Negrón, negrito,
ciruela y pasa,
salga y despierte,
que el sol abrasa,
diga despierto
lo que le pasa…
¡Que muera el amo,
muera en la brasa!
(Guillén, 1981)
Nicolás Guillén es un cantor y un poeta. Sus sones son versos y sus cantos poesía. En Guillén la palabra adquiere musicalidad y la música se convierte en compromiso lírico, político y vital. Así, el poeta afrocubano dio vida a un universo literario mestizo y mulato de “color cubano” repleto de cadencia, de ritmo, de efectos léxicos y divertimentos que se explayan en la riqueza afro y natural de su tierra y de su pueblo; pero también en la inequidad e injusticia de las que han sido víctimas sus ancestros y sus hermanos. La estética se mezcla con la conciencia social, para alejarse del costumbrismo y de las formas elitistas, acercándose a la expresión orgánica de una comunidad histórica, en lo que Cintio Vitier encontró la consolidación de la poesía nacional cubana (Vitier, 1970). Así la poesía de Guillén es una bisectriz entre la vida y la muerte, entre la consigna social y la diversión, entre la rumba y la tumba, entre el amor y el desengaño, entre la canción y la poesía, entre el hombre que sigue siendo niño y el niño que sabe que madurar es comprometerse con aquellos necesitados que nunca han estado del lado correcto de la justicia. En ese sentido, su comicidad no es motivo de risa; sino de reflexión. Es un humor cercano a la tragedia, incluso al grotesco, en un intento por invertir los valores del mundo, como detecta Bajtin, (1987 [2005]) para el carnaval. Por eso, en los versos de Guillén lo festivo es político, la oralidad se encarna y el ritmo es resistencia. Esa es la característica trascendente de la obra de Guillén, colocarse al lado de los perdedores de la historia, es decir, de aquellos que, lejos del poder, han sido víctimas marginadas de sistemas que homogenizan, degradan, subestiman o, en el mejor de los casos, folklorizan la diversidad cultural.
Datos de la edición:
Título: Sóngoro Cosongo y otros poemas
Autor: Nicolás Guillén
Año: 1981
Editorial: Alianza Editorial
Por eso, no se puede catalogar la poesía de Guillén como folklórica, porque el folklore, en última instancia, es una inclusión estratégica del poder para captar lo más brillante de la diversidad étnica y cultural; pero despegándose de sus reclamos sociales y políticos. El folklore funciona entonces como un lavado de cara, una manera de incluir sin incluir -inclusión simbólica-, una forma de aplaudir (para no discriminar) sin involucrarse realmente en los universos culturales aplaudidos (Rivera Cusicangui, 2010). Los procesos de folklorización tienden a separar las expresiones culturales de su contexto de producción, para convertirlas en objetos estáticos, patrimoniales, rentables, comerciales o turísticos, que no cuestionan las relaciones de poder que las atraviesan (García Canclini, 1990). Por eso, Guillén es todo menos folklore. Su literatura es más bien un testimonio en donde vida y obra se confunden para ofrecer una tonalidad de atardeceres cubanos con memoria africana, una voz que recoge los gritos anónimos de un pueblo pisoteado, pero altivo; una voz que ama a su gente, a su paisaje y, sobre todo, su sonido. Un sonido de resonancia gigante de tambores y tamboras, de cascabeles y cacofonías animales, de latido terráqueo y de ecos del viento, de fuego, del mismo fuego que nos habita cuando escuchamos: “de que callada manera, se me acerca usted sonriendo, como si fuera la primavera…”
Guillén (1902 – 1989) nació y murió con el Siglo. Considerado el poeta nacional de Cuba, es también una de las figuras centrales de la poesía y cultura latinoamericana. Muchos de sus poemas han sido musicalizados y convertidos en piezas sonoras de la cultura pop sudamericana, siendo verdaderos himnos de nuestra América mestiza. Nacido en Camagüey, su infancia y juventud fueron caóticas, su padre Nicolás Guillén Batista fue perseguido y asesinado en 1917 durante el régimen de Mario García Menocal por sus ideas políticas liberales, lo que forjó un férreo pensamiento político en el poeta (Augier, 1984). Esto se combinó con el racismo estructural y la discriminación social cubana y latinoamericana. Un caldo de cultivo para que emerja un poeta/profeta que, habiendo estudiado derecho por unos pocos años, se decantó finalmente por el periodismo, el ensayo y la literatura, en donde combinó un tono directo, crítico, comprometido; con altísimas figuras literarias conectadas al pasado afro y al presente paradisiaco de la isla, verdadero Edén en la tierra. Así, innovó las formas poéticas a través del son, una combinación de versos cortos que se musicalizaban a través de la oralidad popular, el lenguaje coloquial, la lúdica y la conciencia política. Estos sones serían parte trascendente de la configuración de la música afrocubana, pues las letras de Guillén funcionaron como puentes entre la poesía y la música que permitieron legitimar de forma literaria, estructuras, acentos y combinaciones de procedencia musical y popular. Por eso se produjo una simbiosis entre el trabajo del poeta y la de cientos de músicos anónimos que interpretaron e interpretan estas y otras melodías y sones de estirpe y memoria isleña. Sin embargo, a pesar de convertirse en el estandarte de la poesía afrocubana, Guillén sufrió persecuciones y exilio por sus ideas políticas en los regímenes de Gerardo Machado y Fulgencio Batista. Con el triunfo de la revolución cubana (1959), el régimen revolucionario convirtió a Guillén en un eje cultural e intelectual de su programa político otorgándole reconocimiento, prestigio y múltiples cargos de liderazgo cultural.
