo la corriente de la poesía imaginista, la cual se centra en la representación de imágenes claras con un lenguaje sencillo y nítido. La idea principal es recrear la experiencia física de un objeto a través de las palabras. Hay que pensarlo como si fuera una fotografía, pero en palabras. Con esta corriente, los autores querían probar que el lenguaje no es un constructo infinito que puede presentar todo, sino que es finito y que algunas emociones, sentimientos o situaciones no pueden describirse de forma absolutamente objetiva o sin ningún tipo de conflicto. Este tipo de verso es muy parecido al haiku japonés, breves representaciones de no más de cuatro versos de escenas poéticas.

Es importante resaltar que en los tempranos años 20 resulta difícil diferenciar entre escritores ingleses e irlandeses ya que hacían parte del mismo contexto, además de que siguen considerándose dentro del constructo sociocultural que supone la literatura inglesa como una literatura más allá de Inglaterra. Resulta complejo separar las literaturas nacionales en constructos independientes ya que las influencias entre unas y otras son evidentes. También sucede lo mismo entre la literatura inglesa y la americana.

En estos primeros años de la década comienza a resurgir el teatro con autores que reflejan en sus obras las problemáticas sociales, como son J.M. Synge (Ryders of the sea 1904), Flann O’Brien (La boca pobre 1941) y Samuel Beckett, futuro Premio Nobel en 1969 (Esperando a Godot).

El Premio Nobel de Literatura en 1925 se lo llevó George Bernard Shaw, otro dublinés que marcó la transición del siglo XIX al XX. Narrador y dramaturgo, con su obra más famosa, Pigmalión, también ganó un Oscar al mejor guión no original en la adaptación cinematográfica de 1938; escribió un teatro sarcástico e ingenioso, irónico y humorístico. W. B. Yeats (La fuente de los halcones – 1917) también fue uno de los escritores más representativos de la literatura irlandesa, y fiel defensor de la independencia de Irlanda de la corona británica, la cual se dio en 1922. Por otro lado, en Escocia se dio la escuela Kailyard la cual tuvo un gran impacto en todo el Reino Unido; hay que mencionar, en particular, a J.M. Barrie (1869-1937), creador de Peter Pan (1904). Esta escuela presentó una versión idealizada de la sociedad y volvió a poner de moda la fantasía y el folclore. En 1908, Kenneth Grahame (1859-1932) escribió el clásico infantil The Wind in the Willows

Durante esta época también se desarrolló la literatura detectivesca, que, a pesar de que había tenido una gran recibida durante el siglo XIX de la mano de escritores como Arthur Conan Doyle, el creador de las aventuras de Sherlock Holmes (1887) (su último «capítulo» fue El perro de los Baskerville), Edgar Allan Poe, quien escribió Los crímenes de la calle Morgue (1841), William Russel, autor de Chambers’s Edinburgh Journal (1849), se desarrolló en todo su esplendor cuando Agatha Chrsitie hizo aparición en el panorama literario de finales del siglo XIX y durante el siglo XX. Durante las Guerras Mundiales se dice que la novela detectivesca tuvo su época dorada, y de hecho la mayor producción literaria fue por parte de mujeres escritoras: Agatha Christie, Dorothy L. Sayers (Los secretos de Oxford 1935), Josephine Tey (La hija del tiempo – 1951), Margery Allingham (El signo del miedo – 1933), y Ngaio Marsh (Un hombre muerto – 1934). Las novelas de Agatha Chrsite tienen una combinación de narrativa basada en puzzles complicados, estereotípicos protagonistas y un retrato bastante acertado de la clase media, todo lo cual facilitó a que fuera la escritora superventas de la época. Escribió un total de 66 novelas detectivescas, y unas 14 colecciones de relatos cortos, entre sus obras más famosas se incluyen Murder on the Orient Express (1934), Death on the Nile (1937), Three Blind Mice (1950) y And Then There Were None (1939).

