Después de la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos de América se constituyeron en la primera potencia de Occidente. Tras la escaramuza bélica, la sociedad se expandió dando comienzo a una nueva etapa: la adolescencia y juventud. En efecto, la adolescencia fue una categoría social que se empezó a desarrollar a finales del siglo XIX, pues antes los niños pasaban a hombres y empezaban a trabajar y a crear familias. Sin embargo, fue durante los cincuenta que se masificó la cultura juvenil que, desde inicios del siglo XX iba reclamando espacios a raíz de cambios sociales y políticos. Estos cambios tenían que ver con la expansión de la sociedad y la búsqueda de derechos civiles por parte de personas que estaban excluidas del modelo americano: las comunidades afro, los grupos LGBT, las mujeres, las subculturas juveniles. Precisamente el sueño americano se puso en jaque en los cincuenta, cuando se encontraba en auge. Mientras el molde se transmitía a través de Hollywood, del auge de la televisión y de las intervenciones militares en Asia; muchos contestaban con experimentación, búsquedas liberadoras y un fugaz anhelo antibélico. Los jóvenes se convirtieron en fanáticos del rock and roll, de la carretera o de la literatura. Surgieron los beatniks para criticar el sueño americano y llevar su cuerpo hasta los excesos demostrando que al despertar estaba la pesadilla. Seres como Jack Kerouac que desbocó su vida en sus novelas de viajes que visibilizan lo marginal y profundo de Estados Unidos; o William Burroughs, líder de su generación que, habitando el crimen, se desplazó a países latinoamericanos para explorar su marginalidad. Por otro lado, los laboratorios químicos, la CIA y su proyecto MK-Ultra, y las universidades exploraron diversas dimensiones de la mente a través de compuestos recién descubiertos o aislados como la mezcalina, la psilocibina o el cannabis. Los jóvenes se acercaron a estos experimentos como sujetos de estudio, colaboradores o psiconautas. Esta última, una categoría recién creada para abarcar a quienes buscaron surcar los rincones de su propia conciencia. Llegaron los Beatles, la invasión británica y con ella, la música rock se integró a las contraculturas de las sustancias, el antibelicismo y los derechos civiles en donde bandas como Jefferson Airplane, The Beach Boys o Grateful Dead consolidaron la psicodelia norteamericana.
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