Los Mártires, en defensa de sus propias palabras

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Veintiún relatos sobre hombres (sólo hombres) que encontraron en la literatura y en el arte el lugar de sus pasiones y de su creatividad, componen el libro Los Mártires (Seix Barral -biblioteca breve, Bogotá 2004. 182 páginas) del payanés Juan Esteban Constaín.

Los Mártires que ha escogido Juan Esteban Constaín son personajes históricos, escritores, poetas o filósofos, muy distintos entre sí y que de alguna manera, cada uno en su tiempo, comparten haber sido objeto de persecución, de engaño, de alguna tortura o suplicio, sufrido en defensa de sus propias palabras. {Esta reseña fue publicada originalmente en la interesante pero desaparecida revista editada en Bogotá Pie de Página}

Francisco de Quevedo en la España del siglo XVII o Luis de Camoens en el reino Lusitano del siglo XVI, son dos buenos ejemplos de estos mártires. Constaín pone en relieve dos aspectos biográficos con sus relatos, como él lo dice, nacidos de la admiración, la gratitud, y en un par de casos, de la indignación.

El primero, es mostrarlos como los protagonistas de fábulas cotidianas en las que estos regios personajes, como Percy Bysshe Shelley, vivieron las tribulaciones comunes, corrientes y universales que todo ser humano sufre; y el segundo, es revelarlos como peregrinos, viajeros o exiliados, en todo caso, como emigrantes de un mundo que no gozó del todo de su favor.

Los mártires. Juan Esteban Constaín. Seix Barral

No por la alabanza que les aguardó en el futuro, Constaín ha dejado de mostrarnos, en una mezcla de historiografía y creativa invención, pasajes apócrifos de la vida de Sócrates en Grecia o de Joseph Conrad en Cartagena de Indias. Y con una gran elocuencia y evidente amor, la vida desconocida de “Los Mártires” oscila entre duelos, decapitaciones, intentos de homicidio, envenenamientos florentinos y mal de amores; pero no por tan trágicos sucesos cada uno de los relatos ha dejado de ser ameno y de expresar por algún lado la alegría. El autor no escatimó esfuerzo alguno en sembrar los relatos de imágenes muy claras y recurrentes, que acomodan su tono al semblante del personaje encarnado, para que en la lectura nos encontremos con historias como la de Ovidio menospreciado por el Augusto Cesar Octavio o la del poeta bogotano Luis Vargas Tejada, admirado y odiado por el “Egregio padre de las patrias” Simón Bolívar.

Los Exilios de Voltaire y de Rimbaud también están llenos de experiencias sorpresivas e intimidades que a más de un ortodoxo podrían ofender, así como el viaje de Dickens a Italia, el de Cervantes a África o el de Chateaubriand a Palestina. En definitiva, Constaín manifiesta, sin importar el reconocimiento o veracidad de lo que fueran los últimos días de Hölderin, Pushkin o Shakespeare, la pregunta, harto repetida, acerca de la similitud entre la literatura y la vida ¿cuál inspira a cuál? Los retratos que el autor hace de las figuras repartidas en su libro, podrían ser calificados, en mi entusiasta opinión, de impresionistas.

Autor: julianbueno

Una persona aprendiendo a leer y con el objetivo de reseñar los libros que encuentra en su camino como una estrategia para volver a ellos a través de sus apuntes.

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