Acerca de La Actualidad de lo Bello o el arte según Gadamer

Este texto es una colección de apuntes, ideas encontradas y breve análisis de La Actualidad de lo Bello, el arte como juego, símbolo y fiesta, un libro del filósofo y padre de la hermenéutica, Hans-Georg Gadamer. Es un libro publicado originalmente en 1977 que trata sobre el arte y la experiencia de recepción del arte, la belleza, la estética y la expresión de paradigmas y pretensiones de verdad a través de la invención poética.

La Actualidad de lo Bello reconoce la diferencia y lejanía entre el arte antiguo y el arte contemporáneo. El libro no es ligero, es un poco denso. En algún momento expresa que la obra de arte significa una expansión en el ser ¿Cómo explica esto?

Qué es lo bello y por qué lo bello es bello, es un dilema en el que otros filósofos de renombre como Hegel y Kant profundizaron. Y más recientemente personajes como Umberto Eco con su Historia de la belleza e Historia de la fealdad. Para Hans-George Gadamer escribir La Actualidad de lo Bello hace parte de sus indagaciones sobre la filosofía de lo bello y sobre la definición del arte en la actualidad. Un arte muy diferente del arte cristiano y el arte clásico del pasado. Este texto es una suma de comentarios y reseña sobre la edición con introducción Rafael Argullol: Gadamer, Hans-Georg. La actualidad de lo bello. Paidós. Barcelona. 1991.

Justificación de lo bello

El libro empieza reconociendo que el problema de la justificación del arte es un problema antiguo. Incluso desde las exigencias de saber planteadas por el socratismo, cuando se le exigió al arte una legitimación (ver pág. 29). Ciertamente, aún hoy algunas personas lejanas al arte preguntan, a veces indignadas, para qué sirve el arte, esas obras incomprensibles adoradas en higiénicas salas de exposición o en las rotondas de avenidas y parques.

Dice Gadamer: “Es un tema que se plantea cada vez que una nueva pretensión de verdad se opone a la forma tradicional que se sigue expresando en la invención poética o en el lenguaje artístico” (p. 29). Pero cuándo sucede esto ¿cuándo? Dice el autor, cuando caduca o es extinguida una forma de expresión por un poder dominante, por ejemplo la Oratoria en Roma.

Una pretensión de verdad expresada en la poesía o en la pintura, se puede ver con la legitimación del arte en manos del cristianismo en la edad media (en contraste con el analfabetismo de los pobres al no poder leer la Biblia).

La historia del gran arte occidental se puede leer en el arte cristiano medieval, luego en la renovación humanística del arte y la literatura greco-romana en el renacimiento, y luego en los cambios del siglo XVIII asociados a la Ilustración. Como punto seguido, Gadamer comenta que el renacimiento engendró “un lenguaje de formas comunes para los contenidos comunes de una comprensión de nosotros mismos”.

Los cambios sociales y las redefiniciones de lo que es verdad y lo que es correcto justifican nuevas formas de expresión. Por ejemplo, comenta Gadamer, la reforma alemana austriaca católica introdujo la forma de música realizada en el canto comunitario, los coros: “la unión del lenguaje hímnico latino y la melodía gregoriana cuyo don le había sido otorgado al Papa Magno” (P. 32).

¿Qué intenta Gadamer con este libro? Manifestar los fundamentos antropológicos sobre los que descansa el fenómeno del arte y desde los cuales podemos alcanzar una nueva legitimación.

La actualidad de lo bello y el carácter de pasado en el arte

Recuerda Gadamer que el carácter de pasado en el arte es una expresión de Hegel en la que formuló: saber nuestro saber mismo de lo verdadero. Según Gadamer, saber nuestro saber mismo de lo verdadero, solo se cumpliría, a los ojos de Hegel, cuando comprendiera y reuniera en sí la verdad tal y como se manifiesta en su despliegue histórico en el tiempo: “De ahí que la pretensión de la filosofía hegeliana fuese justamente elevar al concepto, también y sobretodo, la verdad del mensaje cristiano” (P. 33).

El carácter de pasado en el arte, se refirió Hegel y explica Gadamer, a que el arte ya no se entendía del modo espontáneo en que se había entendido en el mundo griego y en su representación de lo divino como algo evidente por sí mismo (P.35).

El libro La Actualidad de lo Bello se puede leer en este enlace en la página ddooss.org

En el mundo griego clásico, la manifestación de lo divino estaba en las esculturas y en los templos. Por ejemplo, pensar en la Atenea Partenos, la escultura crisoelefantina hecha por Fidias. En la gran escultura lo divino se representaba visiblemente en figuras humanas moldeadas por manos humanas. Sin olvidar que el principal componente de “divinidad” estaba en las proporciones usadas en esas esculturas y en esos templos. El número phi o la proporción aurea era precisamente algo divino expresado en las arquitecturas y formas.

Para Hegel, en la cultura griega Dios y lo divino se revelaban expresa y propiamente en la forma de su misma expresión artística. Mientras que “con el cristianismo y su nueva y más profunda intelección de la trascendencia de Dios – intelección es la acción y efecto de entender -, ya no era posible una expresión adecuada de su propia verdad en el lenguaje de las formas artísticas y en el lenguaje figurativo del discurso poético” (p. 35).

