Reseña de «Los Dos Papas», el libro

Los dos papas - el libro basado en la película

En 2013 Benedicto XVI tomó la sorpresiva decisión de renunciar a su cargo como Papa en una decisión histórica y controversial. SÍ bien Joseph Ratzinger no fue el primer Papa en renunciar a tal dignidad, si fue el primero de la época contemporánea en hacerlo. En 1415 el Papa Gregorio XII dimitió, antes lo había hecho Celestino V en 1294 y en pleno Siglo XXI, Benedicto lo emuló debido a su avanzada edad, la disminución de sus capacidades y los escándalos internos (que eran secretos a voces) de la iglesia. Así, se convocó a un cónclave que eligió como Sumo Pontífice al argentino Jorge Bergoglio, quien adoptó el nombre de Francisco y se convirtió en uno de los prelados y líderes más aplaudidos y respetados de los últimos años. Estos dos hombres, uno alemán y otro argentino, guiaron el destino de la comunidad católica por veinte años. De estilos de liderazgo e ideas disímiles, tuvieron tantas afinidades como diferencias que salieron a la luz para el público masivo gracias al estreno de la película de Netflix: “Los Dos Papas” (2019), dirigida por Fernando Meirelles, reconocido por su magistral “Ciudad de Dios” (2002); y protagonizado por Anthony Hopkins como Benedicto y Jonathan Pryce como Francisco. La obra, aplaudida por la crítica especializada y la comunidad católica, se acompañó por el libro: “The Two Popes”; una adaptación literaria del guión de Anthony McCarten que se centra en tres elementos: 1) las biografías noveladas de ambos Papas, 2) la crónica de los cónclaves que determinaron las elecciones de los Pontífices, y, 3) una reflexión sobre la actualidad del papado y la iglesia que pone en tensión las diferentes visiones de los teólogos católicos: los conservadores, los progresistas, los moderados, entre otros. En efecto, McCarten explica en el prólogo de la edición que, frente a la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, las dudas sobre la (im)posibilidad de la (co)existencia de dos Papas le asaltaron, al punto que escribió un libro y el guion de una película para tratar de responderlas.

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Reseña de “El motel del voyeur” de Gay Talese

Cubierta - reportaje El motel del voyeur - Gay Talese

La publicación de “El motel del voyeur” del galardonado periodista norteamericano Gay Talese supuso un éxito de ventas, sin embargo, entregó menos de lo ofrecido. Publicitada como una exploración de las entrañas de la sexualidad en Norteamérica, la obra en realidad contiene otros elementos que revisten mayor interés al erotismo, que se ve reducido a escombros; ¿es que acaso la contemplación del voyeur despoja del secreto un rito casi sagrado en pareja? De modo que el hilo narrativo de la obra es el encuentro entre el autor y Gerald Foos, el voyeur. En 1980, el consagrado autor de no-ficción Gay Talese, recibió una carta de Foos en donde le contaba, entre otras cosas, que poseía un motel diseñado para practicar el voyerismo. El propio Foos había fisgoneado cientos de encuentros sexuales y creía que la información recabada, compilada y ordenada con meticulosidad, podrían servirle a Talese como fuente de datos para una publicación sobre la sexualidad de la segunda mitad del Siglo XX. Sin duda, las actividades de Gerald despertaron la curiosidad del periodista que, poco a poco y con algo de reticencia, se acercó a Foos con quien entabló una amistad por correspondencia. Foos enviaba de manera asidua los textos de sus diarios iniciados a finales de la década del sesenta en donde resumía, narraba, explicaba y describía la intimidad sexual y no sexual de sus huéspedes, a la vez que compilaba y tabulaba datos para ofrecer reflexiones personales sobre la conducta sexual de las víctimas. Este es el material que produjo un libro que fue éxito de ventas y que tiene algunos aspectos a resaltar, aunque me parece inflado por la crítica.

