Análisis de Psicología de las masas según Freud

Libro y ensayo psicología de las masas de Sigmund Freud, foto en entorno público
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Que el individuo integrado en una multitud obre de forma inesperada y contraria a su personalidad, que acate órdenes ciegamente y ponga en riesgo su propia vida, es un fenómeno de gran interés para la psicología social. También para Sigmund Freud, quien hace 100 años dio a conocer sus ideas con el ensayo Psicología de las masas. Actualmente, pensar en este tema sigue siendo muy pertinente; en un mundo de redes sociales que funcionan como multitudes virtuales, entender cómo influir y conducir a las multitudes son cuestiones de primer orden mundial1 .

Análisis y comentarios hechos con base en la lectura de esta edición:
Freud, Sigmund. (1921). Psicología de las masas. Alianza. 1984. Madrid.

En el ensayo «Psicología de las masas» Freud expone la cercanía psicológica de la multitud con la hipnosis y el enamoramiento, explica cómo la personalidad consciente del individuo es tomada por cierto inconsciente colectivo y se pregunta si la psicología de los colectivos tiene relación con los estados de neurosis. En su exposición revela por qué los lazos libidinosos, entiéndase afectivos, son el “pegamento” de fondo que hace posible la cohesión de las multitudes y por qué en las multitudes contemporáneas revive la horda prehistórica.

Freud empieza su explicación reafirmando que la psicología siempre es social. La satisfacción de los instintos, la vida anímica del individuo, siempre aparece integrada a un “otro”. La relación con la madre, el padre, el amante, el hermano, el médico, etc., siempre apela a lo social. En ese sentido, la psicología ha tenido un interés social por definición. No obstante, el instinto social, asevera Freud, no es primario. Sus comienzos están ligados a círculos bien delimitados como la familia, y aunque lo social es fundamental para el individuo, lo social se entiende en “oposición a ciertos procesos denominados narcisistas”.

¿Qué es la masa? Revisando a Gustave Le Bon, Scipio Sighele y Mac Doughal

Freud hace una exégesis de los puntos centrales de Gustave Le Bon, un erudito del siglo XIX un tanto orientado a la frenología; le reconoce haber hecho una descripción detallada sobre el fenómeno de la psicología de las multitudes, desde la cual despliega su propia explicación. Freud coincide con Le bon en que el fenómeno central para el estudio de la psicología colectiva es la carencia de libertad del individuo integrado en una multitud. Lo anterior se observa cuando, en circunstancias nacidas de su incorporación en una multitud, el individuo puede sentir u obrar de un modo totalmente inesperado, muy distinto o radicalmente opuesto a como obraría estando solo.

Por lo tanto, Freud pregunta: ¿Qué es una masa? ¿Por qué medios logra una influencia decisiva sobre el individuo? y ¿En qué consiste la modificación psíquica que impone al individuo?

Una multitud es una “masa psicológica”, según Le Bon: “Cualesquiera que sean los individuos… el solo hecho de hallarse transformados en una multitud les dota de una especie de alma colectiva. Esta alma les hace sentir, pensar y obrar de manera por completo distinta de cómo sentiría, pensaría y obraría cada uno de ellos aisladamente” (Freud. 1984:12). Freud defenderá que la psique colectiva arrebata al individuo su propia psicología individual.

Esta “alma colectiva”, este ser psicológico provisional, hace que en el individuo la personalidad decaiga, mientras que “lo social inconsciente surge en primer término y lo heterogéneo se funde en lo homogéneo”…. la superestructura psíquica, tan elaborada en el individuo, se esconde, se desmorona, pasa a segundo término, “apareciendo desnuda la uniforme base inconsciente común a todos” (Freud. 1984:13).