La obra poética de Guillén es amplia y abarca casi 40 años de producción y publicación constante. El volumen: “Sóngoro Cosongo y otros poemas”, publicado por Alianza Editorial en 1981 es una recopilación supervisada por el propio autor, de algunos de sus mejores poemas agrupados en ocho secciones: poemas mulatos, poemas sociales y políticos, elegías, el aeroplano y otros poemas, poemas de amor, poemas satíricos, poemas festivos y poemas para niños. En cada sección se agrupa una recopilación de versos que provienen de diversos poemarios y etapas del autor. Lo que se destaca de la edición es que la selección la realizó el propio Guillén, con el criterio de un autor maduro que revisa su obra y la expone para nuevos y diversos públicos. Así, la antología constituye una mirada crítica y retrospectiva del poeta que interviene en la forma en que quisiera ser leído por las generaciones venideras (Bourdieu, 1995). Sus poemas mulatos son quizá, la mejor parte de la edición. Esta sección integra muchos poemas aparecidos por primera vez en: “Motivos de son”. Publicada en 1930, se la considera la obra fundacional de la poesía afrocubana porque visibiliza la experiencia del negro urbano cubano en una síntesis hermosa, y muy pocas veces conseguida, entre música, oralidad y experiencia social caribeña. Lo interesante de la obra es que funciona casi como un manifiesto, que no folkloriza ni exotiza, todo lo contrario, se trata de un himno cultural antirracista que da cuenta de una forma de habitar el mundo. Por eso, “Motivos de son”, es un viaje, una dimensión, un universo sonoro único y particular; no una poética costumbrista ni programática.
En su segundo trabajo: “Sóngoro Cosongo” (1931), -songo be, sóngoro cosongo de mamey; sóngoro cosongo, la negra baila bien, sóngoro de uno, sóngoro de tré-; la oralidad se transforma en estructura estética creando una poesía nacional que se conecta con su siguiente obra. “Sóngoro Cosongo” es más que un juego de palabras, es una onomatopeya que resalta el sonido de los cueros de las tomboras y tombores, que convierte el vibrar de la percusión en verbo; porque al principio quizá no fue el verbo; sino la bulla que se convirtió en música. Por eso, en muchas culturas africanas, el sonido, y la percusión en concreto es una forma de entender el mundo, de conectarse con la memoria y de transmitir saberes, más allá del logos occidental (Gilroy, 1993). Aunque en el caso de Guillén, utiliza el logos, como un puente, como una manera de darle cuerpo al lenguaje (Vitier, 1970). Su siguiente poemario es “West Indies Ltd.” (1934), como su nombre indica, es un tratado antiimperialista en forma de poema largo que denuncia las políticas extractivistas e industriales estadounidenses en el Caribe. En efecto, aquellos años estuvieron marcados por el manejo capitalista de Centroamérica y del Caribe por empresas que como la “United Fruit”, explotaban trabajadores, destruían la naturaleza y, por si fuera poco, con gran hipocresía se nombraban las salvadoras de la libertad, el progreso, el comercio, la economía y la democracia. Así, la poesía de Guillén se extiende y pasa a ser un grito en el Caribe que resuena con el llanto de un continente entero, considerado entonces y ahora el patio trasero de una potencia debilitada, pero con suficiente fuerza para imponerse en estos lares. Podríamos tender puentes entre la obra de Guillén y la de Miguel Ángel Asturias, pues ambos recrean el mundo caribeño en contraste entre la riqueza natural y popular versus su explotación por el imperialismo norteamericano. Ambos se integran en las vanguardias latinoamericanas que, a diferencia de las europeas, se nutrieron de elementos étnicos y tradicionales.
