En el primer tomo de las Obras Completas de Jorge Luis Borges {Leí: Emecé, Buenos Aires, 1996} buscaba un breve texto suyo: El Etnógrafo. Pero mientras pasaba las páginas esta búsqueda me llevó a otro texto: «Nota sobre Walt Whitman«. Un texto publicado originalmente en marzo de 1947 en la revista «Los Anales de Buenos Aires» y posteriormente incluido en su libro de ensayos «Discusión».
Simplemente me detuve en la página 249 con la curiosidad de saber qué había escrito Borges sobre Whitman. Empecé a leer, así: «El ejercicio de las letras puede promover a construir un libro absoluto, un libro de libros que incluya a todos como un arquetipo platónico» (página 249). Whitman fue un referente importante para Borges y su mención no es escasa en la diversidad de sus ensayos, análisis y textos reflexivos sobre la literatura.
La capacidad de Borges para cita a otros autores y referencias literarias y filosóficas no tiene par. En esa misma página habla de Apolonio, Lucano, Camoens, Homero, Donne, Milton, Firdusí, Góngora, Mallarmé, Pater, Yeats, Jung, Cascales y Gracián, Barbusse, Joyce, Pound, T.S. Eliot, Lascelles Abercrombie y el poeta Sir Edmund Gosse. Todos excepto los dos últimos escribieron libros insignes, libros que se destacan entre la pila de libros, algunos incluso son catalogados como libros que cambiaron la historia, libros necesarios, pero ninguno, como bien cita Borges con el análisis de Abercrombie y Gosse, hizo lo que hizo Whitman: convertirse a sí mismo en literatura (ver Canto a Mí Mismo).
Entonces leí el análisis de Borges sobre Whitman, y mientras tanto creía entender a Borges y su interés por este caso excelso de la literatura, en el cual Whitman el «amistoso y elocuente salvaje de Hojas de hierba» y «el pobre literario» que lo inventó, son dos entes diferentes. En el prólogo de Borges de su traducción de «Hojas de hierba» (Nueva York – 1855) califica a esta obra como «la inaudita revelación de un hombre de genio».
Whitman quiere ser todos los seres humanos, demuestra Borges, trabajar su relación metonímica con el todo del género humano y en sus versos es evidente. Cita Borges a Whitman: «Estos son de verdad los pensamientos de todos los hombres en todos los lugares y épocas; no son originales míos. Si son menos tuyos que míos, son nada o casi nada.» (página 215). Al decir suyo, «Hojas de hierba» es una epopeya, una plural, en el que Whitman el autor, Whitman el personaje literario, y los lectores viven heróicas hazañas.
Whitman, el que vive dentro de los versos, el perenne, siente lo que todos sienten. Es todo lo que todos fueron y son. Y es esta pan-genérica identidad de su yo disuelto en el género humano lo que sorprende a Borges, y a muchos otros lectores. Whitman el místico. Dice Borges en el nombrado prólogo: «Whitman, insisto, es el modesto hombre que fue desde 1819 hasta 1892 y el que hubiera querido ser y también cada uno de nosotros y quienes poblará el planeta».
El desdoblamiento de Whitman en sus letras, la eternidad del poeta, sus mensajes al futuro, esta obra magna, me hace imaginar a Borges, sumergido en la re-lectura de Hojas de Hierba, y veo la sonrisa erudita y sensible que esos versos predilectos despertaron en su noble cara.
¿Cómo sé que la cara de Borges era noble? no lo sé. Estas notas sobre Whitman son el resultado de la sorpresa que su poesía pudo haber despertado en Borges; estas notas son la evidencia de una aguda lectura en la que hace gala de sus estudios, su humilde erudición, abierta a mi disfrute.
A continuación transcribo un fragmento de Whitman escogido por Borges:
“Lleno de vida hoy, compacto, visible,
Yo, de cuarenta años de edad el año ochenta y tres de los Estados,
A ti, dentro de un siglo o de muchos siglos,
A ti, que no has nacido, te busco.
Estas leyéndome. Ahora el invisible soy yo,
Ahora eres tu, compacto, visible, el que intuye los versos y el que me busca,
Pensando lo feliz que sería si yo pudiera ser tu compañero.
Se feliz como si yo estuviera contigo.
(No tengas demasiada seguridad de que no estoy contigo.)”

