Reseña de El retrato de Dorian Gray. Placer y narcisismo

Libro El retrato de Dorian Gray escrito por Oscar Wilde
  • 33
  •  
  • 5
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
    38
    Shares

El retrato de Dorian Gray es la única novela de Oscar Wilde y una de las obras más importantes de la literatura inglesa de finales del siglo XIX. En los libros de Oscar Wilde es interesante ver cómo este autor sitúa en los personajes reflexiones éticas, morales, culturales, económicas y sociales de la sociedad en la que vivió, y desde allí, muestra rasgos centrales de la modernidad decimonónica. En la novela El retrato de Dorian Gray el autor hace esto, pero añadiendo una instantánea de una ideología liberal, burguesa y hedonista. Todo sobre la base de una pintura misteriosa y con un hilo dramático central que ronda la búsqueda del placer y las sensaciones, el narcisismo y la culpa de Dorian: “Se fue enamorando cada vez más de la belleza de su cuerpo e interesándose más y más por la corrupción de su alma” (P. 183).

Mientras que en el Fantasma de Canterville recurre a una familia norteamericana para mostrar cómo su escepticismo y racionalidad moderna contrasta con cierta visión conservadora, romántica y supersticiosa en Inglaterra, en El retrato de Dorian Gray la consolidación de una cultura moderna la expresa en el estilo de vida, sentir y pensar de un círculo aristocrático y los dos personajes centrales: Dorian Gray y Lord Henry Wooton. Estos son practicarían una fe muy propia de su época y que se ha extendido hasta nuestros días: la posibilidad de comprar el placer y el poder persuasivo de la belleza.

Publicada inicialmente desde el 20 de junio de 1890 en forma de episodios en la revista mensual Lippincontt’s (vamos, como si fuera una serie), y publicada como novela el año siguiente, esta obra fue censurada por hablar sobre el placer por el placer, la corrupción y las conductas pecaminosas de la clase alta inglesa. En su momento, la imagen del joven Dorian Gray entregado a toda suerte de placeres y corrupciones, sexos y opios, fue vista como una afrenta. Oscar Wilde fue uno de los escritores censurados de aquella época, junto a Baudelaire o el Conde de Lautremont. Para hacer esta reseña, análisis literario, comentarios y citas textuales de la novela he leído esta edición: WILDE, Oscar. El retrato de Dorian Gray. Alianza Editorial. Madrid. 2011. Traducción de José Luis López Muñoz.

El retrato de Dorian Gray. Se nota que no piensa porque es muy bello

Como es bien conocido, el retrato de Dorian Gray es una magnífica pintura de cuerpo completo que envilece y envejece con cada mal acto y cada pecado que el hermoso Dorian comete, lo cual le permite conservar en su cuerpo de carne y hueso toda la lozanía y hermosura de sus veinte años. En esta imagen mágica, el Dorian Gray allí representado cambia, envejece y envilece a medida que el Dorian real comete a sus anchas todo tipo de exceso. La imagen muestra la corrupción, le salen arrugas, adquiere una mirada maliciosa, mientras que el sujeto real preserva la inocencia radiante de la juventud.

Es una metáfora genial creada por Oscar Wilde acerca del juego de las apariencias en la sociedad, la celebración de la juventud y la negación del envejecimiento, algo propio de la sociedad moderna.

Dorian Gray era un joven bello que había encantado, literalmente, a su pintor: Basil Hallward, dice acerca de su modelo: “Lo veo todos los días. No sería feliz si no lo viera todos los días. Me es absolutamente necesario… Dorian es todo mi arte… para mi es mucho más que un modelo o un tema… su personalidad me ha sugerido una manera completamente nueva, un estilo nuevo. Veo las cosas de una manera distinta que antes desconocía <<un sueño de belleza en días de meditación>>” (P. 23). Frases que esconden, al decir de muchos, una declaración erótica homosexual de Oscar Wilde, quien sufrió la reprenda contra la homosexualidad de su sociedad.

“Todos los impulsos que nos esforzamos en estrangular se multiplican en la mente y nos envenenan”

Lord Henry en El Retrato de Dorian Gray

El retrato de Dorian Gray es, por un lado, una novela más sobre una obra de arte maestra, como la novela de Balzac también del siglo XIX; aunque en el fondo el argumento de Oscar Wilde no sea sobre la pintura misma, sino sobre el dilema moral del sujeto que se entrega a los pecados, sentidos y el sentimiento de culpa que le persigue. Por supuesto, subyace un sujeto que ha heredado una moral cristiana.

