Reseña del libro Posverdad. La nueva guerra contra la verdad y cómo combatirla

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El presente texto es una reseña del libro Posverdad. La nueva guerra contra la verdad y cómo combatirla, escrito por el autor y periodista inglés Matthew d ´Ancona. {Reseña realizada a partir de la edición de Alianza Editorial. 2019. Traducción de Alejandro Pradera Sánchez.}

Posverdad. La nueva guerra contra la verdad es un ensayo que nos muestra una definición de la posverdad y las consecuencias para la sociedad de no advertir su importancia y su peligro; d ´Ancona está muy preocupado por la indiferencia y la inacción de la gente buena, lo cual hace más grave el panorama. Presenta varios ejemplos de la personificación de la posverdad en la elección del presidente Trump de 2016 y el lema de su discurso de “Make America Great Again”y “recuperar el control”. El engaño de la posverdad en la promoción del Brexit. El disfraz (de la posverdad) en las seudocientíficas campañas contra las vacunas en USA, sobre supuestos vínculos entre las vacunas y el autismo; gracias a Dios logró demostrarse médica y científicamente que los promotores del movimiento contra las vacunas estaban equivocados. Y así va describiendo y documentando los diferentes casos en que la posverdad se presenta entre nosotros y los daños que causa a su paso sin que nosotros hagamos nada al respecto.

El periodista Matthew d’Ancona (colaborador habitual de «The Guardian» y «The New York Times») nos brinda una mirada crítica a este hecho cada vez más preocupante que se acelera y potencia por el uso de las redes sociales y por la Internet, en general.

Previene de los más peligrosos proveedores de insumos para los “productores de la posverdad” como son las compañías de minería de datos y análisis de datos personales – ej. Cambridge Analytica, 2013 – y los agentes que roban la atención de las personas en medios y la Internet para lucrarse con lo que pagan las empresas que venden productos mediante la web.

La era de la posverdad

En un planteamiento inicial el autor avisa que ha llegado la era de la posverdad, que, a diferencia de antes, en tiempos de los totalitarismos, la fuente de las mentiras (la destrucción de lo veraz) provenía de una persona o una institución identificable, y que ya no es así. Ahora existen muchas fuentes y muchas “verdades” que provienen de intereses disimiles, y por tanto la amenaza de la verdad es aún más crítica. Advierte que, por ejemplo, cuando Trump se vaya del poder, la posverdad no desaparecerá. Lo anterior, como contra-ejemplo de cuando cayó Hitler y Goebbels, la tiranía no ejerció más el poder y, en consecuencia, la fuente de posverdad cesó.

Destaca que la editorial Oxford Dictionaries eligiera << posverdad>> como palabra del año 2016, definiéndola como sinónimo de “unas circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos a la hora de condicionar la opinión pública que los llamamientos a las emociones y a las creencias personales” . Así señala que la posverdad se usa, entre muchas otras cosas, para desviar la atención de la opinión pública (blanco preferido); para ocultar a la sociedad la verdad de los acontecimientos cruciales.

Trata de demostrar que la posverdad no es solamente otro nombre de la mentira: es una industria de la desinformación. La posverdad es, ante todo, un fenómeno emocional. Tiene que ver con nuestra actitud frente a la verdad, más que con la verdad en sí misma. La posverdad no es simplemente una mentira, sino algo así como una “verdad emocional” porque quien la pronuncia y quien la escucha están convencidos de que es auténtica, aunque los hechos objetivos demuestren lo contrario.

Repara, “…Estoy convencido, a pesar de las trampas psicológicas que nos hacemos a nosotros mismos, de que en última instancia está en nuestra naturaleza exigir veracidad y oponernos a la mentira. Dentro de nosotros hay una voz que se resiste a las mentiras, aunque esa voz haya sido silenciada. El reto es transformar esa voz de un susurro a un rugido. La verdad está esperándonos… siempre y cuando nosotros la exijamos.”.

