El perseguidor, el tiempo y el otro lado

Cuento El Perseguidor de Julio Cortázar

El Perseguidor de Cortázar es más que una imagen biográfica sobre Charlie Parker. Es una reflexión sobre el tiempo, la búsqueda de una esencia y del “otro lado”. ¿El otro lado de la vida? Posiblemente. O el otro lado de uno mismo, el lado más verdadero. Dice en el epígrafe del libro “O make me a mask”, una cita de Dylan Thomas. Julio Cortázar no conoció nunca a Charlie Parker, pero encontró en él a un referente con el cual construyó al personaje Johnny Carter y que le sirvió para plantear grandes temas. Hay muchas cosas en este cuento que hablan sobre Cortázar, su propia búsqueda y obras posteriores como Rayuela.

El perseguidor y el jazz

El jazz, y la música en general, es una especie de presencia continua en lo que yo escribo” dijo alguna vez Julio Cortázar. De alguna forma, se puede decir que su escritura es libre e improvisada, como un jazz literario.

El jazz es algo que este escritor admiraba y degustaba. El jazz como una música en un sentido libre, en la improvisación, un lugar donde se da rienda suelta, donde no se sabe muy bien para donde va, pero que se siente. Charlie Parker era ese improvisador entregado, que se va por la música como por entre un tubo. Cortázar dice que su trabajo como escritor era así, como un jazz.

Un escritor nunca llega a escribir lo que realmente él quisiera escribir” dijo en una entrevista, refiriéndose a sí mismo. Lo mismo pasa con su personaje en El Perseguidor, Johnny Carter, quien pese a su desbordante talento dice nunca haber llegado a tocar la música que idealmente le gustaría tocar. Por más que lo persiguiera en sus viajes musicales. Tal vez, más que una referencia a Charlie Parker, El Perseguidor es una imagen autobiográfica de Julio Cortázar.

No obstante, se sabe que Cortázar eligió a Charlie Parker porque además de amarlo, estéticamente, musicalmente, habían rasgos de la vida de éste que coincidían con el personaje que el escritor estaba fraguando.

El perseguidor y el tiempo

Sin duda el tema que impacta de primeras es el tiempo. “Esto lo estoy tocando mañana” dice Johnny a su amigo y biógrafo Bruno. El músico le dice que trata de “meter la música en el tiempo”. Qué cosa es la música sino una obra que ocurre “en” el tiempo. Johnny habla casi como si delirara, pero su amigo Bruno sabe que en el fondo está hablando en un nivel en el que él no logra entrar.

Dice que es como si existiera “otro tiempo”, que está ahí todo el tiempo, pero en el que la gente no vive. La música ayuda a comprender este asunto, comenta. Con su primer saxo, Johnny vio cómo la música lo sacaba del tiempo, para entrar en esa otra dimensión temporal.

La manera como mejor lo expone es con el ejemplo del metro, “viajar en el metro es como estar metido en un reloj” (pág 22). De una estación a otra del metro, que no dura más de un par de minutos, Johnny recuerda con detalle cosas que pasaron en su familia y en su barrio de la infancia, ve esos recuerdos que pensándolos y aún más hablándolos tendría que emplear más de 15 minutos.

Cortázar ha escogido un músico y al tiempo, pero bien podría haber escogido a un pintor y a la luz para exponer esa idea “del otro lado”.

El perseguidor y el otro lado

El poeta es ese que no se conforma con este lado de las cosas, sino que él busca el otro lado. A veces lo encuentra, a veces no” afirma Cortázar en la entrevista de Joaquin Soler Serrano del programa “A Fondo” en 1977. Un escritor sabe que su escritura gusta al público, pero también sabe que su escritura nunca llega a ser lo que le gustaría que fuera. No por ser exigente, sino porque con la escritura persigue algo, un misterio que apenas se deja ver en algunas frases, en algunos versos.

Igual le pasa a Johnny en El Perseguidor. Johnny persigue algo que apenas vislumbra cuando está ejerciendo en el saxofón. Con la música no está escapando de nada, como se podría pensar de un artista demasiado habituado al alcohol y a las drogas.

Bruno piensa: Johnny no es una víctima, no es un perseguido, “persigue en vez de ser perseguido, que todo lo que está ocurriendo son azares del cazador y no del animal acosado. Nadie puede saber qué es lo que persigue Johnny, pero es así, está ahí, en Amorus, en la marihuana, en sus absurdos discursos sobre tanta cosa, en las recaídas, en el librito de Dylan Thomas, en todo lo pobre diablo que es Johnny y que lo agranda y lo convierte en un absurdo viviente, en un cazador sin brazos y sin piernas, en una liebre que corre tras un tigre dormido.” (Pág. 58). Dylan Thomas, de quien toma una cita para incluirla de epígrafe, eran un poeta galés, autor del conocido poema Do not go gentle into that good night.

¿Qué perseguía Johnny? ¿una puerta que a veces veía abrir? ¿Pasar al otro lado de esas puertas? ¿Son las puertas de la percepción las que a veces se abrían ante el músico? Tal vez se buscaba a sí mismo en un estado del yo más amplio, a su yo verdadero, sin compromisos sociales, sin admiración, sin talentos.

También afirmó Cortázar que en el cuento El Perseguidor está el germen de Rayuela y que el personaje de Johnny Carter es ya un poco Oliveira en la novela. Personajes que recuerdan al propio Cortázar en su dimensión más filosófica, un escritor pensador, una persona que hubiera querido estudiar filosofía en la universidad pero que no podía pagarlo, un ser con una conciencia despierta.

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