La Fiesta de la Insignificancia y la vida social según Kundera

Milan Kundera - La Fiesta de la insignificancia
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La Fiesta de la Insignificancia es un título muy al estilo de Milan Kundera. Entre La Fiesta de la insignificancia y la Insoportable Levedad del Ser siento que hay una conexión que me habla de la fragilidad y la existencia filosófica del ser humano. Me gusta que un autor se caracterice por su manera de titular sus obras. Frida Kahlo, por ejemplo, también tenía una manera muy singular de titular sus pinturas, con dos opciones de nombre. {Reseña y comentarios hechos a partir de la lectura de la edición: Milan Kundera – Maxi Tusquets Editores. Barcelona 2015}

He leído la Fiesta de la Insignificancia y me ha quedado la sensación de haber consumido una cosa muy personal de Kundera. ¿Qué cosa? Un trozo de pensamiento, las ideas que ha expuesto entre líneas a lo largo de un relato poco común donde no pasan muchas cosas o donde no hay una gran historia que se desarrolle. Es decir, a los que solo interesan los libros de aventuras o de crímenes sin resolver, aquí se van a chocar de frente.

La fiesta de la insignificancia fue publicado por primera vez en 2013 y la imagen de la cubierta, tan picasesca, es una imagen de Kundera también. Pensé que el libro no me iba a gustar, pero todo lo contrario, me ha desconcertado en un buen sentido.

La fiesta de la insignificancia

Es un texto difícil de reseñar porque trata de 4 amigos y algunos encuentros y conversaciones en sus vidas cotidianas. No hay una gran historia ni trama, aparte de unas cuantas buenas reflexiones y anécdotas. Simplemente se encuentran y se relacionan. Justo al final de leer el libro me ha quedado la impresión de que la insignificancia es bella y está presente en todas las cosas, grandes y por supuesto, en las insignificantes.

La insignificancia de lo insignificante, la trascendencia de lo insignificante, etc. Puros juegos de significados. También he pensado que este libro es una de esas publicaciones que solo son posibles cuando el autor ya está consagrado… si fuera la obra de un desconocido no encontraría editorial que quisiera publicarla. No por mala, porque es un buen texto, sino porque es una novela corta, casi insignificante. Me gusta que en la novela se lea cierta libertad del autor: ha escrito algo donde no ocurren cosas sorprendentes sino donde se expone su pensamiento, su manera de entender el mundo. Un buen pajaso mental de escritor. Y no lo digo irónicamente.

me ha quedado la impresión de que la insignificancia es bella y está presente en todas las cosas

No se puede decir mucho para introducir este libro. Que tiene algunas frases memorables como estas: “Sentirse o no sentirse culpable. Creo que todo radica en eso. La vida es una lucha de todos contra todos. Es sabido. Pero ¿cómo puede darse esa lucha en una sociedad más o menos civilizada? No deberíamos tirarnos unos contra otros a primera vista. En cambio, intentamos proyectar en los demás el oprobio de la culpabilidad. Vencerá el que consiga hacer que el otro se sienta culpable. Perderá el que confiese su culpa” (p. 56). La anterior es una frase de Alain, alguien quien mantiene una conversación imaginaria con la madre que lo ha abandonado al nacer y que por haberla perdonado confiesa sentirse todo un “perdonazos”, alguien que siempre se echaría la culpa de las cosas. Bueno, al final, esto ha servido para introducir que el libro tiene unas cuantas dosis de reflexión y profundidad. Es un buen pajazo mental de escritor, que sea dicho.

La fiesta de la insignificancia - Kundera

También se puede decir que es genial lo que menciona sobre Stalin, sus hombres y la historia de Kaliningrado. O cuando Calibán, que es actor, se hace pasar como pakistaní inventando el idioma y manteniendo complicidad con su empleador que es uno de sus amigos. O cuando Ramón, otro amigo, le dice a Calibán “Charles y tú habéis inventado la farsa de la lengua pakistaní para divertiros durante los cócteles mundanos en los que no sois más que lacayos de los esnobs… Comprendimos desde hace mucho que ya no era posible subvertir el mundo, ni remodelarlo, ni detener su pobre huida hacia delante. Sólo había una resistencia posible: no tomarlo en serio. Pero me doy cuenta de que nuestras gracias ya perdieron todo su poder…” (p. 92). Pues el libro tiene algo más, un sentido del humor.

Stalin, Kant y Schopenhauer

Stalin aparece varias veces en el libro; me sorprendió cuando habla de Kant y de “la cosa en sí” (Ding an sich). La cosa en sí, la cosa objetiva detrás de las representaciones, la cosa que existe. Pero este Stalin no está de acuerdo con semejante kantismo. Más bien, se adhiere a la perspectiva de Schopenhauerel mundo no es más que representación y voluntad”. Por quién me he sacrificado, se pregunta entonces Stalin, casi derrotado. ¿Por la humanidad? no, por la representación de la humanidad, se contesta. Por la representación subjetiva, a saber «lo que he podido ver a mi alrededor con mis propios ojos».

Alain y el ombligo

El libro empieza con Alain meditando sobre el ombligo de las mujeres. Y así también termina. Dice que los 4 lugares excelsos de la mujer son las nalgas, los muslos, las tetas y ahora en este tiempo el ombligo. Cada uno representa un mensaje erótico, pero el ombligo es el “signo de las repeticiones”. “No puedes identificar a la mujer a la que amas por su ombligo. Todos los ombligos son iguales.” Afirma.

La frase final de Ramón

La frase final de Ramón hace pensar en la fiesta de la insignificancia: “La insignificancia, amigo mío, es la esencia de la existencia. Está con nosotros en todas partes y en todo momento. Está presente incluso cuando no se la quiere ver: en el horror, en las luchas sangrientas, en las peores desgracias. Se necesita con frecuencia mucho valor para reconocerla en condiciones tan dramáticas y llamarla por su nombre. Pero no se trata tan solo de reconocerla, hay que amar la insignificancia, hay que aprender a amarla” (p. 135).

Me resulta muy significante tanta reflexión sobre la insignificancia. ¿Cómo asumir la profundidad de la insignificancia de una forma insignificante? La tranquilidad, el ánimo imperturbable que otorga saber que la insignificancia es la norma y que como recordaba el Stalin de esta novela, el mundo es como había dicho Schopenhauer: representación y voluntad.

Cita textual del libro La fiesta de la insignificancia

Autor: julianbueno

Una persona aprendiendo a leer y con el objetivo de reseñar los libros que encuentra en su camino como una estrategia para volver a ellos a través de sus apuntes.

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