Claves que trabaja d´Ancona en esta obra

• La verdad objetiva, es amenazada por la manipulación de las emociones, sentimientos, creencias, y una ‘especie’ que llama “hechos alternativos”, pero no contrastada con la racionalidad sustentada por la evidencia histórica o científica.

Datos o ‘hechos alternativos’ contra la evidencia (hechos científicos, cifras demostrables, imágenes sin editar). La percepción es lo único que importa; La forma de interpretar los hechos (cambia la percepción) … “no hay hechos, solo hay interpretaciones”: Nietzsche. No existe una realidad estable y verificable, tan solo hay una batalla interminable por definir, la batalla de los “hechos” contra mis “hechos alternativos”.

• En occidente insistir en la verdad ya no es políticamente viable para ganar, los políticos insisten en leer muy bien los sentimientos y las emociones de su electorado foco, para disparar sus discursos muy bien dirigidos hacia esos sentimientos. El autor cita el documental de Michael Moore de esta forma: «Han perdido su empleo, los bancos les han desahuciado de sus viviendas, después vino el divorcio, ahora su esposa y sus hijos ya no están, y el concesionario de automóviles les ha quitado el coche. Hace años que no tienen vacaciones, no tiene más que el Bronze Plan de mierda (seguro sanitario de mínimas prestaciones y cuotas bajas), donde ni siquiera les dan un puto Percocet (analgésico a base de opioides para enfermos de cáncer). Básicamente han perdido todo lo que tenían, salvo una cosa … el derecho al voto«.

El ascenso de la industria de la desinformación. Abusa del poder del “sesgo de la verdad” (así llamado por McCornack & Parks,1986) por las “empresas” generadoras de posverdad.

Sesgo de la verdad: se puede definir como la tendencia a creer, juzgar de una manera activa o suponer pasivamente que la comunicación de otra persona es honesta. Tendemos a creer que los demás dicen la verdad con más frecuencia de la que deberíamos. Los seres humanos tendemos a creer que los demás nos dicen la verdad con mayor frecuencia de lo que realmente lo hacen, efecto al que suele denominarse comúnmente “sesgo de verdad” (Bond y DePaulo, 2006).

El populismo político como agente de posverdad. El agotamiento de la gente que paulatinamente la despoja de su compromiso con la verdad. Dándole paso así, a la indignación (sentimiento muy explotado) la que le da paso, a su vez, a la indiferencia y por último a la complicidad.

• La percepción es lo único que importa; la forma de interpretar los hechos (cambia la percepción) … “no hay hechos, solo hay interpretaciones”: Nietzsche.

La irrupción y la megaimportancia de la tecnología Big Data y su gestión en los negocios de los 5 grandes, Facebook, Apple, Amazon, Google-Alphabet o Netflix que manipulan procesos políticos, el consumo selectivo, y las decisiones financieras. Siendo los datos personales de los internautas su mayor tesoro.

El acelerado uso de la Internet ha degradado la verdad por el autoengaño de los cibernautas; el “sesgo de confirmación”, de manera perversa, agrupa casi naturalmente los consumidores de información, on line, por grupos o bandos de afinidad, que sienten y opinan lo mismo sobre ciertos aspectos de la realidad política o social. De otra parte, nunca como ahora ha existido una forma más rápida de propagar una mentira que subirla a internet. Si la guerra es la política por otros medios ocurre lo mismo con la información.

La internet tiende a amplificar lo estridente y a menospreciar la complejidad (exceso de simplicidad). Tiende a fomentar el “sesgo de confirmación”, en vez de la búsqueda de revelaciones exactas. Estos dos presupuestos fomentan la creación de grupúsculos on line motivados por los instintos básicos de las personas agrupadas, uno de ellos es “distribución homófila”, es decir nuestro impulso a agruparnos con quienes tienen una mentalidad afín a la nuestra. De otra parte, nunca ha existido una forma más rápida de propagar una mentira que subirla a internet. (El sesgo de confirmación es la tendencia de una persona a favorecer la información que confirma sus suposiciones, ideas preconcebidas o hipótesis, independientemente de que éstas sean verdaderas o no).