Como vemos, la poesía de Guillén evoluciona de ser un canto afrocubano y afroantillano para ser un reclamo continental en su obra: “Cantos para soldados y sones para turistas” (1937). Aquí encontramos a un poeta satírico y juguetón que le hace frente, con humor y refinamiento, al militarismo y al turismo neocolonial que se ensaña en exotizar y en aprovecharse de las diferencias culturales como un espectáculo para los grupos hegemónicos. Entonces Guillén hace un llamamiento a los soldados, los incita a colocarse del otro lado de la historia, a utilizar las armas en contra de quienes producen la injusticia; más no en contra del pueblo empobrecido, hambriento y necesitado de todo. Guillén sueña con militares que apunten sus armas al ¿enemigo correcto y poderoso?, va más allá, sueña en un mundo sin armas ¿ni turistas? El soldado y el turista, dos sujetos que en apariencia no tienen relación. Sin embargo, el militarismo y el extractivismo turístico son dos caras de la misma moneda, mientras el segundo se cree con derecho a observarlo todo, a conocerlo todo, a comprarlo todo, a destruirlo todo; el primero resguarda estos accionares con la legitimidad de la fuerza. El turista y el soldado, dos sujetos que conocen muy poco de poesía. La siguiente obra del poeta: “España. Poema en cuatro angustias y una esperanza” se relaciona directamente con la Guerra Civil Española, pues Guillén estuvo presente en el conflicto como periodista solidario con La República, luego de participar en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura en Madrid, Valencia y Barcelona en 1937. De modo que, al igual que otros escritores como Neruda, Hernández, Vallejo, Malraux, Hemingway u Orwell, fue testigo directo de la escaramuza, recorrió zonas de guerra, convivió con los combatientes republicanos, aguantó bombas y metralla para retratar el dolor, los sueños y las consignas de la facción antifascista y derrotada del conflicto. Este poemario está lleno de figuras que encumbran un destino, el de la libertad de los pueblos oprimidos, el de la igualdad entre los seres humanos y el de la empatía hacia la naturaleza. Esta experiencia consolidó a Guillén como un poeta internacionalista (Augier, 1984).
Sus siguientes poemarios son fruto de una madurez artística y personal. En “El son entero” (1947) retoma la experimentación de color cubano y musical para alcanzar su cima estética (Vitier, 1970). En “La paloma de vuelo popular” (1958) su poesía adquiere un tono profético para presagiar la revolución que vendría y que sería retratada en “Tengo” (1964). Libro de crítica mixta pues celebra la victoria militante como un triunfo popular histórico de los grupos subalternos; sin embargo, su tono se acerca al discurso oficial que, a la postre, sostuvo un régimen violento y fascista de corte izquierdista. De hecho, algunos de los poemas más controversiales de Guillén, resultan un panegírico hacia el Che Guevara: “No por callado eres silencio. Y no porque te quemen, porque te disimulen bajo tierra, porque te escondan en cementerios, bosques, páramos, van a impedir que te encontremos, Che comandante, amigo”. Y no porque la poesía de Guillén sea excelsa está exenta de culpas. Quiero decir que la figura del Che y otras figuras de la revolución, son vistas como héroes o villanos que dividen a la crítica de modo radical; cuando debería entendérselas como personajes históricos complejos. Por eso, ensalzar estos momentos y personajes como mártires o símbolos éticos, resulta problemático o en todo caso, ambiguo. Sin embargo, Guillén no admite medias tintas, estaba comprometido con su ideología, con todo lo que ello significa. Por tanto, su poesía toma partido y se ubica en el ala radical de la izquierda, adornándola con música, memoria y afrocubanía. En su siguiente obra: “El gran zoo” (1967), sin apartarse de la crítica social ni de la reivindicación de la revolución cubana, consigue crear un divertimento a modo de bestiario. Al igual que otros literatos continentales como Cortázar o Arreola, Guillén consignó una región animal mística, poética y política para animalizar o zooformizar criaturas, personas, situaciones, cosas o hechos históricos que se fabulan. Así, creó una dimensión lúdica que permite hacer travesuras léxicas, al mismo tiempo que critica la sociedad, sin caer aquí en dogmatismo como la defensa a ultranza de un partido o de una idea política.
Lo mejor de cada uno de estos poemarios se encuentra en esta compilación maravillosa en ocho secciones. Así cada lector podrá recrearse con lo que busca, o leerlo todo (como en mi caso) para tener una panorámica de la obra de uno de los poetas más grandes del Siglo XX.
