Creía que leía Tlön, Uqbar, Orbis Tertius por segunda vez, después de 25 años. Apenas recordaba de qué se trataba. Algo sobre un mundo lejano y fantástico que de alguna forma se volvía verdadero. A las pocas páginas de lectura, me ha venido a la mente que en realidad había leído más veces este cuento. Esta vez había regresado a él para leerlo como nunca lo había hecho: muy lentamente. Los cuentos de Jorge Luis Borges son mecanismos literarios donde cada pieza tiene su lugar único, para que el todo funcione y esa mezcla de complejidad y belleza resulte en una obra estable que no se rompe pese a sus poderosas fuerzas simbólicas y semánticas. Este modesto análisis trata de subrayar sus componentes filosóficos y literarios. Filosóficamente, el cuento explora y trabaja con diversas ideas del empirismo, y con más atención las de George Berkeley (1685 – 1753), y el idealismo de Hans Vaihinger (1852 – 1933). Literariamente, entiendo que habla de las posibilidades del lenguaje como fenómeno creador de realidades. Se nota que en Borges lo literario y lo filosófico se corresponden, y en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius hay más que un giño al empirismo del siglo XVIII y a la filosofía analítica del siglo XX (Bertrand Russell, Wittgenstein).
Otras constantes en las obras de Borges como las sociedades secretas, los laberintos y el tema del tiempo, están presentes en este relato. Y, en general, las referencias a Bioy Casares, George Berkeley, Justus Perthes, Carl Ritter, Johannes Valentinus Andreä, Xul Solar, Alexius Meinong, Bertrand Russell y Hans Vaihinger multiplican la riqueza del relato.
«Tlön, Uqbar, Orbis Tertius»
Jorge Luis Borges
Relato publicado en la revista Sur en Mayo de 1940, luego junto a otros relatos en 1941 bajo el título “El jardín de los senderos que se bifurcan” y luego en 1944 en “Ficciones”.
Dos puntos de partida
Destaco dos puntos de partida en este cuento: 1) La conversación entre Bioy Casares y Borges sobre un tipo de novela, y 2) la cita sobre el heresiarca de Uqbar. Los dos amigos hablan sobre la ejecución de una novela en la que el autor, en primera persona, incurra en contradicciones y desfigure hechos de tal forma que muy pocos lectores logren leer o “adivinar”, dice, una realidad atroz o banal. Es una referencia a un laberinto literario, a la posibilidad de cifrar un mensaje solo accesible por especialistas o magos.
El segundo punto de partida es la cita que recuerda Bioy Casares del heresiarca de Uqbar leída en The Anglo-American Cyclopaedia: los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el número de los hombres. Al revisar este pasaje en la enciclopedia Borges lee: Para uno de esos gnósticos, el visible universo era una ilusión o (más precisamente) un sofisma. Los espejos y la paternidad son abominables porque lo multiplican y divulgan (1999: 15). Lo anterior anuncia el tema del mundo como “mundo percibido” y no como lo real en sí mismo, a lo cual no podemos acceder. ¿Mundo percibido o solipsismo?
Nombres y personajes al inicio de la lectura de Uqbar
Uqbar parece ser una región en Asia Menor, pero que no aparece en los mapas, por ejemplo en el otrora conocido atlas de Justus Perthes (1749 – 1816) ni en la importante obra Erdkunde (geografía) de Carl Ritter (1779 – 1859). El relato deja en claro que Uqbar no queda en este mundo o es algo imaginario. Y rápidamente se corrobora que todo sobre Uqbar tiene que ver con lo imaginario, lo fantástico, lo que no es de “este” mundo tangible; de hecho, según la enciclopedia la literatura de Uqbar se refería siempre a leyendas y epopeyas fantásticas, que no se referían jamás a la realidad, en las regiones imaginarias de Mlejnas y Tlön.