Las fake news que publican en la red los “comerciantes de la atención” que se valen de cualquier cosa por captar nuestro tiempo, que mercadean como mercancía con proveedores de productos, nos alejan de la realidad. La gente se cree las noticias falsas en un porcentaje alto. Las fake news son tan poderosas que por ejemplo, las mentiras que dieron lugar a la crisis de las armas de destrucción masiva en Irak (2002-2003) permitieron que Bush destruyera ese país, y que las hordas asesinaran a Sadam Husein. Se da el caso aquí de la creación de “hechos alternativos” previamente libreteados.

La tiranía de los motores de búsqueda de la red. La inteligencia de los algoritmos de los motores de búsqueda que nos ponen en contacto con las cosas, las ideas y las opiniones que nos gustan, o podrían gustarnos; son bastante ciegos a la veracidad (solo nos conducen a lo que nos gusta; no nos dejan ver lo que nos disgusta, castran nuestra capacidad de pensamiento crítico, nos alejan de la “verdad” de los otros). Internet es el vector definitivo de la posverdad precisamente porque es indiferente a la falsedad, a la honestidad y a la diferencia entre una y otra.

El poder de los cinco grandes Facebook, Apple, Amazon, Google-Alphabet o Netflix, basado en los datos de sus usuarios, un bien que se considera el bien más preciado de la actualidad, permite conocer a sus usuarios mejor que ellos mismos, sus gustos, sus preferencias, la forma como toman sus decisiones, etc. Y el desarrollo increíble de la tecnología del Big Data que ellos mismos han construido son un arma poderosa para la manipulación de los mercados financieros y los procesos políticos. ¿Qué ha sido de la verdad?

La telerrealidad en los programas de TV. Para los espectadores la realidad y el espectáculo son sinónimos. Lo cual es una suplantación de la realidad aceptada por las audiencias.

Las teorías de la conspiración que circulan en la red son relatos de posverdad. Las teorías de la conspiración obedecen al ansia de relatos de la gente, cualquiera que sea su nivel de educación, este último elemento no limita ni exime a una persona para consumir y creer en las teorías conspiratorias. Las personas educadas e informadas también son seguidoras de estas teorías. La cuestión es que necesitamos historias, y es posible que incluso estemos programados para creerlas (David Aaronovitch).

Las teorías de la conspiración “allanan una realidad difícil de comprender, desconcertante y ambigua con una explicación simple” (Rob Brotherton). Ofrecen un molde de orden, cuya atractiva sencillez eclipsa sus absurdos. Tradicionalmente se han empleado como un recurso explicativo (D. Hofstadter). En el siglo XXI, la mentalidad conspiratoria es en parte una reacción a un mundo de cambios, a veces desconcertantes: la globalización y sus descontentos, una movilidad de la población sin precedentes, la revolución digital, modalidades de extremismo y terrorismo en rápida transformación, y las sobrecogedoras posibilidades de la biotecnología.

