Al inicio pensé que la novela «La insumisa» era un texto sobre solamente las aventuras cotidianas de una niña que observa agudamente el mundo extraño en el que le tocó vivir. El mundo de las décadas de los años 40 y 50 en Uruguay. Es el primer libro de Cristina Peri Rossi que he leído, uno de los últimos que ella ha publicado, y yo no sabía qué esperar. No estaba familiarizado con su obra. Nisiquiera sabía que había ganado el premio Cervantes en el 2021. La niña que narra en La insumisa tiene algo de «Petit prince«, un poco como si fuera un extraterrestre que se pregunta con extrañeza el por qué artificial y absurdo de leyes y órdenes: «Los usos sociales eran incómodos, arbitrarios, inhibían a las personas y las obligaban a hacer cosas que no deseaban, y a renunciar a las que querían hacer verdaderamente. Era inútil interrogar a los adultos sobre su utilidad o provecho» (2020: 114).
Cristina, la narradora, me recordó también a la niña de «Metafísica de los tubos» de Amélie Nothomb, un libro que me llegó como un regalo de manos de alguien a quien yo miraba con profundidad. A propósito de ese mirar, dice la insumisa: «Te miro justamente porque estás afuera, porque no estoy en ti y quiero estar, quiero fundirme. La mirada es el reconocimiento de que quien amamos está afuera, no adentro» (La insumisa. 2020: 235).