Una cita bibliográfica del artículo de la enciclopedia que consulta Borges es de Johannes Valentinus Andreä (1586 – 1654) Lesbare und lesenswerthe bemerkungen über das Land Ukkbar in Klein-Asia (Observaciones legibles y útiles sobre el país de Uqbar en Asia Menor); significativo, porque Johannes V.A. es el autor de “Las bodas alquímicas de Christian Rosacruz”, una obra fundacional de la sociedad secreta rosacruz. La otra cita es de Silas Haslam, autor de A General History of Labyrinths. Silas Haslam es un personaje ficticio, mientras que el primero no: una muestra de la mezcla entre lo real y lo imaginario en este relato, y en la literatura de Borges.
El siguiente personaje importante que entra en el relato es Herbert Ashe, quien habría recibido por correo el volumen XI (Hlaer-Jangr) de A First Encyclopaedia of Tlön, la cual tenía en la primera página la inscripción “Orbis Tertius” (presunto nombre de la sociedad secreta y que quiere decir “Tercer Mundo”). Dice el relato que Ashe “padeció de irrealidad”, algo consecuente con ser miembro de la sociedad secreta que habría hecho esta enciclopedia. También dice que trasladaba tablas duodecimales a tablas sexagesimales (originalmente inventadas en Sumeria y basadas en 60 cifras, como lo es la clasificación del tiempo en 60 segundos y 60 minutos).
Referencias sobre la realidad en Tlön: Berkeley, Meinong, Vaihinger
Tlön es un mundo y sus naciones son idealistas, su lenguaje, su religión, letras y metafísica, presuponen el idealismo; creen que “el mundo no es un concurso de objetos sino una serie heterogénea de actos independientes” (1999: 22). En Tlön no existe el tiempo ni la identidad como los conocemos en el mundo real. El relato explica que nada más escandaloso en Tlön como la doctrina del materialismo. Dice que según Hume los argumentos de Berkeley no son convincentes en la tierra, pero que serían todo lo contrario en Tlön ¿por qué? George Berkeley, filósofo del “inmaterialismo” también conocido como el «Obispo de Berkeley», profesó una corriente del empirismo que cuestiona la existencia de la materia que no es percibida por un sujeto; Berkeley habría encontrado en Tlön la expresión más clara de su teoría porque él no negaba la existencia de los objetos sensible pero, postulaba que el solo hecho de percibirlos no nos autoriza a afirmar que estos objetos existen independientemente de ser percibidos por el pensamiento. Algo equivalente con lo que sucede en Tlön. “Las ideas que nos formamos de las cosas es todo lo que podemos decir sobre la materia” decía Berkeley. Según él, el ser de las cosas está fundado en ser percibidos por una mente.
¿Pero cómo puede existir un objeto cuando nadie lo está percibiendo? Según el Obispo de Berkeley, hay una mente que siempre está percibiendo, una mente constante e imperecedera: la divinidad. De acuerdo con la explicación de Alvaro Antonio Prado Velásquez en su artículo “Contra la interpretación de Jon Stewart sobre «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius» y la filosofía de Berkeley” en el inmaterialismo de Berkeley “el ser de todo objeto es, precisamente, ser percibido por Dios. En consecuencia, la materia no existe como una sustancia en sentido filosófico, es decir, no tiene subsistencia o existencia absoluta en el sentido de independiente de ser soportada por otra sustancia, sino que existe en calidad de idea, es decir, como un objeto cuyo ser es ser percibido” (Prado Velásquez. 2024: 61).
Pero Berkley difiere del solipsismo, ya que esta postura niega por completo la existencia del mundo material y lo entiende todo como una ilusión de la mente o la conciencia. Un ejemplo de solipsismo se encuentra en Segismundo, en La vida es sueño, cuando angustiosamente se pregunta si es real lo que ha visto o si su vida es solamente una ilusión, un sueño.