El negacionismo científico. Un fenómeno que resalta el desprecio por las evidencias o hechos comprobables. Cuando decae el valor social de la verdad, se pone en peligro la continuidad de las prácticas sociales basadas en ellas. Terrible cuando se confía menos en la investigación basada en las evidencias que en lo anecdótico, y cuando se hace menos caso a las autoridades institucionales que a las teorías de la conspiración, las consecuencias pueden ser repentinas y mortíferas. ej. el caso de la campaña contra las vacunas en USA, esa atroz forma de negacionismo – un caso típico de posverdad – porque logró demostrarse técnica y científicamente que los promotores del movimiento contra las vacunas estaban equivocados. Pero la gente prefirió la ficción del relato contra la evidencia histórica-científica de la eficiencia de las vacunas y los hechos demostrados por la estadística aplicada a la epidemiología. En 2019, la Organización Mundial de la Salud catalogó a estos grupos de radicales anti-vacunas como una de las principales amenazas a la salud mundial. Es este un caso muy ejemplarizante del daño que puede causar este fenómeno de posverdad a la salud pública, que además recibió visibilidad en los shows más importantes de los Estados Unidos (ej. El programa de Oprah Winfrey) y el apoyo de líderes carismáticos (Robert F. Kennedy Jr.) y desde luego viralidad en la Web. También nos recuerda el autor, el ascenso que ha tomado en los últimos tiempos el negacionismo del Holocausto judío. Un ejemplo histórico parecido es el caso del líbelo de Los Protocolos de los sabios de Sion. Publicado por primera vez en 1902 en la Rusia zarista, cuyo objetivo era justificar ideológicamente los pogromos que sufrían los judíos. Publicación que tanto daño hizo al pueblo hebreo ruso y en general a las familias judías europeas a partir del siglo XX, no obstante haberse demostrado hasta la saciedad su falsedad histórica y plagio literario. Paradigmáticos casos del desprecio por las evidencias. El autor dice que “si acaso las ideas tienen una genealogía éste caso (Protocolos de los sabios de Sion- publicado en 1902 en la Rusia Zarista -) fue un momento germinal para las tendencias que se han aglutinado, casi un siglo después, en la era de la posverdad”.

El populismo político. El vehículo en la lucha política es la alarmante entrada en acción del populismo que utiliza las tácticas y las estrategias de la posverdad como herramientas comunicativas, en su discurso; se aprovecha de los sentimientos de descontento e indignación de los votantes, además del predominio de los planteamientos emocionales y prejuicios de las gentes para movilizarlos a su causa, por encima de los hechos, los datos verificables y las demostraciones científicas.

El posmodernismo como corriente de pensamiento de sus principales expositores, tales como Jean Baudrillard, Jean-François Lyotard, Jacques Derrida y Michel Foucault, entre otros, ha ayudado a la larvación y desarrollo de la posverdad porque sus bases la hacen propicia: el relativismo, el pluralismo, la duda hacia los metarrelatos en los cuales se ha apoyado la sociedad desde la Ilustración. En este contexto posmoderno de inclusión, diversidad, el cuestionamiento de la “verdad objetiva” permitió corroer la noción de “verdad”. La sospecha de que todo, desde las palabras hasta la arquitectura, pasando por el idioma, el lenguaje visual, las instituciones y el saber heredado encubre formas de poder y hegemonía. La posverdad se inspira, en parte, en las ideas posmodernas, menos mal que esas ideas han caído en desgracia intelectual de una forma espectacular durante las últimas décadas.

En lugar del posmodernismo ha surgido una escuela de nuevo realismo, sobre todo en la obra del filósofo italiano Maurizio Ferraris y por otro lado el pensamiento de Humberto Eco. Si los pensadores posmodernos (relativistas) fueron los profetas involuntarios de la posverdad, bien podría ser que los nuevos realistas sean los pioneros de un nuevo aumento del valor de las evidencias y de la exactitud.

El autor plantea: En una sociedad multiétnica y con múltiples creencias, el objetivo consiste en identificar el núcleo de normas culturales, de obligaciones legales y de responsabilidades sociales a la que deben adherirse todos los ciudadanos, sean cuales sean sus opiniones privadas. Identificar un terreno común para el diálogo social, intelectual y practico en el que todos estén de acuerdo.

La posverdad se alimenta de la alienación, de la desubicación y del silencio anquilosado de la gente y de la opinión pública. La mayor tarea cívica es vaciarle ese comedero.

El abandono de nuestras obligaciones como ciudadanos. La otra gran amenaza es que la verdad se está volviendo irrelevante en la gente. El factor decisivo en el ascenso de la posverdad ha sido nuestro comportamiento como ciudadanos. Al recompensar con el éxito político a los que mienten, al eximirles de las responsabilidades sobre su integridad, hemos abandonado nuestras obligaciones como ciudadanos.

