La Mano Izquierda de la Oscuridad: complementando la mano derecha de la Luz

La Mano izquierda de la oscuridad - Novela de Úrsula K Le Guin- Cubierta
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Considerada como una de las autoras feministas más importantes de los siglos XX y XXI, entre otros premios destacan los galardones de la Convención Mundial de Fantasía con el Premio Mundial de la Fantasía al Conjunto de su Obra en 1995 por su servicio al mundo de lo fantástico y de la ciencia ficción, además, fue la primera mujer elegida Gran Maestro por la SFWA (Science Fiction and Fantasy Writers of America) en 2003. Ursula K. Le Guin, nacida en Berkeley (California) en 1929 y fallecida en Oregón en 2018, cuenta con una extensa obra literaria. Autora de veintiuna novelas, once volúmenes de cuentos y cuatro colecciones de ensayos, entre los que cabe destacar 2 ciclos como Terramar y los Anales de la Costa Occidental. Además, Los Desposeídos (1974) y La Mano Izquierda de la Oscuridad (1969) son dos de sus novelas más importantes, la segunda galardonada con el premio Nébula en 1969 y el Hugo en 1970. Sus aportaciones al mundo de la ciencia ficción y a la fantasía van desde el cuestionamiento lingüístico, social y moral del uso del masculino genérico, hasta declaraciones políticas, siempre usando el lenguaje como arma. Sin duda una de las escritoras más representativas de la literatura estadounidense.

La Mano Izquierda de la Oscuridad
Ursula Kroeber Le Guin
Traducción de Francisco Abelenda.
Planeta, Barcelona, 2020.
330 páginas

Una vez que tenemos el libro La Mano Izquierda de la Oscuridad entre las manos, lo primero que observa el lector (o, mejor dicho, lo primero que observa al lector) es un rostro en tonos de imagen fríos, como en negativo, en cuanto se comienza a leer las descripciones que K. Le Guin hace sobre Gueden, se empieza a comprender que ese rostro andrógino trasmite frío. También se puede ver que hay códigos de letras, números y símbolos que le dan el ambiente futurista en el que pretende ambientarse la obra. Entre otras secciones dentro del paratexto, es remarcable la inclusión de un pequeño glosario de términos y medidas temporales que se utilizan en la novela. También se puede apreciar que la estructura externa de la novela está dividida en dos tipos de capítulos: aquellos que la autora comienza con unas 5 líneas escritas en cursiva cuyo objetivo es poner en contexto al lector, la mayoría de ellos se trata de mitos o relatos tradicionales de Gueden. El segundo tipo de capítulo no empieza con ningún tipo de introducción, y son los capítulos que continúan narrando la trama principal de la novela.

La Mano Izquierda de la Oscuridad publicada originalmente en 1969 presenta una historia sobre la “otredad” entre las diferentes especies de seres vivos que existen en el universo, la amistad, el amor y sobre todo lo diverso y complicado que es tanto la definición de género como de sexo.

En esta novela, un embajador humano enviado por el Ekumen, una asociación intergaláctica entre diferentes especies generalmente antropomórficas. Genry Ai, el nombrado embajador, llega a Gueden, un planeta helado. Lo curioso de este mundo es que sus habitantes son gran parte de su tiempo hermafroditas, de género fluido. Sin embargo, cuando entran en el ciclo de kemmer desarrollan sexo masculino o femenino dependiendo de la secreción hormonal predominante, de esta manera las parejas son capaces de vivir experiencias vitales como el parto de manera bilateral. Genry Ai entabla amistad con un consejero real llamado Estraven, con el que vive aventuras de diferente índole, tanto desafíos físicos y mentales a través de gélidas estepas, como complots políticos.

