¿Qué es la literatura fantástica?

La historia de la fantasía puede considerarse tan antigua como la humanidad; el ser humano es imaginativo, un creador de historias fantásticas como ningún otro; un gran fantaseador. Cada cultura y cada civilización han desarrollado su propia mitología, folclore y creencias que podrían considerarse fantásticas, no obstante, estas historias son la misma cuna de la literatura y del arte. Circunscribir esto a solo lo fantástico es una reducción, no obstante, permite ver qué tan extenso y extensible es el concepto de lo fantástico. Pero más allá de esta discusión y más cerca en el tiempo, el cuento y la novela fantástica emergen en el siglo XVIII como contraste de otro discurso: el discurso científico y racional de la modernidad. Frente al positivismo científico de la Ilustración y la Industrialización la literatura fantástica alzó vuelo y aún sigue volando. Merece la pena preguntarse entonces ¿qué es la fantasía y qué es lo fantástico?

Antecedentes del género fantástico

Ciértamente, lo fantástico como categoría estética se desarrolló durante el siglo XIX, sin embargo, los clásicos en la Antigua Grecia ya habían atribuido una serie de significados a la palabra phantasiai, como “aparecer”, “mostrar”, “luz”, en general, hacerse visible; también incluye el surgimiento de una idea, imaginación o una representación en la mente (literalmente lo que se muestra en el interior de la mente a partir del proceso mental). En ese sentido, las imágenes que se consideran “fantasmagóricas” son imágenes mentales producto de la fantasía. Uno de los primeros autores que explicó algo así como «lo fantástico» fue Platón en su diálogo La República. En él distingue dos tipos de techné relacionadas con la producción de ideas: 1) techné eikastiké (el arte de hacer semejanzas), y 2) phantastiké techné (el arte de hacer ilusiones).

En segundo lugar, Aristóteles retoma la idea de la mímesis en la relación con la verdad, “lo posible” y “lo imposible”; distingue entre la historia que está sujetá a hechos contingentes, particulares y es dependiente de ellos, y la poética que es la imitación de hechos, fábulas “verosímiles”. La fantasía sería entonces la capacidad de hacer que algo ausente, esté presente. Hacer visibles imágenes en la mente que no son visibles en el mundo físico. Aristóteles también establece el término fantasmata, refiriéndose a la memoria, la imaginación y los distintos niveles de conocimiento del mundo, y concierne específicamente al entendimiento pasivo de la realidad a través de los sentidos. Fantasmata define entonces aquellas imágenes sensibles, no sólo visuales, que recibimos y asimilamos por medio de la sensación y la experiencia, que son anteriores a la elaboración de los conceptos o ideas. En la mayoría de los autores latinos se discute que la fantasía es algo ausente que no está presente pero que se experimenta como una paradoja.

Durante la edad media, las teorías se centran en que el ser humano forma parte de un universo que tiene parte trascendental, y la manera de ser consciente es la capacidad de imaginar. Durante esta época, de base neoplatonista, se crean obras que muestren el mundo invisible, buscando representar lo eterno. El pensamiento filosófico principal relacionado con esto es la Escolástica, donde empieza el debate sobre lo productivo (algo que produce un objeto nuevo) o lo reproductivo (algo que reproduce un objeto existente). A continuación, en los siglos XV y XVI se comienza a desarrollar un concepto que guarda cierta familiaridad con la fantasía: lo grotesco, expresado en la obra de François Rebelais, Gargantúa y Pantagruel (1532). Lo grotesco hace referencia a lo retorcido, lo corrupto, lo bizarro más relacionado con la representación del alma en el cuerpo, lo monstruoso, que produce en el espectador o en el lector una sensación física de malestar.

La literatura fantástica en el barroco y la Ilustración

En el siglo XVII y parte del XVIII, durante el barroco, contrastando con «lo grotesco», lo fantástico se percibe como algo positivo que trata de trasgredir los límites (el exceso es un factor que por entonces se populariza). Se elevan las normas de la retórica usando todo tipo de figuras de estilo (hipérboles, antítesis, efectos de admiración causados por lo excesivo). En la ilustración, siglo XVIII, lo fantástico adquiere un valor más y se percibe como una facultad útil para producir cosas (sentido productivo), como algo que puede transformar o modificar la naturaleza de las cosas. Uno de los filósofos más importantes de la época, Kant, también elabora ideas que influyen a lo fantástico. Su escrito sobre lo sublime resulta muy influyente, puesto que configura una categoría estética que durante las dos últimas décadas del siglo XVIII y durante todo el siglo XIX se utilizará en la novela fantástica para producir una reacción emocional en el lector, sobre todo con la introducción del horror y el terror por Anne Radcliffe (Los misterios de Udolfo – 1794). Ella expone que el horror expone al lector a la descripción gráfica de un fenómeno sobrenatural, o de una muerte violenta, o cualquier tipo de violencia explícita o shock fuerte, congelando la posibilidad de que el lector imagine, se paraliza porque hay una saturación emocional en el texto; en este sentido, el horror se considera como un aspecto corrupto de la literatura gótica. Por otro lado, el terror es lo contrario, es la sugerencia sutil del miedo o la muerte, crea una tensión psicológica que se expande en la imaginación del lector y está mucho más relacionado con el concepto de lo sublime, como una sensación sobrecogedora y a la vez placentera.