La posverdad y la reacción del público: La posverdad no es lo mismo que las mentiras políticas, las falsedades, las interpretaciones sesgadas. Sorprende la forma como la gente reacciona: la indignación le da paso a la indiferencia y por último a la complicidad. El agotamiento de la gente despoja paulatinamente a la gente de su compromiso con la verdad.

¿Qué podemos hacer al respecto?

El autor presenta las acciones, tácticas o estrategias que la sociedad como un todo o en forma individual debe seguir para defenderse de los perversos efectos de la posverdad en la actualidad.

A nivel personal

• La sobrecarga de información significa que todos tenemos que convertirnos en editores, es decir tenemos que colar la información, comprobar y evaluar lo que leemos.

A medida que los libros migran a la nube de internet; una de las tareas centrales de la educación primaria, no de la secundaria, debería consistir en enseñar a los niños a seleccionar y discriminar entre el torrente digital.

Aprender a movernos y desenvolvernos en la red con criterio, es la tarea más apremiante de nuestro tiempo. Reflexionar sobre el aluvión de información de la semana o del día y someterlo a análisis (espectro del escrutinio).

• En los casos más extremos deberíamos estar dispuestos a litigar en los tribunales en casos de ser víctimas de noticias falsas o campañas basadas en posverdad que nos lastimen como individuos o como sociedad y exigir las responsabilidades del caso a los responsables. Cita el caso de Anas Modamani, refugiado en Alemania, contra Facebook en Alemania en 2015 cuando vivía como refugiado en Berlín. A los 18 años el sirio Anas se tomó una selfi con Ángela Merkel y se metió un problema bárbaro. Lo curioso, es lo que ocurrió con esa foto una vez que fue subida a Facebook. La utilizaron como un arma mortal. La imagen apareció en numerosas noticias falsas como parte de los terroristas que atentaron en marzo del año pasado contra ciudadanos de Bruselas. Modamani demandó sin suerte a la red social con mayor audiencia del planeta.

A nivel institucional

Luchar y mantener la presión pública para que los grandes medios de comunicación y los diferentes canales de la red se hagan responsables por detener o intentar poner un dique a las noticias falsas que se difunden por dichos canales.

En su carta para conmemorar el 28 aniversario de la World Wide Web, sir Tim Berners-Lee se mostraba categórico acerca del deber de los gigantes tecnológicos de cargar con esa responsabilidad, al ser estas entidades los mayores distribuidores mundiales de información. La responsabilidad de contrarrestar las noticias falsas y las mentiras de los contenidos de lo que se publica en sus medios informáticos en contraprestación a la gran cantidad de dinero y poder que reciben por nuestros datos y el conocimiento íntimo de los internautas.

Algunos divulgadores de noticias e información han tratado de hacer algo como BBC para identificar y desmentir las Fake news. Google ha creado una “iniciativa de noticias digitales” y ha financiado a la organización británica, sin ánimo de lucro, Full Fact (dedicada a comprobar y corregir los hechos que se relatan en las noticias). Facebook anuncio en enero de 2017 también ha reforzado su colaboración con First Draft Partner Network, un grupo de editores y plataformas que colaboran para encontrar formas de verificar los contenidos de las redes sociales.

También es cierto que esas iniciativas de los gigantes tecnológicos tan solo serán eficaces si se mantiene la presión pública. Parte de la retórica de estas iniciativas de los grandes de la web es la convicción de que “internet se curará a sí misma”.