En ese orden de ideas, en el cuento se da a entender que Tlön es una creación que depende de que se le conozca, y de cierta forma parece solipsista, por ejemplo, cuando dice: “Los hombres de ese planeta conciben el universo como una serie de procesos mentales, que no se desenvuelven en el espacio sino de modo sucesivo en el tiempo” (1999: 24). No obstante, más adelante el relato dice que en Tlön hay un repudio al solipsismo, ya que allí no se niega que haya una realidad, sino que ésta es en cuanto es percibida o pensada. También declara que en Tlön no se acepta que exista, en verdad, una mente individual, un “yo estable”, sino una especie de conciencia impersonal o colectiva. En Tlön existe, por lo tanto, la idea de un sujeto único, uno solo, y que todas las obras son de un solo autor.
No cabe duda de que Tlön es un mundo “ideal” y del idealismo; en Tlön “Hay poemas famosos compuestos de una sola enorme palabra” (1999: 24), hay objetos ideales, objetos que se clonan y objetos que desaparecen si la gente los olvida, existencias de seres sin un ser material, lenguas y gramáticas regidas por otras normas donde no prevalece el sujeto sobre la acción, lógicas a las que pocos pueden acceder. Esto conecta con lo dicho al inicio por aquel tipo de novela de la que hablan Borges y Bioy Casares, esa que cifraría en la narración otros mensajes y realidades. El relato también explica cualidades sobre al Ursprache de Tlön, y en ese momento cita la traducción de una supuesta frase que había hecho el pintor y astrólogo argentino, amigo de Borges en la vida real, Xul Solar. Éste pretendía crear no una Ursprache, sino una Panlengua (no en el cuento sino en la vida real). La crítica literaria Beatriz Sarlo recuerda que en Tlön:
“florecen cientos de filosofías fundadas en el principio del ‘como si’, bellos sistemas pluralistas que no reclaman el monopolio de ninguna verdad. Por ello, las filosofías de Tlön tiene los rasgos de la literatura fantástica (y de la literatura fantástica de Borges). El principio del ‘como si’ es una estrategia formal de la ficción utópica y distópica: Borges, especialista en la construcción de espacios infinitos y temporalidades discontinuas, opera como los sabios de Tlön, sobre quienes ha escrito en tono admirativo, perturbado e irónico.” (Beatriz Sarlo. 1995)
Hablando de la literatura en Tlön, el relato dice que es como en el mundo subsistente de Alexius Meinong (1853 – 1920). Se trata de una de las citas más incisivas que presenta el relato ya que Meinong postuló que todo aquello que es nombrado y referido pero inexistente o incomprobable en este universo, como los unicornios, los círculos cuadrados, la hidra o el mismo Tlön, deben “ser” en algún plano, o algún ámbito ontológico. La filosofía de Meinong presupone que para que todo referente pueda ser hablado, debe tener una cualidad ontológica en algún “reino”. A éste reino se le conoce como “La jungla de Meinong”.
Hans Vaihinger, autor de Philosophie des Als Ob, escribió que el ser humano no puede acceder a la realidad en sí misma sino solo a nuestros propios sistemas de pensamiento y modelos descriptivos de la realidad. Nuestros constructos racionales, aunque son de algún modo ficcionales, o medio-ficcionales según Vaihinger, son funcionales y prácticos.
Tlön expone, por lo tanto, el dilema entre mente y mundo: ¿accedemos a la realidad o solo tenemos nuestra percepción, nuestra experiencia, nuestros pensamientos y con ellos creamos un mundo a semejanza nuestra? Si nos pusiéramos a tirar de este hilo, la reflexión nos llevaría a recorrer toda la historia de la filosofía.
El relato continúa diciendo que “Los hombres de ese planeta conciben el universo como una serie de procesos mentales, que no se desenvuelven en el espacio sino de modo sucesivo en el tiempo” (1999: 24) y que no conciben que lo espacial perdure en el tiempo. Algo que coincide con el pensamiento de Berkeley y Vaihinger.
