Análisis de las Meditaciones de Marco Aurelio

Reseña del libro Meditaciones de Marco Aurelio
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Las Meditaciones del emperador romano Marco Aurelio son una insistente declaración de principios basados en el estoicismo. Las Meditaciones son del siglo II d.C. y están divididas en doce capítulos o libros: en todos insiste en llevar una vida recta y virtuosa. Marco Aurelio escribió estos textos más a modo de confesión que a modo de “publicación”. No era una obra para ser difundida a un gran público como lo hacemos hoy. Simplemente plasmó por escrito su visión de la vida, la sociedad y el mundo basada en el estoicismo, por ser esta manera de ver las cosas la más digna o la más ética según su juicio y formación. Como libro, las Meditaciones fueron publicadas por primera vez en 1558 en Zúrich. Algunos llaman a Marco Aurelio “el emperador filósofo” por su educación en filosofía griega, su defensa de los axiomas estoicos y su creencia en la imperturbabilidad del semblante y del alma racional: en el libro III afirma que “la prerrogativa del hombre virtuoso es acoger con amor y satisfacción lo que sobreviene y entrelaza con la vida” (2023: 34).

Marco Aurelio (121 – 180 d.de.C.)
MEDITACIONES
Editorial Taurus
Bogotá. 2023
Traducción de Miquel Dolç (la edición de Taurus no es clara si la traducción es del inglés, del alemán o del griego)

En este análisis se exponen los cuatro conceptos centrales en los que más insiste Marco Aurelio y que explican ese camino recto e imperturbable: 1) la brevedad de la vida y la obligada necesidad de vivir en el tiempo presente, 2) la pertenencia a la naturaleza, 3) la justicia como la virtud central y de la que derivan las demás, y 4) la naturaleza divina del alma racional en el ser humano. En este texto se incluyen frases de Marco Aurelio y citas textuales del libro que sirven de apoyo para quienes quieran recordar esta lectura o profundizar en su estudio.

  1. La brevedad y transitoriedad de la vida
  2. Naturaleza y metonimia en la obra de Marco Aurelio
  3. La justicia como virtud central
  4. La naturaleza divina y racional del alma

El libro I empieza agradeciendo a sus referentes éticos e intelectuales, personajes de quienes aprendió sus ideas y sentires directrices. Por ejemplo, el filósofo estoico Apolonio de Calcedonia, su tutor directo, de quien aprendió la independencia del espíritu y en quien admiraba “la vasta erudición, sin pedantería” (2023: 09). También menciona al filósofo estoico Epicteto, a Catulo, a su hermano Severo, a Diognetes, a Rústico, a su madre, a su abuelo, a su bisabuelo, a Sexto, a Alejandro el gramático, a Alejandro el platónico, a Máximo. Menciona especialmente a su “padre adoptivo”, el emperador Antonio Pio. En los siguientes libros cita a Heráclito, Sócrates, Platón, Teofrasto, Séneca, Zenón de Citio y Empédocles. Se sabe que Marco Aurelio fundó en Grecia en el año 176 cuatro cátedras imperiales, subvencionadas por el Imperio, para la enseñanza del platonismo, el aristotelismo, el epicureísmo y el estoicismo.

“Si en realidad te amases, amarías tu naturaleza y tu destino”

Marco Aurelio (Meditaciones, 2023: 51)

“`No eres más que una pobre alma, que arrastra un cadáver´, como decía Epícteto”

1. La brevedad y transitoriedad de la vida

¡Con cuanta velocidad pasa todo! Exclama Marco Aurelio. Es necesario entonces no distraerse en el pasado o el futuro, que no pertenece a nadie, y tener cada acción de la vida como si fuera la última. Pero reconocer el carácter efímero y transitorio de la vida no implica negatividad hacia su fin: la muerte. Por el contrario, la muerte es un efecto normal de la naturaleza: “Es evidentemente pueril temer los efectos de la naturaleza. Y no solo la muerte es efecto de la naturaleza, sino aún conveniencia de la misma” (2023: 24). Por lo tanto, no tiene sentido temerla u opacarse porque algún día llegará.

En la noción de transitoriedad está presente la herencia de Heráclito; el tiempo es como un río o un torrente, recuerda Marco Aurelio; hay cierta vulgaridad en las cosas tan transitorias. Y la muerte, desde el punto de vista de la naturaleza, no es un final sino un cambio: “La muerte de la tierra es convertirse en agua; la muerte del agua es transmutarse en aire; la del aire, hacerse fuego, y al contrario” (2023: 48).

