Lectura de La Sociedad del cansancio: exceso de rendimiento y depresión

Libro filosofía La sociedad del consumo - Byung Chul Han
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En el libro La Sociedad del cansancio el filósofo y profesor de la Universidad de Berlín Byung – Chul Han reflexiona sobre el sujeto contemporáneo, el ciudadano del siglo XXI, uno que se violenta y está en guerra consigo mismo ¿Cómo? A través de la autoexplotación laboral, enmarcada en el “exceso de positividad” que caracteriza a la sociedad tardo-moderna y que condiciona nuestro comportamiento.

Estos apuntes de lectura, reseña y breve análisis del libro están hechos con base en la edición de Herder, Barcelona, 2018, la cual ha añadido dos capítulos a la primera publicación: La sociedad del burnout y El tiempo sublime. En un libro como este, es importante destacar el buen trabajo de traducción de Arantzazu Saratxaga Arregi y Alberto Ciria. Gracias a ellos podemos leer este libro en castellano. Las citas textuales y las páginas de referencias corresponden a esta edición.

En el año 2018 Byung – Chul Han salió en todos los periódicos y redes sociales en Europa hasta el culmen del trending topic, en parte porque una frase suya fue compartida por muchas personas, una frase que muchos captamos inmediatamente. Nos vimos reflejados en ella. Tuvimos que compartirla con nuestros contactos como pidiendo auxilio: en la sociedad actual, la gente cree que se está autorrealizando cuando en realidad se está autoexplotando. Byung – Chul Han se ha convertido en una de las voces más influyentes en el ámbito de la filosofía contemporánea.

Fue ese mensaje, tan tangible, el que me invitó a conocer su libro La sociedad del cansancio. El título parece decirlo todo claramente. Publicado originalmente en alemán con el título Die Müdigkeitsgesellshaft, La sociedad del cansancio afirma que la sociedad del siglo XXI, el mundo de la posguerra fría, es una sociedad en la cual la depresión y el síndrome del trabajador quemado, el burn out, toman dimensiones pandémicas. Declara al iniciar el libro que “Prometeo, como sujeto de autoexplotación, se vuelve presa del cansancio infinito”.

La fina exposición que Byung – Chul Han hace en este ensayo, rico en agudas referencias filosóficas, demanda una lectura atenta. Pero su argumentario e ideas entregan mucho, así que vale la pena el esfuerzo de leerlo detenidamente. Como claves de lectura, se destacan los conceptos de: rendimiento, exceso de positividad, autorrealización, autoexplotación, autorreferencialidad, síndrome del trabajador agotado, depresión, sujeto vs proyecto.

Capítulo El aburrimiento profundo, en La sociedad del cansancio. Su autor, Byung-Chul Han, explica por qué el «multitasking» es una forma de rendimiento que florece en la sociedad del cansancio, en la sociedad tardo moderna como él la llama.

Del sujeto disciplinado al sujeto de alto rendimiento

La sociedad occidental está viviendo un cambio de paradigma, un cambio de modelo caracterizado por un exceso de positividad, un exceso de rendimiento, un exceso de efectividad y productividad que está conduciendo al cansancio masivo. La sociedad del sujeto disciplinado se está moviendo hacia la sociedad del sujeto de alto rendimiento.

A través de la búsqueda de la productividad y del rendimiento laboral y social, vemos que el sujeto de alto rendimiento es una versión sofisticada del sujeto disciplinado. Un sujeto que lo da todo hasta quemarse, hasta el cansancio extremo o el suicidio. Un ejemplo de ello son las largas jornadas de trabajo y multi-empleo en Estados Unidos y Japón o el suicidio de trabajadores en empresas de telefonías móviles. La constante publicación de contenidos en las redes sociales y el consumo de impactos mediáticos constantes es una forma de producción social, también basada en el incremento, el rendimiento, el non stoping. El sujeto que se ve obligado a rendir, se explota a sí mismo “con la máxima eficacia cuando se mantiene abierto a todo, cuando es flexible” (P. 92).