Internet ha crecido exponencialmente, tanto al igual que su papel como fuente de información de primera instancia, por consiguiente, la red se ha convertido en un instrumento para quienes quieren controlar nuestra forma de pensar y de actuar. Organizaciones de análisis de datos como Cambridge Analytica, disponen de los perfiles de 22 millones de votantes de USA y se cree que ayudó a la campaña del Brexit. La base de esos perfiles son los datos libremente disponibles en las redes sociales principalmente en Facebook. Ahora la gran innovación es que la propaganda se puede hacer manipulando grupos demográficos y también a nivel individual, ya que los perfiles psicométricos permiten conocer las emociones y manipular sus deseos, lo cual deja obsoleto la tradicional táctica de presentarles evidencias (hechos demostrables) a las personas o grupos demográficos (ej. Votantes).
Todo esto de la web y la facilidad para manipularlas hace mucho más difícil defender la verdad en nuestro siglo.

Como los hechos no bastan, un error habitual es confundir los datos con la verdad. De hecho, los datos determinan la verdad, pero no son la misma cosa, aunque parezca un contrasentido. Un ejemplo que puede mencionarse es la estadística manejada por los “Remain” (movimiento que propugnó por permanecer en la U. Europea) les iba a dar la victoria, pero la historia cuenta que no fue asi. Otro ejemplo es “el recuento de cuerpos diarios”. Los conteos de cuerpos en la guerra de Vietnam no demostraron que la guerra la iban ganando los americanos; estos datos estadísticos no eran suficiente evidencia que diera cuenta que la guerra se ganaría de esa forma. La guerra demostró ser más compleja que la suma de los muertos del enemigo. Así la estadística resulto ser inútil.

En las circunstancias adecuadas, es posible derrotar a una mentira mediante un hábil despliegue de los hechos. Pero la posverdad es, ante todo, un fenómeno emocional. Tiene que ver con nuestra actitud frente a la verdad, más que con la verdad en sí misma. Así que el contraataque tiene que ser emocionalmente inteligente, además de rigurosamente racional.

En los tiempos actuales hacen falta “líderes carismáticos científicamente creíbles” para la divulgación de la verdad científica. Para mencionar algunos como ejemplo, el profesor Brian Cox (es profesor de física en la Universidad de Manchester y también trabaja en el experimento ATLAS del CERN. Brian Cox es también presentador de varios programas de divulgación científica en la BBC, tanto de radio (The Infinite Monkey Cage, donde, junto con el cómico Robin Ince, combina ciencia y humor) ; el astronauta Tim Peaker el, profesor Stephen Hawking. Divulgación científica con algo de buen humor. La verdad científica cala mejor en las mentes y los corazones de su audiencia.

En otro aspecto de la sintonía con los tiempos actuales, cita al matrimonio Sara y Jack Gorman para explicar que las asociaciones científicas y médicas tienen mucho que ganar si formalizan una amplia estrategia de largo alcance en internet y en las redes sociales. Es cierto que muchas tienen una página oficial en la web, pero ¿Cuántas de ellas tienen una cuenta verdaderamente activa en Twitter o en Facebook que ofrezca una cobertura minuta a minuto para el público en general sobre cuestiones científicas y médicas importantes?

La comunicación científica debe aprender los métodos de la psicología cognitiva y la economía conductista, ello haría que los científicos fueran más conscientes de los sesgos y de la heurística (estrategias para descubrir soluciones a los problemas) que utiliza la gente para interpretar la información científica. Esto les enseñaría a comunicarse sorteando ese tipo de procesos psicológicos de sus audiencias; ejemplo, “en vez de simplemente decirle a la gente el porcentaje de riesgo, los científicos tienen que entender lo que realmente significan para la gente esos porcentajes y, lo más importante, encuadrarlos de manera tal que resulten más convincentes y aceptables para los no científicos.”.

En otras palabras, en un mundo de posverdad, no basta con una argumentación intelectual. En muchos contextos (puede que en la mayoría) es preciso comunicar los hechos de forma tal que se reconozcan los imperativos emocionales, además de los racionales.

