Una brevísima reseña literaria del libro de relatos Se busca una mujer podría ser esta: «Hospitales, cárceles y putas: estas son las universidades de la vida. Yo he alcanzado numerosos grados. Llámenme Señor”.
La anterior cita refleja con exactitud quién es Henry Hank Chinaski, el vividor, el arrecho, el borracho, el hemorroico, el escritor demencial y suertudo, de alguna forma, que protagoniza los relatos que conforman el mencionado libro de Charles Bukowski. Cualquier parecido con su propia biografía es pura coincidencia.
Pese a cualquier censura, la cita es interesantísima si se ve desde los zapatos de Chinaski, es decir, desde un lado deprimido de la sociedad y de la ciudad. Los hospitales, las cárceles y las putas bien reflejan cierta oscuridad moral, la culpa, el delito, la enfermedad y las falacias sociales más tenebrosas, la pereza y los pecados capitales. Todo lo anterior, es bien narrado por Bukowski, quien no exagera y hace gala de una descripción verosímil, que sin duda vivió.
Después de leer su reticente descripción de borracheras, mujeres chupavergas, desasosiego, literatura pulp, y desprecio, no es descabellado concluir que Chinaski demuestra ser un observador fino de la humanidad, al peor (no al mejor) estilo de Maldoror.
Sí, es un escritor maldito, como lo han llamado algunos, pero diferente de los decimonónicos. Chinaski es, es, un podrido. Acierta sin duda, si es ese el calificativo que buscaba. Me pregunto por qué no fue drogadicto también. Tal vez en su momento las drogas no eran tan populares en California, lo cual cabe dudar. Si su descripción de vida incluyera drogas, se extendería en alucinaciones patéticas.
Esta serie de relatos en Se busca una mujer es inevitable y sugerentemente autobiográfica. Otras palabras clave que componen este relato son: decadencia, falta de compromiso, machismo, antihéroe, vagabundo. En conclusión, Se Busca una Mujer es un libro de relatos muy recomendado, una obra necesaria de Bukowski dedicada a una sociedad como la nuestra.