Reseña de Amor y sexo en el Siglo de oro

Amor y sexo en el Siglo de Oro es una obra de Luciano López Gutiérrez, que salió a la venta en el año 2019 bajo el sello editorial madrileño de Abada Editores. La primera edición de este ensayo consta de un total de 234 páginas de investigación literaria e histórica, y aparece trufada de interesantes y llamativas citas de los mejores escritores del periodo que se analiza.

El autor es doctor en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid con una tesis sobre un corpus de poesía satírica y burlesca del Siglo de Oro. En relación con este período, ha publicado decenas de artículos en revistas especializadas, así como la monografía Portentos y prodigios del Siglo de Oro. En otro orden de cosas, y fruto de su interés por la obra de Miguel Delibes, ha publicado los libros En torno a las palabras de Delibes, y Un paseo por los mundos de Delibes, coeditados por la Fundación creada para preservar el legado del escritor vallisoletano.

Reseña del libro Amor y sexo en el siglo de oro español
Amor y sexo en el Siglo de Oro, un ensayo de Luciano López Gutiérrez, publicado por el sello editorial madrileño de Abada Editores.

Con la obra que ahora nos presenta, nos introducimos en un estudio multifacético de la sociedad de la época que el autor ha elegido para su trabajo investigación. Por tanto, a lo largo de sus seis capítulos, pasearemos entre los detalles sociales, artísticos y religiosos de la España aurisecular. Así como por sus tradiciones, y las características más íntimas, como bien promete su título, de sus personajes y personalidades.

Sobre honras y cuernos

Aunque el mundo que conocemos ha evolucionado ampliamente en innumerables sentidos, sobre todo en los superficiales, parece no haberlo hecho en demasía cuando atendemos a los valores más viscerales, e instintivos del ser humano. Sobre todo, cuando nos referimos a temas tan delicados como los amorosos o los sexuales.

De ahí que la pérdida del honor ―sobre todo el femenino―, y su lucha por evitarlo, sea un punto crucial en la primera parte de la obra. Atenderá aquí el autor a explicarnos cómo transcurría la vida de las damas de alta alcurnia del Siglo de Oro Español. Sus obligaciones inamovibles; cómo llegar pura al matrimonio elegido por sus progenitores, o ser aplicada en su situación de esposa y madre antes que de mujer, lo cual obligaba a que desplazaran de manera clamorosa sus instintos sexuales de la primera línea de su vida y gustos y quedaba de ese modo el sexo en el matrimonio como un mero trámite de reproducción, y la sensualidad como algo proclive entre damas de malos hábitos, y con honras en entredicho.

El adulterio será también un tema estrella en este momento histórico, y aunque eran los hombres los que tenían más facilidad, y por supuesto menos presión social, para disfrutarlo, también habrá espacio para las mujeres en esta práctica. El entremés cervantino El viejo celoso nos dejará un ejemplo de lo que eran esas mujeres que, siempre cautas para no perder esa honra tan importante, no se resignaban tan solo a ser deseadas y pasaban a la acción. Algo que, sin duda, tenía que ver mucho con esos matrimonios de conveniencia.

Los cuernos serán otra preocupación importante en el Siglo de Oro, sobre todo en los hombres. Francisco de Quevedo, tan irónico como acostumbraba, recoge este pesar en El siglo del cuerno, donde asegurará que el mayor gremio del país es el de los cornudos. Por supuesto, al haber tantos, disfrutaremos en esta obra de los diferentes tipos que existían en el Siglo de Oro, además de hacer un recorrido por el fetichismo de algunos de los personajes más populares de nuestra literatura como don Juan Tenorio.

Del amor sin sexo al sexo sin amor

Las principales teorías, y tendencias, sobre sexo y pasión se batieron el cobre a base de composiciones artísticas y críticas sociales. Por un lado, nos encontramos a los teóricos petrarquistas, gustosos del masoquismo y del martirio por amor, que tanta influencia tendrán de la filosofía neoplatónica que se difundirá por España. Aunque, por otro lado, aparecería también el peso de la poseía grecolatina, que gustaba de rociar sus composiciones de un sutil erotismo. Esta última tendencia hará al lector, incluso, disfrutar de la sexualidad y del erotismo de los temas mitológicos, como en la Fábula de Polifemo y Galatea, de Góngora. Este tipo de poesía irá, además, en perfecta sintonía con los temas mitológicos representados en la pintura, caracterizados por la presencia de los desnudos y la desinhibición.

Sin embargo, y a pesar de esta lucha de visiones, la mentalidad del Siglo de Oro reducía sin dificultad a la mujer a un mero juguete de placer, y no condenaba el abusar de ellas por la fuerza, incluso el arrebatarles por medio de violencia su don más preciado. El ejemplo que nos ofrece al autor será El alcalde de Zalamea, donde la honra mancillada se intentó limpiar casando a la mujer con el hombre que la forzó. Aunque por supuesto existían, y aquí se recogen algunos casos, las mujeres guerreras que enfrentándose a la cosificación social eran capaces de ponerse el mundo por montera.

