Memorias de Adriano, reseña y comentarios

Reseña de Memorias de Adriano - Yourcenar
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Memorias de Adriano es una novela que se destaca sobre muchas otras. Con esta obra Marguerite Yourcenar ha logrado traer al siglo XX no solamente un mundo extinto, el Imperio Romano del siglo II, sino a un hombre retratado desde el interior de sí mismo, el Emperador Adriano. “Reconstruir desde adentro lo que los arqueólogos del siglo XIX han hecho desde afuera” apunta Yourcenar en una de sus notas sobre esta novela. Una titánica investigación se lee en esta novela “uniepistolar”, gran representante de la novela histórica. Ciertamente, como lo buscaban los emperadores romanos, la cultura grecorromana fecundó los siglos venideros y con esta novela se ha tendido un puente en el tiempo.

La edición que he leído para hacer esta reseña y comentarios es: Yourcenar, Marguerite. Memorias de Adriano. Diario El País SL. Madrid. 2003. Se agradece y confía en la traducción de la novela, por Julio Cortázar . Esta edición incluye apuntes personales de la autora y una nota con referencias bibliográficas e históricas. Publicado originalmente en francés con el título Mémoires d’Hadrien, el libro fue concebido por Yourcenar entre 1924 y 1925, cuando tenía 25 años. Ella lo trabajó y rumió durante años; finalmente fue publicado en 1951, a sus 48 años.

Esta novela puede considerarse como un hito en la literatura del siglo XX. La recopilación histórica detrás de ella nos ha hecho reconocer en Marguerite Yourcenar a una escritora e investigadora admirable. Al estar en el campo de la literatura, nos entregamos como lectores a su versión de Adriano y la exactitud científica histórica pasa a un segundo plano. He creído cada una de las palabras que Yourcenar ha escrito en boca de Adriano. La novela me parece una notable confesión.

Historiográficamente hablando, cabe apuntar que la propia escritora destacó en la nota de la publicación su estudio de la conocida obra Historia Augusta, la cual narra la biografía de los emperadores de Roma entre el año 117 y 284. Específicamente el texto de Esparciano, Vita Hadriani, el cual ella considera muy sólido. Entre otras fuentes cabe nombrar el capítulo del historiador griego Dion Casio dedicado a Adriano en el libro Historia romana, escrito unos 40 años después de la muerte de Adriano. También han sobrevivido hasta el presente algunas cartas escritas por Adriano, discursos y correspondencia administrativa. Como es de suponer, hay muchas más fuentes consultadas por Yourcenar y llama la atención encontrar en su nota a la publicación qué aspectos y personajes de la novela corresponden a su propia invención.

El epígrafe de la obra ya nos anuncia la sensibilidad poética de Adriano: Animula, vagula, blandula, hospes comesque corporis, quae nun abibis in loca pallidula, rigida, nudula, nec, ut soles, dabis iocos…. Es un verso de Adriano que quiere decir: “Pequeña alma, blanda y errante, huésped y compañera de mi cuerpo, que partirás por lugares pálidos, rígidos, desnudos, ya no bromearás como acostumbrabas”.

La novela es una carta dirigida a Marco Aurelio, cuando este tenía apenas 17 años. En ese monólogo, Adriano revela su vida y pensamiento, su sensibilidad y el porqué de sus decisiones. Estas últimas, darían inicio al periodo que se conoce como Pax Romana. En algunas monedas de Adriano estaba inscrito: Humanitas, Felicitas, Libertas. Claramente, el libro explica también la influencia histórica de Adriano sobre Marco Aurelio, quien llegaría a ser conocido como el Emperador filósofo.

Se dice que los escritores solo pueden escribir sobre lo que han vivido; pues para Yourcenar el siglo II del Imperio Romano, las vidas de Trajano y Adriano, y las escrituras y lecturas que este último pudo haber hecho durante su vida, hacen parte de la propia vida de Yourcenar. Imposible desvincular ya a Adriano de Yourcenar en la historia, y a estos dos de la Grecia clásica. “He administrado el imperio en Latín… pero he pensado y he vivido en Griego” dice Adriano (Página 46).

A través de un Adriano moribundo Yourcenar entrega al público lector una memoria novelada, más que una biografía, del emperador nacido en Itálica (Sevilla) y desde esta perspectiva nos enseña el mundo del siglo II. La obra se divide en 6 capítulos titulados así:

  • Animula Vagula Blandula
  • Varius Multiplex Multiforms
  • Tellus Stabilitar
  • Saeculum Aureum
  • Disciplina Augusta
  • Patientia.

En los primeros capítulos no solo vemos detalles de la vida de Adriano, sino también de la vida de su antecesor, Trajano, también nacido en España, y de su esposa Plotina, aliada de Adriano. Trajano llevó al imperio a su máxima expansión y legó su obra en su hijo adoptivo, Adriano, quien se destacó en la campaña romana contra los Dacios al frente de la Legión Minervina. En el sitio de Sarmizegutsa, pasando el Danubio de la actual Rumania, derrotaron al rey Decébalo (Rumania se llama así por la romanización de ese territorio).

