Brevísimo análisis de Siddhartha, novela de Hermann Hesse

Novela Siddhartha - Hermann Hesse
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¿Quién era Siddhartha? Siddhartha era un niño admirado y amado, un adolescente que había tomado el camino del ascetismo, “serás un gran samana” le decía su amigo Govinda. “Todos querían, pues, a Siddhartha, que era la alegría y el placer de todos. Pero él no hallaba en cambio placer ni alegría alguna en sí mismo” (2003: 11). Siddhatha era un joven con preguntas sobre la verdad y la esencia del ser, sobre el “Atman”, el único, lo indivisible; Siddhartha era un hombre que buscando su propio camino halló el amor, la abundancia económica y que disfrutó el amplio espectro de los placeres hasta quedar ebrio de ellos. Siddhartha era un padre a quien su hijo lo odió y abandonó y que tuvo que dejar ir; era un anciano que prefirió no hablar mucho, y en cambio, escuchar el mensaje revelador del río junto al cual encontró la paz. El personaje Siddhartha en la novela de Hermann Hesse (1877 – 1962) es de muchas formas todas las personas, todas las edades, un pobre, un rico, un santo, un pecador, un hijo, un padre, un amado y un odiado. Siddhartha es una novela publicada en 1922, después de Damian (1919), antes de El lobo estepario (1927), y pocos años después de la Primera Guerra Mundial.

HESSE, Hermann. SIDDHARTHA (1922). Random House Mondadori. Barcelona. 2003
· Traducción de Juan José del Solar
· 12 capítulos, 211 páginas

La novela Siddhartha de Hermann Hesse ha sido catalogada como una “novela filosófica”, por su profundo y explícito contenido reflexivo, pero en cierto sentido, todas las novelas parten de y conllevan una reflexión. Indudablemente, hay un vínculo estrecho entre literatura y filosofía. En India es donde este libro ha tenido una mayor recepción y admiración, en parte, porque la novela está contextualizada en ese país y cultura, pero también porque Hesse supo expresar un sentido profundo, una revelación sobre la existencia que conecta bien con los conocimientos y sentimientos tradicionales hindúes. La novela está dedicada a Romain Rolland (premio nobel de literatura en 1915), quien escribiría en 1924 un libro sobre Gandhi. Hesse expresa en esa dedicatoria que él también sentía la profunda crisis espiritual de su época.

Siddhartha y su amigo Govinda son obedientes y siguen las prácticas del ensimismamiento, contener la respiración, insensibilizarse contra el hambre y el dolor, pero pronto Siddhartha duda. Para Siddhartha la doctrina que ha aprendido no es suficiente y observa que los borrachos también pueden insensibilizarse contra el hambre y el dolor, y “alejar” su yo del momento presente. Su primera partida consiste en buscar un nuevo maestro, un renombrado santo llamado Gotama, que predicaba sobre los orígenes del sufrimiento y un camino para abolirlo. Es interesante cómo Hesse construye el relato de un Siddhartha que, si bien inspirado y con sed de conocimiento, duda cada vez más y que al encontrarse frente a frente con el santo Gotama, reconoce su iluminación, pero le comparte su inquietud: su doctrina habla cosas buenas, pero no contiene “el secreto de lo que el Sublime ha vivido” (2003: 53). Más que la doctrina, es la experiencia, la vivencia, el camino propio, lo que Siddhartha va a encontrar y esta idea, la práctica más que la teoría, es la base de la reflexión a lo largo de la novela. El periplo de Siddhartha sugiere que la sabiduría o la iluminación no se puede buscar, no hay un camino hacia ello, sino, todo lo contrario, la iluminación, la sabiduría, la gnosis, te encuentra.

Siddhartha se aleja de Gotama

Siddhartha se aleja de Gotama y de su amigo Govinda siguiendo un camino incierto, el camino incierto que es abierto por uno mismo. Por el contrario, Govinda decide hacerse discípulo de aquel santo, siguiendo así un camino más “cierto y mejor trazado”. De esta forma, el texto marca dos perfiles: Govinda, el que sigue a otros, y Siddhartha, el que sigue su olfato, el que abandona su vida pasada, a riesgo de equivocarse. Siddhartha deja a los brahmanes y deja el camino de los samanas, deja de pertenecer a un grupo porque estaba en busca de sí mismo. No obstante, el libro mostrará que la iluminación no es el resultado de una búsqueda ni de una doctrina, ni siquiera de la propia, sino el resultado de vivir, de las vivencias, de las acciones mucho más que de las informaciones. El periplo de Siddhartha sugiere que la sabiduría o la iluminación no se puede buscar, no hay un camino hacia ello, sino, todo lo contrario, la iluminación, la sabiduría, la gnosis, te encuentra (una idea bien explicada por Raimon Panikkar en el libro Invitación a la sabiduría).

Siddhartha también descubre que el mundo material, las nubes, el río, las cosas, no son una ilusión, no son solo signos, sino esencias mismas. Más tarde descubrirá que la ilusión es, en realidad, el tiempo. Siddhartha deja de ser un habitante del campo y de los bosques para convertirse en un ciudadano; se deja absorber por la ciudad, se afeita, se corta el pelo, se pone zapatos y ropa ¿por qué? Porque así se lo ha pedido la que se convertiría en su maestra en el arte del amor: la cortesana Kamala.