¿Cuáles serían las causas? Le Bon enumera tres: 1) El sentimiento de potencia invencible: el simple hecho de estar en un grupo le da un sentimiento de potencialidad al individuo, y al ser la multitud anónima, el sentimiento de responsabilidad, que era uno de sus mayores frenos individuales, desaparece. 2) El contagio mental: un fenómeno cercano a la hipnosis, un contagio de sentimientos y actos. 3) La sugestibilidad: la principal causa, de la cual el contagio mental es más bien una consecuencia, hace que el individuo entre en un estado de fascinación similar al de la hipnosis, en el cual puede cometer los actos más alejados a su personalidad y debido a lo cual se halla en manos de un hipnotizador. Pero ¿Cuál es la figura de este hipnotizador? ¿Qué reemplazaría a esta figura cuando no es evidente la existencia de un jefe con “prestigio”? Le Bon no lo contesta; esta es una de las críticas de Freud, desde la cual menciona que el jefe puede ser reemplazado por una idea abstracta.

Individuos heterogeneos integrados en la multitud adquieren una pscología colectiva
Los individuos heterogeneos integrados en la multitud adquieren una piscología colectiva, conforman una masa psicológica, gracias a la cual sienten, piensan y actúan de manera diferente a cómo lo haría cada uno de ellos aisladamente.

A nivel moral, cita Freud a Le Bon, las masas son capaces del desinterés y del sacrificio por un ideal, siempre que estén bajo la influencia de un “conductor de orquesta”. Si bien las inhibiciones desaparecen en el individuo insertado en una masa, y sus instintos crueles, brutales y destructores, latentes, despiertan, la “moralidad de las multitudes puede resultar más elevada que la de los individuos que la componen” (Freud. 1984:21). Según Le Bon, el individuo en la masa “retrocede”, se vuelve un ser primitivo y bárbaro, se aleja de la civilización, su vida anímica es similar a la de los primitivos y los niños: con la masa es imposible argumentar y razonar, en cambio, se muestra accesible al poder mágico de las palabras, las palabras cargadas de ilusión y emocionalidad. La multitud es un rebaño, con sed de obedecer y se coloca instintivamente bajo la autoridad de un jefe.

Algunas características de las multitudes:

• Las masas piden ilusiones, a las cuales no pueden renunciar.
• No toleran aplazamientos entre el deseo y su realización.
• La multitud es extraordinariamente influenciable y crédula.
• La multitud es como un rebaño y tiene sed de obedecer.
• La multitud es impulsiva, versátil e irritable y se deja guiar casi exclusivamente por lo inconsciente.
• La masa no sería la suma de individuos, sino que formarían un ser psicológico provisional.
• La masa se puede ver como una amplia comunidad afectiva.

Freud acepta que en el individuo integrado en la multitud emerge, y en cierta forma domina, la personalidad inconsciente sobre la consciente. No obstante, hace ver que los dos puntos de vista más importantes de Le Bon, a saber, la inhibición colectiva de la función intelectual y la intensificación de la afectividad en la multitud, ya habían sido formulados tiempo atrás por Scipio Sighele (1868 – 1913), un psicólogo, sociólogo y criminólogo italiano, pionero en la psicología de las multitudes.

Otro vacío que ni Sighele ni Le Bon llenan con su explicación es que el genérico “multitud” parece designar por igual a diferentes formaciones colectivas. Freud identifica que Le Bon y Sighele se referían principalmente a multitudes momentáneas, pasajeras. Pero hay otras multitudes más estables, multitudes “en las que los individuos pasan toda su vida y que toman cuerpo en las instituciones sociales”.

En este punto Freud trae a la discusión a William McDougall (traducido Mac Doughal en el libro), quien precisamente argumentó que las multitudes más organizadas disminuyen los “defectos psíquicos”2 de la formación colectiva. Para Mac Doughal el “contagio mental” que expone Le Bon es lo que él denominó como Principio de la inducción directa de las emociones por medio de la reacción simpática primitiva. Freud subraya que el individuo casi no puede resistirse a este contagio, a esta simpatía, y se pregunta de dónde viene.

Página 27 del ensayo Psicología de las masas
Página 27

Lazos libidinosos, la iglesia y el ejército

Aunque Freud comparte muchos de los puntos explicados por los otros investigadores mencionados, muestra que bajo las causas llamadas “contagio” y “sugestión” hay algo más fuerte que subyace. Algo menos ambiguo que la sugestión y que explica la cohesión de los individuos en la masa y la renuncia de lo individual frente a lo grupal. Esta fuerza sería la fuerza del «amor» o de los lazos libidinosos o afectivos entre los miembros de una multitud, y de estos miembros hacia el director o caudillo que dirige a esa masa.