Religión y pasión carnal

Llega el momento de explorar la mística y el erotismo dentro de la iglesia. También en el pecado y en el deseo de los reyes, que a pesar del ascetismo dominante, que se refleja hasta el hastío en cuadros y composiciones poéticas, se dejaban llevar por los instintos y la lujuria. Ejemplo de ello será Felipe IV, tan católico como amante de la prostitución y de las aventuras adulterinas. Desde luego, y en eso se centra esta parte de la investigación, en el Siglo de Oro quién más y quién menos, mantenía una férrea lucha entre el amor humano y el amor divino.

Por supuesto habrá que dejar un lugar para tratar a los galanes, esos que aprovechaban cualquier demostración pública de fe para ir en busca de nuevas conquistas; sobre todo en las filas de las espectadoras casadas. Vicios menores, si los comparamos con las brujas que preparaban ungüentos para que un enamorado consiguiera el beneficio de la mujer que no le correspondía, o de la herejía de los Alumbrados, que en el siglo XVI le darían bastante trabajo a la Inquisición. González Duro recogerá en Demonios en el convento los escándalos que estos “místicos” provocaron en un convento madrileño (San Plácido), que se llenó de sensualidad y de posesiones diabólicas, una interesante ramificación de las versiones en las que una dama era tentada por demonios galanteadores.

La carrera eclesiástica, a pesar de estos extraños asuntos, era bien vista por las familias de alta alcurnia como medio de vida para los segundones. También como refugio de las mujeres que no contaban con la dote necesaria para cerrar una buena boda. Y claro, la falta de fe, sobre todo si atendemos al voto de castidad, se dejaba ver. Detalles íntimos, y morbosos, que recogerá la lírica del Siglo de Oro.

Otras formas de vivir la sexualidad

El Siglo de Oro será una sociedad totalmente homófoba, y maltratará a los homosexuales, a los hermafroditos y a los transexuales. Las curiosidades del trato a unos y otros, tienen tal vez su punto álgido en el que reciben los hermafroditos. Estos a los que la sociedad del Siglo de Oro creía fruto de una lucha seminal del hombre y de la mujer a la hora de su formación eran clasificados en diferentes tipos: dependiendo del uso, o no, que hicieran de sus genitales. Las creencias sexuales del momento llevaban también a una gran parte de la sociedad a considerar que era más que probable la transformación espontánea de sexo. Por supuesto, habrá lugar para hablar del bestialismo, o el sexo entre hombres y animales, y su relación directa con la mitología, o de los diferentes Kama Sutras españoles.

El universo puteril

Necesario es hablar de las diferentes mancebías del Siglo de Oro, donde los hombres con más fe del momento creían que no era pecado mantener sexo. También de la prostitución clandestina, destinada para mujeres casadas, viudas, o de alta alcurnia. Mención aparte necesita el tema de las mujeres solteras, que buscan mantenerse fuera del matrimonio por voluntad propia, pues preferían vivir con mayor libertad los placeres de la vida. Todas estas mujeres, como la mayoría de las que intentaban sacar los pies del tiesto en una sociedad fuertemente controlada, eran criticadas por sus coetáneos, y por supuesto por los poetas y escritores que les dedicaban envenenados versos. No eran tan criticados los rufianes, los proxenetas, que se aprovechaban de ellas, y vivían a su sombra. Aunque todo esto no importaba mucho a los hombres que requerían de sus servicios, al menos no tanto como la enfermedad de la sífilis, conocida como mal francés, y a la que el autor dedica parte de su investigación en este interesante apartado.

Sobre la seducción y otras hierbas

Habrá variedad de trato en este tema, y en él se recogen las andanzas de los metrosexuales de la época, conocido como lindos, y que eran tenidos como homosexuales por sus contemporáneos. Algo que los llevará a aparecer a menudo en las obras literarias, como ocurre en el Lindo don Diego, de Agustín Moreto, donde se les criticaba su gusto por lo estético y por su manera de moverse o hablar.

Será éste el momento de analizar las diferentes armas de mujer, y saber de dónde sale la famosa descripción del canon femenino que se repetirá hasta la saciedad en todas las composiciones amorosas de los siglos XVI y XVII y se hará un guiño a las sustancias utilizadas como afrodisiacos, a los paseos en los coches, donde alejados de las miradas curiosas se daba rienda suelta a los placeres carnales, y al uso del guardainfante, una prenda de moda en el momento, muy criticado por los escritores satíricos debido a que su holgura posibilitaba esconder embarazados, y permitir a los caballeros maniobras cerca de las zonas pudendas de las mujeres sin llamar la atención.

En definitiva, nos encontramos ante una obra magnífica en cuanto al tratamiento ofrecido sobre un tema que siempre ha arrastrado un tabú social, a pesar de que, como se refleja en la investigación que tenemos delante, es uno de asuntos más recurrentes en la literatura del Siglo de Oro. El autor nos ofrece, de manera detallada y organizada, un recorrido por cada uno de los universos amorosos y sexuales de un momento culturalmente único de nuestra historia, y lo demuestra haciendo gala de la picardía, la ironía y el humor que nos brindaron los grandes autores de la época.

Autor: Eduardo Fernán-López

Un tipo que escribe de madrugada. Lector empedernido. Historiador y adicto al café.

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