Breve análisis de la Ilíada: honor, epítetos y cultura material

Análisis de la Ilíada
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La Ilíada y la Odisea son los dos poemas épicos atribuidos a Homero, y son, tal vez, las obras literarias más influyentes de la historia en el mundo occidental. Aunque se discute la autoría de Homero, se cree que ambos poemas serían más o menos del siglo VIII a.c., época en la que habría vivido Homero. Los acontecimientos narrados en la Ilíada se refieren a una historia supuestamente ocurrida hacia el siglo XIII a.c., cuando la ciudad de Micenas era el centro de una sociedad que colapsaría tiempo después. Estas fechas enseñan cuán antiguo es el género de la poesía y ponen de relieve que la Ilíada es un poema épico que fue transmitido oralmente; por esta razón, habría sido creado y recreado por diversos poetas o rapsodas a lo largo de generaciones, generando variaciones y versiones paralelas. Sin embargo, su esencia, la estructura mítica del relato, al decir de Levi Strauss, permanecería en tanto fuente de verdad y de creencia: “el propósito del mito es proveer un modelo lógico capaz de superar la contradicción” (Levi Strauss en “Antropología Estructural”). No existió una única versión mítica de la Ilíada, todas las versiones eran el mito. Ciertamente, los griegos tenían a la Ilíada como una historia verdadera, un historia mítica, legendaria y cierta. Para Platón y Aristóteles, la Ilíada ya era un relato antiguo, aunque no menos verdadero. Aunque actualmente entendamos a la Ilíada como una obra de ficción, incluso algunos la ubican en la raíz de la literatura fantástica, no por ello carece de numerosas referencias históricas. El mismo Heinrich Schliemann encontró, con la Ilíada bajo el brazo y en la actual Turquía, las ruinas de Troya; y en las ruinas de Micenas, creía haber encontrado la tumba del mismísimo Agamenón. Pocas obras están en la base de la literatura como estos dos pilares que sorprenden por su antigüedad, extensión, riqueza, complejidad e influencia. La Ilíada ha sido muy estudiada y lo seguirá siendo, ya que su lectura volverá a sorprender a las generaciones por venir. Es un mito de la sociedad occidental y aunque la consideremos ficción, contiene en sus versos grandes verdades y arquetipos sobre el comportamiento humano, la simbología y la cultura.

HOMERO
Ilíada
Traducción: Luis Segalá y Estalella
Introducción: Javier de Hoz
Espasa – Austral
Barcelona. 2021

24 cantos componen la Ilíada, aunque la división que conocemos actualmente se atribuye a filólogos alejandrinos del siglo III a.c. como Aristófanes de Bizancio, bibliotecario en Alejandría. No obstante, el poema “original” tenía que haber estado dividido en algún tipo de capítulos, con pausas, así lo demuestra la propia estructura del relato y porque, al ser un poema oral, el rapsoda podía encadenar una parte con otra, incluir pausas, ayudar a su público a que la épica fuera más comprensible y poque los cantos o secciones sirven como guía y ayuda mnemotécnica. Este análisis literario en estos aspectos, a través de los cuales se reflexiona sobre los personajes y algunas discusiones que ocupan a los estudios literarios:

• Ideas sobre el tema principal de la Ilíada
• Acerca del honor para Argivos y Teucros
• Héroes, dioses y epítetos
• Los dioses como los humanos tienen pasiones
• Objetos y cultura material en la Ilíada

El tema principal de la Ilíada

Se llama la “Ilíada” porque la épica gira en torno de la guerra en Ilión o Troya, más exactamente en la llanura a las afueras de Troya, entre los ríos Símois y el Janto (Canto VI, 1). No obstante, los estudiosos han señalado que el relato bien podría llamarse “La cólera de Aquileo”, tal y como se anuncia en la primera frase de la obra: “Canta, oh diosa, la cólera del Pélida Aquileo”. Ciertamente, lo que Aquileo o Aquiles hace y deja de hacer, marca el rumbo de esta historia, incluso las intervenciones de los dioses en la guerra están marcadas directa o indirectamente por el destino de Aquileo y su apoyo.

Hablar del tema principal no es fácil. Por una parte, se podría decir que es precisamente la guerra entre Aqueos y Teucros a las afueras de la ciudad de Troya. Aunque en la Ilíada no se narra toda la guerra; de hecho, el final de la guerra no hace parte de esta obra, ni el capítulo famoso sobre el caballo de Troya ni la muerte de Aquileo. De hecho, los sucesos narrados en la Ilíada están situados principalmente en el noveno año de la guerra. No obstante, el poema es generoso en descripciones sobre el enfrentamiento armado y las muertes de un lado y otro. Por ejemplo, en el canto XIII se lee: “así entonces unos y otros vinieron a las manos, deseando en su corazón matarse recíprocamente con el agudo bronce por entre la turba. La batalla, destructora de hombres, se presentaba horrible con las largas picas que desgarran la carne y que los guerreros manejan” (Canto XIII, 330) (2021: 262).