En el estudio del pintor, el joven Dorian conoce a quien le influiría radicalmente, a Lord Henry Wooton. “Se nota que no piensa, pues es muy bello… Es una hermosa criatura, descerebrada…” es lo que dice éste último a su amigo Basil al ver por primera vez a Dorian. Afirma que el intelecto destruye la belleza del rostro, una idea fascinante: “la belleza, la belleza auténtica, termina donde empieza el aire intelectual. El intelecto es, por sí mismo, un modo de exageración, y destruye la armonía de cualquier rostro” (P. 14).

Lord Henry es un personaje audaz y muy interesante en la novela, un personaje con un espíritu moderno y hedonista, elocuente y maestro de silogismos, un devoto de la belleza y del placer, para quien no existe nada más que esto y ve en el impoluto Dorian a un diamante en bruto.

Él lo incitaría y provocaría para recorrer las delicias que se entregan en bandeja de plata a aquellos que gozan de los tres pilares de la sociedad moderna: la belleza, la juventud, la riqueza. Dorian contaba con los tres in extremis; de forma muy directa se convierte en otro hedonista entregado a los placeres, es una creación de Lord Henry, su cómplice, su pupilo, su experimento.

Lord Henry Wooton es un personaje que bien puede estar entre villano y filósofo, con vetos machistas. Sus palabras calan hondo en el joven Dorian, quien, al decir de la narración, era noble y no había sido dañado aún por el mundo, desde lo cual Wilde lo construye como un personaje absolutamente influenciable, maleable, débil de carácter y con una clara facilidad hacia el narcisismo. Recuerda la frase del filósofo Jean-Jacques Rousseau “EL hombre nace bueno pero la sociedad lo corrompe”.

Algunas de las frases de Lord Henry y máximas que entrega a Dorian son:

  • “Dorian, las buenas influencias no existen.”
  • La finalidad de la vida es el pleno y propio desarrollo.
  • Las personas han olvidado lo que se deben a sí mismas.
  • Que el cuerpo peque una vez, y se habrá librado de su pecado.
  • “Todos los impulsos que nos esforzamos en estrangular se multiplican en la mente y nos envenenan” (P. 34).
  • Curar el alma por medio de los sentidos, y los sentidos por medio del alma.
  • “El pecado es el único elemento de color que queda en la vida moderna” (P. 47).
  • “La base del optimismo es el terror” (P. 109). Por lo cual dice que odia el optimismo.
  • “Mi querido muchacho, ninguna mujer es un genio. Las mujeres son un sexo decorativo” (P. 72).
  • “Las metas del individualismo son las más elevadas. La moralidad moderna consiste en aceptar las normas de la propia época. Pero yo considero que, para un hombre culto, aceptar las normas de su época es la peor inmoralidad” (P. 114)
  • “Ser bueno es estar en armonía con uno mismo”.
  • “Tengo la impresión de que la verdadera tragedia de los pobres es que no pueden permitirse nada excepto renuncias a sí mismos. Los pecados hermosos, como los objetos hermosos, son privilegio de los ricos.” (P. 114).
  • “Reconozco que, en mi opinión es mejor ser hermoso que bueno, pero por otra parte, nadie está más dispuesto que yo a admitir que es mejor ser bueno que feo” (P. 275). Esta cita revela el pensamiento de este personaje y hace a pensar, al revés, en la idea de Aristóteles de que todo lo bueno tendría que ser bello por definición. Ciertamente, en esta novela, lo bello no necesariamente es bueno, porque la apariencia, la estética engaña los sentidos.

Cuando el cuadro está terminado y todo tipo de halagos vienen de su autor, Basil, y su amigo, Lord Henry, Dorian ve en su representación algo que le encanta, es el mítico encanto del espejo: “La conciencia de su propia belleza lo asaltó como una revelación” (P. 43). El momento en el que conjura a la pintura reza así, dice Dorian: “Me haré viejo horrible, espantoso. Pero este cuadro siempre será joven. Nunca dejará atrás este día de junio… ¡Si fuese al revés! ¡Si yo me conservara siempre joven y el retrato envejeciera! Daría…, ¡daría cualquier cosa por eso! ¡Daría el alma!” (P.44).

Más adelante, después de expresar este miedo a la vejez, revela hasta dónde le ha influido la adoración y búsqueda de la belleza que Harry ha puesto en él: “Tengo celos de todo aquello cuya belleza no muere. Tengo celos de mi retrato ¿Por qué ha de conservar lo que yo voy a perder? Cada momento que pasa me quita algo para dárselo a él. ¡Ah, si fuese al revés!… ¿Para qué lo has pintado? Se burlará de mí algún día ¡Se burlará despiadadamente!” (P. 45). 

Reseña de El retrato de Dorian Gray
El retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde. La edición de Alianza.

Dorian Gray, placer, crimen, culpa y otras moralidades

Sobre esta base, Dorian sale de su burbuja moral y se lanza a la ciudad, donde conoce a Sybil Vane, una joven, pura y hermosa actriz que conoce en un teatro popular y de quien afirma que posee toda la sensibilidad del arte dramático. Se enamora de ella y le promete amor. Le comparte esta incursión en el amor a sus amigos Basil y Lord Henry; especialmente a este último, le dice que su amor por Sybil está en línea con la búsqueda de la belleza y sensibilidad.