La literatura fantástica es un género que destaca factores sobrenaturales, mágicos, oníricos y extraterrestres que no existen en el mundo real. Está en relación directa con la literatura de horror y de terror, compartiendo puntos de partida con la literatura gótica. Desde el siglo XX, los límites de la literatura de fantasía con la literatura de ciencia ficción son menos claros.

Literatura fantástica en los siglos XIX, XX y XXI

En el siglo XIX los elementos fantásticos y las emociones que lo sublime, el horror y el terror producen serán clave en la literatura, puesto que se retoma la idea del yo como un sujeto ínfimo en el mundo y eso es aterrador y sobrecogedor. Lo fantástico, pues, se consolida en el siglo XIX como una facultad creativa y empieza a ser parte de los estudios de la estética. En este siglo destaca Edgar Allan Poe (Tales of the Grotesque and Arabesque – 1839), quien supo jugar con estos factores. La literatura fantástica, de horror y de terror tendrían entonces muchos puntos en común y las fronteras entre estas tres «áreas» están superpuestas y generan debates y nuevas clasificaciones.

Durante el siglo XIX, el exceso y el miedo, trasgredir las leyes naturales e ir contra las seguridades perfectas del equilibrio natural está relacionado con la fantasía. Las novelas de “terror” de hecho se basan en la inducción del miedo en el lector mediante lo desconocido, lo que no se puede comprender porque no tiene una explicación racional. Uno de los autores más importantes que ha teorizado sobre la categoría de lo fantástico y sobre la literatura gótica del siglo XIX es Tzvetan Todorov. Sobre todo, desarrolla el concepto de lo sobrenatural dividiéndolo en dos posibles categorías, lo sobrenatural que se acepta tal y como se presenta (the marvelous) y lo sobrenatural que se explica como las leyes de la naturaleza conocidas (the uncanny). En este siglo, Freud también teorizó sobre los elementos psicológicos de lo fantástico desarrollando el término Unhemlich (the uncanny), el cual está relacionado con las memorias o las experiencias que han sido reprimidas en el inconsciente y que vuelven en momentos inesperados.

Uno de los primeros resultados literarios de esta fascinación por lo irreal y lo sobrenatural fue la novela gótica, un género literario que comenzó en Gran Bretaña con El castillo de Otranto (1764) de Horace Walpole, que es el predecesor tanto de la fantasía moderna como de la ficción de terror moderna.

En cuanto a la fantasía tal y como se ha desarrollado en el siglo XX y XXI, llamada «fantasía heroica», se entiende que hay un punto de giro con la obra de J.R.R. Tolkien. Se suele hablar de etapa «pre-Tolkien», y una «post-Tolkien». La etapa pre-Tolkien se establece a finales del siglo XIX, y principios del XX. De hecho, puede establecerse que comienza con George MacDonald, un escritor escocés que compuso novelas como The Princess and the Goblin (1872) y Phantastes (1858). También teorizó sobre la novela fantástica en ensayos como The Fantastic Imagination, en su libro A Dish of Orts (1893). Así, MacDonald se convirtió en una de las influencias principales tanto de John Ronald Reuel Tolkien como de C. S. Lewis (Las crónicas de Narnia – 1950). Otro autor que influyó en la fantasía moderna es William Morris, cuya novela más famosa es The Well at the World’s End de 1896. Morris tomó referencias y se inspiró en los romances y leyendas medievales y fue uno de los pioneros en crear un mundo de fantasía concreto y enteramente separado del mundo real. Finalmente, también es importante mencionar a los autores reunidos en torno al círculo de la Puerta dorada o del Dorado amanecer, en el siglo XIX. Destacan Arthur Conan Doyle (Sherlock Holmes – 1887) y Henry Ridder Haggard (Las minas del rey Salomón – 1885), quienes también escribieron terror y ciencia ficción, creando la actual confusión entre los tres «géneros».

Así, con estas bases literarias, Tolkien escribió El Señor de los Anillos (1954 – 55) estableciendo el precedente de la literatura fantástica contemporánea y que en el siglo XXI ha generado toda una fiebre de masas. Tolkein ya había escrito El Hobbit (1937) y las series de cuentos: Leaf by Niggle, The Adventures of Tom Bombadil, Smith of Wootton Major y Farmer Giles of Ham. También es autor de una serie de ensayos críticos sobre los cuentos de hadas (On Fairy-Stories – 1939) y le interesó profundamente el poema épico Beowulf (Beowulf: The Monsters and the Critics – 1939).