Hay que destacar que el género de la novela no es sólo ciencia ficción tomada del tradicional imaginario en el que aparecen naves espaciales y extraterrestres. La autora desarrolla todo un hilo narrativo con un núcleo de naturaleza antropológica. Explora la naturaleza humana describiendo cómo Ai trata de integrarse en un mundo totalmente distinto al que están acostumbrados los humanos, y que además es considerado como el “otro”. El simple hecho de que el género, parte fundamental en la identidad de una persona, como dice el protagonista al principio: “un guedeniano me parecía entonces un hombre, y luego una mujer, y les asignaba categorías del todo irrelevantes para ellos, y para mi fundamentales” (Le Guin 20-21), no sea definible dentro de la construcción binaria de masculino y femenino pone en tesituras incómodas al protagonista. Se puede ver este debate interno entre el querer y el poder entender esta condición de hermafrodita en diferentes momentos de la novela, por ejemplo: “vi de nuevo, y para siempre, lo que siempre había temido ver, y que siempre había evitado ver; que él era una mujer tanto como un hombre […] Yo no quería dar mi confianza y mi amistad a un hombre que era una mujer, a una mujer que era un hombre” (Le Guin 270-271). Son precisamente este tipo de diferencias, no necesariamente de forma exclusiva sólo biológicas, sino también comportamientos sociales las cuales dan paso a reflexionar sobre nuestra propia sociedad, de este modo, es posible dar a la novela diferentes lecturas como antropológica, feminista, política…

La mano izquierda de la oscuridad - contraportada
Contraportada de la novela La mano izquierda de la oscuridad escrita por Ursula K. Le Guin

Otro tema importante tratado con perspicacia es la comunicación verbal. La autora es capaz por un lado de adaptar el lenguaje y plantear que los guedenianos no tienen pronombres que designen género, sino que tienen “pronombre humano”; el discurso de Ai es de vez en cuando confuso, el personaje mismo no tiene claro cómo debería referirse, sobre todo en el inicio de la novela, a las personas de Gueden puesto que no son ni hombres ni mujeres, sino que son de género fluido y biológicamente hermafroditas. De hecho, él denomina en algún momento esta flexibilidad sexual como “ambisexualidad” (Le Guin 107). Hay una diferenciación clara entre los matices que designan las identidades sexuales y los comportamientos socio-sexuales hacia los guedenianos. Por ejemplo, tener comportamientos de tipo “bisexual” sería estrictamente considerar al “guedeniano hombre o mujer, y adoptar uno mismo el rol opuesto correspondiente” (Le Guin 109) esto es simplemente imposible ya que los guedenianos no se reconocen ni con un género ni con el otro. En este sentido, es pertinente hablar sobre temas más técnicos como lo referente morfología del español.

La problemática en este sentido aparece cuando en español se intenta poner un pronombre que designe a los personajes de género fluido. Nuestro idioma tiene género gramatical y se utiliza el masculino como género neutro. El narrador explica que el uso del masculino para referirse a un guedeniano “hace olvidar continuamente que el karhíder no es un hombre, sino un hombre-mujer” (Le Guin 109). A diferencia del español, el inglés no tiene género gramatical, tiene únicamente pronombres por lo que es más sencillo adaptar el lenguaje de un guedeniano en inglés ya que no es necesario atribuir un género. A pesar de esta “facilidad” lingüística, en el texto original, se atribuye el pronombre “him” a Estraven en vez de “them” como se hace en la actualidad, seguramente para simplificar el proceso de asimilación cultural en la mente del protagonista. De esta manera podemos observar de forma progresiva y e hilada con maestría, cómo la comprensión de Genry Ai evoluciona y acaba por comprender la identidad de un guedeniano, tanto sexual como de género.

Es curioso que, en el hilo narrativo principal, se cambie de narrador. Unas veces nos adentramos en el capítulo con la voz de Genry y otras con la voz de Estraven. Este intercambio da al lector las dos versiones de una historia. En un momento, Estraven es acusado de traición a la Corona y se le destierra, es inevitable juzgar al personaje por lo que ha hecho, visto desde los ojos de un narrador que claramente no confía desde la primera página en el consejero real. Sin embargo, al darle la oportunidad a Estraven de explicar los acontecimientos, la autora le da profundidad al personaje y de esta manera reflexionamos sobre los juicios de valor que habíamos llevado a cabo. Pone al lector en una situación incómoda, ya que tiene que retractarse de los prejuicios que han sido trasmitidos por el protagonista y así aceptar que, en esta novela, los personajes no son contrarios, como el blanco y el negro, sino que tienen una espectacular gama de grises conformando los entramados de la personalidad.