Primar la “narración” en la defensa de la verdad y los hechos. La narración – definida como un relato oral o escrito de elementos relacionados entre si- es esencial para el contraataque al que se apela en este libro. Hoy en día, quienes defiende la verdad tienen que hablarle a la cabeza y al corazón por igual. La verdad se ahogará a no ser que sea resonante. En las narraciones o relatos en las cuales vienen envueltas discursos o tendencias deben anteponerse unos contrarrelatos que digan la verdad y contrarresten el mal.

En la lucha contra una tendencia social perniciosa deben adaptarse con disciplina férrea a las circunstancias en que se encuentran. Quienes deseen defender los valores de la Ilustración en este contexto transformado – con movilidad frenética, su revolución tecnológica y su fermento emocional – deben operar dentro de sus parámetros. O todo será inútil.

“Necesitamos nuevos mitos que hablen a la gente de quienes somos y del mundo que habitamos” (Alex Evans). Por mitos debemos entenderlos en el buen sentido de la palabra. Evans al abordar el caso específico de la ciencia del cambio climático argumenta que el lenguaje tecnocrático, las estadísticas, los acrónimos y los documentos estratégicos incomprensibles para el gran público pueden contribuir a entorpecer el reconocimiento público de la realidad en la misma medida que a favorecerlo. Para quienes aspiran a ganar apoyos << una historia verdaderamente resonante es la chispa que enciende la llama del movimiento>>. En otras palabras: la batalla entre el sentimiento y la racionalidad es en cierta medida una falsa dicotomía. Más que nunca, la verdad requiere un sistema emocional de transmisión que apele a la experiencia, a la memoria y a la esperanza. De hecho, la idea misma de que es necesario defender la verdad tiene una dimensión mítica.

Narraciones o relatos como el que expone Trump de que él es capaz de hacer que << América vuelva a ser grande>> deben contrarrestarse con contranarraciones. El autor presenta tres contranarraciones a manera de ejemplo de personajes supieron presentar la verdad utilizando esta estrategia: la de Harvey Milk en San Diego el 10 de marzo de 1978; el caso de Václav Havel que llegó a ser presidente de la república Checa (ensayo El poder de los sin poder) y a Danny Boyle en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres en 2012 que destacaba la multiculturalidad, diversidad histórica, a la unión de sus pueblos Escocia, Gales e Irlanda del Norte y la idea de que Gran Bretaña como un país revolucionario, cuya revolución no era política sin científica, intelectual y creativa. En fin, mostró lo que puede hacerse para reafirmar la realidad en forma de historias, y con estilo.

La tarea de quienes no están de acuerdo con la postura política de Trump o de los partidarios del Brexit consiste en hablar con empatía y sinceridad, en envolver los datos en un relato que hable de las preocupaciones corrientes de la gente. La narración nunca debe vulnerar ni embellecer la verdad; debería ser su vehículo más elocuente.

Ridiculizar a los agentes de mentiras que se aprovechan de escritos pseudohistóricos o aparentemente científicos para negar los hechos objetivos históricos. “Una cosa es derrotar a tu adversario y enterrarle, y otra, un golpe más demoledor, es ponerle un traje de bufón y obligarle a actuar para ti. Tu adversario sigue vivo para asistir a su propia impotencia” cita del abogado Anthony Julios, citado por Deborah Lipstad en su libro “Negando el Holocausto” sobre el juicio que David Irving presento contra la escritora Deborah Lipstad y la editorial Penguin Books por difamación en 1996), durante el juicio David Irving quedó en evidencia no solo como falsificador de la historia, sino como figura irracional y estúpida- En su libro, Lipstad había tachado a Irving de negador del Holocausto, de falsificador (de los hechos históricos) y de prejuicioso, agregando que Irving había manipulado y distorsionado documentos. (David Irving contra Penguin Books y Deborah Lipstadt es un caso en la ley inglesa contra la autora estadounidense Deborah Lipstadt y su editorial Penguin Books, presentada en una corte inglesa por el autor británico David Irving en 1996, afirmando que Lipstadt lo había difamado en su libro Negando el Holocausto. El tribunal dictaminó que el reclamo por difamación de Irving relacionado con la ley de difamación inglesa y el negacionismo del Holocausto no era válido porque la afirmación de Lipstadt de que el autor inglés había distorsionado deliberadamente las pruebas había demostrado ser sustancialmente cierta. Lipstadt contrató al abogado británico Anthony Julius, mientras que Penguin contrató a los expertos en difamación Kevin Bays y Mark Bateman de la firma de abogados Davenport Lyons. Richard J. Evans, un historiador establecido, fue contratado por la defensa para servir como un testigo experto. Evans presentó pruebas de las tergiversaciones de Irving, incluida la evidencia de que Irving había utilizado deliberadamente documentos falsificados como material de origen. De mutuo acuerdo. La sentencia de 349 páginas a favor de los acusados, detallaba la distorsión sistemática de Irving del historial del Holocausto y el papel de Hitler en esto.)

