Leonardo Padura: Pasado Perfecto

Siempre me he visto incapaz de explicar las razones para enamorarme de un libro o de su protagonista. Ante la pregunta – ¿Por qué te gusta este libro?- me siento estúpida y digo cosas como «no sé, su estilo» ; «es que es…diferente». ¿Pero qué estilo? ¿Qué es diferente y comparando con qué cosa?

Pasó igual con Pasado Perfecto, el libro del escritor cubano Leonardo Padura y su detective, el Conde, Mario Conde. Cuando un libro me engancha, después de terminarlo suelo llevarlo conmigo en el metro o tranvía para buscar su secreto: releer unos párrafos, anotar frases que me hacían pensar o me producían sonrisas reprimidas o las que no entendía y aún trato de entender.

Pasado Perfecto, una novela de Leonardo Padura Fuentes
Pasado Perfecto. Novela del escritor Leonardo de la Caridad Padura Fuentes. Un libro publicado por Tusquets Editores.

La historia de dicho Mario Conde empieza en una mañana de resacón tremendo y el detective -con un esfuerzo sobrehumano :D- logra responder a la llamada de su jefe: tiene que investigar la desaparición de un hombre ilustre del ministerio, su viejo compañero de la Pre, un líder exitoso y de reputación impecable.

El Conde se sumerge en el caso y así comienza un viaje hacia su propio pasado con preguntas embarazosas y enfrentamientos indeseables – sin faltar el recuerdo de un amor platónico y el reencuentro con ello. En esa búsqueda de pistas recorremos algunos barrios de la Habana («el aspecto del barrio debía de ser como el suyo: una especie de paisaje después de una batalla casi devastadora»), entramos en el mundo del Conde («Dormir, tal vez soñar, se dijo recuperando la frase machacona que lo acompañó cinco horas antes, cuando cayó en la cama, mientras respiraba el aroma profundo y oscuro de la soledad”), estudiamos sus vergüenzas, entendemos sus razones para tener un pez peleador como mascota («peces sin manías ni personalidad definida, que a cada muerte podía sustituir por uno similar»).

Y al final de toda esa aprendizaje ya no nos sorprende la revelación por parte del mejor amigo, el Flaco («que ya no es flaco»): «eres un recordador de mierda». ¿ Y qué más pasa en este libro? Tengo la sensación que no me importa, tengo la sospecha que ya no sigo tanto el hilo de la investigación, sino la historia amorosa de Conde y sus esperanzas hacia un futuro más feliz o más significante que el pasado – lo que nunca, jamás, aunque parezca, puede ser perfecto.

Soy húngara, y como no he estado en Cuba ni creo en los estereotipos, diría que no sé nada de su gente. Tengo la certeza que uno solo sabe «algo» de otro pueblo u otra cultura si llega a conocer por lo menos a uno de los suyos- un representante, algún mensajero de su subconsciente colectivo. Y de allí ya se puede formar una idea – incluso decir tonterías de los cubanos, jactarse como educado y culto por su sabiduría al respecto.

Pues yo, decididamente voy a creer que ser cubano es algo parecido a un «policía triste», el famoso Mario Conde, hasta que un día encuentro con otro cubano- en persona – que se atreve a contradecirme y deshacer mis prejuicios bien fundados.

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