La muerte, matar al adversario o matarse entre sí, es por supuesto un tema central del poema que lleva un título bélico. Las descripciones de ese momento de muerte abundan y el detalle gráfico de la muerte en batalla contribuye a resaltar la importancia y entrega de ese momento; por ejemplo: “A Erimante metióle Idomeneo el cruel bronce por la boca: la lanza atravesó la cabeza por debajo del cerebro, rompió los blancos huesos y conmovió los dientes; llenáronse con la sangre fría que fluía de las narices y de la boca abierta, y la muerte, cual si fuese obscura nube, envolvió al guerrero” (Canto XVI, 306) (2021: 316).

Por otra parte, podría ser, precisamente, la cólera de Aquileo, la cólera y sentimientos del héroe principal de la Ilíada: al inicio se niega furibundamente a combatir en Troya por la gran ofensa que el líder de los Aqueos, el Atrida Agamenón rey de Micenas (Atrida porque es descendiente de Atreo, rey de Micenas), le ha hecho al quedarse para sí a la mujer Briseida, ganada en una batalla previa. La ofensa es tan grande y la cólera tan enorme, que Aquileo quiere matar a Agamenón. Solo Palas Atenea, la diosa de la guerra y de los héroes, logra apaciguarlo, explicándole cuán grave sería responder así, violando todo respeto y honor hacia el Atrida y hacia las tropas Aqueas. Después de cruentos enfrentamientos entre los dos bandos, Aquileo regresa a la batalla solo cuando su amado y joven compañero Patroclo es asesinado con un corte en la garganta por Héctor, matador de hombres; el dolor que siente Aquileo despierta en él una cólera despiadada, cebándose contra todo teucro en el campo de batalla: dice Aquileo “Cerca está el hombre que ha inferido a mi corazón la más grave herida, el que mató a mi compañero amado. Ya no huiremos asustados, el uno del otro, por los senderos del combate” (Canto XX, 425) (2021: 387). Incluso después de haber matado a Héctor, su cólera sigue viva.

El honor, junto al respeto y la ética, también podría ser el tema principal en la obra, ya que las principales acciones y rumbos que toma están dados por el honor, por violarlo o hacerlo valer. El sacerdote Crises es deshonrado por Agamenón cuándo éste no acepta el rescate para reclamar a su hija; Aquileo es ofendido por Agamenón al arrebatarle a una de sus mujeres; Melenao tiene su honor manchado porque Paris se había llevado a su esposa Helena a Troya (razón primera por la cual los Aqueos quieren conquistar Troya); Aquileo pretende privar de todos los honores a Héctor muerto por haber matado a Patroclo; Aquileo celebra grandes juegos en honor a Patroclo y Príamo arriesga su vida para reclamar el cuerpo de Héctor y darle sus debidos honores.

El honor como tema central

El honor es un tema vertebral en este antiguo poema. Las acciones de los hombres están determinadas por el destino divino y por el honor, sacro también. Por ejemplo, la causa de la guerra es una ofensa al honor de Menelao, porque Alejandro o Paris se ha llevado a su esposa Helena, si bien con el consentimiento de ésta. Hay a lo largo del poema una serie de ofensas al honor y acciones para redimir el honor. Un honor en línea con el comportamiento ético, culturalmente definido y muy valorado en el mundo griego antiguo. Un honor que no solo es humano, sino también divino. Los dioses también ofenden y reaccionan a ofensas que se hacen entre ellos y ante ellos. De hecho, el poema empieza explicando la peste que el dios Apolo ha desatado entre los Aqueos por la grave ofensa que Agamenón ha hecho al sacerdote Crises, al no aceptar el inmenso rescate que le ha ofrecido por su hija, cautiva en las naves del rey de Micenas. Apolo está ofendido porque Crises le ha ofrendado generosa y cumplidamente, y no tolera que Agamenón rechace una costumbre tan importante como liberar a un prisionero a cambio de un rescate.