La explicación de lo anterior es abordada por Freud desde el concepto de Libido, el cual hace parte de la teoría de la afectividad. Libido es un término con el cual se designa “la energía – considerada como magnitud cuantitativa, aunque por ahora no mesurable – de los instintos relacionados con todo aquello susceptible de ser comprendido bajo el concepto de amor.” (Freud. 1984:29).

En este ensayo, Freud trata brevemente la polémica que la comunidad científica ha creado sobre su visión del Libido, la intensidad afectiva y el concepto de amor, el cual abarca al amor sexual, cuyo fin es la cópula sexual. Este concepto, no separa “aquello que participa del nombre de amor, osea, de una parte, el amor del individuo a sí propio, y de otra, el amor paterno y el filial, la amistad y el amor a la Humanidad en general, a objetos concretos y a ideas abstractas.” (Freud. 1984:29). Todos los anteriores conceptos, comparten, instintivamente, el impulso dirigido hacia la unión sexual, aunque circunstancialmente este fin sea desviado hacia otro, o detenido en la consecución del mismo. Es decir, Freud enuncia una concepción amplificada del amor. Expone entonces que el concepto del Libido y una visión así amplificada del amor tampoco es nueva, pese a las objeciones morales y la dificultad que algunos colegas suyos tienen en hablar sobre la sexualidad. Platón ya lo había expuesto en la antigua Grecia bajo el concepto de Eros.

En la masa ocurriría lo que ocurre en los niños de 0 a 5 años, respecto la desviación de sus instintos amorosos. Los niños de 0 a 5 años (en la Fase Oral según Freud) que ven en sus padres a su primer objeto sexual, ocurre una represión, una renuncia a sus fines sexuales infantiles. Quedan ligados a sus padres pero “coartados en sus fines”. Entonces sus sentimientos desde ese punto son calificados como “tiernos” (Freud. 1984:48).

Dos ejemplos centrales son comentados para evidenciar que los lazos afectivos o libidinosos hacia un jefe o director, y hacia los demás individuos, es la fuerza que mantiene la adhesión de la masa: el Ejército y la Iglesia, son dos colectivos en los cuales sería claro ver estas relaciones entre los miembros y hacia un director, en clave afectiva. “En el fondo, toda religión es una religión de amor para sus fieles y, en cambio, cruel e intolerante para aquellos que no la reconocen” (Freud. 1984:37). Sugiere que igualmente, bajo determinadas circunstancias, el socialismo o la ciencia podrían generar multitudes equivalentes en organización y naturaleza a la iglesia y al ejército.

En la esencia del alma colectiva lo que realmente contagia a los individuos es la existencia de relaciones amorosas, es decir, lazos afectivos. El afecto actúa como fuerza restrictiva de las fuerzas narcisistas. La tendencia individual a la afirmación del narcisismo frente a personas extrañas desaparece con la integración en la masa. Así pues, el amor, en su sentido común y amplio, podría ser considerado “como el principal factor de la civilización, y aún quizá el único, determinando el paso del egoísmo al altruismo” (Freud. 1984:41).

Evidentemente, en la multitud los lazos libidinosos no tienen como fin el acto sexual, o por lo menos no como un objetivo declarado y colectivo. Freud explica que en la multitud los instintos eróticos aparecen desviados de sus fines primitivos ¿cómo? En principio, gracias al fenómeno de psicológico de la Identificación, catalogada en el psicoanálisis como la manifestación más temprana de enlace afectivo hacia otra persona. En el ensayo, Freud profundiza sobre este fenómeno, exponiendo que la identificación puede darse directamente con el objeto de deseo, introyectándolo3, o indirectamente, imitando a un tercero que ya tiene pleno acceso a ese objeto de deseo.

Enamoramiento, hipnosis y la masa primitiva de Wilfred Trotter

El enamoramiento, dice Freud, es el revestimiento con el cual el individuo “viste” al objeto de deseo sexual para conseguir su objetivo y satisfacción sexual. En algunos casos, ese enamoramiento es intenso y lleva a una sublimación, a una superestimacion. Lo más común es que esto se presente en casos de amor no correspondido, en los cuales el objeto de deseo deviene magnífico y precioso, mientras que el yo se vuelve menos exigente y más modesto, “hasta apoderarse de todo el amor que el “yo” sentía por sí mismo”. En este fenómeno de superenamoramiento o superestimación el objeto de deseo ha ocupado el lugar de lo que se conoce como “ideal del yo”4 (ichideal).

