Poeta muerta, una publicación visceral

Reseña de Poeta muerta - Patricia Heras
4.3
(7)

Poeta muerta es una publicación visceral, una compilación de letras íntimas, honestas y crudas que revelan a su autora, Patricia Heras; el libro es un retrato de su intenso sentir, es un diario fragmentado, es un homenaje post mortem, es una publicación que revela el interior, sediento y tierno, de una persona que se había descubierto en el margen del sistema y en lucha contra los convencionalismos. El libro también es una obra literaria, poemas, ficciones mezcladas con pasajes autobiográficos, cartas, confesiones, sueños, alucinaciones, delirios y orgasmos; es una clara declaración de principios basados en la pasión, la inocencia y la ruptura con los diversos y minuciosos sistemas de control y encasillamientos socioculturales que moldean nuestros géneros, edades, gustos, pasos, sueños, modas, discursos y preferencias. Si, entre muchos otros libros de libertarios, rebeldes y poetas antisistema, este libro es algo más, la firma específica de Patricia, la obra de una desconocida.

El libro Poeta muerta fue publicado en febrero de 2014 y ese año adquirí un ejemplar. Un año antes yo había visto el documental Ciutat Morta, pero desde el año 2008, cuando llegué a Barcelona, el caso del 4F era conocido en la universidad, en círculos culturales y ya hacía parte de la indignación popular…  solo hasta el año 2021 leí el libro. 10 años después del suicidio de Patricia Heras. Aunque no conocí a Patricia, ni a sus amigxs, ni a nadie involucrado con el 4F, leer este libro me ha hecho sentir cerca de ella (es uno de los efectos de la literatura) y también me ha obligado a recordar el oscuro fenómeno que es el 4F. Poeta muerta, una lectura necesaria.

  • Poeta Muerta
  • Patricia Heras
  • Ediciones Capirote
  • Barcelona. 2014
  • 297 páginas
Egocidio, capítulo en el libro Poeta muerta, de Patricia Heras

Diana J. Torres describe a la Patricia que se expone en esos textos como: Precaria, yonki, suicida nata, ninfómana, presa y payasa. Adjetivos acertados que bien describen a la Poeta muerta, poeta difunta, y que hablan de un mismo lugar desde el cual se balanceaba: el límite, la frontera, el borde, un lugar lejano al centro, la periferia, un lugar liminal.

Los textos tienen títulos y versos que nos muestran cómo es vivir intensamente desde esa frontera, desde la que se nota más la agonía del sistema y los, a veces mortíferos, sentimientos humanos: “Mi vena sin sangre”, “miedos que me arrastran de los pelos por el suelo”, “la razón muere”, “descenso a los infiernos”, “fe en el caos”, “a la mierda la cordura”, “me aturde el hedor cálido de la masa”, “todo lo aprendido es erróneo” , “todo está destinado a morir y desaparecer”, “qué jodidamente sórdida es la navidad”. Patricia Heras, poeta muerta, poeta maldita, me ha hecho pensar en un tal Conde de Maldoror.

También hacer el amor, follar, revolcar el cuerpo con otros cuerpos, está presente en su poesía. Hacer el amor es una explosión, son espasmos, es un sentir que desquicia, porque unirse así con alguien es desbordante, te asesina y te resucita. Todas las reseñas y noticias publicadas sobre Patricia Heras y su libro resaltan que era una persona muy sensible, pero ¿quién no lo es? ¿o sensible en qué aspectos? Mi observación es que, más que sensible, sus escritos expresan a una persona entregada a la sensibilidad y al placer. Esa entrega no puede sino chocar contra los límites estrictos de los modelos sociales. En la modernidad todo acerca del individuo ha sido “contenerse”, “definirse”, ponerse límites, por el contrario, entregarse a los placeres es “dejarse ir”, dar rienda suelta al yo, un yo a veces inconsciente. No obstante, por más que la Poeta muerta quisiera dejarse ir, otras fuerzas, más grandes, la forzarían a quedarse quieta, adentro de la norma. Posiblemente eso es lo que nos pone en vilo. Casi visionariamente, en el poema “Decirte que” expresa: “Parece que el viaje se vuelve tranquilo y me pierdo un rato volando, hasta que cientos de manos me arrancan la ropa e intentan cazarme, me elevo pero no lo suficiente y me arañan con fuerza por todas partes al intentar escaparme”.

El inconformismo que crece en el mundo

Esta obra desvela una de las características del mundo actual y que tal vez no recibe suficiente atención: frente al aplastante alienación de las series y las pantallas, también hay un creciente inconformismo, profundo, mitológico, que aflora, grano a grano, desde el inusual tuétano humano. Muchos sienten este gran inconformismo, muchos lo soportan en silencio, otros, como Patricia, no podían callarlo.

“Supongo que eso forjó mi carácter de víctima solitaria enfadada con el mundo y me acostrumbré al papel del antisocial”

Patricia Heras

Dice de sí ser una inconformista nata; un temprano e infantil sentido del suicidio y el dolor de la manipulación social, sentirse no encajar, la necesidad honesta de pasar a través de las definiciones heteropatriarcales de la feminidad, eran tópicos presentes en su cotidianidad: “Insufrible existencia, sabedora de estar atrapada en una realidad enferma e infecta poblada de repulsivos y necios parásitos inmutables” (2014: 90).

No necesariamente todos los poemas son autobiográficos, pueden ser ficción también. No obstante, como lector soy testigo de cómo muchos de sus textos hablan sobre lo que se siente vivir el dolor de vivir. La fricción entre su piel suave y un universo social, cultural, vestido de lija, que te toca y toca, y que al intentar abrigarte te raspa y hiere.

Solapa y contrasolapa del libro Poeta muerta

Poeta prisionera

Es bien sabido que Patricia Heras fue detenida ilegalmente, acusada, golpeada y condenada injustamente. El juicio contra ella tardó 2 años en celebrarse, concluyendo con una condena que llevaría a Patricia a experimentar el peso bruto del sistema: en la prisión, entre rejas, bajo la mirada de evaluadores, médicos y psicólogos que finalmente aprobaron darle el Tercer Grado, Patricia sufrió la ansiedad que da tener que “reformarse” de cosas basadas en la mentira. Una vez más el torpe y sesgado sistema de justicia se cobraba una víctima. Ya desde la Apología de Sócrates, se ve qué tan torpe, por decir lo menos, es esa justicia.

La cárcel empobreció fatalmente la tolerancia de Patricia. Ya era prisionera de un sistema en el que la mayoría se siente ilusoriamente libre, pero la injusta condena agotó su ilusión. “Ahora no puedo evitar ver la cárcel por todos lados” (2014: 285).

Poeta muerta - el desorden de hoy es el orden de mañana

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Autor: julianbueno

Antropólogo, admirador de la literatura, la filosofía y el arte; escribir reseñas y análisis de libros es una manera de volver a ellos a través de nuestros apuntes. En Lectura-abierta.com todo el mundo está invitado a publicar sus experiencias de lectura.

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