Entre la magia y la ciencia: qué tienen en común un curandero, un mago, un sacerdote y un médico?

Libro sobre la magia y la ciencia

¿Os habéis preguntado qué similitudes existen entre la magia y la ciencia? Pues bien, De la Magia Primitiva a la Medicina Moderna es un libro que busca entender la coexistencia de sistemas médicos, basados en distintos conceptos de verdad y de curación. Sistemas médicos que han tomado caminos divergentes en la historia, pero que en la contemporaneidad han llegado a encontrarse y convivir.

De la Magia Primitiva a la Medicina Moderna es un título excelente para decir en pocas palabras mucho acerca del pasado y el presente del ser humano. Lo digo con asombro, porque la historia de la medicina se remonta al comienzo de la humanidad, y sin duda, ha sido fundamental en los procesos sociales y culturales a lo largo de nuestra vida en la Tierra. Pero, no importa qué tan primitiva sea la magia o qué tan moderna sea la ciencia médica, hay algo entre estos dos polos que siempre ha estado presente: la búsqueda del bienestar y la curación,  aunque ¿Qué es el bienestar y la curación?

Entre la magia y la ciencia

Este es un libro del médico e investigador mexicano Ruy Pérez Tamayo que gran mérito: detallar la historia médica subrayando los momentos más sobresalientes y los protagonistas que han brillado por sus hallazgos en esa milenaria búsqueda por la salud y su conservación[1].

Pensando en elixires, pociones, rezos curativos, vacunas y descubrimientos científicos, la lectura de este libro me ha obligado a preguntarme:

  • ¿Cuáles son los sistemas médicos que han sobrevivido al paso del tiempo?
  • ¿Es posible que la magia primitiva y la medicina moderna convivan actualmente?
  • ¿Qué elementos de una hay en la otra?
  • ¿Qué tanto hay en común entre la magia y la ciencia?
  • ¿Es totalmente cierto que la medicina moderna ha derrocado las creencias de curación con base en la fe y los dioses?
  • ¿Cuál es la relación entre la herbolaria y los medicamentos científicos contemporáneos?

Podría seguir haciendo preguntas similares, pero ya son suficientes para subrayar lo innegable: hoy en día conviven la medicina moderna (me refiero a la medicina alopática) y otras medicinas, antiguas herencias relacionadas con la alquimia, el conocimiento de las plantas, el culto a los dioses y con lo que popularmente entendemos como magia. Es decir, no sólo las medicinas como la homeopatía y la acupuntura florecen, también terapéuticas chamánicas, artísticas y psicoterapéuticas alternativas ganan seguidores.

Sería interesante que la medicina más científica reconociera de manera más abierta su herencia pagana y otros principios que otrora fueron propios de la brujería, la magia y la religión; por ejemplo todo aquello que tiene que ver con el efecto de los símbolos en la psique y el cuerpo.

La medicina y los dioses

Teniendo en cuenta lo mencionado anteriormente no es extraño indagar cuáles conocimientos médicos muy anteriores a la era moderna se han venido transmitiendo, aunque sea por fragmentos, desde tiempos inmemorables. Es posible entonces que, por ejemplo, desde el culto a Imhotep (mago, astrónomo, médico y sacerdote egipcio del siglo XXX b.c. y considerado dios de la salud y la medicina en el año 525 a.c.[2]) muchas nociones acerca del cuerpo humano y de su relación vital con la naturaleza, hayan sobrevivido.

Más atrevido pero no menos posible es considerar que el conocimiento paleolítico acerca de la salud y la enfermedad se ha transformado, sobreviviendo, acumulándose, y aún influenciando a través del tiempo la ciencia médica. Se propone considerar que muchas creencias acerca de la curación y la enfermedad han dilatado su existencia más allá de la época en la que fueron concebidas, llegando incluso hasta nuestros días (ciertamente ésta es una idea sugerida en el libro de Ruy Pérez Tamayo, aunque no sea desarrollada ni presentada explícitamente).

Las prácticas asociadas al culto del dios griego de la medicina (Asclépiades) en el siglo XI b.c., a su vez influenciadas por la cultura egipcia, influyeron en gran medida la medicina del Imperio Romano y sobrevivieron en buena parte hasta la Edad Media, cuando el culto a los santos cristianos durante el Imperio Bizantino heredó muchas prácticas griegas.

Es decir, sin temor se podría afirmar que desde siempre el ser humano ha buscado refugiarse en los templos para encontrar la curación a través de un éxtasis religioso. Hoy en día, esto no deja de ser común, pero lo más asombroso, no deja de ser efectivo.

Siguiendo otro ejemplo más clásico, Hipócrates de Cos en el siglo V b.c. sentó las bases de un método de observación y una teoría de los humores[3] que se ha extendido hasta la actualidad. De hecho, su juramento ha sido considerado como la suma de la ética médica a través de los siglos[4] y aún en muchas universidades se pronuncia ritualmente. Fue así como el influyente Hipócrates se convirtió en punto de partida para sus sucesores, entre ellos, grandes personajes como los romanos Claudio Galeno (Siglo II a.c.), Aulio Celso (Siglo I a.c.) y el persa Rhazes (Siglo VII d.c.).