En la época post-Tolkien, es decir, desde la segunda mitad del siglo XX y hasta nuestros días, han surgido autores de fantasía medieval o épica que juegan con elementos fantásticos y que por alguna razón han sido categorizados como literatura juvenil. Algunos autores destacados son Michel Ende (La historia interminable – 1979), G. R. R. Martin, autor de Juego de Tronos: Una canción de hielo y fuego (1991), Patrick Rothfuss autor de El nombre del viento (2007) y Brandon Sanderson (El camino de los reyes – 2010). También destaca la magia fantástica con J. K. Rowling en las novelas de Harry Potter, las cuales se han convertido en la serie de libros más vendida de todos los tiempos. La literatura fantástica se entrelaza cada vez más con la ficción convencional.

Finalmente, durante el siglo XX hubo un desarrollo sin precedente dentro de la fantasía: uno de los subgéneros más importantes dentro de lo fantástico fue el llamado «horror cósmico» cuyo principal precursor y modelador fue H.P. Lovecraft (La Llamada de Cthulu – 1928, Los Gatos de Ulthar – 1920), quien tuvo como referentes a Arthur Machen (El gran dios Pan – 1894, The White people – 1904) y Lord Dunsany (Los dioses de Pegaña – 1905). El horror cósmico se caracteriza por resaltar la soledad e insignificancia vital y filosófica del ser humano ante la vastedad del universo (o multiverso según la obra), ya sea con terribles dioses extraterrestres indiferentes a nosotros, o por una panorámica abrumadora del espacio tiempo donde no somos más que una mota insignificante. Por lo tanto, el horror cósmico también tiene características de la Ciencia Ficción ya que el cosmicismo lovecraftiano utiliza elementos del espacio exterior como extraterrestres, posesiones astrales, e intersecciones entre aliens y humanos que generan el terrible miedo de la insignificancia humana en el gran esquema del universo.

El Círculo de Lovecraft también lo componen Robert Bloch (Psycho – 1959), Robert E. Howard (Sombras rojas – 1928), creador de personajes como Conan el Bárbaro o Solomon Kane, August Derleth (El que acecha en el umbral – 1945), fundador de la editorial Arkham House, Donald Wandrei (Los vampiros de fuego – 1933, Los tres hombres de M’Bwa – 1933), cofundador de Arkham House, Henry Kuttner (The Hogben Chronicles – 1941-1949), su esposa C. L. Moore (Shambleau – 1933), Frank Belknap Long (The Hounds of Tindalos – 1946) y Clark Ashton Smith (The Dark Eidolon – 1935, The Coming of the White Worm – 1941).

Durante el siglo XX también destacaron las revistas Pulp en el ámbito de la ficción dentro de lo que se entiende como Pulp Fiction Americana en la que coexistió una amplia gama de géneros literarios; pero todos ellos tenían varios elementos en común que los identificaban. En primer lugar, las portadas, sugerentes, llamativas y coloridas; también el lenguaje sencillo, directo, y en muchas ocasiones obsceno y repulsivo; y por último, los relatos con la intención de entretener, y provocar sensacionalismo. Jesús Palacios en su recopilación “Los hombres topo quieren tus ojos, y otros relatos sangrientos de la era dorada pulp” habla de lo que se conoce como Weird Menace «amenaza extraña», un estilo en torno a lo extraño y lo terrorífico, cuyos contenidos más perversos y sanguinarios podían encontrarse en las llamadas Shudder Pulps (Revistas Pulp Escalofriantes). Este tipo de relatos se caracterizaba por su brutalidad narrativa, donde el horror, el misterio, el sexo, y temas tan controvertidos como la violencia sádica, sentaron las bases de lo que hoy podríamos entender como cine gore.

Sin embargo, hubo distintos estilos Pulp. El lado más macabro y terrorífico de esa Weird Menace tenían lugar en revistas como Weird Tales, Terror Tales, Horror Stories o Mystery Tales, cuyos relatos solían tratar sobre científicos locos, femme fatale, engendros diabólicos, rituales satánicos, asesinos dementes, mutantes sedientos de sangre virginal, o monstruos devoradores de carne venidos desde el más allá. Paralelamente, la ciencia ficción también tiene un lugar en lo Pulp, evidente en revistas como Astounding Science fiction, Amazing Stories, Wonder Stories, Startling Stories, las cuales están repletas de superhéroes, viajes en el espacio tiempo, viajes a ciudades sumergidas, o batallas épicas entre seres de fantasía.

Bibliografía Recomendada

Tzvetan, Todorov. Introducción a La Literatura Fantástica (2016). 5th ed., Coyoacán, 2022.

Dolezel, Lubomír. Heterocósmica: Ficción y Mundos Posibles (Perspectivas) (Spanish Edition). 1st ed., Arco Libros – La Muralla, S.L., 1999.

Rosie Jackson, Lo oculto de la cultura

Alarzaki, Jaime. Teorías de Lo Fantástico. 1st ed., Arco Libros – La Muralla, S.L., 2022. (editor David Roas)

ANDRADE, P., et al. (eds.), Espacios y tiempos de lo fantástico: una mirada desde el siglo XXI.

ARÁN, P. O., El fantástico literario. Aportes teóricos. Madrid: Tauro 1999.

CORNWELL, NEIL.: The Literary Fantastic: From Gothic to Postmodernism.

GRIXTI, J., Terrors of Uncertainty. The Cultural Contexts of Horror Fiction. London, New York: