Sin blanca en París y Londres: un análisis sobre la pobreza

Análisis literario de Sin blanca en París y Londres

Al leer Sin blanca en París y Londres de George Orwell he pensado que la sociedad moderna se ha construido sobre los hombros de los pobres e ignorantes con la promesa de que algún día dejarían de serlo. (Nuestros hombros pobres e ignorantes). Se trata de un libro que explora la vida cotidiana del vagabundo, del pobre, del esclavo moderno, del hambriento, en las dos ciudades nombradas, en el periodo de entre guerras. George Orwell observa en esta obra que los empleos más viles son una forma de esclavismo moderno, y se pregunta sobre el por qué de estos esclavos. Afirma que en la sociedad moderna pervive el miedo a la masa, y para combatirla hay que mantenerla ocupada con largas jornadas de trabajo mal pagado y extenuante.

Para escribir este tipo de breve análisis, comentarios y citas textuales de la novela he leído una publicación de ediciones Destino de 1976, Barcelona. Compré el libro en un mercadillo de segunda mano y para mi sorpresa encontré que este ejemplar había sido parte de una biblioteca en Estocolmo.

Si bien esta novela de 1933 es una obra clasificada como ficción, no por ello debe descartase el reflejo que hace de la vida real, de la vida de la pobreza y la mendicidad. Tiene mucho autobiográfica y de etnográfica y tiene el acierto de dar un vistazo sobre las condiciones de vida del muy pobre y del sin techo. De hecho, Orwell cita algunos datos estadísticos del London City Council sobre la población de vagabundos en esta ciudad. También sugiere en la última página que el libro es más bien un cuaderno de viajes. Dice esto sobre el libro: “Es una historia bastante trivial, y solo me cabe esperar que interese como interesa un diario de viaje. Por lo menos puedo decir: Este es el mundo que te espera si te quedas sin dinero”.

Casi etnografía y análisis de la pobreza urbana

George Orwell desvela en Sin blanca en París y Londres el mundo de la pobreza en estas grandes urbes, un submundo paralelo a la soñada clase media del proyecto de sociedad moderna, un submundo donde se vive día a día al borde del hambre. En otra novela, en Trópico de cáncer de Henry Miller, ya había leído ese paisaje mugriento y miserable del París vagabundo, pero a diferencia de este libro, la narración de George Orwell es menos sufrida y quejumbrosa que la de Miller, y además, es más etnográfica y analítica. En las dos novelas la presencia de los chinches se reitera.

“Sin blanca” quiere decir sin dinero. El título original del libro en inglés es Down and out in Paris and London.

La novela hace una descripción de hospedajes de baja clase y auspicios de mendigos en París y Londres. El tono con el que narra su inmersión en la pobreza urbana es el de un descubrimiento. El autor relata la vida en “lugares sucios pero acogedores”, en las callejuelas y el mundo subterráneo de los empleados más bajos de los restaurantes de hoteles de lujo: los plongeurs o lavaplatos. Nadie te confiesa con tanta transparencia la vida de una persona como un escritor, dijera José Emilio Pacheco.

Este descubrimiento le lleva a afirmar cosas como esta: “La pobreza les libera de las normas corrientes de conducta, igual que el dinero libera a la gente del trabajo”. No obstante, no nos confundamos, no es ninguna apología a la pobreza, por el contrario, es una denuncia crítica del sufrimiento del pobre, una denuncia de un fenómeno social producido por el sistema capitalista. Como él mismo lo dijera, la escritura de George Orwell es una escritura política que describe la injusticia social. Este libro hace casi una descripción etnográfica y sociológica de los bares, hospedajes y cocinas de hoteles, de las jerarquías laborales, de las clases sociales, de las nacionalidades, los códigos y la cultura del trabajo jornalero por aquellos años.

Comenta, por ejemplo, que los hoteles y restaurantes de lujo en París reflejan la falsa necesidad de la modernidad. Cito: “No trabajan para lo esencial, sino para las ficciones que se supone representan el lujo” (Pág. 126). Recuerda un poco el análisis sobre las ficciones sociales en el Banquero anarquista de Pessoa.

Libro Sin blanca en París y Londres
Fotografía del libro Sin blanca en París y Londres, en la Gare de Lyon en París

Con Boris en Paris: la vida del plongeur

Boris es un exsoldado ruso, cojo, que había migrado a París como tantos otros. Decía que sus momentos más difíciles siendo pobres no eran sino “azares de la guerra”. La Revolución Rusa había generado mucha inmigración hacía París. El optimista Boris le ayuda a conseguir trabajo, no sin antes haber pasado varias jornadas con hambre: “el hambre sume en un estado totalmente invertebrado, idiota, que más que nada se parece a los efectos secundarios de la gripe” (pág. 42).

