Entre el fusil y el prejuicio: la doble violencia en «Jauría» de Patricia del Río

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Que Jauría aparezca en los estantes justo ahora no es una coincidencia, sino casi una urgencia. La publicación adquiere especial relevancia en un contexto peruano marcado por tensiones sociales evidenciadas desde las elecciones de 2021, en las que se enfrentaron Pedro Castillo y Keiko Fujimori, lo que revela una profunda fractura entre Lima y las regiones andinas. En este escenario, los discursos que deslegitiman el voto de las poblaciones serranas reflejan prejuicios persistentes que, según señala la Comisión de la Verdad y Reconciliación (2003), tienen raíces en una historia de violencia donde estas comunidades fueron o víctimas potenciales o sospechosos eternos. Estas formas de discriminación pueden entenderse desde lo que Jorge Bruce (2007) describe como el “choleo”, una práctica cotidiana que condensa las múltiples formas de racismo presentes en la sociedad peruana. Considerando lo mencionado, la obra de Patricia del Río resulta tremendamente relevante al centrar su narrativa en la experiencia de los pobladores andinos, visibilizando tanto la violencia vivida como las desigualdades que se puede decir aún persisten.

Patricia del Río es una periodista y escritora peruana cuya producción literaria ha abarcado diversos registros. Antes de publicar Jauría, incursionó en la literatura infantil con obras como Desde la Luna y Pecas y Manchas. Estos textos, dirigidos a un público joven, abordan temas vinculados a la identidad, la diferencia y la aceptación, lo que revela un interés temprano de la autora por problemáticas sociales relacionadas con la construcción del “yo” y la relación con el “otro”. Sin embargo, en Jauría, Del Río da un giro significativo tanto en el tono como en el público al que se dirige. La autora abandona el registro pedagógico propio de la literatura infantil y adopta una narrativa más cruda y confrontacional, en la que las tensiones sociales se presentan sin mediaciones. Mientras que sus obras anteriores muestran al “otro” como alguien a quien aceptar mediante empatía, en Jauría se vuelve una condena. Del Río abandona los temas pedagógicos y usa su experiencia y sensibilidad como periodista para buscar visibilizar las desigualdades estructurales del país.

Jauría sigue la experiencia de pobladores de la sierra peruana durante el periodo de terrorismo de la década de los 80, mostrando cómo su vida cotidiana se ve progresivamente atravesada por la violencia. A través de una secuencia de eventos marcados por la presencia tanto de grupos armados como de fuerzas militares, el relato expone la transformación del entorno social en un espacio de constante amenaza, donde la desconfianza y el temor condicionan las relaciones humanas. Bajo estas circunstancias, los personajes deben enfrentar decisiones que ponen en riesgo su vida e identidad, mientras intentan preservar sus vínculos y su sentido de pertenencia. Esta línea narrativa permite comprender cómo la violencia no solo afecta físicamente a las comunidades, sino que también redefine su lugar dentro de la sociedad, consolidando su condición de sujetos marginados. La obra desarrolla la idea de la doble violencia que experimentan los pobladores de la sierra durante el conflicto armado interno. Por un lado, son víctimas de los grupos subversivos, quienes imponen su autoridad mediante el miedo y la coerción; por otro, enfrentan la violencia ejercida por las fuerzas del Estado, que los perciben como potenciales enemigos. Esta situación los coloca en una posición de vulnerabilidad extrema, donde su identidad se convierte en un factor de riesgo. La “jauría” del título, además de referirse a la literal jauría que la protagonista cuida, también puede interpretarse como una metáfora de esta dinámica, en la que distintos actores actúan de manera colectiva desde el miedo, deshumanizando al otro. Como lo menciona la relatadora:

Los perros son como la gente, también tienen sus preferidos. Sus amigos y sus enemigos. Pero nunca los he visto destruirse como lo hacemos nosotros. A lo más una riña pasajera, una sacada de oreja, un mordisco letal. Pero eso es normal, ¿no? Los hombres, en cambio, han aprendido a matar lento. Disfrutando de la cara de dolor del otro. Celebrando su desesperación. Los perros, no. Se cuidan, se protegen entre sí. (Del Río, 2025, p. 102)

