Rayuela de Cortázar, una lectura necesaria

Rayuela de Julio Cortazar

Rayuela es una novela como ninguna otra, escrita por el gran autor argentino Julio Cortázar y publicada en 1962. Es tal vez la novela más importante y original del siglo XX, una novela donde el autor tiene la opción de empezar a leer desde donde él quiera. Es una invitación al “lector cómplice” afirmó Cortázar. Es una anti-novela, en el mejor de los sentidos. Rayuela es también una imagen de la bohemia latina en el París de la posguerra. Rayuela es muchas cosas.

Pero Cortázar nunca estuvo de acuerdo en llamarle anti-novela, es decir, Rayuela nunca fue negación de la novela como género, sino exploración de la novela. Fiel a su pensamiento agudo, decidió llamarle “contra-novela”; le sonó más ajustado a su intención creativa, porque se trataba de encontrar una manera diferente de relacionarse con el lector.

Cómo encontré el libro Rayuela

El año pasado mi antiguo compañero de piso tiró sus libros a la basura, pero antes me dijo que tal vez algunos podrían interesarme. Me había visto leer en el salón y supuso que me gustaría rescatar algunos ejemplares. Elegí varios, entre ellos Rayuela. Había salvado a Cortazar de la basura. Le pregunté a mi compañero Dani si había leído Rayuela. Claro que no, me dijo, “es de una ex-novia sudamericana”.

Sabía desde los 15 años que Rayuela era un libro importante pero no lo había podido leer. Lo dejé pasar. Pero la marea trae de vuelta algunos libros, que a veces quedan flotando como una botella que no se hunde y que es nuestra curiosidad insatisfecha.

Así llegó a mí esta obra, esta novela increíble que cuestiona las formas usuales de la narración y el orden de la lectura convencional. Rayuela reta a la novela como género, es una novela mutante, una especie nueva. Y también reta al lector, lo hace participar, lo reta a ser cómplice. Me pregunto ¿cuál es el porcentaje de lectores que una vez iniciada la lectura abandonan esta Rayuela? ¿O cuántos no leen esos capítulos que han sido llamados prescindibles?

Esta es la opinión de Julio Cortazar acerca de Rayuela:

Rayuela, Horacio Olivera y la Maga

Horacio Olivera es el protagonista de Rayuela, un personaje que se define a sí mismo antagónicamente en comparación a su ambigua pareja, La Maga: “… me sentía antagónicamente cerca de la Maga, nos queríamos en una dialéctica de imán y limadura, de ataque y defensa, de pelota y pared.” (P.28). Ella era fluidez, él embotellamiento, ella sonrisa irracional, él un raciocinio incontrolado, ella anti-intelectual, él sobre-intelectual. Oliviera era todo lo que ella no era, y sin embargo todo lo que en realidad le faltaba. Olivera, un existencialista, un hombre que no hace nada y hace todo y en boca del cual transcurre esta novela, de París a Argentina.

Morelli

Olivera y la Maga vivían en el Paris de los años 50, donde junto a un grupo de amigos variopintos conformaban el Club de la Serpiente, un parche de jóvenes entusiastas de las artes. De las pocas cosas en común que tenían, compartían el interés en el Jazz y especialmente en Morelli, un escritor que teorizaba sobre la poiesis, sobre el acto de crear escritura, sobre el quehacer literario, y quien denuncia el escribir estético como escamoteo y mentira (p. 564). Este afirmaba “… basta ya de novelas sobre el comportamiento…” (p. 612). Tenía un punto de vista crítico, incluso reformatorio sobre la literatura, con el cual, de paso, se puede entender esta novela:

-> “Todo lo que se escribe en estos tiempos y que vale la pena leer está orientado hacia la nostalgia. Complejo de Arcadia, retorno al gran útero, back to Adam, le bon sauvage…” (p. 482).

-> “La novela que nos interesa no es la que va colocando los personajes en la situación, sino la que instala la situación en los personajes. Con lo cual estos dejan de ser personajes para volverse personas. Hay como una extrapolación mediante la cual ellos saltan hacia nosotros, o nosotros hacia ellos. El K. de Kafka se llama como su lector  o al revés.” (p. 611)

-> “Basta de novelas hedónicas, premasticadas, con psicologías. Hay que tenderse al máximo, ser voyant como quería Rimbaud. El novelista hedónico no es más que un voyeur, por otro lado, basta de técnicas puramente descriptivas, de novelas “del comportamiento”, meros guiones de cine sin el rescate de las imágenes.” (p. 612).

-> “… usar la novela como se usa un revólver para defender la paz… tomar de la literatura eso que es puente vivo de hombre a hombre y que el tratato o el ensayo sólo permite entre especialistas. Una narrativa que no sea pretexto para la transmisión de un “mensaje”… una narrativa que actúe como coagulante de vivencias, como catalizadora de nociones confusas y mal entendidas, y que incida en primer término en el que la escribe, para lo cual hay que escribirla como antinovela…” (p. 506)

La invención del lenguaje

De las variadas lecturas a Rayuela, muchos ilustrados no han dejado de ver en Olivera y en Morelli reflejos autobiográficos y pensamientos del mundo Cortazar.

Y es cierto que Rayuela parece una obra concebida por Morelli, o escrita atendiendo las máximas morellianas. Pero más allá de esta comprobación, lo que en verdad me sorprende es la permisividad y la diversidad con la cual Cortazar escribe, la plasticidad de Rayuela, su libertinaje literario, la manera en que incendia el lenguaje, la transgresión, el uso sobresaliente de las haches, la narración con líneas intercaladas en el capítulo 34, o el manejo poético del Gíglico, esa invención lingüística atribuida a la Maga y dedicada a ella: “Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo…” (p. 478)

 

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