La caída de los gigantes de Ken Follett, reseña y comentarios

Reseña de La caída de los gigantes de Ken Follet
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El título de esta entrada también podría ser «La caída de los gigantes, una visión británica entre la ficción y la realidad». Ciertamente La caída de los gigantes de Ken Follett es uno de los libros voluminosos que he leído. Las 1017 páginas de novela histórica me han dejado tres ideas o impresiones principales: 1.) Que, históricamente hablando, los “gigantes” no han caído en realidad, se han transformado, si bien algunas nobles cabezas han rodado. El Zar Nikolái Aleksándrovich Románov, el Kaiser Guillermo II y el rey Francisco José de Austria, personajes tan gigantes como funestos, cayeron. Pero, visto lo visto, y aunque el mundo se ha democratizado un poco más, las antiguas familias nobles y aristócratas europeas siguen ostentando un gran poder e influencia en sus países. 2.) Esta novela es el resultado de una gran investigación, inspiración y fertilidad literaria de Ken Follet; un trabajo contrastado con documentos históricos y revisada por especialistas con el objetivo de cuidar la verosimilitud y situar al relato ficcional sobre una sólida y científica base histórica. Es una novela histórica en toda regla. 3.) Que la narración de esta novela me hace sentir más cerca de una telenovela o de una película de Hollywood. En otras grandes obras de la literatura como Por el camino de Swam de Proust o 100 años de soledad de García Márquez, no he tenido esa sensación audiovisual. Con La caída de los gigantes me ha parecido leer un guión para una película, más que una novela. De hecho, muchas de las obras de Follett han sido llevadas a la televisión. Cada punto de los anteriores demanda profundización…. Durante varias semanas, el relato me fue llevando a los inicios del siglo XX y me hizo sentir que entendía mejor cómo el mundo occidental había girado durante esos años de la Primera Guerra.

Esta reseña y comentarios están hechos a partir de la lectura de la primera edición de Plaza y Janés del año 2010 publicada en España, el mismo año de la primera edición original del libro; Fall of giants es el título en inglés. También hay que mencionar el notable trabajo de traducción hecho por ANUVELA (Ana Alcaina Pérez, Verónica Canales Medina, Roberto Falcó Miramontes, Laura Manero Jiménez y Nuria Salinas Villar).

Breve reseña de las 1017 páginas de La caída de los gigantes en un puñado de párrafo

La narración comienza en 1911 en un pequeño pueblo minero de Gales, Aberowen (Ket Follett es oriundo de Cardiff, Gales). Aunque, al decir del propio autor, la narración entre 1911 y 1914 sirve más bien de prólogo, dando a conocer el modo de vida minero y un ambiente social cargado de precariedad, cultura cristiana y una naciente conciencia sindical. El grueso de la historia narrada en la novela abarca el periodo de 1914 a 1924. De hecho, 34 de los 42 capítulos de la novela se explayan en los años de duración de la Primera Guerra Mundial, de 1914 a 1919. Es decir, esta es una novela que explica la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa a partir de las vidas y dramas amorosos de un grupo de individuos.

La novela narra el destino de 5 familias durante esos años, a lo largo de los cuales Europa sufre un punto de giro. Una familia americana, dos familias inglesas (una obrera y otra aristócrata), una familia alemana y una familia rusa, viven sus historias de amor, pasión y odio sobre los rieles de los grandes eventos de esos años. La Gran Guerra y la Revolución Rusa son contadas y de cierta forma explicadas a través del desarrollo de los diversos dramas de los personajes, lo cuales tienen diversos puntos de contacto y directa o indirectamente llegan a ser protagonistas en los conflictos mundiales.

Las familias inglesas son la familia Williams, una familia galesa minera de Aberowen, y la familia Fitzherbert, que ostenta un título nobiliario y es dueña de la tierra donde se explota el carbón. Este contraste le da picardía al relato puesto que la hija mayor de los Williams queda embarazada por el Conde Fitzherbert, y el hijo menor, Billy, va a la guerra. La familia rusa, los Peshkov, es una familia campesina desplazada a Petrogrado, donde la madre muere y sus hijos, Lev y Grigori, se hacen obreros. Los Peshkov están situados convenientemente en esta ciudad porque es en allí donde tiene lugar el trágico Domingo Rojo, el 9 de enero de 1905, y donde años más tarde, en 1917, estalla la revolución rusa. La Familia americana, los Dewar, es la familia del senador Cameron Dewar; su hijo Gus es asesor diplomático del 28º presidente de los Estados Unidos Woodrow Wilson. La familia alemana son los Von Ulrich; el hijo, Walter Von Ulrich, es un agregado militar en la embajada en Londres y representa un espíritu alemán europeo y democrático, mientras que su padre Otto Von Ulrich representa a la aristocracia conservadora con una marcada inclinación antisemítica que décadas después sumergiría a Alemania en una nueva tragedia.