Explica Byung – Chul Han que el siglo XX fue una época inmunológica, en la cual combatir y eliminar al otro, a lo otro, a lo externo fue la norma. Un paradigma viral – bacterial, que se apaciguó con el desarrollo de los antibióticos. La lógica de la sociedad de la Guerra Fría estaba centrada en el enfrentamiento entre el adentro y el afuera, lo propio versus el enemigo externo. De forma diferente, la sociedad del siglo XXI estaría yendo hacia otro paradigma, uno en el cual lo extraño se sustituye por lo exótico, volviéndolo un objeto digno de ser fotografiado o material para noticias sensacionalistas. Un ejemplo de esto es que los refugiados y los migrantes nos son considerados tanto como una amenaza sino como una carga.

El filósofo italiano Roberto Espósito defendería que todavía estamos en una sociedad caracterizada por la inmunitas, pero Byung – Chul Han comenta que el vuelco hacia la globalización mundial no es compatible con el paradigma inmunológico, el cual es un discurso del pasado y no del presente. La inmunización es opuesta a la actual hibridación, dice. En el siglo XX podemos situar al discurso de la inmunidad, mientras que en el siglo XXI podemos situar al discurso del exceso de positividad. Según él la sociedad hace este tránsito:

  1. Del modelo inmunitario al modelo de exceso de positividad
  2. De la sociedad disciplinaria a la sociedad del rendimiento
  3. De la sociedad disciplinaria y represiva estudiada por Freud, a la sociedad del rendimiento que se hace pasar por sociedad de la libertad
  4. De la sociedad del verbo DEBER, a la sociedad del verbo PODER
  5. Del sujeto de obediencia al sujeto de rendimiento
  6. De la sociedad de la negatividad a la sociedad de la depresión

Aquí cabe preguntarse… sobre el efecto del virus Covid-19

Aquí cabe preguntarse ¿hasta qué punto este cambio de paradigma es cierto? Por una parte, el levantamiento de muros y de fronteras, y los ataques terroristas por radicales religiosos y radicales supremacistas parecería dar la razón a Roberto Espósito. Por otro lado, la globalización es más intensa y la hibridación rompe las barreras de raza, clase, nacionalidad y religión. Puede ser que políticamente estemos ante dos frentes ideológicos: uno que defiende la esterilización inmunológica frente al otro diferente (representado por la derecha política, las fronteras, la eurofobia y el brexit) y otro que persigue más apertura económica, menos fronteras y más hibridación sociocultural.

También hay que decir que lo bacterial, aún es una amenaza, si bien no recibe una atención suficiente a la talla del problema. Los antibióticos han probado no ser infalibles. Y lo viral ha mostrado ser una amenaza también. Por lo cual el modelo inmunológico ha probado que está lejos de irse, metafórica y literalmente. La crisis del coronavirus así lo ha probado, la discriminación a los ciudadanos chinos del mundo, la restricción de viajes, el cierre de escuelas, de fronteras, etc, así lo ha probado.

Perder el trabajo, ser pobre, no tener cómo comprar o consumir, es un miedo tan grande como el miedo al contagio de un virus. Así que en un mundo que tiene en su bandera la frase de que nada es imposible, la posibilidad de no poder trabajar y de contagiar, es algo de lo cual huir. Es una sociedad de la paranoia también. Incluso hay poblaciones de trabajadores, inmigrantes en Dubai o en Estados Unidos, que están dispuestos a quemarse, para que sus descendientes no tengan tantas limitaciones, para que tengan algo frente a la precariedad y la pobreza.

El exceso de positividad, depresión y dos tipos de cansancio

¿A qué se refiere Byung – Chul Han con exceso de positividad? Lo disciplinario, bien explicado por Michel Foucault, tiene el esquema negativo del control – prohibición, mientras que el paradigma del rendimiento tiene el esquema positivo del poder – hacer. Pero que no se pierda de vista que en este tránsito el sujeto de rendimiento sigue disciplinado. Ya no como sujeto de obediencia sino como sujeto de alto rendimiento.