En cierta manera, las descripciones que hace K. Le Guin de cada personaje, y los monólogos internos de ambas personas crean un ambiente tanto de enternecedora calidez cuando están dentro de las tiendas de montaña y se ve cómo lazos de amistad empiezan a crearse, como de crudeza extrema en el acto de supervivencia que llevan a cabo cruzando estepas heladas en las que la temperatura de verano son los cero grados. También es cierto que podría argumentarse que el detalle que proporciona la autora a ciertos pasajes, en los que describe el equipamiento que llevan consigo, los usos que se les dan, las condiciones climáticas… entre otros detalles técnicos, hace que la narración se estanque y se alargue, en ocasiones de manera interminable. Sin embargo, esto proporciona al lector de un contexto que le hace todavía más ser absorbido por la historia que se está viviendo conjuntamente, adivinamos cómo se utiliza el ansible, qué valor tiene la estufa y cómo se utiliza… Todos estos detalles hacen que el lector parezca estar participando en esta aventura.

Dentro de este estilo tan detallista de K. Le Guin, llama especialmente la atención la ambientación temporal y la sensación de atemporalidad que presenta la novela. Por un lado, sabiendo que el lector tiene entre manos una novela de ciencia ficción, ambientada en un futuro lejano ya que hay evidencias de naves espaciales, la mención misma de una asociación de libre comercio intergaláctico… entre otras, según cómo se desarrollan las acciones, puede parecer que nos encontramos incluso en la edad media con las cortes de Palacio y los desfiles reales. Hay situaciones que se dan que son motivo de escándalo, en las que se llevan a cabo atrocidades. Por ejemplo, hay un momento en la novela, en la que Genry Ai es llevado a una granja de trabajo. Conforme avanza esta sección, el lector no puede evitar retrotraerse a la Segunda Guerra Mundial, la época de los campos de concentración. Se describen atrocidades que, de nuevo, incomodan al lector, porque son posibles referencias históricas y leer de nuevo sobre ellas, en una civilización que es más avanzada en años luz, es cuanto menos motivo de reflexión. Por otro lado, esta atemporalidad es debida a la ambientación, porque el tiempo de narración trascurre es lineal, y se dice explícitamente lo que les lleva a los personajes viajar o cuánto tiempo lleva Ai en Gueden antes de que se iniciara la narración. También podemos encontrar flashbacks que proporcionan a los personajes oportunidades para explicar sus comportamientos anteriores, para poder dar la otra versión de la historia y de esta manera que la novela no se convierta en un cliché temático.

En conclusión, La Mano Izquierda de la Oscuridad resulta una novela trasgresora, perspicaz y versátil en cuanto las lecturas de esta que se pueden realizar que lleva más de 50 años maravillando a gran parte de sus lectores. Aquí se explican de forma clara aspectos de género e identidad sexual sobre los que hoy en día se sigue debatiendo, incluso a veces de forma confusa. Ursula K. Le Guin utiliza la ciencia ficción para trascender los prejuicios y los estereotipos y así presentarnos una narración que lejos de ser completamente idílica y utópica, revela los conflictos que hay que resolver una vez se ha logrado la igualdad de género. Entre ellos las disputas territoriales, fronteras y conflictos políticos que existen entre dos países rivales como son Karhide y Orgoyen, los cuales llevan al sufrimiento de las personas atascadas en las fronteras, sin ser de un país, pero tampoco admitidos en otro. Un conflicto de identidades paralelo al que se vive con la relación entre Ai y Estraven, que se resuelve en el momento en que ambos se aceptan, se reconocen como seres similares, porque en ambos presentan emociones y sentimientos de humanidad, empatía, que trascienden al miedo y la desconfianza que el concepto del “otro” o la “otredad” provocan.

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Autor: Julia García Garcés

Graduada en Estudios Ingleses por la Universidad Autónoma de Madrid. Actualmente estudiante en el Máster de Estudios Literarios de la Universidad Complutense de Madrid, aspiro a trabajar en el mundo de la edición.

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