Posmodernismo en la literatura inglesa  (1945- 2000)

El hecho histórico clave que ubica el fin del Imperio Británico moderno tuvo lugar cuando los británicos se retiraron de la India el 15 de agosto de 1947. Este evento marcó una nueva etapa en la historia de Gran Bretaña, una etapa en la que los británicos se vieron forzados a buscar nuevas formas de identidad cultural nacional que no dependieran del imperio. A medida que el proceso de descolonización avanzó vertiginosamente en las décadas de 1950 y 1960, esta redefinición de la identidad nacional se hizo más complicada por la Guerra Fría. De hecho, a medida que los británicos se retiraban de una colonia tras otra, una de sus principales preocupaciones era tratar de asegurarse de que las nuevas naciones que surgieran no cayesen bajo el dominio de la Unión Soviética. Se puede considerar así que la literatura británica de posguerra comienza con la publicación de Animal Farm de George Orwell (1903–1950) el 17 de agosto de 1945 (meses después de la derrota nazi). Sin embargo, la contribución más importante de Orwell a la ficción distópica se produjo cuatro años después, con la publicación de Nineteen Eighty-four, que se convertiría en uno de los libros más leídos del siglo XX. Otra figura importante dentro del mundo de la distopía y utopías literarias fue Aldous Huxley, quien es conocido por haber escrito Brave New World en 1932.

Las condiciones sociales, culturales, políticas y económicas en las que se encontraba Gran Bretaña sin duda fueron objeto de críticas en las obras literarias hacia la década de 1950. Cabe destacar que en ese entonces Hollywood ya había superado a la industria cinematográfica británica en términos de popularidad mundial incluso en los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial. La literatura respondió de diversas maneras al nuevo contexto, en el que destacan las novelas de James Bond escritas por Ian Fleming, que presentan a un tipo de superhéroe y súper espía británico, que coloca a Gran Bretaña en el centro de una variedad de intrigas geopolíticas. Comenzando con Casino Royale en 1953, Fleming escribió doce novelas y dos colecciones de cuentos centrados en James Bond. Estas narraciones se remontan a los días de gloria del Imperio Británico y, por lo tanto, puede verse como un ejemplo de nostalgia colonial. También podemos encontrar la reacción contraria durante la década de 1950 en la que la literatura dio un giro oscuro. De hecho, una de las novelas británicas más conocidas y más leídas de la década de 1950 es El señor de las moscas (1954) escrita por William Golding (1911-1993), una crítica feroz a los valores tradicionales que se imponen sobre el sujeto británico (lo que estereotípicamente se conoce como the british gentleman).

Uno de los grupos de escritores más importantes del posmodernismo son The Angry Young Men quienes nunca compusieron un movimiento particularmente unificado con un conjunto coherente de ideas, sino que expresaron una variedad de perspectivas que estaban conectadas por un resentimiento amargo causado por la caída de Gran Bretaña, así como la arrogancia hipócrita de las clases altas británicas. Los Angry Young Men fueron, pues, un grupo de jóvenes escritores británicos cuyo nombre proviene de la obra teatral de John Osborne de 1956 Look Back in Anger. Esta obra expresa una profunda insatisfacción con el status quo británico y la indignación hacia la tendencia de la sociedad británica de ignorar los problemas de sus ciudadanos más necesitados. Además de Osborne, otros Angry Young Men produjeron sobre todo teatro, el más importante fue Harold Pinter quien escribió importantes “juegos de memoria”, como Tierra de nadie (1975) y Betrayal (1978). También destacó Caryl Churchill cuyas obras a menudo experimentales se centran en temas feministas, es la dramaturga más importante de esta generación. Sus obras más conocidas son Cloud Nine (1979) y Top Girls (1982).

Otra figura de renombre fue Ted Hughes quien se convirtió en Poeta Laureado Británico en 1984. Dejó un gran volumen de poesía, incluida la colección de 1998 Cartas de cumpleaños, la cual trata en gran medida sobre su relación con Sylvia Plath. También es conocido como autor de libros para niños. Su novela de ciencia ficción infantil The Iron Man (1968), originalmente escrita para consolar a sus hijos tras el suicidio de Plath, es la base de la exitosa adaptación cinematográfica estadounidense, The Iron Giant (1999, dirigida por Brad Bird).