En Tlön nadie comprendería la yuxtaposición del espacio y del tiempo. Por el contrario, el tiempo tiene toda la preponderancia. El relato cita a Baruch Spinoza a propósito del tiempo: “Spizona atribuye a su inagotable divinidad los atributos de la extensión y del pensamiento” (1995: 25). También dice que “Una de las escuelas de Tlön llega a negar el tiempo: razona que el presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como esperanza presente, que el pasado no tiene realidad sino como recuerdo presente”. En este punto cita al pie de página a Bertrand Russell: The Analysis of the Mind, “supone que el planeta ha sido creado hace pocos minutos, provisto de una humanidad que ‘recuerda’ un pasado ilusorio.” (1999: 26). Russell también afirmaba que la diferencia entre el mundo material y el mundo mental era arbitraria.
Tlön: la enciclopedia como espejo conceptual del mundo
No hay que olvidar que el relato transmite lo que el personaje Borges lee sobre Tlön en aquel volumen de la enciclopedia. Es decir, hasta ahora Tlön y Uqbar son solo literatura de enciclopedia. Este elemento reviste todo el interés; Beatriz Sarlo, conocida investigadora de la obra de Borges, nos recuerda que la enciclopedia pretende ser un espejo conceptual del mundo, un tipo de Aleph.
Esta gran obra, explica el relato, es obra de una sociedad secreta. En ella destaca un tal Buckley, un acaudalado que, descreyendo de dios, “quiere demostrar al Dios no existente que los hombres mortales son capaces de concebir un mundo” (1999: 35). Esto hace pensar en Tlön como metáfora de la gran empresa humana y su ambición productora y conocedora. Un mundo construido a semejanza de nuestro entendimiento, ya que aquel mundo (el mundo real-real), el mundo como creación divina o cósmica, es por definición inaccesible e incomprensible. Esto nos deja ver que uno de los temas de fondo en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius es el límite del conocimiento. Expresado por Beatriz Sarlo:
“Estas cuestiones abren otra sobre los límites del conocimiento: lo que percibimos nunca es el Universo sino una trama discursiva construida por seres humanos. No hay conocimiento de la Ley (ni podemos saber si la ley existe), sino producción fantasiosa de leyes. El laberinto de dios no puede ser captado por el entendimiento, aun en el caso en que se suponga la existencia de dios (vale la pena recordar que Borges fue invariablemente agnóstico y que el millonario norteamericano que dio nuevo impulso a la secta de los inventores de Tlön es nihilista y ateo). Los hombres sólo entienden los laberintos que ellos construyen. El orden del planeta Tlön es una utopía filosófica que critica el desorden referencial y empírico que Borges trata de conjurar en la trama perfecta de sus ficciones.” (Beatriz Sarlo. 1995)
Las palabras se convierten en cosas: Flashforward en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius
El relato tiene una falsa posdata de 1947 (el cuento fue publicado en 1940) en el cual se desvela que una sociedad secreta del siglo XVII había iniciado el proyecto y que en el siglo XIX un tal Buckley, ateo y acaudalado, le dio su último impulso. En 1914 se publicaría la enciclopedia bajo el lema Orbis Tertius. Se ha interpretado que esto quiere decir “Tercer mundo”; tal vez el primer mundo es el mundo de Dios, el paraíso; el segundo sería su obra, el mundo tangible en el que vivimos, el mundo de la naturaleza y al que llamamos “mundo real”; y el tercero sería el mundo que es obra del ser humano, su enciclopedia, su empresa: “Tlön es un laberinto, pero un laberinto urdido por hombres, un laberinto destinado a que lo descifren los hombres” (1999: 39). De alguna forma, esto me hace pensar en que solo basta con salir a la calle y ver que “nuestro mundo”, el de calles y avenidas, edificios y naves espaciales, modas, películas, libros y teléfonos móviles es en realidad un “tercer mundo”, tan diferente de la naturaleza no intervenida por el ser humano.
Esta figura retórica de la prolepsis, posdata de 1947, permite dar como consumada la consecuencia principal de la creación de Tlön: su infiltración y expansión en el mundo de aquí, el mundo de las cosas, el llamado mundo real. Dos objetos anuncian este fenómeno: una brújula en la cual las letras de la esfera corresponden a uno de los alfabetos de Tlön: “Tal fue la primera intrusión del mundo fantástico en el mundo real” (1999: 35); y el segundo, un cono de metal, reluciente y del tamaño de un dado, pequeño, pero a la vez muy pesado, muy denso, hecho de un metal no conocido.
