Reseña de Anécdotas y curiosidades de César Vallejo (2020) de Miguel Pachas Almeyda

Libro Anécdotas y curiosidades de César Vallejo
4
(11)

La aproximación a la vida y obra de César Vallejo requiere de lecturas disciplinadas y de intuiciones equilibradas y acordes con su singular perfil de poeta y de ser humano. Así lo entiende el profesor Miguel Pachas Almeyda y ha plasmado tales requerimientos en sus indagaciones biográficas vallejianas: Georgette Vallejo: al fin de la batalla (2008), César Vallejo y su América hispana (2014) y ¡Yo que tan solo he nacido! (Una biografía de César Vallejo) (2018). Así mismo, ha concebido que comunicar las fortunas y adversidades de la incomprendida vida de nuestro mayor poeta exige horizontalidad comunicativa, es decir, variedad de formas narrativas, lenguajes y tonos que encaminen siempre al feliz encuentro entre el César Vallejo poeta y persona y los lectores. Parafraseando unos versos vallejianos, se diría: “Y si después de tantas palabras” del biógrafo, “no sobrevive la palabra” de los lectores, “más valdría, francamente”, que no nos cuenten nada y acabemos.

-Anécdotas y curiosidades de César Vallejo
-Autor: Miguel Pachas Almeyda
-Editorial Infolectura. Trujillo. 2020
-130 páginas.

Tal horizontalidad comunicativa se ha plasmado en sus Anécdotas y curiosidades de César Vallejo (2020). Como señala el título, el autor nos transmite aspectos de la vida del poeta en forma de escenas anecdóticas y situaciones curiosas, los cuales, mediante la confluencia del lenguaje narrativo, la inclusión de la voz de los “personajes” y la natural coloquialidad configura tonos que van desde lo ameno, transitan por lo humorístico y llegan a lo triste. De ese modo, cada historia nos acerca a rasgos de su perfil poético, a las circunstancias emotivas de sus poemas y a momentos significativos de su vida.

Atendiendo al prólogo, concuerdo con Luis Eduardo García cuando afirma que estas anécdotas resultan claves porque “desentrañan la relación misteriosa de Vallejo con el lenguaje, en la que siempre se mostró como un superdotado” (2020: 09), sin embargo, preciso que no “cierra el círculo de las interpretaciones” sobre Vallejo (2020: 11), sino que esboza una imagen renovada de César Vallejo y abre un nuevo circuito de información más afín a su vida.

La grandiosidad poética y la universalidad de César Vallejo se anuncia desde la primera anécdota y en voz de su padre. Cuenta el autor que, luego de un dificultoso nacimiento debido a la avanzada edad de la madre, don Francisco de Paula Vallejo tomó a su último hijo entre sus brazos, le acarició tiernamente la cabeza y, en tono profético, exclamó “Este mi hijo irá lejos” (2020: 13). Así mismo, los altibajos y carencias serán presagiadas por su madre María de los Santos Mendoza, quien al descubrir que el pequeño César escondía panecillos y azúcar, suspiró: “Pobrecito mi hijo. Algún día acaso no tendrá a quien hurtarle azúcar, cuando él sea grande, y haya muerto su madre” (2020: 17). Entre alentadores presagios paternales y sentidos lamentos maternales se inicia este recorrido vital del Vallejo poeta y hombre.

Las anécdotas infantiles nos permiten conocer la precocidad poética de César Vallejo. En cierta ocasión, cuando caminaba con sus hermanos rumbo a una chacra de la familia ubicada fuera de Santiago de Chuco, recogió piedras y, como dándoles vida, les habló: “Este es el niño tal, y este es el señor tal; esta es la señora cual …” (2020: 18), incluso creó canciones para los riachuelos: “Ya llegué agua, estoy cansado. Sigo, sigo, no sigo, sino. No sigo, me voy …” (2020: 18). Este espíritu creativo habría de darle fama de un pequeño poeta a quien las burlas y los desafíos se le aparecían a menudo. Ocurre que, durante la secundaria, Federico Abril, su compañero de aula, le planteó un reto en tono burlón: “–Oye, Machetón, ya que dices ser poeta, quiero que compongas un verso con la palabra ‘floripondio’” (2020: 26), reto al cual el adolescente César respondió de la siguiente manera:

Hay una flor floripondio,
de olor y sabor muy rico;
pero no asqueroso ni hediondo
como Abril Federico
.
(2020: 26).