El autor destaca la importancia de los escritores satíricos en los que ponen en la picota pública a los mentirosos, hombres públicos, agentes de la posverdad.

La verdad si podemos conservarla. La invitación del autor en la lucha contra la posverdad es que la ciudadanía asuma su papel de defender la verdad y abandone la indiferencia ante los hechos; que no delegue este papel de defensa ante los mismos políticos. Cita algunas consecuencias de la posverdad tales como “ la redefinición de los servicios públicos como bienes de consumo – y de los pacientes, los progenitores y los pasajeros como clientes – no solo ha desdibujado la frontera del Estado y el sector privado, también ha provocado que resulte cada vez más difícil distinguir entre ciudadanía y el consumismo. Lo que eufemísticamente se denomina prácticas laborales flexibles – contratos cero horas y el ascenso de la economía basada en trabajo esporádico y los falsos autónomos (trabajadores independientes) – ha provocado que el trabajo haya dejado de ser una faceta crucial de la experiencia humana. Actualmente la automatización y la deslocalización parece que amenazan el futuro mismo del trabajo como lo conocemos. (La llamada Gig Economy es la situación laboral en la que seremos contratados puntualmente para trabajos esporádicos. Las altas tasas de desempleo provocadas por la crisis incitan a más gente a esta nueva modalidad. Un ejemplo de la “Gig economy” es el servicio de Uber, en este servicio, los clientes manejan una aplicación en su teléfono móvil para solicitar un transporte, en el que cada chofer bajo el esquema de Uber es propietario de su vehículo).

Recuerda el autor a Martín Luter King en su << Carta desde la cárcel de Birmingham (1963)>> la indiferencia es el mayor desafío para quienes dicen la verdad. La historia de la humanidad es la batalla entre la indiferencia y el compromiso, en el fuero interno de las personas, así como entre ellas. Para muchos el conformismo es la postura por natural de la gente.

Es la gente la que tiene que acabar con la posverdad, nadie lo va hacer por ella. Si la gente quiere que se termine la era de la posverdad, tendrá que acabar con ella de una manera activa. No vendrá desde arriba. Si después de encontrarse con sus consecuencias la gente quiere un cambio tendrá que exigirlo. La expresión poder del pueblo se ha devaluado por su excesivo uso: “fueron las personas las que acabaron con la guerra fría. No fueron ni el armamento, ni la tecnología, ni los ejércitos ni las campañas. Fueron lisa y llanamente las personas” (cita de John le Carré en la novela El peregrino secreto).

Por último, se destaca de este manual que el señor Matthew d ´Ancona lo escribió no solo para los comunicadores profesionales sino para todo público por cuanto todos somos ciudadanos de alguna democracia de Occidente o de las nuevas repúblicas nacidas con la caída del bloque soviético. Todos, absolutamente todos, debemos estar a la defensiva para no dejarnos engañar y sobre todo para defender la verdad objetiva que según él… “la verdad se descubre, no se reparte, de que es un ideal que hay que buscar de forma activa, no un derecho que debemos esperar perezosamente… Es un llamado a las armas”.

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