La violencia de la positividad es resultado de la superproducción, el super-rendimiento, la supercomunicación. El exceso es entendido entonces como forma de violentar: porque lleva a la fatiga, a la asfixia, a la sobreabundancia, a la violencia neuronal saturativa. Jean Baudrillard hablaba del exceso de modernidad, de “la obesidad de los sistemas del presente”.

La sociedad disciplinaria es una sociedad de la negatividad, mientras que la sociedad del rendimiento es una sociedad de la depresión. Byung – Chul Han cita al sociólogo francés Alain Ehrenberg, quien también trabaja este tema: en el siglo XXI “el deprimido no está a la altura, está cansado del esfuerzo de devenir él mismo” (P. 28). Ehrenberg entiende que la depresión ha llegado en una época en la que el “hombre soberado”, vaticinado por Nietzsche, se ha convertido de cierta forma en una realidad masiva, por lo cual “el depresivo es aquel que se siente extenuado a causa de su propia soberanía… aquel a quien no le quedan fuerzas para ser dueño de sí mismo. Está cansado de la constante exigencia de iniciativa” (P. 96).

En su ensayo La sociedad del cansancio, Byung-Chul Han habla del hombre depresivo contemporáneo como aquel «animal laborans» que se explota a sí mismo.

Según Chul Han, Ehrenberg considera la depresión como la expresión patológica del fracaso del hombre tardo moderno de devenir él mismo. Pero Chul Han responde a esto afirmando que esa depresión también es “depresión por agotamiento”, por la presión del imperativo de rendimiento. En otras palabras, es el síndrome de agotamiento ocupacional. Estamos ante un Animal laborans que se explota a sí mismo, que se agota y se deprime. Este agotamiento es un poder no poder más, en el contexto de una sociedad cuyo lema es “todo se puede”. Esto es el exceso de positividad. La sociedad del rendimiento también es, en consecuencia, una sociedad del dopaje.

Afirma este filósofo que el hombre depresivo llega como consecuencia de que se explota a sí mismo, de su exceso. No se reprime, sino todo lo contrario, hace más y más. Por eso habla de un exceso de positividad. Por eso la depresión se desata cuando el sujeto ya no puede más, cuando ya no puede poder más, afirma el autor. “El lamento del individuo en depresión, <nada es posible>, solamente puede manifestarse en una sociedad que cree que <todo es posible>” (P. 30).

Hay dos tipos de cansancio que caben en este análisis: el cansancio del agotamiento y el cansancio que inspira. El primero, es el cansancio de la potencia positiva, el cansancio de exprimirse al máximo, es un cansancio que se vive solo, en soledad. El segundo es el cansancio de la potencia negativa, es un cansancio que se vive en grupo, es el cansancio del Sabbath, que hace referencia a Dios, que después de la creación, declaró el séptimo día como sagrado, para no trabajar. Este último es un cansancio fundamental que conduce a una cercanía con los demás, a una concordancia, a una vecindad.

Los ordenadores y la Inteligencia Artificial serían entonces solo positivas. El robot es el idiot sauvant.

Explicar el autor que “si se poseyera tan solo la potencia positiva de percibir algo, sin la potencia negativa de no percibir, la percepción estaría indefensa, expuesta a todos los impulsos e instintos atosigantes” (P. 54). Lo anterior guarda una relación con lo comentado por Aldous Huxley en su libro Las puertas de la percepción, en el cual habla del cerebro como un órgano que en lugar de estar “hambriento” por acrecentar la percepción, su función sería más la de filtrar la percepción, cerrar ciertas puertas y ventanas para que lo percibido sea digerible. De lo contrario, un cerebro sin su poder de filtraje nos haría percibir demasiado, hasta el ahogo.