Como se aprecia, la sutileza y la ironía acompañan los juguetones primeros versos de Vallejo, pero, sobre todo, revela la seguridad y creatividad para asumirse como un poeta ante quienes dudan en reconocerlo como tal. Vemos que Vallejo comprende que ser poeta requiere, además de un peinado y un andar, ser firme y original ante situaciones que pongan en marcha su lucidez artística. Evidentemente, Abril Federico no se quedaría contento con estos versos y el diálogo continuó en los siguientes términos:

–Hombre, pero “hediondo” no rima con “floripondio”.
Estallando en una estrepitosa carcajada, el poeta replicó:
–Eso qué importa. El hecho es que tú eres hediondo

(2020: 27).

Esta toma de conciencia poética y su posterior impacto en el rumbo de la poesía, naturalmente, lo comprende mejor luego de sus amplias lecturas y de alcanzar madurez intelectual, más precisamente en 1916, año de la muerte de Rubén Darío. Sucede que, en el restaurante Los tumbos, en compañía de sus amigos de la Bohemia de Trujillo en el homenaje al autor de Azul, César Vallejo tomó la palabra y exclamó: “Darío era Darío, pero yo soy yo … Aquí llegamos al cero y del cero vamos a contar de nuevo” (2020: 39). Fue un momento casi histórico, pues luego Antenor Orrego expresó su sentir y un memorable vaticinio literario: “Tú eres genio, yo te proclamo el genio de la poesía americana; y por eso sufrirás mucho. (…) Tú eres el poeta nuevo superando en una ruta estelar a Darío” (2020: 40).

Con la intención de vincular vida y poesía, el autor nos comparte algunas anécdotas impulsoras de algún poema o verso en particular y decisivas en el título o la creación de una palabra en específico. Así sucede precisamente con el poema más conocido del poeta de Santiago de Chuco: “Los heraldos negros”. Enterado de que Nativa se había involucrado con el esposo de Aguedita, César Vallejo tuvo un incontrolable arrebato de cólera, pues no aceptaba que esta situación tan terrible estuviese ocurriéndoles a sus hermanas más queridas. Ni el café, ni las bebidas, ni la noche menguaban su angustia. Se narra que, luego de regresar al hotel El Arco, tomó una silla, “cogió lápiz y papel y asestando un puñetazo sobre la mesa, lanzó un grito estremecedor: Hay golpes en la vida, tan fuertes … Yo no sé! (2020: 56). Y ese fue el génesis del famoso poema vallejiano.

Respecto al término “Trilce”, Miguel Pachas Almeyda nos refiere dos curiosidades que permiten acercarnos a su origen. Primero, nos remite a una entrevista realizada por el periodista español César González Ruano. Ante la pregunta “¿Quiere usted decirme por qué llama a su libro Trilce y qué quiere decir “Trilce”?” (2020: 84), el vate peruano responde: “¡Ah! pues “Trilce” no quiere decir nada. No encontraba en mi afán ninguna palabra con dignidad de título y entonces la inventé: Trilce. ¿No es una palabra hermosa? Pues ya no pensé más: Trilce” (2020: 84-85). Segundo, nos menciona una conversación con su esposa Georgette en la que alude a la belleza de la palabra Trilce, pues “le gustaba de manera especial su eufonía, y acto seguido pronunció con suma delectación: “tttrrriiil…ce…” (2020: 85). En efecto, tenemos dos indicios curiosos sobre la palabra que dio título al segundo poemario vallejiano.