El drama de estas familias está tejido en los acontecimientos reales de ese periodo histórico. Por ejemplo, Ethel Williams, madre del hijo bastardo del Conde Fitzherbert, se muda a Londres y llega a ser una importante líder defensora de los nacientes derechos de la mujer y logra tener un asiento en el naciente partido laborista. Mientras que el conde, oficial, veterano de guerra, parlamentario, conservador, lucha por mantener el status quo de la alta sociedad inglesa. Para el conde, la guerra tal vez no era tan mala idea, lograría unir a la nación contra un enemigo en común y “sofocaría las hogueras del malestar social… ya no habría más huelgas… todo el mundo consideraría el republicanismo como antipatriótico”. El conde Fitzherbert comparte con Churchill una visión negativa sobre los bolcheviques, razón por la cual, buscan apoyar a un ejército anticomunista en Rusia.

Billy Williams, también va al ejército, donde asciende a Sargento y al regresar a casa también ingresa en el partido laborista pero como representante del pueblo minero de Aberowen. En esta época el carbón es protagonista, es una gran fuente de riqueza, no obstante, se empezaba a sentir la tensión de la nueva fuente de energía que revolucionaría el siglo XX, el petróleo.

La hermana del Conde Fitz, Lady Maud, es una joven acomodada con inclinaciones de izquierda. También defensora de los derechos de la mujer, congenia con la hija de la familia minera, Ethel Williams, y juntas en Londres trabajan en un periódico independiente y progresista. La historia de Lady Maud es interesante porque justo al inicio de la Guerra se casa con el alemán Walter Von Ulrich. Este lazo permite mostrar el conflicto bélico desde el lado alemán, además de las restricciones morales respecto al matrimonio y la nacionalidad en ese contexto. Adicionalmente, permite mostrar la atmósfera social y económica a la que se vio arrojada Alemania después de la guerra: un contexto de inmensa devaluación económica en el cual muchas personas sintieron que Alemania había sido agredida profundamente con la exigencia de pagar una gran suma como reparos a la guerra. Una de las consecuencias es el surgimiento del partido nacional socialista.

Las ambiciones territoriales de los países y reinos a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, fueron la base para el desarrollo del conflicto mundial, el cual es muy bien documentado por Follett. De hecho, dice este autor en múltiples entrevistas que no quería tomarse ninguna libertad con la historia, así que su manera de articular los periplos de los personajes ficticios con el contexto histórico documentado ha sido ubicar a estos personajes en esos momentos históricos y con esos personajes reales, todo en una atmósfera bien documentada. Por ejemplo, cuando Walter y Maud asisten a la firma del Tratado Versalles, el cual daba inicio a la Sociedad de las Naciones, ratificaba los 14 puntos de W. Wilson y despojaba a Alemania de sus colonias en África y de un tercio de su territorio en Europa. También el personaje ficticio de Grigori Peshkov permite ver en Rusia el papel de Lenin en el triunfo de los bolcheviques y su tensión con los mencheviques.

Las historias de amor y matrimonios de la familia rusa, es decir, de Lev y Grigori Peshkov también son muy sencillas y estereotipadas, pero enclavadas en esos momentos álgidos de la historia: Por ejemplo, la madre de estos dos había sido asesinada por el ejército el 5 de noviembre de 1905, Grigori llega a ser un miembro muy importante del partido Bolchevique después de su paso por el ejército ruso en la guerra y Lev representa a uno de los tantos emigrantes que llegaron a Estados Unidos huyendo de una realidad monárquica, conservadora y con pocos derechos que se vivía en Europa. La sorpresa de Lev al llegar a Estados Unidos y ver un país sin Zar ni Rey, donde se facilitaba la posibilidad de hacer negocios, expresa la imagen de oportunidad que se tenía en aquel entonces del país del tío Sam.

La familia americana, en especial Gus Dewar cumple la función de enseñar la posición del gobierno estadounidense en el conflicto europeo. Gracias a este personaje se siguen las decisiones tomadas por el presidente Wilson e invita reflexionar en esto: mientras Estados Unidos promulgaba en Europa el derecho de autodeterminación y libertad en los países del mundo, haciendo un llamado a la descolonización, ese mismo gobierno mantenida la segregación racial en su territorio y sentaba las condiciones de explotación de Latinoamérica.

La vida de los diversos personajes en la novela muestra la división de las clases sociales y la mezcla de las mismas en ese convulso inicio del siglo XX. Lev Peshkov, inmigrante ruso en Buffalo, sin educación ni dinero se casa con la hija de otro inmigrante ruso, pero poderoso, mafioso y acaudalado, dueño de una fábrica metalúrgica y de bares de ocio. También el burgués Gus Dewar termina casándose con una reportera de clase media. Sin duda alguna, La caída de los gigantes es una estupenda fotografía del primer cuarto del siglo XX en Europa, una lección de historia vista desde las vivencias “mínimas” de cualquier individuo, a partir del día a día cotidiano de ciudadanos como lo pueden ser los millones de lectores de este libro.