Kamala y Kamaswami

Cuando Kamala le pregunta cómo un samana con pelo largo, moreno, con apariencia de mendigo y casi desnudo podría “llegar” hasta una hermosa cortesana como ella, Siddhartha le responde: “si arrojas una piedra al agua, se precipitará hasta el fondo por el camino más rápido. Lo mismo le ocurre a Siddhartha cuando se propone alcanzar una meta: Siddhartha no hace nada: espera, medita, ayuna, pero atraviesa las cosas del mundo como la piedra, el agua, sin hacer nada, sin moverse, dejándose atraer, dejándose caer. Su propia meta lo atrae, pues él no deja penetrar en su alma nada que pueda apartarlo del objetivo propuesto. Esto es lo que Siddhartha aprendió de los samanas. Es lo que los necios denominan magia y atribuyen a la acción de los demonios. Más nada es obra de los demonios, porque los demonios no existen. Cualquiera puede ejercer la magia y alcanzar sus objetivos si sabe pensar, esperar y ayunar” (2003: 90).

Es muy interesante en esta novela que el autor asocie, a través del personaje Siddhartha, los aprendizajes recibidos por los ascetas samanas con la magia. Es un conocimiento interesante que al final de la novela no será del todo determinante, pero que pone en sus manos tres virtudes que el autor resalta en buena parte del relato; los samanas enseñan estas tres habilidades: saber esperar, meditar y ayunar. Es lo que responde Siddhartha cuando el comerciante Kamaswami le pregunta qué saber hacer. Aunque, además, sabe leer y escribir, talentos importantes en el comercio y en cualquier actividad. Siddhartha resulta muy diestro para el comercio y los negocios, no se apegaba a nada y se tomaba el trabajo como un juego: “Veía que los seres humanos se entregaban a la vida con un apego infantil o animal que él amaba y despreciaba al mismo tiempo” (2003: 100). Aunque se volvió un experto en ese juego, al inicio no ponía su corazón en ello, porque era solo un medio que manipulaba a su antojo con el solo fin de estar junto a Kamala: “la hermosa Kamala, con quien aprendía el arte del amor, y practicaba el culto de placer, que más que ningún otro unifica la doble actividad de dar y recibir” (2003:102).

Hay otra idea que Siddhartha comenta a Kamala y que merece la pena resaltar: “Eres como yo, Kamala, distinta de la mayoría de gente. Tú eres Kamala y nada más. Y en tu interior hay una placidez y un lugar en el que puedes refugiarte a cualquier hora y sentirte a gusto, como yo también puedo hacerlo. Poca gente posee este recurso, aunque todos podrían tenerlo” (2003: 103).

No obstante, poco a poco el placer, la comodidad, el dinero, el comercio y los juegos de azar lo atrapan, lo nublan, lo hacen olvidar casi por completo quién era y cuál era su camino: “la enfermedad espiritual de los ricos se fue apoderando lentamente de él” (2003: 111). La voz interna que otrora le guiaba, enmudeció. El placer, la codicia, la indolencia, la avaricia se apoderaron de su alma. El afán de posesión y de lucro, el juego de los dados. “Le preocuparon más las posesiones”. Envejeció, enfermó. Si antes sentía cierta pena por los “hombres niños”, es decir, la gente de la ciudad y aquellos atados a sus pasiones y caprichos, Siddhartha mismo se había convertido en un “hombre niño”. Con el tiempo se transformó en una “víctima de los embates de su repugnancia” (2003: 137).

La voz del río y Vasuveda

Quizá todos somos en algún momento como el Siddhartha presa de sus pasiones, envenenado de varias formas, con cierto odio hacía él mismo y los demás. El libro invita, de hecho, a ser como Siddhartha, que harto de sus excesos y contradicciones deja un día su rica vida de comerciante para sanar y trascender. Toma un camino indefinido y estando bastante perdido llega hasta un río. Yéndose de bruces, vencido, olvidándose a sí mismo y casi ahogado, tiene un momento de claridad y escucha la sílaba sagrada: OM. Es la voz del río, lo innominado, lo perfecto. Siddhartha encuentra un hilo salvavidas, repite la sílaba sagrada y poco a poco se sumerge en el sueño, en un sueño reparador.
Junto al río, Siddhartha se encuentra con dos personajes centrales en la novela: su amigo Govinda, que siendo un monje encuentra a Siddhartha durmiendo junto al río, y a su nuevo amigo, Vasuveda, el barquero que trabajaba transportando a la gente de una orilla otra del río. Vasuveda, con una vida dedicada al noble trabajo del río, se había convertido en un hombre paciente. Y Govinda, pasaba sus días como discípulo de Gotama.

Página 151 de la novela Siddharta

“El río me enseñó a escuchar” le dice Vasuveda a Siddhartha. El río despierta la mente, el cuerpo y el espíritu, el río que tiene muchas voces, todas las voces de la creación. “¿También a ti te enseñó el río aquel secreto: que el tiempo no existe?”, le pregunta Siddhartha a Vasuveda.

