En junio de 1985 se publicó el Superman Annual #11 con el título: For the man who has everything, o en su traducción al castellano, Para el hombre que lo tiene todo. Teniendo detrás del papel al reconocido escritor Alan Moore y al dibujante Dave Gibbons. Que en los años 80 ambos formaron parte de la llamada “invasión británica”. Contrario a lo que se pueda pensar, no fue más que una nueva ola de artistas y escritores de Gran Bretaña que con el tiempo dejaron huella en el mundo del noveno arte. Revolucionando los aspectos narrativos en lo visual y lo literario, con propuestas que cimentaron las bases para la maduración de los superhéroes, entre otros personajes que se incorporaron a la editorial. Abriendo el camino a lo que fue el sello Vertigo (1993-2020) y el cambio rotundo que los lectores concebían del cómic.
Me limito a nombrar algunas de las obras con las que estuvieron involucrados estos autores, seleccionando alrededor de la fecha de publicación del cómic con el que se enfoca este ensayo, como lo son: Mogo Doesn’t Sociable (1985), que introdujo al personaje Mogo a la corporación Green Lantern; y el clásico Watchmen, escrito y publicado entre 1986-1987, galardonado con el premio Hugo en 1988.

En Para el hombre que lo tiene todo (1985), Alan Moore se hace la pregunta: ¿Cuál es el mayor deseo de Superman? Con esto, Moore delimitó las posibilidades en las que le otorgó al hombre del mañana una exploración más profunda en su historia, sin alterar directamente los sucesos que aquejaban el universo DC con Crisis on Infinite Earths (1985-1986). Es por esta razón que reúne a personajes conocidos, como la “trinidad de superhéroes”: Wonder Woman, Superman y Batman; y el por entonces segundo Robin, Jason Todd. Juntándose en un día en específico en la cronología de Superman. Esta historia trata de desafiar hasta qué punto nuestros héroes corresponden a su deber moral como responsables de salvaguardar al mundo y a sus habitantes. Llevándolos al límite, cambiando ligeramente las reglas asentadas desde hace décadas, que involucran la clásica lucha entre el bien y el mal, y presentando un nuevo campo en el que se revela parte de la psique de nuestros héroes. Cosa que evolucionaría para la creación de Watchmen (1986-1987), anteriormente mencionado.
No es mi intención narrar por completo la historia. Solo se retoman las partes cruciales sin la mayor explicación para quienes no han tenido la oportunidad de leer la obra original. Esto es para que tengan curiosidad de conocer la historia por su cuenta con la admiración e incertidumbre de lo que puedan llegar a encontrar al momento de leerla. Es así que, entrando en materia, se podría decir que la obra está dividida en dos partes. Por un lado, se encuentra el clásico enfrentamiento crítico, físico y ligero; y por el otro, el conflicto es interno, personal y catártico. Este último se expone en páginas muy puntuales que continúan de manera inteligente con la narrativa alterna, sin romper con la parte habitual de la confrontación. Esto enriquece de complejidad a la conglomeración total del cómic, hasta tal punto que la obra se sostiene por sí misma sin el mayor inconveniente.
Lo anterior me lleva a decir que, a manera de introducción, el cómic propiamente se sirve de un prólogo y, a su vez, de un epílogo. Esto tiene como objeto el presentar de forma amena la exploración de los puntos de vista entre el héroe y el villano, que contrastan entre sí, pero el común denominador predominante es el de acabar con la misma frase: “He’s content”, o en su traducción, “Está contento” o “Está satisfecho”. Siendo estas dos páginas su contraparte alternativa y definible, ironizando con el reflejo constante que puede llegar a inferir el deseo en los personajes.

La narrativa gira en torno a la planta conocida como “Black Mercy” o “Misericordia Negra”, cuyo propósito es el de proporcionar al portador la ilusión de lo que más desea su corazón. Es importante recordar que durante esos años Alan Moore cumplía con la serie Swamp Thing, comenzando con el #20 de 1984 y concluyendo en el conmovedor #64 de 1987. Es por esto que la inspiración directa de la criatura en este cómic: Para el hombre que lo tiene todo, se fundamenta en la exploración que Moore llevaba a cabo en aquella época en que escribió Swamp Thing, de lo que puede hacer una planta sacada de la naturaleza o de algún fruto de ella. Partiendo de aquí para retomar en The Jungle Line, publicada en septiembre de 1985 (prueba que refuerza este ensayo), que se desarrolla a consecuencia del hongo proveniente de la Jungla Escarlata de Krypton, en la que Superman y Swamp Thing convergen finalmente.