De una conciencia fortalecida en la transitoriedad se cosecha un carácter, un ethos, que deja sin base a la angustia, al aferramiento y al afán, y que permite el florecimiento de la cordura, el agradecimiento, la justicia, la prudencia, la lealtad, la libertad, la circunspección y alejar el temor a la muerte.

Frases de Marco Aurelio acerca del carácter efímero de la vida:
  • “Y acuérdate que cada uno no vive más que el presente, indeciblemente presente” (2023: 31).
  • “`No eres más que una pobre alma, que arrastra un cadáver´, como decía Epícteto” (2023: 47).
  • “Considera siempre las cosas humanas como ruines y efímeras: lo que era ayer un poco de humor, será mañana momia o ceniza. Esta infinita brevedad del tiempo vívela, pues, conformándote con la naturaleza y termina tu vida con agrado; al modo que la aceituna, llegada a la sazón, cae bendiciendo a la tierra que la sostuvo y dando gracias al árbol que le dio savia” (2023: 49).
  • “Estoy compuesto de causa formal y materia. Ninguno de estos elementos será reducido a la nada, del mismo modo que tampoco han salido de la nada. Pues cada parte de mi ser tendrá asignado otro lugar mediate la transformación en otra parte del mundo; y de nuevo ésta se transformará en otra parte del universo y así continuará la sucesión hasta la eternidad” (2023: 58).
  • “Quien ha visto el presente, lo ha visto todo: todo lo que sucedió desde la eternidad y todo lo que sucederá por toda la eternidad; pues todas las cosas tienen la misma naturaleza y la misma fisonomía” (2023: 77).

Cálmate pues, concluye. Hay un gran designio natural y divino, por lo que la angustia es fútil. No te perturbes, simplifícate a ti mismo, sentencia. En un mundo tan efímero, el afán es inútil. Y toda muerte es una transformación, una mutación, y toda mutación es una muerte.

2. Naturaleza y metonimia en la obra de Marco Aurelio

Es un antiguo principio griego y egipcio entender que la parte refleja el todo, el exterior el interior, lo que está abajo a lo que está arriba (idea presente en los Textos Herméticos). Siguiendo esta línea, Marco Aurelio insiste en aceptar esa parte que es el individuo respecto al cosmos; hace parte de una lógica más grande que lo contiene y que, aprobándola, comulgando con ella, recibe su bienestar: “Examina cómo te va en la profesión de hombre de bien, de hombre que acepta de buen grado la parte que le toca de las disposiciones universales, satisfecho por la práctica de la justicia y con una actitud de ánimo llena de benevolencia” (2023: 43).

Dice que es menester tener presente el principio de pertenecer a una naturaleza propia que a la vez pertenece a una naturaleza más grande: “Cuál es la naturaleza del universo y cuál es la mía; qué relación existe entre ésta y aquella; qué parte del universo soy yo y quién es él mismo; y que nadie te impida hablar y obrar, conforme a con la naturaleza, de quien eres parte” (2023: 20). Esta relación de pertenencia de la parte al todo significa grandeza en las Meditaciones.

Del mismo modo, el individuo es parte de la ciudad, de la sociedad. Lo que es bueno para el conjunto tiene que ser bueno para el individuo. Recomienda no enojarse contra su vecino, ni contra su enemigo, ni contra nadie, porque sería como enojarse contra su pariente. El amor por el prójimo es entonces un aspecto en común con el cristianismo, perseguido en su época. Afirma “Reverencia a los dioses. Protege a los hombres. Breve es la vida” o “Propio es del hombre amar incluso a los que le ofenden” (2023: 87) porque no se trata de una rectitud de vida egoísta, sino una rectitud con los demás y con lo demás: “todo lo que es útil a un particular, lo es también a los otros hombres” (2023: 74) y “lo que no es útil a la colmena, no lo es tampoco a la abeja” (2023: 82). Hay aquí una ética hacia el otro, una ética de la alteridad, que desarrollaría muchos siglos después Mijail Bajtin.

Además de la transitoriedad, el ser humano también tiene un destino, por lo cual solo cabe la aceptación. Lo que acontece a cada quien está encadenado a causas muy principales, a leyes divinas o un orden natural. Es imposible escapar de esos designios, de los cuales el individuo es una mísera parte. Un destino natural y divino que engloba a lo social: “Todos cooperamos al cumplimiento de un mismo fin; los unos a sabiendas, inteligentemente; los otros sin entenderlo. Tal es, si no me engaño, el sentido con que incluso a los que duermen llama Heráclito obreros y colaboradores de lo que se está haciendo en el mundo” (2023: 78).