Este vínculo entre vida y poesía se observa de manera más estrecha cuando se cuenta el surgimiento del poema en prosa “Hallazgo de vida”. Luego de días de contemplación, César Vallejo se enamoró de Georgette Philippart, su risueña vecina de dieciocho años. Pese a las recurrentes advertencias de su amigo Juan Larrea por su condición de sudamericano, el apasionado poeta no pudo contener sus sentimientos y extasiado de amor escribió uno de los poemas más significativos de su etapa europea, cuya primera estrofa suena así:

¡Señores! Hoy es la primera vez que me doy cuenta de la presencia de la vida. ¡Señores! Ruego a ustedes dejarme libre un momento, para saborear esta emoción formidable, espontánea y reciente de la vida, que hoy, por la primera vez, me extasía y me hace dichoso hasta las lágrimas.
(2020: 111-112).

No obstante, la vida de Vallejo se construye también con vivencias dulces y agrias. En “Un maestro ternuroso” nos aproximamos a un docente que se dirige dulcemente a su pequeño alumno cansado: “Tú puedes llegar tarde siempre, no lo diré. Eres muy flaquito y te hace daño agitarte” (2020: 32). También alcanzamos a oír los ecos de un cariñoso trato de un maestro preocupado por el bien de su estudiante Ciro Alegría, a quien lo orienta: “Aquí te vas a sentar … Pon dentro tus cositas … No, así no … Hay que ser ordenado. La pizarra que es más grande, debajo y encima tu libro…” (2020: 33). Este despliegue de ternura da cauce hacia una filosofía de la bondad expresada en su etapa universitaria. Se dice que un tal Revilla lo había agredido físicamente cuando discutían en la Universidad de Trujillo y luego huyó. Ante ello, su compañero Federico Esquerre propuso que para hacer justicia era necesario que Vallejo también le pegue, propuesta que fue respondida con una reflexión que sorprendió a todos: “No, señores, para que a Revilla le duela, es necesario que yo no le pegue” (2020: 54).

Cierta vez había perdido su pasaporte y luego de varias horas logró encontrarlo. En el transcurso de la búsqueda, un amigo le había sugerido que se nacionalice francés, hecho que le contó a Gonzalo More y puso de manifiesto el amor a su patria: “Si algo tengo de ser humano y vuelo de cóndor, es porque nací en la sierra del Perú y aunque no tuviera pasaporte o me lo quitaran, jamás dejaría de ser peruano” (2020: 119). Ya hacia el final de sus días, sabemos que César Vallejo tuvo claro los ideales que había de alcanzar desde siempre y se lo hace saber a Georgette en 1937. A su pregunta de elegir entre una situación económica favorable y una situación precaria, pero con grandeza en la posteridad, con total convencimiento Vallejo le respondió: “¡Pero la posteridad!” (2020: 121). Efectivamente, su vida y sus poemas sobrevivieron al paso del tiempo y dieron luces en la posteridad.

Contadas con la claridad de un biógrafo honesto y escritas con ánimo pedagógico, Anécdotas y curiosidades de César Vallejo de Miguel Pachas Almeyda constituye un libro que acerca a los lectores neófitos y versados a instantes amenos, irónicos y de sutil tristeza de nuestro poeta universal. Entre sus páginas y de manera constante, escucharemos la voz de César Vallejo e intentaremos darle el tono que más sintonice con su vivencia. Quedamos invitados, entonces, a saber lo que vivió y escribió, pero, sobre todo, a intuir y conocer por qué en sus versos aún chirrían “oscuro sinsabor de féretro”.

¿Cómo te ha parecido este contenido?

¡Haz clic en una estrella para puntuar!

Promedio de puntuación 4 / 5. Recuento de votos: 11

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este contenido.

Autor: Miguel Ángel Carhuaricra Anco

Egresado de la escuela de Literatura de la UNMSM (Perú). Escribo cuentos y canciones para mis pequeños sobrinos. Formo parte del Comité Editorial de Fabulador, Revista de Literatura Infantil y Juvenil. Actualmente, me desempeño como docente y dicto talleres sobre análisis e interpretación de textos poéticos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Salir de la versión móvil