Ese mundo ideal que nació solo como enciclopedia tiene como destino colonizar al mundo del más acá, al mundo de los mismos hombres que habrían creado a Tlön como un artefacto literario en un principio. Tal vez como, ciertamente, ha ocurrido siempre con todas las invenciones humanas, narrativas y objetuales, que han «conquistado» y determinado la manera en que entendemos la realidad y la existencia.
¿Qué es Tlön? ¿un mundo místico ideal que conquista al mundo profano material? Dice el relato: “¿Cómo no someterse a Tlön, a la minuciosa y vasta evidencia de un planeta ordenado? Inútil responder que la realidad también está ordenada. Quizá lo esté, pero de acuerdo a leyes divinas −traduzco: inhumanas− que no acabamos nunca de percibir. Tlön será un laberinto, pero es un laberinto urdido por los hombres, un laberinto destinado a que lo descifren los hombres.” (1999: 39), y más adelante continúa: “El (conjetural) ‘idioma primitivo’ de Tlön ya ha penetrado en las escuelas […] ya en las memorias un pasado ficticio ocupa el sitio de otro, del que nada sabemos con certidumbre — ni siquiera que es falso —“ (1999: 40).
Queda claro que Tlön, ese mundo en principio literario, está destinado a reemplazar lo real. Lo ideal sobre lo material. Lo conceptual sobre lo físico, lo humano sobre lo divino. De una forma más simple sugiere que no importa qué tantas evidencias tengamos de lo tangible, la gente siempre vive en sus historias, en sus películas, en sus culturas, en sus narrativas. El relato resulta en una ficción más real que la realidad. Algo que hace recordar el concepto de Simulacro de Jean Baudrillard. Esta ficción ideal, literaria, resulta con más peso que la “tradicional” realidad, la cual, en todo caso, nunca fue del todo accesible. La enciclopedia de Tlön es la metáfora del conocimiento y el hacer humano, es una creación que reemplaza al creador. También hace pensar en temas actuales como el reemplazo de la IA sobre el ser humano. Una sociedad ha creado a la IA en un mundo virtual que poco a poco devora al propio mundo que la ha concebido, para reemplazarlo y convertirlo solo en una memoria, en todo caso distorsionada por una nueva manera de ser.
En la vida real, en la Revista Multicolor, Jorge Luis Borges publicó una reseña del libro de Paolo Zappa, ¡“Unclean! Unclean!” con el seudónimo de Herbert Ashe. Lo cual representa la invasión del mundo ficticio sobre la realidad: o Ashe entra en nuestro universo o nuestro universo ha sido absorbido por el de la ficción. ¡Hasta qué punto Borges ha llevado estas ideas!
Bibliografía
Beatriz Sarlo. Borges, un escritor en las orillas. Borges Studies Online. On line. J. L. Borges Center for Studies & Documentation. Internet: 14/04/01
( https://www.borges.pitt.edu/bsol/bse0.php )
Borges, Jorge Luis. «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius». En «Ficciones». 1999
Cajero Vázquez, Antonio. HERBERT ASHE, RESEÑISTA DE REVISTA MULTICOLOR: ¿UN TEXTO DE BORGES? Variaciones Borges, No. 33 (2012), pp. 171-182 (12 pages).
Grau, Cristina. “Tlön o la utopía cósmica”. Universidad Politécnica de Valencia. https://www.borges.pitt.edu/sites/default/files/0209.pdf
Prado Velásquez, Alvaro Antonio. “Contra la interpretación de Jon Stewart sobre «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius» y la filosofía de Berkeley”. Revista Metanoia Vol. 9 Nº 1, enero – diciembre 2024 pp. 59-91 https://revistas.uarm.edu.pe/index.php/metanoia/article/view/340