En sus desarrollos más elevados, la identificación con el objeto de deseo se vuelve fascinación y el enamoramiento se convierte en servidumbre amorosa. En el caso de la psicología de la masa, los individuos tendrían, hacia el jefe de la masa, una relación equivalente con la servidumbre amorosa, la cual guarda una similitud directa con la hipnosis:

Fascinación: El Yo se identifica y enriquece con las propiedades del objeto, se lo introyecta. Quiere ser como él.

Servidumbre amorosa: El Yo se empobrece dándose por entero al objeto de deseo y sustituye por él su más importante componente.

En el primero, el objeto de deseo es situado en el lugar del “yo”, mientras que en el segundo caso el objeto de deseo es situado en el lugar del “ideal del yo”.
Una similitud entre enamoramiento e hipnosis está en que el hipnotizado da pruebas de docilidad y sumisión, ausencia de crítica, renuncia a toda iniciativa personal, frente al hipnotizador. El enamorado hace lo mismo respecto a su objeto de amor (Freud. 1984:51). “La relación hipnótica es un abandono amoroso total con exclusión de toda satisfacción sexual, mientras que en el enamoramiento dicha satisfacción no se halla sino temporalmente excluida y perdura en segundo término” (Freud. 1984:52). Esto nos hace entender que la relación de la masa con su caudillo, psicológicamente hablando, es más cercana al estado hipnótico, aunque también guarde relación con la servidumbre amorosa. El caudillo de la masa está en el lugar del «ideal del Yo» de sus seguidores.

La relación hipnótica es una formación colectiva de dos personas, afirma Freud. Solo que una de las relaciones afectivas es posible, la que se dirige hacia el hipnotizador, el director. La otra relación, la que liga a los individuos, no está presente en la hipnosis. Este lazo entre los miembros de la masa sería de la misma naturaleza que la hermandad, un lazo afectivo en el cual el fin sexual está reprimido, o coartado. En la hermandad, así en la Iglesia, así en el Ejército, el fin sexual está prohibido, porque amenaza la viabilidad o solidez del grupo, de la multitud. Explica Freud: “Las tendencias sexuales coartadas en su fin son las que crean entre los hombres los lazos más duraderos. Esto se explica porque no son susceptibles de una satisfacción completa, mientras que las tendencias sexuales libres experimentan una debilitación extraordinaria por la descarga que tiene efecto cada vez que el fin sexual es alcanzado. El amor sensual está destinado a extinguirse en la satisfacción. Para poder durar tiene que hallarse asociado desde un principio a componentes puramente tiernos, esto es, coartados en sus fines, o experimentar en un momento dado una transposición de éste género” (Freud. 1984:52).

Fragmento del ensayo Psicología de las masas de Freud. Página 54.
Fragmento del ensayo Psicología de las masas. Freud comenta que, de acuerdo con Le Bon, las masas llevan al individuo a una fase de comportamiento primitiva o equivalente al comportamiento infantil.

“La total ausencia de tendencias con fines sexuales no coartados contribuye a garantizar la extrema pureza de los fenómenos” (Freud. 1984:52) por eso la exigencia de la castidad en la iglesia y en el ejército, cuando se está en funciones. De forma contraria, las tendencias sexuales directas serían desfavorables para la formación colectiva. La nueva pareja, señala Freud, siempre querrá apartarse, divergir del sentido gregario.

La masa primaria, aquella “no organizada”, aquella con un caudillo es la reunión de individuos que han reemplazado su “ideal del Yo” por un mismo objeto, a consecuencia de lo cual se han establecido entre ellos una general y recíproca identificación del Yo (Freud. 1984:53). Esto es, los individuos de la multitud comparten un “yo” y su «ideal del yo» es reemplazado por un mismo objeto como consecuencia de la identificación y los lazos afectivos con el director de esa multitud.

