La vorágine: entre el caucho y el Amazonas

La novela La Vorágine toma como contexto la problemática del caucho en la Amazonía colombiana. Publicada en 1924, esta novela causó sensación y se convirtió en un referente ficcional importante para la literatura latinoamericana. Escrita por José Eustasio Rivera, quien supo narrar los padecimientos que sufrían los indios en las caucheras amazónicas.

Reseña de La Vorágine

La Vorágine tuvo un gran renombre, tanto así, que se convirtió en una de las novelas más importantes de Colombia. Su éxito tiene que ver con la forma en que la novela adquiere un carácter de protesta social porque en sus páginas se documenta una realidad política, económica y cultural, a principios del siglo XX.

Reseña del libro La Vorágine
Cubierta de La Vorágine de José Eustasio Rivera. Edición de Montserrat Ordóñez para Cátedra editorial

Esta novela buscó poner de manifiesto la explotación cauchera que se dio en las selvas del Putumayo Colombia. Asimismo, expuso la matanza y el horror que vivieron los indígenas esclavizados por las empresas caucheras que se instalaron en esos territorios fronterizos, empujados por un mercado global agresivo procedente del norte que concebía a la selva como una zona propicia y facilitadora de recursos naturales, entendida, igualmente, como región salvaje con necesidad de modernidad.

Por otro lado, el texto muestra cómo los indios guahibos son capturados por el cauchero tirano, que va de maloca en maloca. Estos serán aprisionados con sogas en sus puños, obligándoles a permanecer como esclavos cautivos en las plantaciones caucheras, y todo este acontecer se dará en los parajes selváticos colombianos.

La selva será el espacio en donde transcurre toda la historia. Ésta se describe como un ser vivo que aparece frente al lector o lectora, con descripciones textuales melancólicas, presentada como una gran planta depredadora que engulle a los individuos foráneos que se han aventurado a ingresar a su frondosidad: predominará la violencia de la naturaleza descrita como devoradora de seres humanos sin dejar rastro.

El espacio selvático en esta narración se presenta como angustioso porque detalla con naturalidad su crueldad. Describe vegetales raros que pegan sus tentáculos a los troncos, retorciéndolos para injertarlos y transformarlos, así como en toda clase de bestias y bichos que causan terror. Millones de hormigas destructoras o comejenes que abaten los árboles gigantes.

La exposición que se hace de los parajes selváticos colma de angustia al lector o lectora detallando sapos hidropónicos, parásitos afrodisíacos, cuencas y estanques llenos de olores nauseabundos, flores que, si rozan la piel, dejan llagas incurables y en lugares donde se reproducen sonidos lúgubres y mortuorios en las noches oscuras y fantasmales.

La flora y la fauna que se detalla en la novela hacen imaginar que cada ser, ya sea planta o animal, tiene sensibilidad. Rivera anima, dinámicamente, la vegetación y concede cualidades humanas a la selva. Cuando se refiere a los árboles de caucho, los muestra como personajes que están siempre a la defensiva, porque el ser humano solo los quiere desangrar. Entonces, nubes gigantes de jejenes y mosquitos los protegen y los guardan.

La técnica descriptiva de Rivera es de un naturalismo extremo, es un relato angustioso en donde expone el espacio selvático como un lugar misterioso y, a la misma vez, chocante con matices sublimes. Es justamente en este escenario en donde se desarrolla toda la trama de esta novela, lo que permite exponer cómo se ha construido el espacio selvático en la literatura colombiana.

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