La ciencia ficción en general jugó un papel clave en la literatura británica en la década de 1960. Martin Amis, por ejemplo, no solo escribió ciencia ficción, sino que también fue autor de un importante estudio crítico del género: New Maps of Hell: A Survey of Science Fiction (1960), basado en algunas de las conferencias que dio en la Universidad de Princeton en las que enfatizaba los aspectos distópicos del género. Aun así, después de H. G. Welles (La Guerra de los Mundos – 1995), en la década de 1990 la ciencia ficción acabó por ser el género dominado por los estadounidenses, siendo el único autor británico de ciencia ficción verdaderamente importante de los años inmediatos de la posguerra Arthur C. Clarke (2001: A Space Odyssey – 1968), quien está a la altura de los estadounidenses Isaac Asimov y Robert A. Heinlein y quienes conforman las tres figuras principales de la Edad de Oro de la Ciencia Ficción.

El movimiento de New Wave dentro de la ciencia ficción también fue de vital importancia para el desarrollo literario de los años 60. Se caracterizó por un intento de explorar temas más complejos y hasta el momento tabúes y así, por ayudar a transmitir estos temas desde un estilo literario más sofisticado. También se caracterizó por el regreso a la popularidad de los escritores británicos de ciencia ficción, los críticos y teóricos de este movimiento consideran que la fuerza principal detrás este resurgimiento fue la revista británica New Worlds, editada por el escritor británico de ciencia ficción y fantasía Michael Moorcock (Stormbringer – 1965). New Worlds también publicó autores estadounidenses de ciencia ficción emergentes como Samuel R. Delany, Thomas Disch, Harlan Ellison, Ursula K. Le Guin, Robert Silverberg y Norman Spinrad. Durante las décadas de 1960 y 1970 también se desarrolló un subgénero dentro de la literatura en verso denominada poesía marciana. Esta poesía tenía como objetivo romper el control de «lo familiar», describiendo las cosas ordinarias de maneras desconocidas, como por ejemplo a través de los ojos de un marciano. Este movimiento está relacionado con el surrealismo, y surge en el contexto de la poesía experimental de finales de la década de 1960. Además, influencias de una variedad de tradiciones literarias inglesas como la poesía metafísica, los acertijos anglosajones y la poesía sin sentido (un referente innegable de esta tradición es Lewis Carroll, autor de Alicia en el País de las Maravillas (1865). Los poetas más asociados con la poesía marciana son Craig Raine y Christopher Reid.

Dentro de la literatura de fantasía es importante señalar a uno de los grupos de discusión literaria más importantes del momento. Estaba asociado a la facultad de inglés de la Universidad de Oxford, y se denominaron a sí mismos como los «Inklings». Sus miembros principales fueron los principales novelistas de fantasía; C.S. Lewis y J.R.R. Tolkien. Lewis es especialmente conocido por Las crónicas de Narnia (1950-1956), mientras que Tolkien es mejor conocido como el autor El Señor de los Anillos (1954) y de El Hobbit (1982). Otro escritor importante es Alan Garner autor de Elidor (1965), mientras que Terry Pratchett es un escritor de fantasía más reciente. Roald Dahl saltó a la fama con sus novelas de fantasía infantil, como James and the Giant Peach y Charlie and the Chocolate Factory, a menudo inspiradas en experiencias de su infancia, notables por sus finales a menudo inesperados. J. K. Rowling autora de la exitosa serie Harry Potter (Harry Potter y la piedra filosofal – 1997) y Philip Pullman famoso por su trilogía His Dark Materials son otros autores significativos de novelas de fantasía para lectores más jóvenes.

