Vivir la utopía: un anarquista en Barcelona y México

Reseña del libro Vivir la utopía - Diego Latorre
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Vivir la utopía es un libro que narra la historia de vida de un anarquista español en las décadas de 1920 y 1930 combatiendo contra un status quo basado en la explotación de los trabajadores y la división de clases. Ese anarquista forjado con sudor y lágrimas se llamaba Ángel Latorre, nació en un entorno muy rudo, vivió una guerra civil, sobrevivió a un campo de concentración y murió suavemente en el exilio. El libro Vivir la utopía ha sido escrito por su nieto, Diego Latorre, un descendiente del exilio español en México.

La publicación es un relato “desde adentro” sobre la lucha, la aventura y la realidad de aquellos trabajadores que a inicios del siglo XX lo apostaron todo por lograr una sociedad menos desigual y más solidaria. Desde la historia de vida de Ángel Latorre, el autor expone detalles importantes del día a día del movimiento anarco-sindical que caracterizó a la ciudad de Barcelona. Se podría decir que este libro es una biografía novelada; también es, literalmente, la memoria transmitida de un abuelo a un nieto.

  • LATORRE, Diego. Vivir la utopía. Ficticia Editorial. 2018. Puebla
  • 155 Páginas

Sorprende mucho en el relato la descripción de la niñez de Ángel Latorre: nació en 1906 en Mazarrón, Murcia, en una España rural pobre, bajo la sombra de un abuelo apático y un padre maltratador, un “perro enfermo de rabia” (2018:15). Ángel y su hermano Joaquín vieron morir a su madre alcoholizada y oprimida. Quedaron abandonados a su suerte, posiblemente una mala suerte, de no ser por su tío Joaquín Latorre Martínez. Éste se había enrolado en las colonias, tenía mundo, era amable e instruido; nada más y nada menos “recitaba a Bakunin… advertía que todo buen anarquista se formaba leyendo las obras de Kropofkin” (2018:17). Él los llevó a Barcelona, donde se integrarían en el sentimiento libertario.

Contracubierta del libro Vivir la Utopía

Haber sobrevivido a una niñez violenta y cruel tal vez llenó su espíritu de una resistencia suficiente para lo que habría que vivir en el futuro: la lucha obrera, la guerra, el exilio y el campo de concentración de Argelès-sur-Mer en Francia. En torno de 100.000 personas fueron recluidas en este lugar. Al leer esta parte en el libro, el drama de esas personas te es contada, te es entregada, y da pena, duele.

Tal y como lo indica el título, los anarco sindicalistas perseguían una utopía social. Algo que jamás se alcanzó y que en la Guerra Civil Española sufrió una estocada con el triunfo del ejército nacionalista conservador y la consecuente dictadura de Francisco Franco. No obstante, en esa historia no todo fueron pérdidas. Por ejemplo, gracias a la presión obrera España fue el primer país en reconocer la jornada laboral de 8 horas (en 1919). Esos años enseñaron a la población la necesidad de asociarse, de colaborar en los barrios, de reconocer las necesidades mutuas. El pensamiento anarquista de inicios de siglo XX dejó sembrada la semilla de las comunidades autogestionadas, de las asociaciones barriales, de los pequeños autogobiernos locales. No obstante, hoy a diferencia de ese ayer, la gente tiene más dificultad para reconocer las necesidades mutuas; muchos prefieren una buena fiesta de sábado a desarrollar un proyecto de compostaje. Muchos prefieren ahogar las ilusiones en un buen vino que perseguir las ilusiones en un difícil proyecto social. Pese a todo, Barcelona debe en buena parte su cultura asociacionista, su cultura barrial, a esa gente que mostró la necesidades de organizarse y ser solidario con los demás vecinos trabajadores.

Cuando Ángel llegó a Barcelona las protestas obreras ya tenían años. Por ejemplo, la llamada Semana Trágica de 1909 fue desatada por el reclutamiento de obreros hacia las reservas de Marruecos. Los sindicatos ya eran organizaciones bien formadas y lograron convocar una importante huelga general (la UGT había sido fundada en 1888 por Pablo Iglesias Posse y la CNT fue fundada un año después, en 1910). El pensamiento libertario estaba en boga y chocaba con los abusos en las fábricas y la inexistencia de derechos laborales. En aquel entonces era evidente que había que enfrentarse al patrón explotador; en esa época el capitalismo era más simple y fácil. Hoy, en el siglo XXI, el capitalismo es más turbio, más complejo y más grande, y para los ciudadanos no es fácil ver a quién enfrentarse. Al decir de Byung-Chul Han, el obrero del siglo XXI se explota a sí mismo, de ahí que los ánimos revolucionarios se disipen fácilmente.

Comenta el libro que en los años de 1920 “en Barcelona cada uno de los trabajadores era un revolucionario en potencia… quien carece de indignación frente a los abusos no puede tener impulso revolucionario”. La Revolución Rusia había mostrado que la voluntad del pueblo podía imponerse y era el referente de que la emancipación era el único motor del cambio social.

