Pierre Menard, autor del Quijote, Novalis y Leibniz, análisis

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La obra subterránea e inconclusa del novelista Pierre a Menard era principalmente los capítulos noveno y trigésimo octavo de la primera parte de Don Quijote y un fragmento del capítulo 22. El narrador del cuento, que tiene en su poder una carta del propio Menard, dice que éste no quería componer otro Quijote, uno contemporáneo a su época, sino el Quijote mismo; no quería copiarlo ni transcribirlo sino producir unas palabras que coincidieran con el texto de Cervantes. De alguna forma, “ser Miguel de Cervantes sin dejar de ser Pierre Menard”. Tal es el acertijo que se presenta en el cuento “Pierre Menard, autor del Quijote” de Jorge Luis Borges.

Pierre Menard, autor de el Quijote
Jorge Luis Borges

Cuento incluido en: Ficciones.
Alianza Editorial
Barceona. 1999

El cuento no describe explícitamente cómo Menard lograría producir semejante texto coincidente, solo afirma que, en palabras de Menard “Mi propósito es meramente asombroso […] El término final de una demostración teológica o metafísica” (1999: 47). Ciertamente asombroso. Confiesa que las etapas intermedias de su labor ha “resuelto perderlas” y que solo queda un borrador. Dice que el método inicial consistió en “Conocer bien el español, recuperar la fe católica, guerrear contra los moros o contra el turco, olvidar la historia de Europa entre los años de 1602 y de 1918, ser Miguel de Cervantes” (1999: 47) pero que lo descartó por fácil, “¡Más bien imposible! Diría el lector” (1999: 48).

No obstante, el narrador había dicho que “Dos textos de valor desigual inspiraron la empresa. Uno es aquel fragmento filológico de Novalis —el que lleva el número 2005 en la edición de Dresden— que esboza el tema de la total identificación con un autor determinado. Otro es uno de esos libros parasitarios que sitúan a Cristo en un bulevar, a Hamlet en la Cannebiére o a don Quijote en Wall Street.” (1999: 46).

El primer texto se refiere a la obra Polen, compuesta por fragmentos donde Novalis incluye una reflexión sobre la comprensión de lectura. Declara Novalis que la comprensión total de una obra requiere interiorizar el pensamiento del autor; la Universidad de Pittsburg y el Diccionario de Evelyn Fishburn & Psiche Hughes resalta el pasaje de Novalis: “I demonstrate that I have really understood a writer only when I am able to act in the spirit of his thoughts, and when I can translate his works and alter them in various ways without detracting from his individuality” («Demuestro que realmente he comprendido a un escritor solo cuando soy capaz de actuar conforme al espíritu de sus pensamientos, y cuando puedo traducir sus obras y modificarlas de diversas maneras sin menoscabar su individualidad»). Esa compresión es identificación hasta el punto de poder recrear y transformar la obra del autor que lee sin alterar la esencia del creador original. Menard habría seguido este principio.

El segundo texto que sugiere el cuento de Borges en realidad no existe y es más bien una forma de hablar de libros que anacrónicamente sitúan un personaje histórico en otro tiempo y lugar. De alguna forma algo que Menard también pretendía si quería situarse “en” Cervantes.

Pero la hazaña de Pierre Menard también tiene todo que ver con la metafísica de Gottfried Wilhelm Leibniz y su teoría de las mónadas, expuesta en su obra Monadología. Leibniz afirma que las mónadas son esencias metafísicas del universo. Unidades a la manera de átomos, pero no del mundo físico, sino del metafísico (del espíritu o la mente). Son eternas y tienen sus propias leyes, entre ellas la ubiquidad. Pero lo más interesante es que cada una es como un “Aleph” (en el sentido borgeano): un reflejo de todo el universo en una armonía preestablecida. El concepto de Mónada es, por lo tanto, un ejemplo de pampsiquismo. Una esencia tal, en el pensamiento de Leibniz, solo puede tener un carácter divino.