El lujo de la contemplación, la danza y los abuelos en el parque

“El exceso de positividad se manifiesta, asimismo, como un exceso de estímulos, informaciones e impulsos” (P. 33). El exceso de atención, que tiene como consecuencia el multitasting, deriva en dispersión e hiper-atención, que es el continuo cambio de atención, de foco, entre distintas tareas, fuentes y procesos. Este exceso de atención no debería ser entendido como un progreso sino como un retroceso, el cual implica una baja tolerancia al hastío, al sentirse lleno, porque siempre hay campo para más, para ver y hacer más. No admite, por lo tanto, el aburrimiento, ni la contemplación, importantes para la creatividad.

El autor conecta a propósito de lo anterior con la defensa que hace Walter Benjamin de la importancia de la aburrición, una suerte de punto álgido de la relajación espiritual. Este había dicho “el pájaro de sueño que incuba el huevo de la experiencia”, un nido del sosiego, de la calma, donde se puede pensar lejos de las prisas y la agitación. Ya Benjamin se lamentaba de que esto desapareciera; si se pierde el don de la escucha, en una sociedad donde todos hablan, publican microposts e impera el scroll down, la comunidad que escucha desaparece. Ni el entretenimiento en exceso, ni el trabajo en exceso, permiten aburrirse.

“La danza, con sus movimientos llenos de arabescos es un lujo que se sustrae totalmente del principio del rendimiento” afirma el filósofo. Habría que descubrir qué actividades se sitúan fuera de ese modelo de sociedad. Por ejemplo, los abuelos y jubilados haciendo poca cosa o jugando parchís o ajedrez también están por fuera del modelo del rendimiento. El aumento de la edad de jubilación es precisamente una arista de este paradigma.

¿Qué otros comportamientos o maneras de perder el tiempo están por fuera del modelo de rendimiento?

La contemplación, que permite un proceso de des-interiorización (Merleau-Ponty), estará menos presente frente al avance de la sociedad tardo-moderna del rendimiento, como la llama Byung – Chul Han. Nietzshe apoyaba el fortalecimiento de la contemplación para una sociedad que crece en desasosiego (P. 38).

El libro La sociedad del cansancio es un ensayo filosófico de Byung-Chul Han, un pensador contemporáneo que se ha destacado recientemente y que ha logrado transmitir la idea de que en el siglo XXI la idea de «autorrealización» bizarramente ha llegado a estar emparentada con el fenómeno de la «autoexplotación».

El burnout y el social media

El hiper-rendimiento no es sostenible porque no permite generar el sentimiento de haber alcanzado un objetivo definitivo. El sujeto de rendimiento no desempeña un trabajo obligado, sino que es “empresario de sí mismo” y le guían la libertad y la voluntariedad. Y el narcisismo. Para el capitalismo, la explotación es más eficaz porque está acompañado de la sensación de libertad, menciona Chul Han (P. 96).

“Como compite contra sí mismo, trata de superarse hasta que se derrumba” (P. 83). Sufre entonces un colapso psíquico, el síndrome del trabajador quemado: “el sujeto que está obligado a rendir se mata a base de autorrealizarse. Aquí coinciden la autorrealización y la autodestrucción” (P. 83).

Las redes sociales no hacen más que incrementar esta lógica, en la cual cada persona-usuario se hiper-produce como avatar de sí mismo en el cyber-espacio. La producción del yo en las redes sociales también es un hiper-rendimiento del sujeto, un agotamiento de la representación visual del yo, un exceso. El selfie o la autorreferencia acompaña el exceso de estímulos. No son suficientes todos los estímulos visuales, mensajes, publicidades, fotos de gente famosa y rica, no. En la sociedad del siglo XXI, también es excesiva en esto; la autorreferencialidad excesiva es el recurso más explotado y el más persuasivo; el selfie es la manera de afirmar que no se puede apartar la vista de uno mismo, de su mejora constante, de su mejor cara. La sociedad del rendimiento da paso a una transición: el sujeto se transforma en proyecto (P. 96).