Pero frente al proyecto tan interesante como arriesgado de trazar esa historia desde la literatura, me pregunto si Ken Follett se ha planteado si su obra no está cargada con una ideología. Es decir, frente a la inversión que hace el autor por “blindar” su novela con hechos históricos corroborados, investigados y revisados por historiadores propiamente dichos me pregunto: ¿Es posible que esta novela apoye una versión de la historia cargada idelógicamente? La novela se desenvuelve entre tensiones políticas, partidos e ideologías ¿Es posible que la novela o Follett mismo se incline hacia una u otra posición?

La guerra que describe es una guerra por dominar Europa. Una visión germánica versus una visión británica. Una guerra entre potencias colonialistas finalmente. También muestra un escenario social que tiene cierto recelo frente a la conquista de derechos y el ascenso sociales. Ya en esa época, los burgueses, aristócratas y dueños de medios de comunicación veían a los socialistas como alborotadores. Gente que haría perder o ganar menos dinero a los ricos. Para responder a las preguntas planteadas en el párrafo anterior, tendría que leer toda la trilogía, de la cual La caída de los gigantes hace parte.

Fotografía al interior de la novela La caída de los gigantes de Ken Follett. Ed Plaza y Janés.

La caída de los gigantes entre la ficción y la realidad

La caída de los gigantes hace parte de una trilogía titulada “El siglo”, The century, refiriéndose al siglo XX. La caída de los gigantes abarca los acontecimientos de la Primera Guerra Mundial. El siguiente libro, El invierno del mundo (Winter of the world), la Segunda Guerra Mundial. Y la tercera publicación, El umbral de la eternidad (Edge of eternety), la Guerra Fría. La revisión histórica de Follett con esta trilogía es admirable y obliga a preguntarse sobre los vínculos entre ciencia histórica y literatura. Tal vez el gran éxito de estas novelas en el mercado tenga algo que ver con la mitología moderna: es decir, recuperar esa forma antigua y mitológica, diferente de la científica, de contar la vida de los antepasados a partir de héroes, leyendas y usando los temas de siempre como el amor, el matrimonio imposible, o el hijo rebelde.

La caída de los gigantes es una novela histórica en toda regla. Tanto que Ken Follett subraya, frente a los que lo felicitan por tan notable retrato de la historia, que su libro es una novela, no un libro historiográfico. No obstante, Follett si contrató a 8 historiadores profesionales para que revisaran el texto y lo asesoraran con los detalles históricos.

Finalmente, el tema de fondo no es tanto la guerra o la revolución rusa, sino que va más allá, la trilogía intenta responder a la pregunta ¿Qué es la civilización occidental del siglo XX? Ciertamente, Ken Follett ha hecho su mejor esfuerzo para contestar. Dice que nadie más ha intentado hacer esto a partir de la literatura.

El éxito de ventas de La caída de los gigantes (y los otros dos libros) sumado a esta aguda unión entre literatura e historia contribuye a lograr un efecto no poco importante: un efecto por el cual la población accede a la historia a través de la ficción. Es decir, aquel efecto a través del cual la población accede a bloques de verdad social y culturalmente aprobadas, historiográficamente defendidas, científicamente defendidas, a través de un storytelling que yace en la ficcionalidad.

Este “efecto” es un tema en el que Jean Baudrillard ha insistido, desvelando cómo a través de los medios de comunicación y la industria del entretenimiento la gente consume una seductora verdad ficcional, que resulta más conocida, más aceptada y más influyente que la propia realidad. Una ficción más real que lo real, afirma. Ciertamente, el caso de las novelas no es tan extremo como en el caso del cine, las series de televisión, los cómics, entre otros. McLuhan sentenciaba “el medio devora el mensaje” y para Jean Baudrillard esto es correcto, solo que este fenómeno va más lejos, el mensaje ha terminado por devorar lo real “aboliendo la distancia entre representación y lo real, la simulación en los medios llega a producir un ‘real más verdadero que lo real’”.

La novela histórica tiene esta característica: busca representar lo real, desde la ficción. Solo que la representación nunca es objetiva, siempre está cargada con sentidos, orientada a ciertos significados, montada sobre protagonistas usualmente ficticios que expresan una versión de la historia, o la historia vista desde un punto de vista, o desde algún ángulo ideológico, y lo más importante, sin la pretensión de objetividad que puede tener la disciplina histórica propiamente dicha.

Autor: julianbueno

Una persona aprendiendo a leer y con el objetivo de reseñar los libros que encuentra en su camino como una estrategia para volver a ellos a través de sus apuntes.

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