Esta ofensa desencadena todos los demás acontecimientos. Agamenón descarga su malestar tomando para sí a Briseida, una mujer que es una recompensa ganada por Aquileo en otra batalla. De mala gana Aquileo acepta la unilateralidad del gran Rey Agamenón, pero se siente tan ofendido y encolerizado por el ultraje que ruega a su madre Tetis ayuda para redimir su honor. La diosa Tetis le promete interceder ante el mismísimo Zeus para honrarlo. Zeus escucha y frente a la obviedad de la ofensa le promete a Tetis honrar a Aquileo.

Junto al honor está la gloria. Tanto Aquileo como Héctor son favorecidos por los dioses para alcanzar la gloria y ser recordados. La Ilíada muestra que tanto el honor ofendido como el estallido de cólera solo se resuelven a través del enfrentamiento y la intensidad vital que supone la guerra a muerte.

Pintura de Príamo suplicando a Aquileo por el pintor ruso Aleksandr Andréyevich Ivánov
Príamo suplicando a Aquileo que le devuelva el cuerpo de su hijo Héctor para poder rendirle su ritual mortuorio en Troya junto a su esposa, madre y pueblo. Se observan el campo de batalla y la ciudad amurallada al fondo, afuera de la tienda; también se observan objetos propios de la cultura material, siendo el más llamativo la armadura de Aquiles en una de las esquinas de la tienda. Obra del pintor ruso Aleksandr Andréyevich Ivánov.

Héroes, dioses, epítetos y nombres

El intenso uso de epítetos ayuda a saber quién era quién en el enfrentamiento entre aqueos y teucros. Ayuda a asociar las características de los personajes, dioses y humanos, y a retener sus interacciones y asociaciones en la memoria (porque todo el relato está pensado para ser una obra oral, aprendida de memoria). También es interesante señalar que los dioses toman forma humana en el campo de batalla. Por ejemplo, Hera, la de níveos brazos, toma el aspecto del magnánimo Esténtor, “que tenía vozarrón de bronce y gritaba tanto como otros cincuenta” (Canto V, 778), para alentar a los argivos e inspirarlos en la batalla.

Los epítetos en la Ilíada conforman un tema de estudio en sí mismo, enriquecen el poema, ayudan a entender la relación entre humanos y dioses, y dan cuenta de la genealogía, la descendencia y origen. He aquí algunos de los epítetos más destacados:

Los aqueos, los melenudos aqueos, de broncíneas corazas, de hermosas grebas. También son llamados Dánaos, Aquivos y Argivos.
Los troyanos, domadores de caballos, también son llamados Teucros.
Héctor, matador de hombres, el de tremolante casco, priámida, caro a Zeus.
Príamo, igual en prudencia a Zeus.
Aquileo, (o Aquiles) el de los pies ligeros, pélida, el pelión. Hijo de la ninfa Tetis y de Peleo, rey de los mirmidones.
Agamenón, Átrida, rey de hombres, pastor de hombres.
Diomedes, el Tidida. Ya que su padre era el héroe Tideo.
Odiseo, laértida, el ingenioso, del linaje de Zeus.
Ayante Telamonio, servidor de Ares, esclarecido, revestido de impetuoso valor. conocido en otras traducciones y obras como Ayax), hijo de Telamón rey de Salamina.
Nestor, gerenio, rey de Pilos.
Ares, funesto a los mortales
Atenea, la diosa de ojos de lechuza, divina entre dioses.
Zeus, el que amontona nubes.
Hera, la de níveos brazos, la diosa de ojos de novilla.
Apolo, el dios que hiere de lejos
Posidon, (o Poseidón) el que ciñe la tierra, el de cerúlea cabellera.
Troya, la ciudad de anchas calles.

Durante todo el relato se explica quién es quién. Especialmente su genealogía, por ejemplo cuando Eneas explica sus raíces a Aquileo. O cuando Aquileo mata a Ifitión Otrintida, hijo de Otrinteo, asolador de ciudades (2021: 386).

Los dioses como los humanos tienen pasiones

Tal vez uno de los temas más subrayados acerca de la mitología de la antigua Grecia y de su panteón divino es que los dioses, así como los humanos, rebosan de pasiones y sentimientos. Usualmente y bajo el paraguas de religiones como el cristianismo, el judaísmo y el islam, se tiende a asociar al dios con cierta imparcialidad y con una idea sacra de justicia; en cambio, en la Grecia antigua los dioses tenían deseos, apoyan o están en contra de los pueblos, como en la guerra de Troya, y en general, hacen de la justicia algo más elástico, relativo y subjetivo.

