La Superficialidad y la Decadencia Moral en El Retrato de Dorian Gray

Reseña y análisis del libro El retrato de dorian Gray
4.9
(104)


El Retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde es mucho más que una historia de
decadencia y belleza; es una sátira mordaz a su sociedad que sigue resonando en la actualidad. Publicada en 1890 durante la era victoriana, nombrada así en honor a la reina Victoria de Inglaterra, apareció originalmente en la revista mensual de Lippincott en 1890. Para esta reseña nos referimos a la décima edición publicada por Penguin Classics en 2019, con traducción de José Luis Piquero y prólogo de Jeffrey Eugenides.

La perdurable popularidad de esta novela es evidente en sus innumerables ediciones y reimpresiones. La novela inicia en el estudio de arte de Basil Hallward, donde está dando los toques finales a un retrato del cautivador Dorian Gray, un joven extraordinariamente atractivo influenciado por Lord Henry Wotton, un hedonista empedernido. Fascinado por la idea de conservar su belleza juvenil mientras su retrato envejece por él, Dorian se entrega sin reservas a una vida de placeres y depravación moral, ignorando las consecuencias éticas de sus acciones. El retrato, que actúa como un espejo de su alma, se vuelve cada vez más grotesco con cada pecado cometido por Dorian, reflejando su corrupción interior mientras su apariencia física permanece inexplicablemente intocada. La narración llega a su conclusión con Dorian, consumido por una abrumadora culpa y desesperación, borrando el retrato que se ha convertido en una representación visual de su decadencia moral.

Este concepto desafía las normas morales de la sociedad victoriana, donde la apariencia y la moralidad estaban estrictamente entrelazadas. Oscar Wilde utiliza la historia de Dorian para explorar la dualidad entre la apariencia y cómo somos tratados en función de ella, así como la superficialidad y la profundidad moral. La crítica social de Wilde trasciende su época al resonar en la contemporaneidad, cuestionando nuestra obsesión actual con la imagen y el placer superficial. Lo admirable de Wilde es cómo logra que empaticemos con su obra a través de personajes vívidos, presentando tres figuras clave que encarnan aspectos esenciales de la experiencia humana y sirven como reflejo de las tensiones que prevalecen en la sociedad victoriana: Dorian Gray, Lord Henry Wotton y Basil Hallward. Dorian Gray representa la decadencia moral y la obsesión por la juventud y la belleza; su vida se convierte en una espiral de corrupción debido a la influencia de Lord Henry Wotton, quien personifica el hedonismo y el cinismo, promoviendo una filosofía que valora el placer y la satisfacción de los sentidos por encima de todo. En contraste, Basil Hallward simboliza la integridad y la sinceridad artística, defendiendo una visión ética del arte y la vida, intentando constantemente preservar a Dorian de la corrupción inducida por Henry.

En los dos amigos encontramos una representación del bien y del mal intentando cambiar el destino de Dorian, con Lord Henry corrompiéndolo, mientras que Basil intenta persuadirlo para que sea fiel a sus principios. Ambos representan valores completamente distintos; sin embargo, es nuestro protagonista quien decide a quién tomar como ejemplo, siendo finalmente Henry, el mal, quién gana, y Basil, el bien, quien termina falleciendo a manos de Dorian. Es allí donde nos damos cuenta que estos personajes permiten a Wilde explorar y criticar la superficialidad y la decadencia moral no solo de los demás, sino también de nosotros mismos. Nos invita a reflexionar sobre nuestras propias convicciones éticas y valores, ya que, aunque solemos culpar a la sociedad, debemos reconocer que nosotros también somos parte de ella y muchas veces somos parte del problema.

Sin duda, El retrato de Dorian Gray nos proporcionó un viaje cautivador e inquietante. El estilo de escritura de Wilde es cómodo y preciso, repleto de conversaciones inteligentes y contemplativas. Sin duda, son muy pocas las obras que trascienden en el tiempo y esta obra maestra nos sirve como un potente recordatorio de los peligros de la superficialidad y la ausencia de principios morales. Es por todo lo anterior que nos dirigimos a todos los lectores, especialmente a los estudiantes, a explorar esta gran historia, que no solo entretiene sino que también ofrece profundas lecciones sobre la naturaleza humana y la búsqueda del verdadero significado detrás de las apariencias. Sin más que decir, no olviden queridos lectores: «La juventud no es un período de la vida, sino un estado de la mente.» – Oscar Wilde.

Reseña escrita por: Yadira Goicochea, Adriana Rafael Estrella, Coba Olegario Vázquez

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Un comentario en “La Superficialidad y la Decadencia Moral en El Retrato de Dorian Gray”

  1. La sentencia de Oscar Wilde: «La juventud no es un período de la vida, sino un estado de la mente», me parece ya superada, cuando hemos dejado atrás los conceptos victorianos y sabemos que nuestra mente se modifica con la experiencia por lo que la juventud es un período de la vida influido por la edad»
    Respecto al estilo de Wilde, sin dudas es el de un grande de la Literatura. L0 leí en inglés más de dos veces en español y me cautivó el aire de misterio y oscuridad que invade al lector, como si estuviese en una calle de Londres del siglo 19. Advierto una similitud con los escritos de Conan.Doyle y, mucho más con «El extraño caso del doctor Jeckill y el señor Hyde», posiblemente influidos por el ambiente de la época.
    «El retrato de Dorian Gray» es una gran novela, pero como una denuncia social prefiero «La balada de la cárcel de Reading»

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