Es inevitable ver aquí al “reflejo”, o mejor dicho, al “espejo”, como uno de los conceptos creativos centrales de Borges. También la figura de la metonimia, la parte que expresa al todo. El relato sugiere, entre líneas, que Pierre Menard podría haberse servido, de alguna forma, del principio de las mónadas dados sus conocimientos de Leibniz. El narrador del cuento enumera la obra visible de Menard, entre la cual destaco lo siguiente:

d) Una monografía sobre la Characteristica universalis de Leibniz (Nimes, 1904)

En Characteristica universalis Leibniz habla sobre la posibilidad y objetivo de conocer los signos primitivos u originales irreductibles que forman todas las ideas complejas humanas. Su visión era crear un alfabeto único en el cual sus signos correspondieran a todos los conceptos e ideas humanas. A todos, universalmente. Characteristica universalis (1666) es una obra de juventud de Leibniz, mientras que Monadología (1714) es una obra de adultez. Todo indica que en la primera obra Leibniz elaboró un concepto sobre una esencia lógica y semiológica, y en la segunda, una esencia ontológica. El paralelo entre una mónada desde la que se puede acceder al todo y el Aleph del cuento de Borges es muy claro.

En “Pierre Menard, autor de el Quijote” Menard podría haber accedido a una mónada para “ser Miguel de Cervantes sin dejar de ser Pierre Menard”, y escribir así un texto igual al Quijote.

f) Una monografía sobre el Ars magna generalas de Ramón Lull (Nimes, 1906)

También se sabe que Leibniz conocía la obra del sabio Ramón Llull y que habría tenido cierta inspiración en el Ars Magna. ¿Por qué? Porque en esta obra Llull plantea que se puede atribuir a conceptos teológicos y filosóficos fundamentales un grupo de signos o letras básicas que se podrían combinar. Además, Llull creía que dada la interconexión de toda La Creación Divina, se podía reflejar el todo en la parte. Ideas similares a las de Leibniz en Characteristica universalis y en Monadología.

h) Los borradores de una monografía sobre la lógica simbólica de George Boole.

Este también es un guiño a Leibniz y a la posibilidad de “reescribir” el Quijote. Se considera que el “Álgebra de conceptos” de Leibniz guarda paralelismos directos y sorprendente similitud conceptual con el “Álgebra boleana”. El estudio de George Boole por parte de Menard demuestra un interés en esa subrayada similitud entre Leibniz y Boole. De alguna forma sugiere que Boole reescribe a Leibniz.

k) Una traducción manuscrita de la Aguja de navegar cultos de Quevedo, intitulada La boussole des précieux.

La Aguja de navegar cultos (1625) es una sátira escrita por Francisco de Quevedo en el que se burla abiertamente de Luis de Góngora (1561 – 1627) y del culteranismo, el estilo poético caracterizado por ser hiperbólico, complicado y exagerado en neologismos. Quevedo afirma que se puede usar una fórmula para escribir con palabras rebuscadas igual a como podría escribir Luis de Góngora.

No es menor la importancia de las obras de Menard. En el prólogo Borges dice que éste es un cuento fantástico y que en “Pierre Menard, autor del Quijote lo es el destino que su protagonista se impone. La nómina de escritos que le atribuyo no es demasiado divertida pero no es arbitraria; es un diagrama de su historia mental…”

También cabe mencionar que Menard también dice que podría haber hecho esta hazaña si fuera inmortal y, de hecho, al narrador le parece leer en el Quijote «original», el de Cervantes, el estilo propio del Menard que conoció en vida; dice Menard en su carta: “Mi empresa no es difícil, esencialmente […] Me bastaría ser inmortal para llevarla a cabo” (1999: 48). La inmortalidad, otro tema recurrente en los cuentos de Borges.

Para finalizar, comentar que he encontrado un análisis comparativo entre Pierre Menard y el Budismo Zen, una tesina de María Núñez Kozlova:

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