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Reseña de Zelig, guión del mockumentary o falso documental

Imagen del ligro guió´n de Zelig - Woody Allen

Zelig es el hombre camaleón, el que se adapta a las circunstancias, el que se transforma según los escenarios y fluye según el correr del viento. Zelig es una metáfora de la pérdida de la identidad individual sustituida por la identidad de masas. Es un dispositivo narrativo que critica la modernidad y que con la llegada de la hipermodernidad ha complejizado sus lecturas. La hipermodernidad corresponde a nuestro tiempo repleto de pantallas, de artificios y sistemas de generación de lenguaje, en donde buscamos formas de desconexión imposibles. Zelig es un mockumentary o falso documental rodado y protagonizado por una de las figuras más controversiales del cine de finales del siglo XX e inicios del siglo XXI. Es que vale preguntarse si Woody Allen, que bien podría ser el propio Zelig ¿es un depredador camuflado en el traje de un cineasta de prestigio? Por supuesto, el caso Allen es complejo y polémico puesto que divide posiciones de las audiencias que se ven enfrentadas a dilemas jurídicos, mediáticos, éticos y artísticos. La cuestión nos recuerda una de las más antiguas preguntas del mundo del arte: ¿Se puede/debe separar a un autor de su obra? A favor y en contra existen argumentos y contrapuntos, y más allá de decantarse por una u otra vía, conviene recordar que cada situación es diversa y sujeta a múltiples interpretaciones por lo que no existe una escapatoria sencilla a este laberinto. De esa manera, volver a Woody Allen es recordar que, en nosotros, seres mortales, cabe el dios y el demonio en la misma palma de la mano. Quiero decir que, aunque se condene al autor, siempre conviene retornar a su obra para cuestionar, replantear o confirmar. En este caso, se trata del guion cinematográfico de Zelig, publicado después del estreno de la cinta por el sello Tusquets en 1984 en su colección Cuadernos Ínfimos. La edición es impecable y se acompaña con fotogramas de la película lo que convierte al libro en un artefacto estético e histórico valioso entre coleccionistas y bibliófilos.

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¡Vaya Viaje! ¡Vaya novela! Un Viaje al corazón del Sueño Americano

Libro Miedo y asco en las Vegas

Después de la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos de América se constituyeron en la primera potencia de Occidente. Tras la escaramuza bélica, la sociedad se expandió dando comienzo a una nueva etapa: la adolescencia y juventud. En efecto, la adolescencia fue una categoría social que se empezó a desarrollar a finales del siglo XIX, pues antes los niños pasaban a hombres y empezaban a trabajar y a crear familias. Sin embargo, fue durante los cincuenta que se masificó la cultura juvenil que, desde inicios del siglo XX iba reclamando espacios a raíz de cambios sociales y políticos. Estos cambios tenían que ver con la expansión de la sociedad y la búsqueda de derechos civiles por parte de personas que estaban excluidas del modelo americano: las comunidades afro, los grupos LGBT, las mujeres, las subculturas juveniles. Precisamente el sueño americano se puso en jaque en los cincuenta, cuando se encontraba en auge. Mientras el molde se transmitía a través de Hollywood, del auge de la televisión y de las intervenciones militares en Asia; muchos contestaban con experimentación, búsquedas liberadoras y un fugaz anhelo antibélico. Los jóvenes se convirtieron en fanáticos del rock and roll, de la carretera o de la literatura. Surgieron los beatniks para criticar el sueño americano y llevar su cuerpo hasta los excesos demostrando que al despertar estaba la pesadilla. Seres como Jack Kerouac que desbocó su vida en sus novelas de viajes que visibilizan lo marginal y profundo de Estados Unidos; o William Burroughs, líder de su generación que, habitando el crimen, se desplazó a países latinoamericanos para explorar su marginalidad. Por otro lado, los laboratorios químicos, la CIA y su proyecto MK-Ultra, y las universidades exploraron diversas dimensiones de la mente a través de compuestos recién descubiertos o aislados como la mezcalina, la psilocibina o el cannabis. Los jóvenes se acercaron a estos experimentos como sujetos de estudio, colaboradores o psiconautas. Esta última, una categoría recién creada para abarcar a quienes buscaron surcar los rincones de su propia conciencia. Llegaron los Beatles, la invasión británica y con ella, la música rock se integró a las contraculturas de las sustancias, el antibelicismo y los derechos civiles en donde bandas como Jefferson Airplane, The Beach Boys o Grateful Dead consolidaron la psicodelia norteamericana.

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Andrés Caicedo y sus Destinitos Fatales

Fotografía del libro Destinitos Fatales de Andrés Caicedo

“Maldita sea, Cali es una ciudad que espera, pero no le abre las puertas a los desesperados”.
Andrés Caicedo (Piel de Verano).

