Sobre la Cámara Lúcida de Barthes: breves apuntes espirituales

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Estos apuntes sobre la Cámara Lúcida de Roland Barthes son complementarios a la entrada anterior, porque además de la mirada semiológica y conceptual, en este libro también hay reflexiones fenomenológicas profundas que hablan sobre la fotografía, el fotógrafo y lo fotografiado: un triángulo en el que se pone en juego la vida.

Para empezar, una cita de Kafka en La Cámara Lúcida: «Fotografiamos cosas para alejarlas del espíritu. Mis historias son una forma de cerrar los ojos» (p. 104).

¿Hay algo de espiritual en la fotografía?

Que cada quien lo conteste por sí mismo. Pero, de momento solo recordaré aquí la negativa de Balzac a ser fotografíado, por ser la fotografía una especie de robo del alma. No confiesa Barthes de dónde ha sacado esta anécdota tan maravillosa, pero le sirve para decir que eso que ha quedado grabado en la foto guarda una fidelidad, sin precedentes en la historia, con lo que fue fotografiado.

Lo fotografiado, el referente congelado, eso ahí estacionado en la imagen, es el efecto de una tecnología en la que Barthes urga con asombro: la evidencia. La fotografía es una prueba, una evidencia: «….encontrar lo evidente de la fotografía, ese algo que es visto por cualquiera que mira una foto y que la distingue a sus ojos de cualquier otra imagen» (p. 112). Toda foto es de algún modo connatural con su referente.

Fue por una foto de su madre que se cuestionó esta fuerza de la evidencia. La foto se la mostró «tal y como era ella misma»… afirma Barthes que por lo tanto es preciso interrogar lo evidente de la fotografía, ya no desde el placer de ver, sino en relación con el amor y la muerte. La evidencia como verdad, y por lo tanto, la imagen como verdad, es su punto más devocional y poco discutido, es una Urdoxa, es decir, una creencia fundamental.

La fotografía es noema, autentifica la existencia del ser que ha sido fotografiado. Transmite la esencia misma del referente… y es aquí, una vez más, donde vale recordar el rechazo de Balzac por ser retratado, por ser trasladado a la imagen, su temor a que algo de su esencia, de su alma, se impregnara en la foto y se escapara de su ser. Temía a estar incompleto y ser robado por la imagen. Vaya protesta poética.

La fotografía es literalmente una emanación del objeto

Barthes dice que la fotografía es literalmente una emanación del objeto, del referente, de un cuerpo real, una emanación de luz que se imprime en los aluros de plata de la placa fotosensible. En realidad, no es la emanación, sino la luz reflejada en el objeto… Pero, en todo caso, vale exclamar ¡Inducir de la realidad de la imagen, la realidad de su origen! esa es la metafísica de la fotografía: «una especie de cordón umbilical une el cuerpo de la cosa fotografiada a mi mirada: la luz, aunque impalpable, es aquí un medio carnal, una piel que comparto con aquel o aquella que han sido fotografiados.» (p. 143). Si la foto tiene algo de metafísico tiene que ser esto, no el ser una copia de lo real, sino una emanación a través de la luz de un cuerpo del pasado que ha sido congelado en el tiempo.  Es una magia, dice Barthes, no un arte.

Sobre la cámara lúcida: Fotografía y muerte

Fotografía y muerte: La foto congela al pasado, pero no es un recuerdo alerta Barthes, sino que lo bloquea, es un contrarrecuerdo… «históricamente debe tener alguna relación con la crisis de la muerte del siglo XIX» (p. 160)… ¿qué? la fotografía reemplaza al recuerdo, que buscaba mantener en vida lo que moría, incluso reemplaza al monumento, que pretendía resistir al paso del tiempo.

Pero la fotografía también se desmorona, la humedad, la luz, el mundo, todo, destruye la imagen y cuando esta desaparezca, reemplazado ya el recuerdo, no quedará nada, será la muerte total, el olvido. Barthes sugiere que el sentido de la fotografía y su nacimiento en el siglo XIX hay que entenderla desde su lugar más antropológico. Está en lo cierto. Guardar la imagen, enmarcarla, sacralizarla, se convierte en uno de los símbolos de la modernidad.

Usar la fotografía para garantizar la identidad civil, la nacionalidad o los derechos del sujeto se incrusta en el marco legal de la sociedad. Antropológicamente, el ser humano del capitalismo europeo inició una era en la que depende de la fotografía para hacer parte del grupo.

¿Qué es la fotografía del siglo XXI?

Desprovistas de su importancia inicial por la fotografía digital, las fotos en papel son de segunda categoría, o reliquias, piezas de colección. La fotografía digital es el  boom de la documentación, de la conservación. Guardar, cuidar, vigilar, mantener, conservar los archivos se convierte en una condición. Millones de imágenes digitales guardadas en ordenadores son pequeños granos de arena con alto valor. Perder el disco duro con las fotografías de la vida, es una causa intensa de depresión. Pero el que pierde las fotos, los archivos visuales, queda a su vez libre de reinventarse, libre de buscar en silencio el recuerdo, que había sido reemplazado por las fotografías que había enmarcado anteriormente.

Autor: julianbueno

Una persona aprendiendo a leer y con el objetivo de reseñar los libros que encuentra en su camino como una estrategia para volver a ellos a través de sus apuntes.

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