Solo hasta terminar de leer “El arte de la resurrección” descubrí que el llamado Cristo de Elqui, Domingo Zárate Vega (1898 – 1971), existió en la vida real; un predicador de a pie que durante más o menos 22 años en la primera mitad del siglo XX recorrió Chile enseñando La Palabra, consolando enfermos, haciendo milagros (por lo menos intentándolo), afirmándose como El Ungido, como la encarnación del Hijo de Dios. Incluso al leer el epígrafe de la novela no caí en cuenta que El Cristo de Elqui había sido significativo para Nicanor Parra. Hernán Rivera Letelier (Talca, 1950) conjuga en “El arte de la resurrección” el desierto de Atacama, los campamentos salitreros, las “aventuras” del Cristo de Elqui y el personaje de Magalena Mercado, una devota meretriz, una santa prostituta con una misión propia. Ha dicho Hernán Rivera Letelier que en realidad su obra consiste en escribir un solo libro en el que el desierto de Atacama es el verdadero protagonista. Él conoce el desierto, ha vivido en él 40 años y en diversas entrevistas ha dicho que toda su obra se la debe a Atacama y su profundo silencio. Varios de sus personajes aparecen en sus distintas novelas y así también el Cristo de Elqui.
Entender “El mito del eterno retorno”. Primera parte
Publicado en 1949 “El mito del eterno retorno. Arquetipos y repetición” es un libro que se ha convertido en un referente de la antropología y la historia de las religiones. Su autor, Mircea Eliade, analiza un hecho transversal en las culturas tradicionales y premodernas: el retorno periódico a un tiempo mítico: el de los orígenes, … Leer más