Ellos ven como un desacierto la prematura declaración del joven Doria; aun así, ellos lo aprueban y acceden a la invitación de Dorian de verla actuar. Pero aquella tarde, Sybil, demasiado encantada, demasiado ilusionada con los besos de Dorian, actúa jodidamente mal porque la enorme ilusión del amor real le ha hecho creer que actuar ya no vale la pena. Frente a este giro, Dorian, que en su egoísmo valoraba a Sybil por su talento dramático, se desconcierta. Luego la interpela, gritándole que la fuente de su admiración le había sido negada y que su amor se podría ir a la quinta porra. Sybil llora, y más tarde, sola, se suicida.

Cuando Dorian recibe la noticia, se debate entre la culpa y la razón. Había actuado mal, había destrozado el corazón de Sybil, lo sabía, pero busca razones para que la culpa no lo domine. Se siente libre de las acciones ajenas, así que no siente que deba ninguna responsabilidad. Después, nota que su retrato ha cambiado, ha adquirido otra mirada, como si su choque con Sybil, su mal comportamiento y efecto sobre ella, tuviera un reflejo en la pintura. Poco faltaría para que Dorian confirmara cómo su conjuro le había permitido que todas sus malas acciones, excesos y el tiempo no afectaran su semblante, sino al de la pintura. El retrato que moralmente decae y envejece, le permite mantenerse joven y sin huella… y así Dorian vive su vida: “Lo que los gusanos eran para el cadáver, serían sus pecados para la imagen pintada en el lienzo, destruyendo su apostura y devorando su gracia” (P. 170).

Su verdadera alma estaba reflejada o, mejor dicho, encarnada, en una imagen externa que podía ver. Frente a la imposibilidad ontológica de verse a sí mismo (cita a M. Bajtin), el retrato vivo le permite franquear esta limitación, y la imagen externa se convierte en identidad. El retrato de Dorian Gray también es, por supuesto, una oda a la juventud; es la negación de la vejez propia de la sociedad moderna (ver análisis de la Vejez por Simone de Beauvoir).

Fragmento de la novela El retrato de Dorian Gray
Fragmento en la novela El retrato de Dorian Gray acerca de lo que Dorian Gray pensaba sobre el Yo y el ser humano

Además de su retrato mágico, Dorian tiene otro objeto que le influye sobremanera: el libro que Harry le regala: “Durante años, Dorian Gray no pudo liberarse de la influencia de aquel libro… el libro entero le parecía contener la historia de su vida, escrita antes de que él la hubiera vivido” (P. 205). Esta influencia llevaría a Dorian a seguir un camino de, según sus palabras, espiritualización de los sentidos, un tipo de hedonismo inteligente “sin aceptar teoría… que implicara el sacrificio de cualquier experiencia apasionada” (P. 185).

El climax de la novela llega cuando su amigo Basil lo interpela acerca de la mala fama que durante años ha estado cultivando Dorian: “Dicen que corrompes a todas las personas con las que intimas” (P. 216). Lo enfrenta por pecador y le pregunta qué ha pasado. Por primera vez Dorian confiesa el conjuro que ha surtido efecto, involuntariamente, sobre el retrato, y se lo enseña. Basil no termina de creer en semejante fantasía cuando Dorian lo asesina… con esto, sus pecados alcanzan el culmen de la corrupción y la culpa.

El recuerdo del asesinato crece al interior de Dorian y el retorno de James Vane, hermano de Sybil, despiertan la paranoia. No obstante, al morir éste último, Dorian jura volverse bueno… frente a su debilidad de carácter y confusión, finalmente Dorian se descarga en contra de su retrato mágico. Con el mismo cuchillo que había asesinado a Basil, acierta una puñalada en el cuadro. Este final es una excelente solución drámatica de Oscar Wilde. El cuchillo lo siente en su propio corazón, y así Dorian muere. Cuando sus sirvientes entran en la habitación, encuentran: “En el interior encontraron, colgado de la pared, un espléndido retrato de su señor tal como lo habían visto la última vez, en todo el esplendor de su juventud y singular belleza. En el suelo, vestido de etiqueta y con un cuchillo clavado en el corazón, hallaron el cadáver de un hombre mayor, muy consumido, lleno de arrugas y con un rostro repugnante. Solo lo reconocieron cuando examinaron las sortijas que llevaba en los dedos” (P. 317).

Autor: julianbueno

Una persona aprendiendo a leer y con el objetivo de reseñar los libros que encuentra en su camino como una estrategia para volver a ellos a través de sus apuntes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.