El mundo digital es pobre en alteridad: “los nuevos medios y las nuevas técnicas de comunicación desmantelan cada vez la relación con lo distinto” (P. 88). Lo que el yo narcisista se encuentra en los espacios virtuales es, sobre todo, a sí mismo, explica Byung – Chul Han. Sobre el selfie y la pose en la fotografía es interesante recordar los planteamientos de R. Barthes en el libro La cámara lúcida y el análisis de Susan Sontag en su libro Sobre la fotografía.

Parece que en esta tardo modernidad se necesita lo que Nietzsche comenta en el libro El ocaso de los ídolos, a saber: hay 3 tareas para las cuales se requieren educadores: mirar, pensar, hablar y escribir. Acostumbrar al ojo a mirar con calma y paciencia sería la primera enseñanza para la espiritualidad. De forma contraria, para Nietzsche reaccionar inmediatamente y a cada impulso es en sí ya una enfermedad. Frente a la publicidad, es necesaria la resistencia visual, mirar inteligentemente, ser dueño de la mirada. En lugar de exponer la mirada a merced de los impulsos externos, se puede guiar con soberanía, comenta Chul Han.

Frente a la pérdida de creencias, la salud se alza como diosa

En realidad, la cita a Niezsche dice así “Tras la muerte de Dios, la salud se eleva a diosa”. Con lo cual se refiere otra vez a la autorreferencia y a la obligación de buscar la salud en ausencia de un relato espiritual.

En el inicio del siglo XXI se ha acentuado la pérdida de creencias, la vida efímera en la que nada es duradero, la vida líquida diría Zygmunt Bauman. Ante esta falta de estabilidad, surge el nerviosismo y la intranquilidad: “las religiones en el sentido de técnicas tanáticas, que liberen al hombre del miedo a la muerte y generen una sensación de duración, ya no sirven…” por lo tanto “ante la falta de una tanatotécnica narrativa, nace la obligación de mantener esta nuda vida sana” (P. 44). La nuda vida se hace sagrada, se ha de conservar a toda costa, es lo único que hay. Lo anterior tiene un enlace con Raimon Panikkar, quien alerta en su libro El mundanal silencio que esa confianza puesta otrora en los dioses, ahora está puesta, a duras penas, en “nosotros”, el humano.

Capítulo Pedagogía del mirar. En La sociedad del Cansancio, ensayo de Byung-Chul Han

Últimas ideas en La sociedad del cansancio y el ocaso de la fiesta

Ciertamente, en el capitalismo la autoexplocación es más eficaz que la explotación a cargo de otros, porque viene acompañada de la sensación de libertad, argumenta el autor. Este viraje, permitiría entender que hay un paso del “sujeto” al “proyecto”. El sujeto está “sujeto” a una coerción externa, mientras que el individuo como proyecto, lo está a una coerción interna. Un homo sacer disfrazado de soberano, un soberano de su yo vasallo.

En la época marxista, explica, la revolución buscaba superar la alienación en el trabajo, donde el obrero ya no se realiza, donde hay una auto-des-realización. Ahora, señala, la sensación de libertad en el trabajo engendra coerción, paradójicamente. Autoexplotándose se auto-realiza, por lo cual la explotación no viene de fuera, sino que nace del propio sentimieno de libertad.

En la sociedad del cansancio, la fiesta en su sentido más ritual, mágico – religioso, se estaría reemplazando por los eventos y el entretenimiento, los cuales son cualitativemente diferentes. En una sociedad en la cual las relaciones humanas han tornado en relaciones comerciales, hay más eventos y espectáculos eventuales que fiestas sublimes.

Concluye Chul Han que en la sociedad del cansancio hay un telón de fondo capitalista y neoliberal que abandona lo sublime: “ha perdido toda referencia a lo divino, a lo santo, a lo infinito” (P. 118), y en ese sentido conecta con la búsqueda de Raimon Panikkar de una nueva sacralidad que concuerde con el mundo de hoy.

Autor: julianbueno

Una persona aprendiendo a leer y con el objetivo de reseñar los libros que encuentra en su camino como una estrategia para volver a ellos a través de sus apuntes.

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