En fin, que con el cristianismo la obra de arte deja de ser lo divino mismo que adoramos. Algo que se tendría que ver con más detalle y ejemplos, puesto que tal vez esto no es del todo cierto y aquí hay que traer el libro de Serge Gruzinsky  La guerra de las imágenes, en el cual explica cómo las imágenes de la virgen en la conquista y colonia de México retomaron ese valor de “lo divino en sí mismo” que tenían los objetos sagrados prehispánicos.

En todo caso, el arte cristiano de occidente integró a la comunidad, a la iglesia y a la sociedad en general. En el renacimiento, los artistas llegaron a ser personajes conocidos y admirados, por el pueblo, la iglesia y la nobleza. Había una autocomprensión del artista creador.

La tesis general de libro: la tesis de Gadamer es que, con el fin de la época antigua, el arte tiene que aparecer como un fenómeno necesitado de justificación.

Aquella integración entre comunidad, iglesia y sociedad y su relación con el arte ha dejado de ser evidente y con ello la autocomprensión del artista en el siglo XIX dejó de existir. La modernidad ha engendrado una escisión entre el artista y comunidad, es un artista ya solo para el arte.

Esta escisión coloca al arte como provocación del artista moderno. El arte abandonó la perspectiva central renacentista, por ejemplo, solo ha de verse la destrucción cubista de la forma. Comenta Gadamer que históricamente, “la ingenua obviedad de que un cuadro es una visión de algo, ha quedado clara y radicalmente destruida”. Pregunta el autor: ¿Por qué la comprensión de lo que es el arte hoy en día representa una tarea para el pensamiento?

latón solía destacar que el saber y la capacidad de producción están subordinadas al uso y dependen del saber de aquel que va a usar la obra. Actualmente ¿Qué significa ese “utilizar” que es demorarse en la contemplación de la apariencia?

Frase y cita textual en el libro:El arte es posible porque la naturaleza deja todavía algo por configurar, le cede al espíritu humano un vacío de configuraciones para que lo rellene” (P. 48)

Qué es lo bello y la estética, algo más allá de la ciencia

La idea griega de lo bello estaba centrada en el orden regular del cielo, de lo divino. Allí se ven las permanencias y constancias del SER, en contraposición a la anarquía del humano sensible terrenal. Platón afirmaba que gracias a lo bello (relacionado con el amor) se consigue con el tiempo el recuerdo del mundo verdadero. Subraya Gadamer en esta concepción clásica sobre la belleza que lo bello no está en contraposición a la realidad sino que sale a su encuentro (con la naturaleza y las artes).

La función ontológica de lo bello consiste en cerrar el abismo abierto entre lo real y lo ideal” (P. 52) Afirma Gadamer. ¿Pero cómo entender lo bello? ¿Es posible que actualmente lo bello en el arte consiga aún cerrar este abismo?
La estética nace como una orientación filosófica en el siglo XVIII, la época del racionalismo, frente a la exactitud de las ciencias naturales. Desde el racionalismo, comenta el autor, la experiencia de lo bello y del arte parece un ámbito de arbitrariedades subjetivas en grado sumo. Ciertamente, en lo bello y en el arte reside una significatividad que va más allá de todo lo conceptual.

Kant buscaba una respuesta a la pregunta de qué es lo que debe ser vinculante en la experiencia de lo bello cuando “encontramos que algo es bello” para que no se exprese como una mera reacción subjetiva del gusto (ver página 57 del libro). Afirmaba este filósofo que lo bello no es “cientificable”: su crítica es una experiencia misma de lo bello.
Hacia mediados de siglo XVIII Kant hablaba de la autonomía de lo estético respecto de los fines prácticos y el concepto teórico. El arte se ha liberado de todos los temas de la tradición figurativa y de toda la inteligibilidad de la proposición… el arte llegó al arte por el arte.

El gusto es comunicativo, nos une en algún modo, en el sentido común, afirma Kant. En la experiencia estética el gusto representa un momento nivelador. El goce de lo bello es una satisfacción libre y desinteresada. Pero Kant superó el punto de vista del gusto por el punto de vista del genio. “el genio poético” como el favorito de la naturaleza.

Como la naturaleza, el genio crea algo que parecería hecho por reglas, pero sin adaptarse conscientemente a ellas. Eso es el arte, escribe Gadamer siguiendo estos planteamientos, crear algo ejemplar sin producirlo meramente por reglas.

El arte experimental de hoy crea preguntas

Gadamer comenta que el arte experimental de hoy crea preguntas, o cuestiones, que remiten a la base antropológica de nuestra experiencia del arte. La primera cuestión es acerca del arte como “juego” y comunicación, la segunda es acerca de que el arte moderno tiene cierta “indeterminación del remitir”, y la tercera cuestión es acerca del impulso comunicativo del arte o el arte como fiesta.

