Análisis de Los teólogos, un cuento de Borges

Los teólogos - un cuento de Borges
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Una discusión acerca de lo irrepetible de cada instante, la historia cíclica en la que todo vuelve a suceder y el mundo como espejo del cielo, está en el centro del relato Los teólogos de Jorge Luis Borges. Se trata de un cuento que demanda una lectura detallada, y al igual que otros como El Inmortal, que también hace parte del libro El Aleph, ahonda en cuestiones filosóficas de talla mayor. Aún más que en El inmortal, la pos-lectura de Los teólogos me ha demandado más investigación y me ha suscitado más preguntas. {Esta entrada es un breve análisis y comentario al cuento Los teólogos}.

El cuento tiene como punto de partida El libro La ciudad de Dios, Civitas Dei, de San Agustín, Doctor de la Iglesia, en el cual se cuenta que Platón narró en Atenas que al cabo de los siglos todas las cosas recuperarán su estado anterior. Una idea de la historia como un espiral que vuelve sobre sí mismo, una especie de bucle infinito. También la reflexión sobre el infinito es abordada en El Inmortal.

El cuento deja en claro que semejante “platonismo” fue confutado por Agustín de Hipona (Borges usa la palabra confutado), puesto que la (su) idea ortodoxa sobre el tiempo divino era totalmente contraria. De hecho, creer que el tiempo vuelve sobre sí mismo es tratado como una herejía en el relato, acordemente con la teología cristiana. Y sobre este punto se empieza a narrar el enfrentamiento entre los teólogos heresiólogos.

A continuación, el cuento comenta que a una orilla del río Danubio, la secta de los “monótonos” o “anulares” también concebía la historia como algo circular, como un círculo en el que “nada que es que no haya sido y que no será”. El teólogo Juan de Panonia se disponía a impugnar tal herejía, pero su competidor, el Teólogo Aureliano de Aquilea, buscó adelantarse y argumentar primero en contra de aquella cirucularidad cosmológica. Encontró en los Diálogos de Plutarco (siglo I d.c.) un texto contra los oráculos en el que hay una burla hacia los estoicos que también defendían un infinito ciclo de mundos. Encontró más libros que apoyaban la imposibilidad de tal repetición. Se esforzó en hacer una argumentación que superara a la de Panonia, a quien tenía rencor.

La literatura de Borges es bien conocida por citar otros libros y documentos, por abrir la literatura adentro de su literatura. En este caso Juan de Panonia es una posible referencia al Obispo y poeta húngaro del siglo XV Ivan Cesmicki, quien usó el sobrenombre de Janus Pannonius (ver el libro Un diccionario de Borges, de Evelyn Fishburn y Psiche Hughes). La intertextualidad es una característica de la literatura borgiana, temas, libros de la filosofía y literatura universal, y personajes propios e históricos viajan de uno a otro relato. Por ejemplo en Los teólogos, aparece un tal Erjford, un personaje que está en Tlon, Uqbar, Orbis Tertius como Gunnar Erfjord y en Tres versiones de Judas como Erik Erfjord.

Platón, Monótonos y Estoicos habrán tenido una concepción circular del tiempo, lo cual recuerda, de forma inversa, al presocrático Heráclito de Efeso, el filósofo del cambio y el movimiento, quien decía que ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos.

Siguiendo con Los teólogos de Borges, la argumentación de Panonia resultó ser mucho más breve que la elaborada por Aureliano. Tan limpia que éste último se sintió humillado. Juan de Panonia ganó la responsabilidad de la impugnación y un tal Euforbo, representante de los monótonos, fue condenado a la hoguera (Euforbo, que recuerda a Pitágoras diciendo que en una vida anterior él había sido el héroe trojano Euphorbus).

La obsesión de superar a Panonia y enfrentar su teología con una interpretación superior, continuó. Frente a una nueva herejía mucho más escandalosa, esta vez la de los histriónicos, quienes habrían deformado la sentencia hallada en los Textos Herméticos según la cual “como es arriba, es abajo”, Aureliano se sumerge en una argumentación para denunciarla.

Fatídicamente, llega a su espíritu una frase de 20 palabras… 20 palabras que debía incluir en su argumentario, pero que no eran suyas, sino de Juan de Panonia: “Variar o suprimir esas palabras, era debilitar la expresión; dejarlas, era plagiar a un hombre que aborrecía; indicar la fuente, era denunciarlo”. Pero ¿por qué? ¿Cuáles eran esas 20 palabras? El texto no nos lo dice… solo podemos inferir que son 20 palabras, una sentencia, que argumentaba Panonia en contra de los Monótonos en su libro Adversus annulares, pero que vista en el contexto de la herejía de los Histriónicos no hacían más sino darles la razón.

¿Exactamente por qué? El cuento Los teólogos no lo explica… Esas 20 palabras fueron la clave para que Aureliano, sin quererlo explícitamente, denunciara a Juan de Panonia, quien finalmente fue sentenciado a la hoguera. Cuando Aureliano alzó la mirada y lo vio arder, dice el cuento que su rostro “Le recordó el de alguien, pero no pudo precisar el de quién”. Luego el cuento te sugiere que tal vez ese rostro, ese quien, era el propio Aureliano, quien años después habría de morir también en el fuego, producido por un rayo incendiario.

El relato Los teólogos termina con esta frase: “Más correcto es decir que en el paraíso, Aureliano supo que para la insondable divinidad, él y Juan de Panonia (el ortodoxo y el hereje, el aborrecedor y el aborrecido, el acusador y la víctima) formaban una sola persona.”. Este final sugiere otro tema más, la identidad entre los contrarios… La fina pluma de Borges teje con maestría reflexiones filosóficas y teológicas, el problema de la identidad y del tiempo.

Autor: julianbueno

Una persona aprendiendo a leer y con el objetivo de reseñar los libros que encuentra en su camino como una estrategia para volver a ellos a través de sus apuntes.

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