Para dar un ejemplo más allá del apoyo divino que unos dioses tenían para los Argivos y otros dioses para los teucros, este pasaje destaca el carácter pasional y bien conocido del sentimental Zeus en cuanto a sus deseos por el género femenino: Le dice Zeus a Hera: “Ea, acostémonos y gocemos del amor. Jamás la pasión por una diosa o por una mujer se difundió por mi pecho, ni me avasalló como ahora: nunca he amado así, ni a la esposa de Ixión, que parió a Pirítoo, consejero igual a los dioses; ni a Dánae Acrisione, la de bellos talones, que dio luz a Perseo, el más ilustre de los hombres; ni a la celebrada hija de Fénix, que fue madre de Minos y de Radamantis igual a un dios; ni a Semele, ni a Alcmena en Tebas, de la que tuve a Herácles, de ánimo valeroso, y de Semele a Baco, alegría de los mortales; ni a ti misma: con tal ansia te amo en este momento y tan dulce es el deseo que de mí se apodera” (Canto XIV, 313), (2021: 284).
Otro pasaje interesante es cuando, en el canto XVI, llamado “Patroclea”, Zeus se ve tentado a salvar de la muerte a su hijo Sarpedón, rey de los licios y primigenio de la princesa fenicia Europa. Le conmueve que muerta en la batalla, pero Hera le advierte que ya ha salvado a Sarpedón antes y que si vuelve a salvarlo los otros dioses querrán salvar también a sus hijos. Patroclo mata a Sarpedón, después de lo cual Zeus ordena a Apolo que regrese el cuerpo a Licia donde su gente le rendirá los honores debidos.

El destino y los dioses que inducen fortaleza y estados de ánimo a los héroes
El destino de los héroes está escrito; está sentenciado cuándo alcanzarán la gloria y cuándo las parcas se llevarán a cada uno. El destino es ineludible en la mitología griega, y para cumplirlo a veces los dioses interceden, engañan a los hombres o los salvan de la muerte, los llenan de valor o fuerza superior, restituyen sus cuerpos o trasladan sus cadáveres hasta otra región para ser honrados. Por ejemplo: cuando Melenao está cerca de acabar con Alejandro, Afrodita salva al príncipe teucro, se lo lleva lejos del campo de batalla. Cuando, en el canto V, Eneas está a punto de ser asesinado por Diomedes, otra vez Afrodita lo salva: es su hijo y no le corresponde morir en la guerra de Troya. Por lo tanto, la participación de los dioses también está movida por afectos y simpatías.

Mientras Hera y Atenea apoyan a los Aqueos, Afrodita y Apolo salen al rescate de los Teucros. Otro ejemplo de esto puede verse cuando Glauco muere a manos de Ayax, entonces Apolo ordena a los vientos que lleven su cuerpo hasta su Licia natal, para que le rindan los honores que merece; en tanta estima tenía Apolo a quien otrora le rindiera generosos sacrificios y cuidado culto.

En el Canto II Atenea manifiesta estar del lado de los Aqueos: “instigábales a salir al campo y ponía fortaleza en sus corazones para que pelearan y combatieran sin descanso” (2021: 89). Y en el Canto XII Zeus favorece a Héctor: “así el combate y la pelea andaban iguales para unos y otros, hasta que Zeus quiso dar excelsa gloria a Héctor Priámida, el primero que asaltó el muro aqueo.” (Canto XII, 413), y justo después: “Héctor cogió una piedra de ancha base y aguda punta que había delante de la puerta: dos de los más forzudos hombres del pueblo, tales como son hoy, con dificultad hubieran podido cargarla en un carro; pero aquel la manejaba fácilmente porque el hijo del artero Cronos la volvió liviana” (Canto XII, 445). Y en ese mismo Canto, Zeus llena de ánimo y de brío a su hijo Sarpedón, para acometer contra los argivos y precisamente ayudar a Héctor a destacar en la batalla.

También en el Canto XVII Atena vigoriza y da astucia a Menelao: “le vigorizó los hombros y las rodillas, e infundió en su pecho la audacia de la mosca, la cual, aunque sea ahuyentada repetidas veces, vuelve a picar porque la sangre le es agradable” (Canto XVII, 567) (2021: 344). En ese mismo canto, Zeus favorece a los teucros y les concede una momentánea victoria.

Como es bien sabido, los dioses griegos tienen rabias y alegrías, celos, admiración y sentimientos igual que los humanos. En el canto XIX es el turno de Aquileo: Atenea, por órdenes de Zeus, le da aliento para aliviar su pena: “¡Hija mía! Desamparas de todo en todo a ese eximio varón. ¿Acaso tu espíritu ya no se cuida de Aquileo? Hállase junto a las naves de altas popas, y él sigue en ayunas y sin probar bocado. Ea, ve y derrama en su pecho un poco de néctar y ambrosía para que el hambre no le atormente” (Canto XIX, 342) (2021: 374).