Los poemas mulatos destacan la africanía en relación con la otredad blanca y mestiza de Cuba, pues para Guillén, no se trata de subvertir el orden para crear una nueva jerarquía racial, sino de integrar lo negro, lo blanco y lo mestizo bajo la estela de lo mulato; por eso escribe: “Para hacer esta muralla, tráiganme todas las manos, los negros sus manos negras, los blancos sus blancas manos”. En la sección de “poemas sociales” encontramos sus obras más ideológicas y militantes. En las “elegías” encontramos diversos cantos a personajes de la izquierda y de la africanía. En el “aeroplano” encontramos poemas satíricos, juguetones y muchas creaciones publicadas originalmente en “El gran zoo”. Sus poemas de amor destacan la figura de una mujer negra que engloba cualidades físicas, éticas y morales. Así, su negra es piedra pulida y madrigal, agua del recuerdo y negro mar. Es la tarde pidiendo amor y la noche envuelta en lluvia, es el amor de cuerpos de carbón ardiente que son aguardiente de caña, azúcar quemado por la danza, brazos de oro y “tu boca, sustancia comestible y tu cintura de abierto caramelo”. En “poemas festivos” encontramos más juegos repletos de oralidad en donde se impone la crítica social desde el humor. Finalmente, en poemas para niños encontramos algunos de sus clásicos: “Por el mar de las Antillas, anda un barco de papel” y “Sapito y Sapón, son dos muchachitos de buen corazón”. Así el volumen es una muestra perfecta de lo mejor de Nicolás Guillén, poeta eterno del Caribe.
El legado de Nicolás Guillén es inconmensurable, su obra abarca periodismo, poesía, música y militancia. Lo mejor es que su obra se ubica en la cima, en el pedestal, en las alturas; pero no en los lenguajes grandilocuentes, en los homenajes y en las distinciones que separan al autor de sus lectores. Quiero decir que no se necesitan ni teorías, ni críticos, ni academias para interpretar su obra. La sencillez de sus versos es apabullante. Su cercanía con la oralidad permite que todo lector se contagie de su ritmo y sus consignas. Por eso, Guillén es un poeta del pueblo y su poesía, con el paso de los años, olvidará a su autor para convertirse en canción popular latinoamericana. Así, el poeta consigue el más alto logro de un verso, insertarse en la memoria colectiva como un canto del pueblo. Este borramiento de la autoría, este anonimato de largo alcance, es, quizá su máximo logro. De hecho, cientos de bailadores han gozado con Héctor Lavoe y Sóngoro Cosongo, o se han conmovido de la historia de “Cándido Portinari, la miel y el ron, y una guitarra de azúcar, y una canción y un corazón”; sin enterarse siquiera de Nicolás Guillén, quien, de modo sutil, derramó en nuestra camisa, todas las flores de abril. Y es que esta interacción entre poesía y música popular, permitió la circulación de textos literarios en espacios no letrados en el Caribe, en donde, la autoría se vuelve secundaria frente a la experiencia colectiva del repertorio musical (Manuel, 2012). Por eso Guillén alcanzó la inmortalidad, sus versos no están en los libros, no son más suyos; son de todos, para cantarlos, corearlos, vivirlos y recordar que todos los pies pisan la tierra. Asimismo, la justicia debería ser para todos y no solo para quien pueda pagarla. Gracias Guillén por recordar que la política se acompaña de bailes y cantos; este es nuestro sustento, lo que nos hermana como latinoamericanos, nuestras luchas cotidianas y la música que nos acompaña, nos arrulla y estrecha en las alegrías y en los pesares.
¿Puedes venderme tierra, la profunda
noche de las raíces; dientes
de dinosaurios y la cal
dispersa de lejanos esqueletos?
¿Puedes venderme selvas ya sepultadas, aves muertas,
peces de piedra, azufre
de los volcanes, mil millones de años
en espiral subiendo? ¿Puedes
venderme tierra, puedes
venderme tierra, puedes?
La tierra tuya es mía.
Todos los pies la pisan.
Nadie la tiene, nadie.
(Guillén, 1981)
Bibliografía
Augier, Á. (1984). Nicolás Guillén. Estudios Biográficos. Editorial Letras Cubanas.
Bajtín, M. (1987 [2005]). La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento. El contexto de François Rabelais. Madrid: Alianza Editorial.
Bourdieu, P. (1995). Las reglas del arte: Génesis y estructura del campo literario. Anagrama.
García Canclini, N. (1990). Culturas Hibridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Grijalvo.
Gilroy, P. (1993). The Black Atlantic: Modernity and double consciousness. Harvard University Press.
Guillén, N. (1981). Sóngoro Cosongo y otros poemas. Madrid: Alianza Editorial.
Manuel, P. (2012). Caribbean currents: Caribbean music from rumba to reggae. Temple University Press.
Rivera Cusicangui, S. (2010). Ch’ixinakax utxiwa: Una reflexión sobre prácticas y discursos descolonizadores. Tinta Limón.
Vitier, C. (1970). Lo cubano en la poesía. La Habana: Instituto del Libro.