Buena parte del relato en París narra la aventura de buscar trabajo recorriendo la ciudad, buscando cualquier trabajo no calificado que ayude a salir del hambre… siempre se necesita a alguien, a algún peón, que haga los encargos más penosos y desagradables. Limpiar el culo a un rico o lavarle los platos, “fregando platos en calurosas madrigueras subterráneas” a decir del narrador. Más o menos esto es lo que consiguió: un trabajo como Plongeur o lavaplatos en el restaurante de un hotel. “El plongeur es uno de los esclavos del mundo moderno” escribió. Un esclavo de esclavos añadiría después. Orwell trabajó incluso como “cafetier”, encargado de la cocina de los cafés y tés, un grado aún menor que el plongeur.

¿Por qué y para qué existen estos esclavos se pregunta el narrador? Frente lo cual responde: “un esclavo, decía Catón, debe trabajar cuando no duerme. No importa que el trabajo sea necesario o no, debe trabajar, porque el trabajo en sí es bueno… al menos para los esclavos. Este sentimiento pervive aún y ha ido amontonando pilas de trabajo ingrato, vil e inútil” (pág 127). Mantener a las masas ocupadas para que no piensen, concluye. No hay que hacer un gran esfuerzo para ver que lo mismo sigue ocurriendo hoy, incluso bajo la dictadura del entretenimiento. En definitiva, sigue el autor, se trata del miedo a la masa, miedo de los acaudalados y de la gente educada, dice, que tiende a ser conservadora. La mayor parte de la gente culta no conoce la pobreza ni la experiencia del hambre, puntualiza.

En el libro también se habla de rusos, franceses, ingleses, italianos, árabes y africanos, gentes de diversos orígenes y locales que viven en París gracias a la oferta de trabajo urbano. El relato incluye los estereotipos sobre diferentes pueblos, por ejemplo, se dice que: “confía antes en una serpiente que en un judío, en un judío antes que en un griego, pero nunca confíes en un armenio” (pág. 78).

Otra cita más revela la observación y opinión de Orwell sobre los hoteles elegantes, vistos desde detrás de bambalinas, desde el otro lado de la cocina: “Esencialmente, un hotel “elegante” es un sitio donde 100 personas se afanan como diablos para que 200 paguen cifras exorbitantes por cosas que no desean en realidad” (Pág. 126). Lo decía a propósito del desperdicio de comida que veía siendo plongeur en el Hotel X. Me parece que esta frase se podría seguir aplicando actualmente: “la suciedad es consustancial con los hoteles y restaurantes porque la pureza de la comida se sacrifica a la puntualidad y la elegancia” (pág. 86).

Con Paddy Jaques en Londres

Después de París, el narrador decide ir a Londres porque había una oferta de trabajo mejor pagado y más sencillo. Pero al llegar ahí se encuentra con que han postergado varias semanas la fecha de inicio… por lo cual no le queda sino aguantar y buscar refugio en las pensiones más baratas y en auspicios para mendigos. En Londres entabla amistad con Paddy Jaques, un vagabundo irlandés. Para Paddy los extranjeros tenían la culpa del paro.

En esta ocasión la dieta se vuelve mínima otra vez, a base de pan y margarina, y señala cómo la mala nutrición destruye la naturaleza humana.
Con Paddy va de asilos, a hospedajes muy baratos y a refugios del Ejército de Salvación. En Londres sus semanas transcurren junto a los mendigos; en esta parte del relato no tiene una experiencia de trabajo como la relatada en París. Esto le sirve para observar críticamente la posición social de los mendigos y los estereotipos que la sociedad se forma de esta población: “[…] la curiosa actitud que la sociedad adopta ante ellos… la gente piensa que existe una diferencia entre los mendigos y los hombres que “trabajan”. Forman una raza aparte de proscritos, como los criminales y las prostitutas… el mendigo no es más que una excrecencia social, tolerada porque estamos en una época humanitaria” (Pág. 181).

Comenta que los prejuicios estaban enraizados en la convicción de que ipso facto, todo vagabundo es un sinvergüenza: “en nuestra infancia nos han enseñado que los vagabundos son unos criminales […] un ser repulsivo y más bien peligroso […] un vagabundo monstruo” (Pág. 211).

Hay que preguntarse, afirma ¿por qué existen vagabundos? Frente a lo cual contesta que los vagabundos son personas común y corrientes que adolecen de tres males: 1) el hambre, 2) la mayoría son hombres privados de mujeres (en proporción de 10 a 1 según una cita oficial que incluye en el relato) y 3) La inactividad forzosa. Los estereotipos sobre los vagabundos, enturbian los problemas reales de la vagancia y dificultan que se investigue la desigualdad social.

Esta es una novela que deja una impresión en el lector. Aunque en el relato no hay una aventura distinta a la de ser pobre y mendigo, es una lectura atractiva que engancha al lector porque le muestra un mundo desconocido. Es interesante leer otras experiencias de lectura sobre este libro, por ejemplo esta reseña sobre Sin blanca en París y Londres para conocer otro punto de vista.

Autor: El come libros

De la familia Liber Devoratoribus, un come libros promedio que necesita ingerir diariamente una cuota de letras para subsistir. Ese alimento lo digiere, transforma y entrega forma de reseñas y análisis de libros

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