No obstante, el albedrío existe. Acerca de la inalterabilidad, la resistencia, la continencia, la aceptación del destino, la moderación de los deseos, la benevolencia, la sencillez y la magnanimidad, Marco Aurelio exhorta: “conquístalas, dependen de tu arbitrio”. Según Marco Aurelio, el hombre puede excluirse de su unión con la naturaleza, pero está en él volver a alinearse con ella: “El hombre es el único ser al que Dios otorgó la facultad de incorporarse de nuevo con su todo” (2023: 108). Acerca de la inalterabilidad y otros principios, guardan cierto parentesco con principios budistas y que requieren un estado activo. Nunca la imperturbabilidad se ha alcanzado sin intención. Las virtudes entonces son naturales, pero latentes, son potencia, hay que conquistarlas o desarrollarlas. Lograrlo significa elevarse, superar las distracciones, vivir con rectitud, significa conquistar una ética que explota esas latencias. Se observa entonces que la revolución moral y ética en las palabras de Marco Aurelio y la tradición que representa resuena en filósofos modernos y corrientes de pensamiento actuales como Nietzsche y el existencialismo.

Marco Aurelio acerca del estilo de vida estoica

3. La justicia como virtud central

Podríamos decir que, en realidad, las virtudes humanas que subraya Marco Aurelio se entienden acudiendo al sentido común. Diecinueve siglos después de haber escrito las Meditaciones, sabemos que el amor, la libertad, la justicia, la rectitud en los actos, que al hacer algo, que no sea de mal agrado, es positivo y genera paz y bienestar. No obstante ¿qué hay en el ser humano que no le resulta inmediato seguir siempre ese camino? Su propia debilidad, su propia capacidad de salirse del curso, de ser injusto. La justicia es la virtud de la cual provienen todas las otras porque así es la naturaleza; los dioses y la naturaleza son justos, el destino es justo: “no han podido por una negligencia contraria a la justicia y a la razón, descuidar cosa alguna perteneciente al buen régimen del universo” (2023: 164). Justicia y rectitud son usados como sinónimos en el texto.

Según Marco Aurelio, los principios corresponden a la inteligencia, y si no siempre seguimos esa vida virtuosa, imperturbable y recta, debe ser porque algo “falla” en la inteligencia. En el texto no se resuelve del todo esta cuestión, solo explica que es natural a la inteligencia seguir esos principios por ser esa su naturaleza: “Tenemos cuerpo, alma, inteligencia. Del cuerpo son las sensaciones; del alma, los instintos; de la inteligencia, los principios” (2023: 34). Ni la mano ni el pie obran contra la naturaleza, reflexiona Marco Aurelio. De la misma manera la inteligencia no debería obrar en contra de la suya. De acuerdo con Teofrasto, son más graves las faltas por concupiscencia que por ira: porque es más grave cuando provienen por el placer, es decir, por la búsqueda propia y el consentimiento, que por el dolor que deviene en ira. La concupiscencia es contraria a la justicia y a la naturaleza en la visión de Marco Aurelio: su invitación a la rectitud es contraria a un humano entregado a la sensualidad y a las fantasías. Su perspectiva estoica es restrictiva: hay que cancelar imaginaciones, fantasías, gulas, lujurias, excesos, porque la virtud central, la justicia, exige contención, no se debe inclinar la balanza para ningún lado que afecte la estabilidad de la razón, una razón que no produce monstruos.
Claramente, la exposición de Marco Aurelio es fiel a sus nociones de bien y mal. La justicia ideal, que empuña la espada del bien, no puede sino ser buena; “es justo el camino de la rectitud”, asevera, es conforme a los dioses y a la naturaleza, pero está en el hombre la facultad de seguir la línea recta. Además, afirma que la naturaleza del bien es lo bello y la del mal lo torpe (2023: 17), ideas que recuerdan a los diálogos de Platón Hipias Mayor y El Banquete.