1. El arte es jugar con, es participación. En el arte “algo” es referido como “algo”. El arte invita a la actividad, es un continuo ser-activo-con. Siempre, el arte se lee, evoca, y nosotros “rellenamos”. En el arte moderno está el deseo de anular la distancia entre audiencia, público y obra. Esto es, concebir al espectador como co-jugador. “Siempre hay un trabajo de reflexión, un trabajo espiritual, lo mismo si me ocupo de formas tradicionales de creación artística que si recibo el desafío de la creación moderna” (P. 76).

Como es de esperarse del enfoque de Gadamer, subraya que frente a la obra hay un movimiento hermenéutico (por parte del espectador). Hay una identidad hermenéutica de la obra, hay algo en ella que entender, lo evoca. Entendiendo que el arte moderno no es tan “claro” como el arte que venía del cristianismo, “la no-distinción estética constituye el sentido propio del juego conjunto de entendimiento / imaginación que Kant describió en el juicio del gusto” (P. 79). El gusto es comunicativo, nos une, es, como señalara Kant, <<sentido común>>.

Hay experiencia estética no solo en presencia del arte, sino también en presencia de la naturaleza. Como dijera Hegel, miramos la naturaleza con ojos educados por el arte.

2. Gadamer dice acerca del arte moderno que tiene cierta indeterminación del remitir. Es decir, ser-remitido a lo indeterminado. A esta función Gadamer le llama “lo simbólico”. Símbolo es una palabra de origen griego que quiere decir “algo con lo que se reconoce a un antiguo conocido”. Afirma Gadamer: “El símbolo, la experiencia de lo simbólico, quiere decir que este individual, este particular, se representa como un fragmento de ser que promete complementar en un todo íntegro al que se corresponda con él” (P. 85).

Ser-remitido a lo indeterminado es la propiedad del arte moderno que no remite a la naturaleza y a su belleza, por lo menos no directamente. Puede remitir a otro orden: “La experiencia de lo bello y, en particular, de lo bello en el arte, es la evocación de un orden íntegro posible, donde quiera que éste se encuentre” (P. 85).

El arte contemporáneo nos impide explícitamente esperar de él la orientación de un sentido que se pueda comprender en la forma del concepto. Es decir, contrariamente al arte antiguo, el contemporáneo no remite a un sentido inequívoco con la forma de lo ahí representado. El arte actual, concluye Gadamer, siempre exige de nosotros una construcción (el arte antiguo no, ya estaba todo dicho).

¿Qué es la significación del arte? Pregunta Gadamer. Lo simbólico no solo remite al significado, lo representa, lo hace estar presente. En la aplicación del arte se conserva algo de esta existencia en la representación: “en la obra de arte no solo se remite a algo, sino que en ella está propiamente aquello a lo que se remite… la obra de arte significa un crecimiento en el ser” (P. 91).

3. El impulso comunicativo en el arte es entendido por Gadamer como el arte como fiesta. La fiesta es diferente al sentido del trabajo, la fiesta está más del lado de la celebración y la congregación. Rechaza el aislamiento y celebra la comunidad y la comunicación.

La fiesta tiene un carácter temporal: “toda obra de arte tiene una suerte de tiempo propio, que se nos impone” (P. 110). Este tiempo propio otorga a la obra de una unidad, la obra de arte es una unidad orgánica, cada detalle está unido al todo. Kant dice que el arte tiene una finalidad en sí mismo, sirve a la autoconservación, como un ser vivo, una unidad estructurada en sí misma, completa Gadamer. Aristóteles ya lo decía “una cosa es bella si no se le puede quitar o poner nada”.

La esencia de la experiencia temporal del arte consiste en aprender a demorarse en ella: “se trata de que aprendamos a demorarnos de un modo específico en la obra de arte… cuando más nos sumerjamos en ella, demorándonos, tanto más elocuente, rica y múltiple se nos manifestará” (P. 10).

¿Qué reto tiene el arte de hoy?

La pregunta que plantea el arte de hoy tiene la tarea de juntar algo hecho pedazos por la tensión entre la apariencia histórica del arte (tradicional y familiar) y la apariencia progresista del arte (una crítica continua e ideológica). Dice Gadamer que el auténtico enigma que el arte presenta es la simultaneidad de presente y pasado.

De qué manera llega el arte a ser una superación del tiempo, pregunta. A través de una fundamentación antropológica en el fenómeno del juego como un exceso. Co-participando, en nuestros esfuerzos creativos, uno de los motivos principales es “retener lo fugitivo”. El juego del arte dice Gadamer, otorga permanencia.

Por otra parte, comenta el autor que lo simbólico es aquello en que se reconoce algo: reconocer algo como lo que ya se conoce. Al re-conocer, por lo tanto, se capta la permanencia en lo fugitivo. Llevar este proceso a su culminación, dice Gadamer, es la función de lo simbólico en el arte. Pero si el arte de hoy está tan lejano del arte tradicional ¿qué es lo que propiamente reconocemos en sus representaciones?

Una de las últimas ideas en el libro es que quien crea que el arte moderno es una degeneración, no comprenderá realmente el arte del pasado.

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