Los anteriores, al igual que otros como Erasístrato de Chios (quien sentó en Alejandría las bases para el posterior entendimiento científico de la circulación sanguínea en 1628) fueron antecedentes primordiales para el desarrollo de la ciencia médica a partir del renacimiento. Pero los aportes no sólo han venido del viejo mundo; hoy en día se miran con nuevos ojos los conocimientos en Herbolaria que en México los antiguos Nahuas tenían. Paralelamente, el conocimiento de plantas curativas y preparaciones que poseen muchas etnias en el Amazonas revisten un interés especial para la comunidad científica contemporánea.

Una historia de saberes y herencias

Todo esto hace pensar que la historia de la medicina es una historia de saberes que se han acumulado y que, poco a poco, se han venido transmitiendo (en muchos casos por tradiciones orales) y retroalimentando. Y aunque es correcto subrayar que no todo el conocimiento antiguo ha sobrevivido, prevaleciendo en distintas épocas un paradigma sobre otro y afirmando su legitimidad en detrimento de los sistemas médicos predecesores, también es cierto que algunas nociones acerca de la curación han logrado permanecer a lo largo del tiempo, resistiendo presiones y persecuciones políticas, religiosas y culturales.

Durante el Siglo de las Luces y luego con la Revolución Industrial del siglo XIX, el método científico se consolidó como un paradigma hegemónico y políticamente afianzado, pero ni siquiera así el pueblo abandonó sus prácticas médicas antiguas. Los descubrimientos y adelantos en medicina científica, de la mano con los avances en Física y Química, se acogieron primero en Europa y luego en América. El nuevo modelo de República decimonónica exigía entre muchas cosas, que los Estados recién independizados acogieran la medicina moderna a través de la institucionalización de los programas hospitalarios, de salud pública y de higiene.

De hecho, el Proyecto de Estado Moderno tuvo que establecer una ciencia médica en detrimento de las tradiciones de origen prehispánico y sincrético a través de la regulación de la Salud Pública y la Educación[5]. Pero en ese entonces la población de las naciones americanas era campesina y/o indígena en un 80%. La elite política y religiosa pretendió acabar con brujos y hechiceros, pero en países como Colombia, Mexico, Perú, Ecuador y Bolivia, persistió una fuerte práctica basada en el uso tradicional de plantas, con las cuales se preparaban jarabes, elixires y ungüentos que hallaban su lugar en boticas y mercados de pueblos y ciudades.

Además, durante la Colonia también tuvo lugar una fuerte introducción de la Medicina Medieval Europea, la cual traía legados propios de la Alquimia y de las teorías hipocráticas y Galénicas. Todo esto vino a consolidar un verdadero crisol… El estudio y la práctica metódica de la medicina académica fueron inaugurados en la Nueva Granada por El Sabio Mutis (quien ya reconocía que la gente común practicaba variados sistemas médicos populares), pero sólo hasta la década del setenta en el siglo XIX, con la fundación de la Academia de Medicina, se extendió de manera sistemática su discurso[6]. Sin embargo, nada fue suficiente para ocultar o terminar con las prácticas médicas tradicionales en muchos territorios.

Actualmente podemos observar que en Colombia, Venezuela, Perú, México y Brasil sobreviven muchas tradiciones médicas distintas a la medicina “formal” patrocinada por el Estado  y que son resultado del cruce de distintos sistemas médicos. Para ilustrar lo dicho, basta remitirse al ejemplo de la actual medicina campesina y la tradición oral en el municipio de Buesaco (el cual no es principalmente indígena) en el Departamento de Nariño, Colombia.

Existe una descripción documentada[7] de 146 plantas que allí se usan para tratar 162 dolencias más o menos comunes; el conocimiento de sus propiedades se ha transmitido oralmente y la clasificación principal de las plantas medicinales está hecha con base en la temperatura, así: a unas plantas se les consideras calientes y son usadas para curar malestares denominadas localmente como el “tabardillo de frío”, y a otras se les considera frías y son usadas para curar enfermedades relacionadas con el calor excesivo en el cuerpo. Este conocimiento está vivo y representa, por un lado, una herencia de farmacopea vegetal indígena, y por otro, una herencia hipocrática y galénica española (por lo que se refiere a las temperaturas y humores):

En zonas de fuerte herencia hispánica, aún se entrevén los determinantes de la salud como equilibrios orgánicos, térmicos y físicos, humores y principios caliente frío. Se siente el determinismo ambiental hipocrático y ayurvédico [8]