4. La naturaleza divina del alma y el intelecto

La distancia de Marco Aurelio con el hedonismo es mucha. Él no persigue pasiones o placeres y desprecia la carne; aunque no por ello descuidó su cuerpo. Se sabe que este emperador seguía la máxima griega “mente sana en cuerpo sano”. De todas formas, suya es la frase “No te dejes arrastrar por el torbellino de las pasiones” y para hacer frente a ellas hay recurrir a la justicia y a la inteligencia. Y ésta última, de alguna parte nos tiene que venir, de una fuente superior a lo tangible, de un ámbito divino. Tampoco está a favor de las fantasías y excesos de imaginación “Elimina la imaginación […] cíñete al momento presente. Penetra bien lo que acontece a ti y a otro […] Coteja cuidadosamente la idea y las palabras” (2023: 89).

¿Qué nos salva? Se pregunta Marco Aurelio, “una sola y única cosa: la filosofía. Y esta consiste en conservar el dios interior sin ultraje ni daño, para que triunfe de placeres y dolores, para que no obre al acaso, y se mantenga lejos de toda falsedad y disimulo” (2023: 24). En el libro IV invita a ver que “En ningún lugar encuentra el hombre refugio más apacible, más tranquilo, que en su propia alma […] lo que yo llamo libertad de espíritu no es otra cosa que el estado de un alma bien ordenada” (2023: 33). El yo interior, o el dios interior como refugio es una idea que recupera Hermann Hesse en su novela Siddhartha.

“Penetra en tu interior. Dentro de ti está la fuente del bien, que puede manar, si ahondas siempre”

Marco Aurelio (Meditaciones. Libro VII, 2023:95)

Este ser más allá de la carne, esta facultad o naturaleza de la inteligencia, esta alma que es racional y que ha sido tocada por lo divino es por lo tanto capaz de sobreponerse a todo tipo de flaquezas. Mi empeño y mis aptitudes internas no conocen trabas, dice el emperador Marco Aurelio. Ante el fracaso, perseverar: “el espíritu y la razón pueden pasar por sobre todo impedimento, conforme a sus aptitudes naturales y a su voluntad […] la razón podrá pasar por encima de todo obstáculo, así como el fuego sube, la piedra desciende, el cilindro rueda por un plano inclinado, no quieras ya otra cosa”. (2023: 144). La inteligencia está, pero necesita que le demos forma. Aquí interviene el albedrío y el arbitrio humano, ya que “Tu inteligencia será cual la hagan tus ideas habituales; pues el alma queda imbuida de sus ideas” (2023: 59). También afirma que “la inteligencia de cada uno de nosotros es un dios y dimana de la divinidad” (2023: 169). En las Meditaciones de Marco Aurelio la inteligencia y el alma son explicadas como propiedades semejantes, sino la misma.

Si bien la traducción de las Meditaciones está “condimentada” con conceptos modernos, este texto del siglo II ya tiene una orientación racionalista. Si bien subordinada a lo divino y a lo natural, todo en las Meditaciones exalta la inteligencia y la razón; una razón super potente; es de cierta forma una oda a la razón ética; incluso hay un discurso supremacista que entiende como natural que el ser humano racional esté sobre los seres irracionales: “Cada uno tiene la obligación de hacer lo que corresponde a su estado. El resto de los seres fue dispuesto para servir a los racionales, y, en toda otra cosa, los inferiores se hacen respecto de los superiores, pero los racionales han sido hechos para ayudarse mutuamente” (2023: 93). Esta idea es consecuente con la vida de un emperador en el Imperio Romano, un mundo altamente jerarquizado en el cual los privilegios de un emperador, hay que decirlo, sirven de podio para hablar con propiedad, y cierta ventaja, acerca de la imperturbabilidad y la vida recta. No obstante, las Meditaciones se siguen leyendo y entendiendo en el siglo XXI porque sus mensajes emocionan y se pueden aplicar indiferentemente de la clase social del lector.

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Autor: El come libros

De la familia Liber Devoratoribus, un come libros promedio que necesita ingerir diariamente una cuota de letras para subsistir. Ese alimento lo digiere, transforma y entrega en forma de reseñas y análisis de libros.

3 opiniones en “Análisis de las Meditaciones de Marco Aurelio”

    1. Estoy un poco confundido. Dices, «Meditaciones de Marco Antonio» , pero debería ser Marco Aurelio, o es lo mismo?
      Gracias.

      1. Hola Javier. Gracias por el comentario. Es Marco Aurelio. En el análisis había algunas erratas que confundían Marco Aurelio por Marco Antonio. Tal vez porque su nombre era «Marco Aurelio Antonino». Un saludo

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