Muerte de Decébalo en la columna de Trojano
Decébalo en la Columna TRajana – imagen tomada de un ejemplar de la revista National Geographic

En el año 117 muere Trajano y Adriano es nombrado Emperador. Su intención era menos expansionista y más pacifista, como la acción de un amo que ordena su casa. Afirma Adriano “Los pueblos han perecido hasta ahora por falta de generosidad”. Inspirado en principios helénicos, Adriano buscó una convivencia pacífica entre los distintos pueblos que componían el Imperio Romano. Mejoró las leyes sobre los esclavos, dio más libertades a las mujeres, permitió que ciudadanos romanos se casaran con mujeres bárbaras, cuidó el comercio agrícola, las rutas y los proveedores de las ciudades. Tenía un perfil muy socialista.

En el capítulo Saeculum Aureum de Memorias de Adriano, Yourcenar escribe sobre los años “áureos” que Adriano viviera recorriendo el Imperio junto a Antinoó, su adolescente amante de origen bitinio, nacido en Claudiópolis. Tan querido era por él que después de su muerte en Egipto hizo construir una ciudad en su nombre (Antínoe) y dio inicio a un culto religioso sobre el joven deificado.

A lo largo de la novela personajes de la Grecia clásica y contemporáneos a Adriano son nombrados y descritos por su relación directa o indirecta con él. Por nombrar algunos clásicos, se destacan el poeta griego Terpando, el político Epaminondas, el historiador Jeofante o el filósofo Hermógenes. De los contemporáneos se recuerda al historiador y filósofo Arriano de Nicomedia, el arquitecto Vitrubio, el historiador Flegón, el magnate Opramoas, Osroes I (rey de los partos), Decébalo (rey de los Dacios), el filósofo Epicteto, el poeta Pancrates de Alejandría, Filón de Biblos, los judíos Akiba y Simon Bar-Koshba y el obispo Cuadrato de Atenas. Adicionalmente, los viajes de Adriano expresan la geografía humana del Imperio Romano. Todo esto hace necesario tener el diccionario (o Wikipedia) a la mano mientras se lee el libro.

En el capítulo Disciplina Augusta se narra el culto a Antinoó y la continuación de la obra de Adriano. También se narra el intento de helenizar a los judíos, prohibiendo la circuncisión y restringiendo la lectura de La Torá. Aunque Adriano buscaba una convivencia pacífica, no miraba con buenos ojos el inamovible seguimiento del pueblo judío a sus tradiciones. Mientras los demás pueblos vivían diversos grados de mestizaje y aculturación, el pueblo judío era más hermético y exclusivo. La visión integradora de Adriano entró en conflicto con la predicación de Israel como “el pueblo elegido”, lo cual llevó a la gran revuelta de Simon Bar-Koshba y a la guerra entre los dos bandos.

Bronce de la cabeza de Adriano
Bronce de la cabeza de Adriano. Siglo II. Roman Britain © Trustees of the British Museum

Por aquel entonces, el cristianismo era apenas una secta, la cual despierta alguna admiración en Adriano, comparando a Jesús con Orfeo. Si despertó admiración, fue por la devoción de los seguidores, pero despertó todo lo contrario por su sentido sectario. Hablando sobre el cristianismo dice “esas virtudes de gente sencilla, su dulzura, su ingenuidad, la forma en que se aman los unos a los otros; todo eso se parecía mucho a las hermandades que esclavos o pobres fundan por doquiera para honrar a nuestros dioses en los barrios populares de las ciudades.» (Página 243). Más adelante reflexiona junto a Chabrias y Arriano sobre la máxima cristiana “amar al prójimo como a sí mismo”, encontrándola difícil de aplicar … “lo encontraba demasiado opuesto a la naturaleza humana como para que fuese obedecido por el vulgo, que nunca amará a otro que a sí mismo y tampoco se aplicaba al sabio, que está lejos de amarse a sí mismo” (Página 244).

En el último capítulo, Patientia, se narran los últimos días de Adriano. Yourcenar le ha titulado Patiencia porque escribe cómo la cercanía de la muerte le sugería una invitación. Adriano habría intentado tener ayuda para suicidarse, pero no lo logró. Comenta que, finalmente, como emperador, tenía que tener paciencia. A los 57 años, Adriano había adoptado a Lucio, llamado Elio César, pero éste muere. Adopta entonces a Antonino Pío, y lo convence para que éste a su vez adoptara a Marco Aurelio.

Adriano fue admirado, y después de su muerte Antonino Pío obligó al Senado a deificarlo. A propósito de esto, es interesante destacar cómo se narra su pensamiento frente a deificación de los reyes, faraones y emperadores: “Si Júpiter es el cerebro del mundo, el hombre encargado de moderar y organizar los negocios humanos puede considerarse razonablemente como parte de ese cerebro que todo lo preside. Con o sin razón, la humanidad ha concebido a su dios en términos de providencia; mis funciones me obligan a ser esa providencia para una parte del género humano” (página 163).

Autor: julianbueno

Una persona aprendiendo a leer y con el objetivo de reseñar los libros que encuentra en su camino como una estrategia para volver a ellos a través de sus apuntes.

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