Razones para desconfiar de sus vecinos, humor, profesores y artistas frustrados

Libro Razones para desconfiar de sus vecinos

Empecé a leer Razones para desconfiar de sus vecinos de Luis Noriega con varias ideas en la cabeza: que gratamente había conocido a Luis Noriega a los pocos días de que él recibiera el premio de cuento Gabriel García Márquez, que si había ganado el premio tenía que ser muy bueno, y que quería leer el libro y escribir una reseña.

Me generan admiración los escritores que eventualmente conozco, como Rafael del Castillo, Juan Pablo Roa y Juan Pablo Villalobos. También me resultó interesante conocer al ganador de tan prestigioso premio de cuento y la última vez que estuve en Colombia una de las primeras cosas que hice fue comprar el libro Razones para desconfiar de sus vecinos.

Después de leerlo me han quedado las siguientes impresiones: son cuentos donde la desconfianza hacia los demás es permanente, la baja autoestima de escritores, artistas y profesores también es una constante, y en estos cuentos hay un uso del dialecto y sociolecto colombiano como recurso humorístico. {He leído: Luis Noriega. Razones para desconfiar de sus vecinos. Random House. Bogotá. 2016}

El primer cuento se llama igual que el libro, Razones para desconfiar de sus vecinos. El título es muy bueno y coherente con el relato, me gusta que no concluye con un desenlace típico. Si, está bien escrito, tiene un dulce suspenso interesante, pero el humor con el que está tejido no me hizo reír, no conecta conmigo. Supuse entonces que los siguientes relatos también estarían narrados con esta línea de humor. Tal vez la intención del escritor no era humorística en absoluto. No lo sé, pero otros lectores han afirmado haberlos encontrado muy gracioso.

Fragmento del libro premiado de Luis Noriega

Primera conclusión (obvia): los concursos literarios son una suerte de rifa entre visiones subjetivas. Algo así como los premios a los mejores vinos. Gana lo que diga el paladar experto. Pero ¿cómo más se podría premiar un libro? ¿democráticamente? ¿haciendo caso a lo que digan los lectores? Seguramente deber ser según el paladar experto. Este tema conecta bien con este libro porque en varios de los relatos hay historias de concursos, premios y frustraciones. Es bien sabido también que el humor en los cuentos ha sido un factor que ayudó a ganar el premio (lo leí en la reseña publicada en Babelia).

Por otra parte, después de leer los tres primeros cuentos me pareció que en las historias hay marcadas relaciones de confianza y desconfianza, lo cual es muy consecuente con el título. La confianza en los demás y la falta cotidiana de confianza propia, es el gatillo que dispara muchas de las acciones en estos relatos.

Como lector, apunto las ideas que más me sorprenden de los libros y copio citas textuales a las cuales necesito volver para saborear esa literatura y entender su significado. Pero en este caso, no tomé muchos más apuntes. No obstante, poco a poco fui leyendo ciertos aspectos que me pareció interesante retener, como los epígrafes (extractos bíblicos) y la manera en que terminan la mayoría de estos cuentos, dejando “la cosa inconclusa”. Lo cual me gusta, genera una grata sensación de “¡y qué pasa después!”. Por ejemplo, en el primer cuento hay un grito que a todos inquieta pero el relato no revela de quién era. Y en el segundo, que se titula El problema de Randy, el protagonista no mata a su contrario, y se va. Los relatos, afortunadamente, no replican la trillada fórmula de las series de TV.

Pienso que los cuentos en este libro son entretenidos, quieren entretener y tienen intenciones humorísticas. Pero no son memorables. Tampoco es humor negro, como han escrito en la escueta reseña de la revista Arcadia… en los cuentos hay algo de violencia, pero no es por ahí donde circula la sangre de esta obra… la violencia en este libro es algo complementario, y el humor no está construido sobre este aspecto, sino sobre las conversaciones y las situaciones.

En el tercer cuento, Las doce leyes del éxito, hay un juego de humor lingüístico con la jerga colombiana que confunde al protagonista del relato, que es español. No sabe qué es chumbimba y no usa bien la palabra gonorrea. Esto me recordó a alguno de los stand up de Andrés López, en especial uno muy famoso en el que usa las expresiones típicas de la cultura bogotana y de su generación para hacer reír. Es un buen recurso, la jerga local, porque hace cómplices a los lectores locales.

El cuarto cuento, Salinger, habla sobre un concurso de novela. También tiene un buen final. Además, es genial que casualmente este libro sea un premio. El concurso y el concursante de premios de literatura está presente más de una vez en Razones para desconfiar de sus vecinos. Y sobresale que, en general, los personajes tienen baja autoestima y son un poco desagradables. El típico escritor frustrado está en estos cuentos. El quinto cuento se llama Derecho Materno y es un cuadro muy colombiano, es decir, la narración usa elementos muy descriptivos de la cultura como dichos y actitudes estereotipadas.

Cuento Derecho Materno en el libro Razones para desconfiar de sus vecinos
El sexto cuento se titula Cómo perder la fe y trata sobre un matrimonio que va a San Andrés, pero con la suegra encima… este cuento lo relacioné con las películas de Dago García. Y creo que hay algo más que emparenta las pelis de Dago con este cuento de Luis. Usar el humor para recuperar la lectura como forma de entretenimiento. En parte, es lo que ha hecho Dago, hacer cine chistoso, que ironiza sobre la idiosincrasia colombiana. No obstante, la lectura que he hecho de Razones para desconfiar de sus vecinos es mil veces más interesante que las películas y guiones de Dago.

El séptimo cuento, titulado Parte de la Religión, revela la intimidad de un escritor que busca publicar. Tiene un giro inesperado y verdaderamente violento que sorprende mucho. He tomado una cita textual, que considero muy cierta: “Dictar clases de literatura a quiere no quiere leer, probablemente es la forma más desagradable de vida literaria posible” (p. 180).

En los demás cuentos del libro sigue habiendo historias sobre más escritores y profesores de colegio y de universidad con baja seguridad y dudosa autoestima. Parece que la búsqueda frustrada del éxito es una cuestión permanente en estos relatos. Habrá que preguntarle a Luis Noriega cómo fue su sorpresa al ganar el premio Gabriel García Márquez, y qué reflexión tiene sobre la calidad literaria.

He intentado leer este libro con cuidado. Y ahora tengo que ir a una de sus novelas, las cuales gozan de buena crítica. Se agradece que, en general, las historias aquí plasmadas sean sobre vivencias cotidianas, sobre personajes que buscan venganza o recompensas pero que están en situaciones de la vida común y corriente de la gente y no en dramas de presidentes, grandes magos o detectives super inteligentes.

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