El Fausto de Goethe: ¿pero qué puede ofrecerme el mundo?

El Fausto de Goethe es una de sus novelas más reconocidas, la cual, junto a Las penas del joven Werther, se erigen como obras muy representativas del romanticismo alemán del siglo XIX. Esta obra es una novela filosófica, no solo la narración de unas aventuras. El trasfondo filosófico identifica a todas las obras de Goethe, y sus personajes están en constante reflexión y pensamiento acerca de la esencia de la existencia, el conocimiento y la relación ente los seres humanos.

Fausto es un científico, un médico, un conocedor de las leyes humanas, incluso químico, es un profesor reconocido y admirado; pero es un personaje en tensión consigo mismo que se pregunta acerca de los misterios de la materia y sus transformaciones por causas naturales y sobrenaturales, razón por la cual llega a destacar su cercanía con la alquimia. Es un personaje que presenta ciertas equivalencias con el mismo Goethe, dicen algunos de sus analistas.

De la ciencia a la magia ha cambiado, porque quiere ver qué es lo que mantiene unido al universo*. Su búsqueda es producto de la insatisfacción, al parecer, porque ha declarado sentirse hastiado del mundo (56). Dice “Qué puede ofrecerme el mundo?” “…la existencia es para mí una penosa carga; ansío la muerte y detesto la vida” (53).

Fausto y Mefistófeles

Ha maldecido la esperanza, el amor y sobretodo la paciencia. Bajo ese sentir el demonio Mefistófeles se ha colado en su estudio, y su conversación termina en una apuesta: hacerlo sentir conforme, satisfecho, seducido. “Largo tiempo ha que estoy hastiado de todo saber. Apaguemos las ardientes pasiones en los abismos de la sensualidad” (56). Fausto anhela sentir mucho, dice que quiere abarcar en sí lo más alto y lo más bajo de la humanidad.

Luego de este pacto, Mefisto lleva a Fausto a conocer a la joven Margarita, encarnación de la belleza, de quien Fausto se enamora…

Más tarde visitan el Aquelarre en la montaña, y de allí, y después de salvar a Margarita, quien ha caído en delirios y penas, Fausto vive una serie de experiencias con los seres mitológicos de la Grecia antigua. Eso lo lleva a buscar a Helena (de nuevo, una encarnación femenina de la “belleza”) lo cual casi lo aniquila… La experiencia con Helena es interesante porque ella es la belleza, y representa el eterno conflicto entre los hombres por tenerla, posesión que al mismo tiempo significa someterse a una condena.

Una de las partes más emocionantes es el final, cuando Fausto, viejo, reflexiona. Dice “en el seno de la opulencia, siempre nos falta una cosa” lo cual expresa su profunda insatisfacción. (Aquí deberíamos escuchar “Satisfaction” de los Rolling Stones como música de fondo)…

¿Qué le pasa a Fausto?

En la última parte de la novela, Fausto se arrepiente de haber buscado respuesas tan cruciales en las sombras. Me pregunto si eso fue suficiente para que la milicia celeste lo hubiera rescatado, ya muerto, de las bocas del infierno, donde lo reclamaba Mefistófeles, quien al comienzo de la obra también había alegado con Dios que Fausto no volvería la cara a la providencia nunca más.

– Vale preguntarse si el inconformismo de Fausto habla sobre el “inconformismo de su época”, entendido en ciertos círculos intelectuales como el Strum n Drang.

* (al final de la obra se concluye que es el amor ¿si?)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *