El diálogo indispensable entre las religiones según Panikkar

El diálogo indispensable entre las religiones - reseña del libro

El diálogo indispensable entre las religiones tiene un objetivo trascendental. Es “indispensable” porque es útil para la solución de algo, de un problema, de una pregunta o varias. Como lo sugiere el autor Raimon Panikkar en el subtítulo de su libro, el diálogo entre las religiones es indispensable para alcanzar la paz.

Este libro ha sido mi primera lectura de Raimon Panikkar, un filósofo especializado en el estudio de las religiones, un hombre experto en budismo, pero ordenado sacerdote católico, miembro durante años y expulsado del Opus Dei y estudiante de Martin Heidegger en Alemania. Hijo de madre española y padre hindú, Raimon Panikkar Alemany (1918 – 2010) es un pensador idóneo para tratar este interesante tema. (Raimon Panikkar fue doctor en Química, doctor en Filosofía y doctor en Teología).

Para escribir estos comentarios, reseña del libro e intentos de comprensión de sus ideas he leído: PANIKKAR, Raimon. (2001). El Diálogo Indispensable. Paz entre las religiones. Ediciones Península. Barcelona. 2003

El diálogo indispensable entre las religiones: primeras impresiones

Antes de leer El Diálogo Indispensable pensé que en este libro solo encontraría una llana insistencia en el encuentro entre las religiones para alcanzar la paz global o en medio oriente. Pero después de pocas páginas descubrí que estaba ante un libro que reflexiona sobre el sentido profundo del diálogo. Un libro filosófico, conciso, profundo, sencillo y claro. El diálogo indispensable entre las religiones se ha visto más en películas que en la vida real ¿por qué?

El libro pone de relieve al diálogo como ejercicio que busca un gran y único objetivo: acercarse a la verdad. La verdad, que no es propiedad privada de nadie ni de ningún grupo.

Decía que el diálogo indispensable entre las religiones tiene un objetivo trascendental. Al final del libro se entiende qué implicaciones trascendentales tendría un diálogo como lo expone y argumenta Panikkar.

Un diálogo que no niegue la creencia del otro, podría transformar el rumbo futuro de las religiones y de la sociedad. Así de grandes son las sugerencias en esta publicación. Las religiones en el mundo siguen siendo influyentes e importantes, siguen teniendo una gran influencia en la macro política y en la vida cotidiana (en las micro-políticas del poder al decir de Foucault).

Se ha dicho de este libro que es tan breve como sustancioso. “Lo bueno, si breve, doblemente bueno”, dice una cita de Gracian incluida en este libro, el cual es considerado como un consolidado de la obra de Raimon Panikkar. El libro es breve y bueno, es cierto. Pero exige detenimiento. El filósofo Panikkar teje con cuidado y artesanía sus párrafos. En una sola página dice mucho. Exige una lectura atenta pero no es un libro para eruditos. Es un libro para lectores respetuosos.

El libro pone de relieve al diálogo como ejercicio que busca un gran y único objetivo: acercarse a la verdad. La verdad, que no es propiedad privada, de nadie, ni de ningún grupo.

Ahora, aceptar el diálogo con otra persona, distinta a mi, implica una postura del ser, una actitud, una disposición muy especial. Raimon Panikkar lleva al lector al fondo de estas cuestiones en un libro que reúne lo más importante de su pensamiento y de su obra.

El diálogo indispensable del Homo Loquens

En este libro recuerda Panikkar que “el habla no es accidente del ser humano, el ser humano es esencialmente dialógico”, el ser humano es Homo Loquens. En su esencia social, grupal, el diálogo está en la base de la convivencia y de todo aquello que es compartido. Un conocer juntos a través de la comunicación y del pensamiento expresado en la palabra, que se comparte en el diálogo. El diálogo tiene su base en la dialéctica, una búsqueda del conocimiento, pero no se reduce a ella. El diálogo es aún más.

El pensamiento es pensamiento dialógico” y “el ser humano no es un individuo… sino más bien una persona, un haz de relaciones” (pag. 29), son dos frases textuales del libro que quieren explicar que el ser humano es relacional y por lo tanto requiere del diálogo. Adicionalmente, Panikkar subraya que el diálogo se basa en la palabra. De ahí que se deba valorar el contenido que expresa la palabra. No lo que uno cree entender. La palabra como contenedor de significados y sentires. Dice el autor que “un temor reverencial ante la palabra es la puerta de entrada hacia su contenido” (p. 51).

Afirma Panikkar que el diálogo inicia con una pregunta interior: “La gran pregunta” budista, el “compunctio cordis” cristiano, el “Mumuksutva” hindú. La pregunta despierta la sed humana de verdad, una verdad que no pertenece a nadie y a la cual se sirve.

El diálogo se basa en la palabra… en el contenido que expresa la palabra. No lo que uno cree entender. Dice el autor que “un temor reverencial ante la palabra es la puerta de entrada hacia su contenido”

Si no me interrogo a mí mismo… y no estoy dispuesto a confiar con todo el corazón y con la mente en una verdad que no es propiedad privada mía, entonces no estoy preparado para un diálogo maduro” (p. 44). Aquí recuerda Raimon Panikkar la frase de Agustín de Aquino “Quaestio mihi factus sum” (me he convertido en cuestión para mí mismo). La negación del diálogo nos lleva a la inhumanidad, dice el filósofo catalán-hindú.

El diálogo del Homo Religiosus y la ecosofía

El ser humano también es Homo Religiosus, puesto que, precisamente, el diálogo inicial entre los seres humanos debió incluir el por qué de la existencia. Un diálogo inicial fruto del asombro, compartido, que tiene el ser consciente.

El asombro del ser que se piensa a sí mismo, y que en ese pensarse entiende que el universo y el conocimiento son caminos infinitos, en los cuales ve mucho, pero entiende poco. Un infinito que “terminaría” solo en lo divino, en el dios o los dioses según la tradición. Un infinito que terminaría solo en lo divino, equivale a decir un infinito que terminaría solo en lo infinito.

Religión viene de re-ligare: ligar con intensidad, con los dioses y con los demás seres vivos, humanos y otros.

En los albores de la humanidad hay una consciencia mística, y por supuesto, está conectada al asombro que provee la naturaleza con sus fuerzas, sus regalos y sus tragedias. Raimon Panikkar comenta que el diálogo profundo es sobre la existencia humana y la existencia de lo que es. Esta reflexión sería el impulso religioso original. Por lo cual, pregunta ¿De qué sirve encerrarse en las torres seguras de la ortodoxia?

El diálogo paleolítico del homo religiosus tuvo que haber sido ontológico ¿acaso no es la búsqueda de la esencia lo que hace girar la rueda de la espiritualidad? Hay una búsqueda de la verdad y de la esencia que florece en el corazón del infante. Se ve en sus preguntas incesantes y su asombro de lo ordinario.

un temor reverencial ante la palabra es la puerta de entrada hacia su contenido

Dice Panikkar que el destino de la humanidad depende de una religiosidad que religue a los seres humanos entre sí, que los religue a la realidad y a la salvaguarda de la realidad. Y también de una ecosofía, un diálogo con la tierra, no solo una ecología. En términos teístas, comenta el autor, el diálogo con la tierra puede revelar la voluntad de Dios respecto al papel del hombre en este planeta (p. 33).

Diálogo interreligioso es diálogo intercultural en la aldea global

Las religiones están en la base de las culturas. Y las grandes religiones del mundo son fruto de los encuentros. Cada persona, y grupo, es el vehículo de una tradición, el portador de un mundo entero. Por lo cual, el diálogo auténtico está cargado con, tiene el peso y la dignidad de la tradición del que habla. Es por esto que el diálogo interreligioso es también intercultural.
Sería irresponsable implicarse en el diálogo sobre cualquier visión religiosa, si no se la conoce suficientemente (p. 50)

Bien señala el prologuista del libro, Enrique Miret Magdalena, que cuando la masificación amenaza la singularidad, cuando las comunicaciones e interdependencias globales se aguzan, el diálogo interreligioso necesita, aún más, ser un diálogo intercultural:El auténtico diálogo de las religiones libera al hombre de la fragmentación humana y de la hiper-especialización (pág. 61)

Si ese diálogo profundo y necesario está en los cimientos del ser humano ¿dónde y cómo se satisface el sentimiento religioso actualmente? En un mundo occidental, global y que busca ser desacralizado el sentimiento religioso tiene el reto de reconquistar el corazón de los hombres y las mujeres.

Claramente, la riqueza propia de la diversidad alimenta el diálogo colectivo, ayuda a caminar por las sendas misteriosas que han abierto tan grandes preguntas. Entonces ¿Cómo podemos entender la pérdida de la diversidad cultural? ¿La pérdida de idiomas? ¿La conquista de una cultura sobre otra? ¿La negación, más aún, la eliminación de una religión respecto a otra?
Panikkar presenta en el libro esta tesis: Las religiones tradicionales están destinadas al naufragio si cierran las escotillas e intentan salir ilesas, ellas solas, de la tempestad en este conflicto de corrientes… o se abren unas a otras, o degeneran, y dan lugar a reacciones fanáticas de todo tipo (p. 31).

Solo un diálogo verdadero y abierto podrá preparar una convivencia global. Nadie está excluido del diálogo, nada está descartado por principio, el diálogo está constitutivamente abierto.

El diálogo es duálogo y además bilingüe

Es interesante que Raimon Panikkar introduzca el concepto de duálogo. Es decir, que el diálogo requiere el encuentro con otro y confiar en el otro. Querer comprender al otro y estar dispuesto a comprender al otro.
Esta característica dual también supone sentar un campo común, específico, en el que la discusión tiene sentido. Por ejemplo, dice que el diálogo cristiano-hindú conforma un campo común con un lenguaje común que muy posiblemente no sea el más adecuado para el diálogo hebreo-cristiano.

Correspondientemente, el diálogo debe ser bilingüe. Reducir el diálogo a un solo idioma tiene dejos coloniales. Además, si no lo es, se pierde toda la particularidad de la sintaxis propia de cada idioma, el cual es un orden o modo propio de alcanzar la inteligibilidad.

Toda lengua es una forma de entender el mundo y un modo de vivir. Por lo tanto, en el diálogo deben participar esas lenguas en las que están narradas las religiones.

diálogo de religiones - Panikkar

El diálogo religioso es también político

Recuerda el autor que Sócrates, Jesús y Al-Hallaj comunicaron un mensaje religioso pero fueron condenados políticamente a muerte. Precisamente el diálogo no puede reconocer el status quo político como algo absoluto e intocable. El diálogo religioso, y las religiones, no son ni políticamente neutrales ni universales. Ignorar que la religión, en lo micro y en lo macro, tiene innegables implicaciones políticas, es desconocer qué es la religión y cómo sus normas moldean el mundo social, las nociones de lo que es bueno y/o correcto, los estilos de vida y las leyes.

“Hemos eliminado el amor de la política porque hemos escindido el conocimiento del amor – la gran herejía del racionalismo”

La religión hace referencia a la reunión de los seres humanos, pertenece a la Polis, a la vida pública. Subraya Panikkar que las instituciones religiosas son necesariamente estructuras políticas porque las religiones interpelan las relaciones sociales. Por ejemplo, los sacramentos contienen relaciones sociales, Dios implica a autoridades sociales, a la justicia a la igualdad. No en vano, un fenómeno tan interesante y tan influyente como lo ha sido la Teología de la Liberación ha enlazado tesis que parecían tan alejadas como el marxismo y el cristianismo.

Hemos eliminado el amor de la política porque hemos escindido el conocimiento del amor – la gran herejía del racionalismo” (Pág. 62)
Comúnmente se critica la actuación religiosa en política, pero es que la religión tiene una vocación política. Hay diálogo en la política, y política en la religión.

Panikkar no habla necesariamente de una política de partidos, ni de congresos, ni de senados. Se refiere primero que todo a una política en la vida cotidiana. No obstante, los Estados nacionales, o la ONU, el ASEAN, mayo de 1968, la India, Colombia, no son solo entidades geopolíticas, sino también entidades interreligiosas.

Ejemplos de religión-política:

  • El Cardenal Bellarmino participó en el juicio y condena a Giordano Bruno y en el juicio de Galileo Galilei. Los argumentos de ambos implicaban sendos cambios de paradigma sociopolítico del Renacimiento. Bellarmino, también conocido como “martillo de los herejes”, fue comisionado para contra-argumentarlos.
  • Los argumentos en pro y en contra del aborto en el siglo XXI.
  • Las guerrillas y levantamientos sociales formados desde la Teología de la liberación en Latinoamérica.
  • La constante influencia de las religiones cristianas en las campañas presidenciales en los países occidentales.
  • La frase “In God we trust” en los billetes de un dolar.

El diálogo entre las religiones no está obligadamente en los recintos de las instituciones, está en el medio de la vida. El diálogo es una praxis que profundiza y transforma las ideas, las acciones y las actitudes.

Implicaciones trascendentales, Mythos, Pisteuma

Bien señala Raimon Panikkar que el diálogo indispensable entre las religiones no es solo conceptual y racional, sino que llega hasta la profundidad del “Mythos”. Un entorno mítico que no es lógico, precisamente, y que es un horizonte de compresión, afirma el autor, que debe ser incluido en el diálogo.

Aunque el autor es experto en el estudio comparativo de las religiones, comenta que no puede haber una verdadera ciencia comparativa de las religiones porque 1) no se puede ser neutral y porque 2) el “mythos” no es objeto de análisis científico.

El diálogo interreligioso no puede ser tampoco una simple confrontación de doctrinas. No existe un punto de observación neutral, arreligioso o afilosófico. El problema a resolver es ¿Cómo negociar entre creencias? ¿Cómo dialogar entre pares que creen cada uno tener la doctrina correcta?
Panikkar responde que debe ser un diálogo de fe… pero ¿cómo?

El concepto que usa el filósofo para explicar su posición es uno derivado de la fenomenología de Husserl, y es Pisteuma: el saber que es creencia, aquello que el creyente asume como verdadero. Pero un observador externo considera el Psiteuma del creyente como Noêma, un pensamiento, un concepto.

El Pisteuma no es noêma racional, está basado en algo distinto a la razón: en la fe. ¿Entonces cómo sería posible el diálogo entre religiones que tienen diferentes creencias? ¿El diálogo entre creencias que además es mitológico, intercultural, bilingüe, político? ¿Acaso este diálogo no es posible?

El diálogo solo es posible si accedo al universo mítico del otro y también creo lo que él cree. Acceso a su Mythos. Sólo así puede haber un diálogo entre Pisteuma y Pisteuma. Esto es participar en la fe del otro, sin abandonar la propia.

No hay hombre sin fe como no hay hombre sin razón. La fe es constitutiva del ser humano ,dice Panikkar. Y la creencia no es igual a la fe. Que la gente exprese su fe a través de la diversidad de credos sin negar al otro. Y aún más retador: sin pensarse dueño de la verdad.

Ninguna comprensión profunda se producirá si para uno un árbol es solamente un mecanismo vegetal mientras que para otro es un cuerpo habitado por un espíritu” (Pág. 73). Ciertamente, el verdadero diálogo entre religiones tiene un carácter desestabilizador. Daría pie a una nueva fenomenología religiosa: no solo se trataría de una tolerancia religiosa, sino de una nueva interpretación de la religión. Los siguientes pasos son imprevisibles. Por lo menos, el nuevo diálogo abre una vía entre las religiones, fortificadas, cada una en su castillo reivindicando que la salvación está adentro de sus murallas. Continúa Panikkar: “Allana los senderos, e incluso puede construir los puentes sobre los fosos que separan los distintos castillos religiosos. Invita a la gente a la vida común de la familia humana, sin desarraigarla del suelo nativo de sus propias tradiciones” (Pág. 78).

Ideas finales en el libro: el diálogo permanente

El diálogo es un acto religioso en sí mismo, porque un acto así tan abierto coopera para la curación del mundo, afirma Panikkar. Y tiene razón. Aceptar entrar en el credo del otro, participar de él, continúa el autor, y abrir un diálogo sobre lo fundamental, es un camino de amor, perdón, paciencia, humildad, amabilidad, renuncia, confianza… La reflexión de Panikkar es certera.

El diálogo es también el reconocimiento de que la búsqueda de la verdad puede tener muy diversos caminos. Esos caminos diferentes al propio conciernen a todos, reconocerlos y validarlos es un ejercicio espiritual y religioso.

El diálogo religioso, como lo explica este filósofo, es un camino social e individual de reconciliación humana, la búsqueda de la paz como un compromiso principal de las religiones. El diálogo como acto litúrgico. Se entra en el diálogo como entrar en una liturgia, afirma, para celebrar cada religión a su manera el milagro de la vida.

Raimon Panikkar reconoce cómo la religión ha participado desde siempre en la comprensión del mundo y el rumbo de la historia. Un diálogo trascendental entre ellas es más que un intercambio de ideas o el aumento de la tolerancia ¿qué pasará cuándo la humanidad entable un diálogo entre las religiones?

El objetivo no es llegar a la total unanimidad o mezclar las religiones, sino más bien crecer en complementariedad, reconocer la realidad polar, la armonía oculta. Se trata de un diálogo permanente, no acaba. Bien subraya: “las respuestas no son nunca definitivas; siempre hay espacio para interrogaciones, correcciones, continuaciones” (p. 88). Dialogamos sobre algo que nos trasciende, he ahí el punto clave que comparte Panikkar y que memorizo al finalizar la lectura del libro.

Una última cita de este interesante filósofo: “A través del diálogo cultivamos nuestra humanidad. El diálogo religioso es la expresión de esta búsqueda. En ella, participamos tan profundamente del Logos del espíritu que llegamos a beber de la misma fuente de donde bebe el Logos: el silencio.” (Pág. 92)

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