Reseña de Abril Rojo, una novela en Ayacucho

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El mundo quechua de la región de Ayacucho es el escenario en el que transcurre la novela Abril Rojo, premio Alfaguara de novela del año 2006. Su autor, Santiago Roncangliolo ha dicho que quería escribir un thriller, con policías, asesinatos y crímenes, y que los ingredientes para hacerlo los había encontrado en su país, el Perú. Otros dos pilares soportan a esta novela negra: la semana santa en Ayacucho, reconocida por ser una de las más animadas del mundo católico, y la huella que dejó el movimiento insurgente Sendero Luminoso en aquella región.

No solo es una novela que ocupa un lugar destacado en la literatura peruana reciente sino que está encajada en algunos de sus ejes estructurales: el mundo indígena quechua y con ello el tema de la identidad, la insurgencia de Sendero luminoso y la violencia social. Es una novela con una admirable arquitectura, no por nada mereció dicho galardón, y también es de lectura rápida. Es una buena obra, admirable, aunque, personalmente, no la puedo incluir en mi lista de novelas favoritas de todos los tiempos.

Santiago Roncangliolo
Abril Rojo
Alfaguara
Madrid, 2006
Premio Alfaguara 2006
328 páginas

Como todo buen thriller, Abril rojo empieza con un cadáver, en este caso ubicado en la localidad de Quinua. El occiso es hallado en un pajar, el cuerpo está quemado, casi carbonizado, casi deformado. Documentar el caso corresponde al Fiscal Distrital Adjunto Félix Chacaltana Saldívar, el protagonista de la novela. Desde ahí, este personaje empieza a tirar de un hilo que mantiene en intriga al lector. Yo no sabía si este crimen y los demás que encuentra tendrían una explicación sobrenatural o relacionada con algo religioso vinculado a la Semana Santa o si habría una explicación racional, más mundana. Los occisos, como técnicamente señala el fiscal mencionado, tienen huellas de una violencia desmedida. Algunos dudan de que fuera culpa de células senderistas aún activas. Y, en ese sentido, el libro resuelve inteligentemente la intriga, un final que explica las preguntas que van creciendo a lo largo del libro.

Personalmente, me llamó la atención el espacio tiempo donde transcurre la novela: marzo y abril del año 2000 en Ayacucho, una ciudad en el centro sur del Perú, a más de 2700 metros sobre el nivel del mar, con una presencia indígena importante y un pasado arqueológico notable. La novela menciona que Ayacucho significa “rincón de los muertos”, conectando con la serie de sucesos fatídicos que encuentra el lector en este libro. He buscado el significado y ubicaciones de lugares, fiestas y eventos con nombres en quechua que menciona la novela: Quinua, la fiesta de Turupukllay, la matanza de Uchuraccay, El Huamanguino, Yawarmayo, el cerro de Acuchiyamai, y lo que le dice Edith a Félix Chacaltana en un punto de giro inesperado del protagonista: Supaypawawa, hijo del diablo. El mismo apellido Chacaltana es quechua.

La novela retrata a los indígenas de una manera específica: son “otros”, son gente que habla poco y que además hablan mal, tienen otras costumbres, son sospechosos y son de un Perú diferente al Perú que hay en Lima. Los policías y el ejército también son representados de una manera específica: no tienen muchos recursos, son déspotas, también son sospechosos, pero a su vez violentos, y en algunos casos, tan responsables de crímenes inauditos como los senderistas condenados.

Cubierta de la novela Abril Rojo

Abril rojo también es una novela que nombra de una manera especial al protagonista, con su nombre completo y su cargo: Fiscal Distrital Adjunto Félix Chacaltana Saldívar. Solo otros personajes le llaman “Chacaltana”, pero la voz narrativa siempre se refiere a él con su nombre completo y su cargo. El cargo refuerza la construcción de su perfil, un fiscal adjunto, un personaje que busca reconocimiento, un personaje solitario que habla con su difunta madre en casa, con una cotidianidad y sensibilidad que a veces deja dudas de su salud mental. Es un personaje con un alto sentido de la responsabilidad y ética del oficio correcto, las leyes, los modales, pero con una autoestima frágil. El personaje transmite admiración y duda, y el final de la novela resuelve esta dicotomía.

Como lector te preguntas si el protagonista resistirá a la presión que los sucesos van ejerciendo; casi siempre piensas en que tiene olfato investigativo y compromiso ético, pero es un sujeto frágil psicológicamente. Finalmente hay un punto de giro en el se revela violento también y que lo llevará a no recuperarse, aunque no sea el autor “encubierto” de los delitos que se investigan.

5 cartas mal escritas

La novela me ha llamado la atención por otra razón más: en las páginas 62, 107, 225, 255 y 297 hay 5 cartas escritas con una pésima ortografía, exageradamente mala, casi inverosímil, y que no tienen un autor claro. Se entiende que el fiscal Chacaltana no tiene conocimiento de estas cartas, las cuales parecen venir de una mente con un designio oscuro, una misión violenta. Este elemento narrativo genera intriga en el transcurso de la novela y crea preguntas ¿quién está hablando ahí? ¿es tal vez un indígena que no sabe escribir bien en español? ¿es algún tipo de demonio sobrenatural?

Santiago Roncagliolo ha hablado en entrevistas sobre el final de las novelas, diciendo que en ellos siempre hay una transformación. Pues en Abril rojo se puede esperar eso. Y como en todas las novelas, a decir de Walter Benjamin en sus ensayos sobre el narrador, al final hay una gran muerte, una muerte principal.  

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