La obra El hombre sentimental fue la quinta novela de Javier Marías, publicada en 1986, en la cual trata un tema conocido, un triángulo amoroso, pero desarrollado muy a su modo. El protagonista es un cantante de ópera madrileño que recuerda haber visto en el tren que hacía Edimburgo, Londres, París, Madrid, a tres personas: dos hombres y una mujer. Más tarde las encuentra en un hotel de Madrid y cuenta en qué momento los conoce; primero a su acompañante, Dato, después a ella, Natalia Manur, y por último a su marido, el señor Manur. Desde el inicio de la novela se revela que él se enamora de la mujer casada. Este cantante, llamado El León de Nápoles, en realidad está escribiendo sus memorias, aquello que le sucedió cuatro años atrás cuando ensayaba el Otello de Verdi para presentarse en su ciudad natal. Más exactamente, cuenta sus memorias soñadas. La primera frase de la novela dice “No sé si contaros mis sueños. Son sueños viejos, pasados de moda, más propios de un adolescente que de un ciudadano” (2024: 13).
El hombre sentimental
Javier Marías
Novela publicada originalmente en 1986
Alfaguara
Madrid, 2024
Javier Marías hace algo muy suyo en esta novela: exponer los pensamientos y monólogos interiores del protagonista, logrando sumergirnos en su cabeza y sentimientos. Ese recorrido al interior del héroe es algo que se observa en otras obras notables como “Corazón tan blanco”; alguien le calificó como el Dostoievski español. Pero en este caso, ese pensamiento interno tiene la particularidad, según el protagonista, de ser no solo pensamiento sino sueño, no solo sueño, sino un recuerdo soñado. Hacia el final de la novela dice “Y es todo eso, lo que sucedió hace cuatro años en la realidad y esta mañana en mi verídico y ordenado sueño” (2024: 169).
El hombre sentimental transcurre en Madrid principalmente, en un Madrid que es su ciudad pero que le es indiferente, lo cual tiene cierta importancia; no porque la ciudad sea un personaje más, sino porque siendo un cantante que recorre el mundo, volver a Madrid, a la ciudad que conoce, genera cierta atmósfera al relato. Esta atmósfera no es nada “rosa” ni nostálgica, por el contrario, cobija al lector bajo una sensación de estupor. Acerca de Madrid dice “no encierra misterio, y nada hay tan triste ni tan solitario como una ciudad sin enigma aparente o apariencia de enigma, nada tan disuasorio, nada tan opresivo para el visitante” (2024: 26). La ciudad de paso, viajar por trabajo y el hotel son elementos presentes en esta novela; el cantante de ópera, quien dice tener una profesión triste y solitaria, se compara con el “viajante de comercio”, otro habitante de hotel, que, dadas las circunstancias deprimentes de su vida, frecuentemente desemboca en un suicidio o en un crimen. De manera hábil la novela entreteje estos aspectos produciendo una atmósfera gris emocionalmente.
Esta referencia a los lugares que “se repiten” en las ciudades principales del mundo donde tiene que viajar, hace pensar en el concepto de “No lugar” que explica Marc Augé. Y el León de Nápoles es un existencialista que se queja de la rutina, los ensayos, los viajes, las salas, los públicos y la homogeneidad que eso supone. También le aburren los temas de conversación con sus compañeros músicos, dice de sí mismo ser inconformista y curioso: “la conciencia de mis horas muertas me deprimía inmensamente” (2024: 35).
Volviendo al tema central, la historia de amor se fragua 4 años atrás en Madrid, el narrador confiesa que está contando sus memorias tal y como las ha soñado esta mañana: “Sin embargo, lo que soñé esta mañana, cuando ya era de día, es algo que sucedió realmente y que me sucedió a mí cuando era un poco más joven, o menos mayor que ahora, aunque aún no ha terminado” (2024: 13).
Como bien lo señala Juan Benet en uno de los epílogos incluidos en la edición que he leído, la novela El hombre sentimental es un cuadro sobre el eterno conflicto del triángulo amoroso, clásico y trágico. El cantante de ópera se enamora de Natalia Manur y ésta, esposa y esposada, opta por él y abandona a su marido, con consecuencias fatales para éste último. Finalmente, Natalia Manur también abandona al cantante. No hay final feliz en este triángulo. (Ver el libro de René Girard “Mentira romántica y verdad novelesca”).
Juan Benet señala que, aunque Marías vuelva a un tema tan desarrollado en la literatura, muestra que ningún terreno, por más arado que haya sido, está clausurado para la acción de la pluma (2024: 194). Hay una idea que nos cuenta el protagonista acerca de ser abandonado por su pareja que es interesante y que merece la pena citar aquí:
“Tampoco yo lo sabía: la mayor parte de las veces uno no sabe cuando uno ha sido tomado ni cuando ha sido dejado, no solo porque eso ocurra siempre a nuestras espaldas, sino porque resulta posible aislar el momento en que tales vuelcos acontecen, al igual que se ignora siempre si el hecho mismo de ser tomado obedece a los propios méritos o virtudes, a la propia e irrepetible existencia, a la intervención decisiva llevada a cabo o más bien, simplemente, a la casual inserción de uno en una vida ajena.” (2024: 169).

Tres novelas esenciales de Javier Marías:
· Todas las almas
· Corazón tan blanco
· Mañana en la batalla piensa en mí
El epílogo de Marías
Esta edición tiene la particularidad de tener un epílogo del propio autor. Tiene el interés de contar de dónde viene la idea para escribir este libro. Dice Javer Marías que en un tren de Milán a Venecia vio a una mujer que coincide con la descripción física y moral que hace de Natalia Manur al inicio de El hombre sentimental. Además, cuenta que solo tenía “eso” en el momento de empezar a escribir, y que seguir esa imagen es como él habitualmente trabaja, escribiendo sin saber muy bien qué va a pasar.
Otras dos observaciones suyas son especialmente elucidantes: la primera, que la novela es una historia de amor, lo cual no es poco decir, puesto que esto lo caracteriza: Corazón tan blanco y Todas las almas también son historias de amor. La segunda, que esta novela se trata de una historia de amor en la que ella casi no aparece, casi que solo leemos lo que dicen los demás de ellas, solo referencias. Y el amor como tal, tampoco aparece, no se narra; como Marías dice “es una historia de amor en la que el amor no se ve ni se vive, sino que se anuncia o se recuerda” (2024: 198).