Paralelamente, el anarco sindicalismo de Barcelona en el primer tercio del siglo XX también es recordado como un componente central de la violencia.  Aquellos años se recuerda como una época de pistoleros. Los anarquistas organizaban asaltos a grandes capitalistas y patrones; por su parte, pistoleros a sueldo contratados por los empresarios asesinaban a líderes sindicales. Al margen de la legalidad, la empresa privada organizaba autodefensas armadas. Los sindicalistas respondían por igual contra empresarios, políticos, el clero y policías. La gente que nació en aquellos años y que todavía vive, recuerda la repudiada “ley de fugas”, la cual permitía que la policía disparara a aquellos sospechosos que se escaparan o corrieran para no ser capturados. Bajo esta ley, se escondieron asesinatos de líderes barriales y sociales. En ese contexto, se recuerda el asesinato en 1923 del líder social Salvador Seguí i Rubinat, el noi de sucre.

El libro resalta la importancia de Buenaventura Durruti, un referente de esta historia. En Cataluña, él y otros líderes fundaron el grupo Los solidarios, los cuales hacían frente a los pistoleros de los patronos catalanes. Ángel Latorre hizo parte de todos y cada uno de los pasos que los anarquistas dieron en aquel momento; sufrió en la cárcel, empuñó las armas, organizó asambleas, diseñó estrategias y llegó a enfrentarse al ejército.  

Libro Vivir la utopía. En el fondo el teatro El Molino
Libro Vivir la utopía. En el fondo el teatro El Molino

La situación había llegado a un límite tal que la debilitada monarquía española no podía soportar más al sindicalismo. Frente a la movilización revolucionaria en las principales ciudades el rey Alfonso XIII pactó con el General Miguel Primo de Rivera un Golpe de Estado (septiembre de 1923). Primo de Rivera puso especial ahínco en Cataluña, donde el movimiento obrero estaba más desarrollado. Muchos sindicatos y sindicalistas dieron un paso atrás debido a la represión. Esta dictadura duró hasta 1930, después de lo cual se convocaron las elecciones que llevaron a la instauración de la Segunda República en 1931. En este año la CNT salió de la clandestinidad.

Algunos años antes, en 1927, se había fundado la Federación Anarquista Ibérica (FAI), una organización en la que Ángel Latorre también participó activamente y donde su relación de camarada con Durruti se fortaleció. La FAI era el núcleo duro de la CNT, “sus acciones incluían desde robos a bancos para hacerse de fondos hasta erigir bibliotecas populares y organizar huelgas generales” (2008: 79). La posibilidad de un cambio social revolucionario abrupto estaba en la cabeza de muchos. La revolución de la comuna minera del Alto Llobregat, Figols, en 1932 fue un estallido preocupante para el gobierno. En 5 días quedó fulminada y generó encarcelamientos masivos. Ángel, Durruti, y muchos otros fueron deportados a una prisión en la España de África Occidental. No obstante, esta revuelta fue un anticipo de lo que sería la importante Revolución Minera en Asturias en 1934. Había valentía en la población, España tomaba un rumbo no solo republicano sino popular.

Pero el “instinto” de autoconservación de las élites conservadoras no se quedaría con las manos cruzadas. Primero: José Antonio Primo de Rivera, hijo del dictador fallecido Miguel Primo de Rivera, funda el partido de corte fascista la Falange Española en 1933. Segundo: la creación de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), liderada por José María Gil-Robles, aglutina el sentimiento ultraconservador y lograr entrar en el Gobierno de España tras las elecciones de 1934. Tercero: la sublevación de una facción del Ejército Español desata una misión, también conservadora y fascista, que generaría la conocida Guerra Civil que enterraría a la España Republicana en una dictadura que duró 36 años.

Barricada en la Brecha de San Pablo - Barcelona 1936
Barricada en La Brecha de San Pablo, Barcelona. Imagen tomada de la cubierta del libro «Barricadas en Barcelona» de Agustín Guillamón, Editorial Klinamen.

Ángel Latorre estuvo ahí, con la CNT y la FAI repeliendo el avance de los sublevados; estuvo ahí, disparando desde La Brecha de San Pablo, la barricada en el Pueblo Seco frente al Molino. En esa coyuntura el movimiento obrero había hecho un sorpaso al poder institucional de la Generalitat, sembrando un ambiente revolucionario. El libro no detalla los pormenores de la Guerra Civil, pero si muestra la suerte de muchos españoles que tuvieron que huir a Francia. El país vecino no los recibió con los brazos abiertos, y muchos murieron en los campos de concentración galos, como en el que estuvo Ángel, el de Argelès-sur-Mer.

El autor de esta publicación es uno de los descendientes de los exiliados republicanos en México (en torno de 25,000 fueron acogidos bajo el gobierno de Lázaro Cárdenas). Todo tipo de trabajadores fueron recibidos en México; familias y niños que habrían de acercar la cultura e historia entre los dos países.

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Autor: julianbueno

Antropólogo de formación, admirador de la literatura y la filosofía; escribir reseñas y análisis de libros es una manera de volver a ellos a través de nuestros apuntes.

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