Ahora bien, afirmar que la búsqueda de la salud y la curación ha sido algo continuo en el tiempo, quiere decir que todos los sistemas médicos, desde el más antiguo hasta el más nuevo, han buscado prevenir y curar, empleando distintos métodos; “todo sistema médico ofrece un sistema preventivo y uno curativo, congruentes con los principios teóricos sobre el origen y difusión de la enfermedad que cada uno porta[9]. Aunque los conceptos de curación, salud y bienestar han cambiado y son diferentes dependiendo de la sociedad, época, cultura y otros factores, es cierto que siempre, de una manera u otra, éstos han servido para explicar condiciones vitales, de salud y enfermedad, del ser humano. Es por esto que las figuras del médico, el curandero, el mago y el sacerdote, han llegado a ser similares y expresan por su oficio uno de los deseos más profundos, comunes y simbólicos, a saber, el reestablecimiento del orden. Algo peculiar: al “sacerdote” también se le llama “cura”.

Coexistencia de sistemas médicos

Es pertinente considerar la coexistencia de distintos sistemas médicos porque nos dice algo muy importante: en países como Colombia, Perú, Bolivia y México un gran número de personas participa de los sectores folclórico y profesional de la medicina; van de uno a otro buscando la salud  gracias a que en la cultura y en la historia los saberes científicos, mágicos y religiosos no están separados sino mezclados, contaminados, revueltos.

En conclusión, si se piensa bien, no es totalmente cierto que la magia primitiva sea cosa del pasado, aún muchas de sus características sobreviven. También es cierto que la medicina moderna no habla sólo de una ciencia novísima, sino de una ciencia que ha tenido una diversidad de antecedentes y contribuciones pertenecientes a los más diversos sistemas, y que gracias a esos puntos de partida y transformaciones hoy existe.

Por otra parte, los factores políticos, religiosos, económicos, entre otros, han hecho que a veces la herencia del conocimiento médico encuentre continuidad en diferentes culturas, pero en otras ocasiones ha logrado que las tradiciones se extingan. En la historia del ser humano hay muchas influencias culturales y científicas, y en el caso de la medicina esto se ha pronunciado particularmente.

No es muy convincente aseverar que la medicina sea una sola, porque las interpretaciones de la enfermedad y de la salud son diversas, y tampoco es cierto que una sola la medicina tiene validez. En países como los latinoamericanos las medicinas se combinan y complementan. Un sujeto puede ir al médico designado por el servicio social del Estado, y si no le funciona, va donde un rezandero, y si tampoco funciona, va donde un médico indígena, o si quiere, consulta un homeópata o se remite a la ofertas médicas de tradición China.

Pero lo más asombroso es que el mundo globalizado cada vez más permite que los conocimientos puedan acercarse, y de esta manera, distintos saberes médicos están potencialmente al alcance de muchas personas que antes los desconocían. Por ello, no es de extrañar que mucha gente visite México o Colombia con fines médicos; pero no sólo porque la ciencia en estos países esté mejorando o porque existe un turismo de la salud basado en la estética, sino porque también los tratamientos con plantas medicinales se han convertido en una opción interesante para gente de todo el mundo. De la Magia Primitiva a la Medicina Moderna, o viceversa, señala pues un recorrido entre dos polos que actualmente podemos conocer sin necesidad de salir de la ciudad.


[1] Lo anterior tiene una gran relevancia relacionada con el tema de divulgación propuesto con la colección La Ciencia para Todos del Fondo de Cultura Económica, a la cual pertenece el libro del nombrado doctor. La descripción de conocimientos, prácticas médicas e influencias a lo largo de la historia es algo que la mayoría de personas desconocemos, y encontrar un libro como éste, que nos muestra cuándo y quiénes crearon y/o descubrieron muchos de los medicamentos que ayer se usaron y hoy usamos, es ciertamente valioso e interesante.

[2] Perez Tamayo, Ruy. De la Magia Primitiva a la Medicina Moderna. FCE. México. 1997. Página 23

[3] Entiéndase: “la teoría hipocrática de la enfermedad como un desequilibrio de los humores, por deficiencia o exceso de uno o más de ellos, o cambios de sus propiedades de frío, calor, humedad, sequedad”. Perez Tamayo, Ruy. De la Magia Primitiva a la Medicina Moderna. FCE. México. 1997. Página 51.

[4] Ver Juramento Hipocrático. Ibíd. Página 211

[5] Romero Beltrán, Arturo. Historia de la Medicina Colombiana. Siglo XIX. Colciencias, Universidad de Antioquia. Medellín. 1996. Página 52

[6] Pedraza Gómez, Zandra. En Cuerpo y Alma: visiones sobre el progreso y la felicidad. Uniandes. Bogotá. 1999. Página 107

[7] Valenzuela, Carmen y María Flor Ramírez. Medicina Popular en la región andina y la tradición oral nariñense. Centro Cultural Jubunguana. Pasto, Colombia. 1996

[8] Gutiérrez de Pineda, Virginia. Medicina tradicional de Colombia. Magia, Religión y Curanderismo. Volumen II. Ed. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá. 1985. Página 26

[9] Ibíd. Página 20

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.