Pese a tan grandes descubrimientos, a Siddhartha todavía le quedaba reencontrarse con Kamala y el hijo que, sin saberlo, había tenido con ella. Le quedaba verla morir envenenada por la picadura de una víbora, pero morir en paz y en camino a su propia iluminación, porque la semilla que Siddhartha había dado no era solo de carne y hueso, sino la semilla del corazón. Le quedaba quedarse con su hijo y ser testigo de cómo este inesperado y gran amor no le correspondía, le quedaba verlo huir y aceptar que éste lo odiara, le quedaba ir en su búsqueda y renunciar a su búsqueda para, también a él, dejarlo ser. Porque este aspecto fue uno de sus principales descubrimientos: dejar ser y ser con todo. La sabiduría llegaría a Siddhartha ya anciano; la sabiduría “una disponibilidad del alma, una capacidad, un arte secreto que le permitía concebir en cualquier momento, en medio de la vida, la idea de la unidad, que le permitía sentir la unidad y respirarla” (2003: 184).

Vasuveda, quien también había tenido sus propias penas, y Siddhartha escuchaban al río. Y el río revelaba mensajes. En el río estaban las historias, penas y alegrías de todos, por el río fluían las pasiones que como río mismo corren hacia una meta y luego se evaporan para volver a caer y correr una y otra vez. Así las vidas. La voz profunda del río era el OM, el om de la unidad. Entendiendo esto logró Siddhartha curar su herida.

El último encuentro con Govinda

El desenlace de la novela es muy bello. Ya ancianos, Govinda encuentra al viejo y sabio barquero del que muchos hablaban. Era Siddhartha, pero Govinda no lo sabía ni lo reconoce al encontrarlo. Govinda quiere saber más sobre el sabio del río y cómo buscar la iluminación, frente a lo cual Siddhartha le comenta: “¿Quizá que buscas demasiado y que a fuerza de buscar ya no encuentras? […] Buscar significa tener un objetivo. Pero encontrar significa ser libre, estar abierto, carecer de objetivos” (2003: 194). La sabiduría no es comunicable, le dice a su amigo.

Página 194 de la novela Siddhartha

Abstracto vs práctico. Más interesan las cosas a Siddhartha que las palabras y las ideas, sin importar que las cosas sean o no apariencias, porque también Siddhartha es apariencia: “son cosas y las cosas pueden ser amadas. En cambio, soy incapaz de amar las palabras. Por eso las doctrinas significan nada para mi” (2003: 202). Acerca de Gotama reitera que su vida y sus hechos son más importantes que sus palabras. Es interesante esta separación entre palabras y acciones porque nos hace preguntar hasta qué punto las palabras, el habla, el comunicar con un discurso, una doctrina o un texto deja de ser una acción.

El buda futuro exista ya en el pecador actual. Esta idea es una de las conclusiones del libro, expresando que la distancia entre el sufrimiento y la bienaventuranza, entre el mundo y la eternidad, entre el bien y el mal, no existe; que el tiempo que separa la niñez de la vejez, en realidad es ilusorio. Cada pecado lleva en sí la gracia, “en cada niño alienta ya el anciano”, “todo recién nacido contiene en sí la muerte”. Cada cosa implica a las demás, eso es la unidad, una gran metonimia. Cada quien es un buda en potencia, cada quien tiene ya al buda escondido, eso es la unidad; la coexistencia es la unidad. Todo, en un tiempo que en realidad no transcurre. La unidad, la relación entre la parte y el todo, el tiempo, la eternidad son temas que también presentes en la literatura de Jorge Luis Borges, por ejemplo, en relatos como “El inmortal”, “El Aleph” y “La escritura del dios”.

Página 200 de la novela Siddhartha

Al final, Govinda descubre que el viejo barquero es su amigo Siddhartha y le pide que le revele una idea más. Siddhartha, sonriente, le dice que se acerque y le bese la frente ¡un acto mágico! Y gracias al tacto Govinda ve, con su corazón en fuego, “esta sonrisa de la unidad sobre el fluir de las formas, esta sonrisa de la simultaneidad sobre los millares de nacimientos y de muertes, esta sonrisa de Siddhartha era exactamente la sonrisa de Gotama Buda: perenne, tranquila, fina, impenetrable, quizá bondadosa, burlona acaso, sabia, múltiple; la misma sonrisa que él había contemplado centenares de veces con profundo respeto” (2003: 2010).

Capítulos en Siddhartha

  1. El hijo del brahmán
  2. Con los samanas
  3. Gotama
  4. Despertar
  5. Kamala
  6. Con los hombres niños
  7. Sansara
  8. A orillas del río
  9. El barquero
  10. El hijo
  11. OM
  12. Govinda

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Autor: Julián Bueno

Escribir reseñas y análisis de libros es una manera de volver a ellos a través de nuestros apuntes. En Lectura-abierta.com todo el mundo está invitado a publicar sus experiencias de lectura. Soy antropólogo y consultor digital, me interesan los contenidos en internet, la literatura, la filosofía y el arte.

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