Andrés Caicedo es un ícono de las letras hispanoamericanas. Es el arquetipo del infante terrible tropical, o caleño para ser más preciso. En la actualidad, su obra podría ser ubicada en el gótico tropical, por recrear ambientes turbios atravesados por personajes jóvenes (casi niños) signados por la depravación y la ruina, por difuminar los límites de la realidad y convocar pesadillas en formas vampíricas, caníbales u otras criaturas, y, por conectar estas situaciones con la cultura pop trópico-caleña. Sin embargo, Caicedo es mucho, mucho más.

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Poesía de color cubano. Poética y política en Nicolás Guillén

Libro Sóngoro Cosongo

Negrón, negrito,
ciruela y pasa,
salga y despierte,
que el sol abrasa,
diga despierto
lo que le pasa…
¡Que muera el amo,
muera en la brasa!

(Guillén, 1981)

Nicolás Guillén es un cantor y un poeta. Sus sones son versos y sus cantos poesía. En Guillén la palabra adquiere musicalidad y la música se convierte en compromiso lírico, político y vital. Así, el poeta afrocubano dio vida a un universo literario mestizo y mulato de “color cubano” repleto de cadencia, de ritmo, de efectos léxicos y divertimentos que se explayan en la riqueza afro y natural de su tierra y de su pueblo; pero también en la inequidad e injusticia de las que han sido víctimas sus ancestros y sus hermanos. La estética se mezcla con la conciencia social, para alejarse del costumbrismo y de las formas elitistas, acercándose a la expresión orgánica de una comunidad histórica, en lo que Cintio Vitier encontró la consolidación de la poesía nacional cubana (Vitier, 1970). Así la poesía de Guillén es una bisectriz entre la vida y la muerte, entre la consigna social y la diversión, entre la rumba y la tumba, entre el amor y el desengaño, entre la canción y la poesía, entre el hombre que sigue siendo niño y el niño que sabe que madurar es comprometerse con aquellos necesitados que nunca han estado del lado correcto de la justicia. En ese sentido, su comicidad no es motivo de risa; sino de reflexión. Es un humor cercano a la tragedia, incluso al grotesco, en un intento por invertir los valores del mundo, como detecta Bajtin, (1987 [2005]) para el carnaval. Por eso, en los versos de Guillén lo festivo es político, la oralidad se encarna y el ritmo es resistencia. Esa es la característica trascendente de la obra de Guillén, colocarse al lado de los perdedores de la historia, es decir, de aquellos que, lejos del poder, han sido víctimas marginadas de sistemas que homogenizan, degradan, subestiman o, en el mejor de los casos, folklorizan la diversidad cultural.

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Reseña de “El Cristianismo. Orígenes”

Libro El cristianismo orígenes

El cristianismo es más que una religión, es la institución espiritual más importante e influyente de Occidente. Su inspirador y ¿fundador?, Jesús, el Mesías, es quizá, el personaje histórico más importante del mundo occidental. Tal es así que, a partir del Siglo VI y de la visión de Dionisio el Exiguo, hemos dividido el tiempo en dos periodos: antes y después de Cristo. La historia de Jesús, como sabemos, está consignada en los evangelios, tanto en los oficiales como en los apócrifos. Sin embargo, fue gracias a la acción de sus discípulos, encabezados por Pablo, Pedro y los otros apóstoles e imbuidos por la fuerza del Espíritu Santo, que este movimiento se propagó a lo largo y ancho del orbe helenístico del Mediterráneo y de la diáspora judía y llegó, varios cismas después, hasta nuestros días como un símbolo de lo que fuimos, somos y seguiremos siendo. El cristianismo, en su vertiente católica, modificó el curso de los tiempos progresivamente al subvertir los valores de la antigüedad y reemplazarlos por nuevos encabezados por el amor, la compasión y la bondad. Por eso, el cristianismo primitivo propició un fin de ciclo y el inicio de otro. Por supuesto, el cambio fue gradual y conllevó predicación, martirio, monacato, política, homilías, herejías, concilios. Esto configura diversos escenarios que, según los creyentes, estuvieron predestinados por el creador para cumplir sus designios: establecer el Reino de Dios. Por eso, la etapa de cristianismo primigenio, que abarca los primeros cuatro siglos de nuestra era, es un caldo de cultivo fértil para vislumbrar estos cambios en el orden histórico, político y religioso. El libro: “El Cristianismo, Orígenes” del sacerdote jesuita Jesús Simón, es un acercamiento en el ámbito religioso que funciona como una apología y una hagiografía de los doctores y patriarcas de la iglesia que nos precedieron.

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