Freud cita al médico Wilfred Trotter, para responder al fenómeno del contagio mental entre los individuos o sugestión recíproca entre ellos. Para Trotter la tendencia de los individuos a reunirse en grupos responde al instinto gregario, debido al cual el individuo se siente incompleto cuando está solo. El compañerismo derivaría de este instinto. Para Freud éste derivaría también de la envidia primitiva, según la cual renunciaríamos a muchas cosas para que los demás tengan que hacerlo también, para que no puedan reclamarlas.

Para Freud, más que un animal gregario el ser humano sería un animal de horda, la cual se distingue por ser conducida por un jefe, un patriarca.

En ese sentido, recalca que este tipo de masa revive el estado arcaico y arquetípico de la horda primitiva, ese estado prehistórico en el cual la psique individual no se había elaborado del todo, ese estado en el que el “gran padre” dominaba a su horda y en la que sus hijos y mujeres le admiraban y temían al mismo tiempo. El padre de la horda primitiva era el superhombre cuyo advenimiento esperaba Nietzsche.

De forma muy sintética: En los individuos integrados en la multitud ocurre un fenómeno en el cual el «Ideal del yo» de cada sujeto es ocupado por la ilusión de un «proto-padre» representado en la figura del caudillo. Ésta figura ejerce un efecto de naturaleza hipnótica sobre los individuos, mientras que los individuos se identifican entre ellos porque comparten entre sí un sentimiento de admiración y amor, el cual no es sino la expresión del temor hacia el patriarca, gracias al cual, psicológicamente, sus objetivos sexuales han sido coartados y encaminados hacia el establecimiento de una hermandad. En la masa revive la horda prehistórica, la cual sería más similar a una manada de lobos que a un grupo humano. Este argumento conecta con otro trabajo anterior de Freud: Totem y tabú. El él desarrolla la idea de por qué en esa horda primitiva solo el patriarca adquiría una piscología individual propiamente dicha, mientras que los demás permanecían a la sombra de las fuerzas inconscientes grupales.

Página 79 de Psicología de las masas. Freud resumen por qué el enamoramiento y la hipnosis tienen lugar en el fenómeno de la psicología de las multitudes.
Página 79 de Psicología de las masas. Freud resume por qué el enamoramiento y la hipnosis tienen lugar en el fenómeno de la psicología de las multitudes.

Notas:

  1. La campaña electoral de Trump y la agencia Cambridge Analytics dejaron muy en claro que existen nuevos mecanismos logarítmicos que alimentan la ilusión de las multitudes, de una forma intencionada y sesgada.
  2. Según Mac Doughal, las multitudes organizadas pueden devolver a los individuos sus capacidades intelectuales individuales gracias a 5 condiciones que conforman a estas organizaciones: 1) Continuidad en la formación de la masa, no es pasajera. 2) Los individuos de la masa deben haberse formado una idea de la naturaleza. De lo cual deriva una actitud afectiva hacia el resto de la masa. 3) Debe tener relación con otros colectivos, análogos pero muy diferentes. 4) Que posea tradiciones, usos e instituciones propias. 5) Que posea una organización que se manifieste en la especialización y diferenciación de las actividades de cada uno de sus miembros. Es como si esa organización tratara de replicar en la masa las facultades características del individuo.
  3. Un ejemplo de “introyección” que menciona Freud en el libro es el caso de un niño que después de haber muerto su gatito, empieza a comportarse como gato, no quiere hablar, camina en 4 patas, no quiere comer en la mesa sino en el suelo, etc. Es un caso de imitación, de introyección, del objeto amado, llevándolo hasta el mismo lugar que ocupa su “yo”.
  4. La conciencia moral en el individuo está determinada por una instancia crítica localizada en el “yo”… Freud afirma que a esta instancia le corresponde el nombre de “ideal del yo” (ichideal) y que sus funciones son la autoobservación, la conciencia moral , la censura onírica y que es la influencia principal en los fenómenos de represión (Freud. 1984:47). El “ejercicio de prueba de realidad” también es una de las funciones del “ideal del yo”.

Autor: julianbueno

Una persona aprendiendo a leer y con el objetivo de reseñar los libros que encuentra en su camino como una estrategia para volver a ellos a través de sus apuntes.

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