En su reciente novela, Luis Landero convierte lo que decimos en refugio frente al paso del tiempo y en un marco íntimo donde la memoria, la ironía y la melancolía charlan sin prisa.
En Coloquio de invierno, Luis Landero regresa a ese territorio tan suyo donde la vida se cuenta más que se vive, donde el habla no es solo herramienta sino destino. Como ya hiciera en obras como Juegos de la edad tardía, el autor extremeño apuesta por individuos que encuentran en la conversación —en su deriva caprichosa, en su cadencia casi rítmica — una forma de aguante ante la intemperie del tiempo.