El apoyo de los dioses hacia un bando u otro es tan cierto que en el Canto XX, con el permiso de Zeus, se da un verdadero combate entre los dioses. En este canto Atenea desvía con su soplo la lanza de Héctor y 3 veces Apolo salva a Héctor. Y en el Canto XXI, Apolo intercede tomando la forma de Agenor para distraer a Aquileo y ganar tiempo para que los teucros huyan y no mueran tantos a manos del encolerizado Aquielo.

Al final de la Ilíada los dioses están indignados por el comportamiento indecoroso de Aquileo; tiene que intervenir Zeus para que Aquileo apacigüe su furia. El crónida pide a Tetis que persuada a su hijo para que acepte el rescate que ofrece Príamo para recoger el cuerpo de Héctor y llevarlo a Troya y hacer los debidos ritos. El dios Hermes ayuda a Príamo a llegar al campamento Aqueo sin que sea visto ni capturado.

Objetos y cultura material en la Ilíada

La descripción de los objetos y su importancia económica y simbólica es uno de los temas que más me han interesado en la Ilíada. Objetos pequeños y grandes, materiales y usos de esos objetos son centrales en la obra. Por ejemplo, la muralla de Troya es central en la cultura material de ese mundo; es el símbolo de su fortaleza legendaria. Además, tiene un carácter divino puesto que Apolo y Posidón fueron sus constructores. También los barcos son centrales: en el Canto II sobre el catálogo de naves da cuenta del origen geográfico de los aqueos y de su poderío, reflejado en el número de barcos aportados a la guerra.

El bronce es uno de los materiales más destacados, ya que teucros y aqueos tenían espadas de bronce, cascos y armaduras que incluían remates en este metal y también en oro. Los aqueos son llamados también “de broncíneas corazas” y “de hermosas grebas” resaltando la relevancia y el valor de estos objetos de guerra. Los escudos de pieles de toro también son destacados. Varias capas de piel de buey generan un recubrimiento grueso y denso, efectivo contra lanzas y flechas.

En el canto XIII “Batalla junto a las naves” se hacen largas descripciones de la batalla entre héroes de ambos bandos. Se detallan las características y el arte dispuesto en los cascos, lanzas, espadas, escudos y armaduras. Se narran los episodios en los que los héroes matan a otro guerrero del bando contrario, despojándole de sus preciados objetos de guerra: son trofeos y a la vez dejar al cadáver sin su armadura y sus objetos de guerra es anularlo, es derrotarlo doblemente, es despojarlo de todo tipo de valor. El antropólogo Marvin Harris explicaría la gran relevancia de armaduras y lanzas en función del valor económico y material de estas herramientas. Lo anterior, subrayando que en la antigüedad la fabricación de armaduras y armas era limitada, los metales escasos y reservados para grandes actos y personajes situados en los niveles superiores de la pirámide social.

Es una deshonra, entonces, ser despojado de la armadura después de muerto. Cuando los teucros dan muerte a Patroclo, Héctor le quita la importante armadura que llevaba, que pertenecía a Aquileo, y la viste. A través de esta indumentaria, reafirma su victoria, simboliza que ha poseído la vida de su enemigo y sus bienes. Esta acción desencadena los hechos del canto siguiente, llamado “Fabricación de las armas”. En este canto la diosa Tetis pide al dios Hefesto una nueva y mejor armadura para su hijo Aquileo, porque Héctor la ha arrebatado a Patroclo. Que Hefesto sea el dios de la metalurgia y la artesanía demuestra el alto valor cultural, material y simbólico de los objetos revestidos de metales, arte y “filo”.

En los juegos honoríficos celebrados por la muerte da Patroclo se ve claramente la importancia de la cultura material y la acumulación de recursos en ese contexto cultural. Los premios a los ganadores son “cosas” valiosas: por ejemplo, un trípode que vale lo mismo que 12 bueyes, una mujer que vale lo mismo que 4 bueyes. La pira de cien pies de lado donde está el cuerpo de Patroclo también hace parte de la cultura material: es el lugar sagrado donde se rinde culto al sujeto fallecido y junto al cual se sacrifican animales.

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Autor: Julián Bueno

Escribir reseñas y análisis de libros es una manera de volver a ellos a través de nuestros apuntes. En Lectura-abierta.com todo el mundo está invitado a publicar sus experiencias de lectura. Soy antropólogo y consultor digital, me interesan los contenidos en internet, la literatura, la filosofía y el arte.

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