Acerca de la literatura poscolonial de los años 60, que tuvo gran popularidad y que  se alineó con los movimientos feministas de la época, hay que mencionar a escritoras como Jean Rhys quien escribió The Wide Sargasso Sea (1966), un “retelling” de la famosa novela Jane Eyre escrita por Charlotte Bronte. Aunque Wide Sargasso Sea emplea un modo de narración relativamente sencillo, está claramente ambientado en un mundo que representa, no el mundo real, sino el mundo ficticio de Jane Eyre, alineándose con el posmodernismo. También destaca Salman Rushdie quien anunció la fusión en toda regla de la técnica posmodernista con el multiculturalismo británico. Aunque trata explícitamente de la historia de la India, incluida la experiencia de la colonización y la descolonización, Hijos de la medianoche (1981) es un texto posmoderno casi paradigmático. 

Las transgresiones del límite entre ficción y realidad también se llevaron a cabo en textos como The French Lieutenant ‘s Woman (1969), de John Fowles. Esta es una novela histórica ambientada en el período victoriano; en otro nivel, sin embargo, es una construcción meta ficcional compleja que comenta las formas en que se construyen los textos (especialmente las novelas victorianas). Angela Carter escribe de modo similar, ella actualiza historias del pasado, y ha producido obras claramente basadas en estrategias textuales posmodernistas pero que, como la obra de Woolf, tienen energías feministas que las diferencian de muchas de las estrategias textuales posmodernas. Es conocida por The Bloody Chamber (1979), una serie de narraciones modernas de cuentos de hadas y cuentos populares clásicos, con un fuerte mensaje feminista. Irvine Welsh también tuvo mucho impacto dentro del panorama literario de los años 90 con la publicación de su primera novela Trainspotting (1993) en la que trata el problema de las drogas, del consumismo y un profundo nihilismo que enturbió la sociedad de esta época en Edimburgo.

Durante los 90 también hubo un auge de la novela gráfica, destacan escritores en el campo de los cómics como Neil Gaiman (Sandman) y Alan Moore. Como productos del siglo XX, es posible que nos resulte aún más difícil hacer una declaración definitiva sobre el período, especialmente porque en muchos sentidos el siglo XX todavía está con nosotros y todavía forma parte de nosotros hoy en día. Otro autor que ha tenido una repercusión espectacular a nivel mundial, sobre todo por sus aportaciones a la ficción histórica ha sido el británico Ken Follett. Su obra no se compone solo de novela histórica ya que, en realidad, la mayoría de sus novelas pertenecen a otro tipo de género, variando desde relatos más policiales a libros con un gran componente de intriga, thriller o incluso aventura. Habría que destacar títulos como Las alas del águila, El tercer gemelo, En el blanco, La caída de los gigantes, entre otros muchos. La mayoría de esas obras de Follett acabaron eclipsadas por el éxito arrollador de su novela de 1989 Los pilares de la Tierra, uno de los bestsellers más famosos de la historia y cuyas ventas se cuentan por millones de ejemplares. En 2007 publicó su continuación, Un mundo sin fin, que también se ha situado entre los grandes éxitos de principios del siglo XXI, y un año después se le otorgó el Premio Olaguibel del Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro.

Bibliografía recomendada

ALVAREZ AMOROS, J. Antonio (ed.) Historia Crítica de la Novela Inglesa, Salamanca: Almar, 1998.

LÁZARO, Luis Alberto. El concepto de Modernismo en la literatura inglesa.

BERGONZI, B. The Myth of Modernism and 20th Century Literature, London: Harvester, 1986.

BLAMIRES, H. A Guide to Twentieth Century Literature in English, London, Methuen, 1983.

Cavanagh, Dermot; Alan Gillis, Michelle Keown, James Loxley, Randall Stevenson (eds.), The Edinburgh Introduction to Studying English Literature. Edinburgh: Edinburgh University Press, 2010. 248 pages, ISBN 13: 9780748640256 ISBN 10: 0748640258.

CLARK, Robert and HEALEY Thomas (eds.), The Arnold Anthology of British and Irish Literature in English (London: Arnold, 1977).

PÉREZ GÁLLEGO, Cándido (ed.) Historia de la literatura inglesa, Madrid: Taurus, 1988

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