Leer la historia fue una experiencia desgarradora, de la forma más positiva que la palabra pueda tener. El método en la que la protagonista cuenta la historia de los antiguos dueños de los perros de manera casual expresa un sentimiento de tristeza conformada; o, en otras palabras, una emoción de ‘llorar no tiene punto, tengo que seguir caminando’.  Esto es enfatizado más por los horribles sucesos que ocurren a los pobladores, y la protagonista los relata de la forma más natural. Por ejemplo, cuando relata el terrible abuso y tortura que paso una mujer por el simple hecho de regañar a un terrorista. Es uno de los peores momentos en el relato y es narrado con un desapego emocional que no nace de la indiferencia, sino del duelo que siente la protagonista.

Y con tanta razón también, puesto que la violencia explícita que sufren va a la mano con la violencia implícita, como ya ha sido mencionado anteriormente. Los pobladores no solo están en riesgo de ser asesinados y/o torturados; también tienen que lidiar con la discriminación y la sospecha. El terrorista los extorsiona por recursos y si se rehúsan, los matan; el militar sospecha que son terroristas asi que los torturan por información, o los matan. Y esto ocurre a tan grande escala que hay montañas de cuerpos no identificados y algunos que nunca vuelven a aparecer. Incluso si hubiera la opción, las familias tienen que recurrir un largo y peligroso camino hacia la capital con el objetivo de recuperar el cadáver de su ser querido. Todo para solo recibir desdén y rechazo, regresando a sus pueblos sólo con la memoria de las víctimas para dar de luto. Bruce (2007) sostiene que el racismo constituye uno de los elementos que estructuran el vínculo social peruano, situación que se evidencia en Jauría mediante la forma en que los pobladores andinos son percibidos y tratados por distintos actores del conflicto.

Aunque los personajes sean ficticios, la autora usa hechos reales para fundar su historia. Uno de los relatos está basado en la masacre ocurrida en Putis. La autora usa un artículo real para informar al lector de lo que pasó en ese entonces. Para añadir, la CVR (2003) confirma la tragedia: “La Comisión de la Verdad y Reconciliación ha logrado establecer que en diciembre de 1984, no menos de ciento veintitrés personas (123) hombres y mujeres de las localidades de Cayramayo, Vizcatampata, Orccohuasi y Putis, en el distrito de Santillana, provincia de Huanta (Ayacucho) fueron víctimas de una ejecución arbitraria llevada a cabo por efectivos del Ejército acantonados en la comunidad de Putis.” Una ficción histórica que, aunque lo relatado sea inventado, está basado en algo real y trágico. Es un siniestro recordatorio de nuestra terrible historia.

En conclusión, Jauría es una historia deprimente y desgarradora que trasciende el relato del conflicto armado interno para dar una reflexión sobre las experiencias de las poblaciones andinas. Es una narrativa sencilla pero profundamente conmovedora; Patricia del Río logra mostrar cómo la violencia y la discriminación desde ambos bandos, militar y terrorista, como experiencias acumuladas resulta en la pérdida de esperanza en la última superviviente. La novela recuerda que detrás de las cifras y los informes existieron personas concretas, familias y comunidades cuyas experiencias suelen quedar relegadas en los relatos oficiales. Jauría no solo invita a recordar un pasado doloroso, sino también a reflexionar sobre las desigualdades y prejuicios que continúan presentes en la sociedad peruana. Por ello, su lectura resulta especialmente valiosa en la actualidad, pues nos confronta con una realidad que muchos prefieren ignorar y nos obliga a reconocer que la memoria, más que un ejercicio de recuerdo, es una herramienta necesaria para comprender el país que somos y el que aún aspiramos a construir. Es por esto que se trata de una obra recomendable para quienes deseen comprender una dimensión humana del conflicto armado que con frecuencia permanece invisibilizada.

Bibliografía:

• Bruce, J. (2007). Nos habíamos choleado tanto: Psicoanálisis y racismo. Lima: Fondo. Editorial de la Universidad de San Martín de Porres.

• Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR). (2004). Hatun Willakuy: Versión abreviada del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

• Del Río, Patricia. (2025) Jauría. Tusquets.

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